Nacionales Sociedad

Discursos de resistencia de la intelectualidad y la prensa dominicana ante la primera ocupación militar norteamericana de 1916

Written by Juan de la Cruz

La Primera Ocupación Militar Norteamericana encontró una gran resistencia cívica y armada en diferentes sectores del pueblo dominicano a partir del 15 de mayo de 1916, ocasión en que la Armada de los Estados Unidos humilló con sus botas el territorio de la República Dominicana.

La intelectualidad dominicana jugó un papel de primer orden tanto en la organización de la acción popular a lo interno como en la denuncia nacional e internacional de los atropellos de que fue víctima la ciudadanía por parte de la soldadesca yanqui.

El primer intelectual dominicano en denunciar firmemente el eclipse de la soberanía nacional ante la intervención militar de los Estados Unidos de América lo fue el prolífico novelista y ensayista dominicano de origen cubano Federico García Godoy. Este redactó en tan sólo varios días la obra El Derrumbe, la cual sería incautada y posteriormente incinerada, antes de que circulara, por parte del gobierno militar norteamericano, que a partir de noviembre de 1916 encabezaron Harry Sephard Knapp, Thomas Snowden y Samuel S. Robinson, contralmirantes de la Armada de los Estados Unidos de América.

Entre los años de 1916 y 1921, jugaron un rol muy importante tanto en el país como en el exterior, los intelectuales Francisco Henríquez y Carvajal (presidente de Jure cuando se produjo la intervención norteamericana), sus hijos Max Henríquez Ureña y Pedro Henríquez Ureña, así como su hermano Federico Henríquez y Carvajal, quienes, junto a Tulio M. Cestero, Eugenio Deschamps y otros escritores dominicanos en el exterior integrarían la Comisión Nacionalista.

La Comisión Nacionalista se encargó de desarrollar una gran campaña de concientización en los diferentes países de Europa, América Latina y en los propios Estados Unidos de América, en torno a las diferentes acciones lesivas a los derechos humanos cometidas por los ocupantes y la necesidad de que se produjera una evacuación pura y simple de las tropas norteamericanas del territorio dominicano en el más breve tiempo posible, logrando sensibilizar con ella a países como España, Francia, Bélgica, Cuba, Uruguay, Brasil, México, Colombia, Argentina, Chile y Ecuador, entre otros.

 

  1. LA INTELECTUALIDAD Y LA PRENSA DOMINICANA EN LA LUCHA ANTIIMPERIALISTA

 

La intelectualidad dominicana dio un paso al frente el 8 de febrero de 1920, al plantearse darle un carácter de masa a la lucha por la desocupación “pura y simple” del territorio dominicano por parte las tropas norteamericanas, con la creación de la Unión Nacional Dominicana (UND), procediendo a publicar el Credo Nacional el 20 de marzo de 1920, con la firma de 2,755 personas, de las cuales 2,530 eran hombres y 225 eran mujeres.

La UND estaba encabezada por escritores de la talla de Emiliano Tejera, Américo Lugo, Luis Conrado del Castillo, Fabio Fiallo, José Rafael Bordas, Armando Buñols, Rafael Justino Castillo, José Ramón López, Félix Evaristo Mejía, Emilio Prud´homme, Francisco Prats-Ramírez, Carlos Larrazábal Blanco, Manuel Arturo Peña Batlle, Enrique Henríquez, Rafael Emilio Sanabia, Oscar Delanoy, Rafael Estrella Ureña, Andrés Avelino, Joaquín Balaguer, Patín Maceo, Viriato Fiallo, Emilio Billini, Andrés Pérez, Ángel Rafael Lamarche, Alcides García, Manuel Antonio Machado, Pbro. Rafael Conrado Castellanos Martínez, Bayoán de Hostos, Emilio Tejera Bonetti, Octavio Beras, Ramón Emilio Jiménez, Mario Saviñón, Luis F. Mejía, Luis F. Vidal, César Tolentino, Pbro. Manuel de Jesús González, Horacio Blanco Fombona (venezolano, residente en el país), Antonio Hoepelman (curazoleño, nacionalizado dominicano) y varios cientos más de intelectuales comprometidos con la causa nacional.

La UND logró incorporar a toda la prensa nacional, tanto comercial como literaria, en la lucha contra la censura, por la libertad de prensa y por la soberanía nacional, mediante la realización el 20 de noviembre de 1920 del Primer Congreso de la Prensa Nacional, en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Santo Domingo, con la presencia de Arturo Pellerano Sardá por el Listín Diario; A. S. Martínez y Raúl A. Carbuccia, por El Tiempo; Antonio Hoepelman por Las Noticias; Pbro. Eliseo Pérez Sánchez por el Boletín Eclesiástico y El eco Mariano; José Ramón López por Boletín de Noticias; Fabio Fiallo por El progreso; Félix María Nolasco por El porvenir; Horacio Blanco Fombona por Letras; Ángel Rafael Lamarche por Renacimiento; Vicente Tolentino R. por La Información; Daniel C. Henríquez por El Diario; Arístides Fiallo Cabral por La Cuna de América; Juan Tomás Mejía por ABC; Rafael Damirón por El Anuncio; Conrado Sánchez por El Pueblo; Luis C. del Castillo por Ecos del Valle; Abelardo Nanita por el Boletín de la Cámara de Comercio; Enrique Aguiar por Cosmopolita; Enrique Apolinar Henríquez por el Boletín Mercantil; Emilio A. Morel por El Baluarte; Rafael Emilio Sanabia por La Conquista; Héctor de Marchena por El Ideal; John Molina por La Prensa; Oscar Delanoy por Quisqueya; José Casado R. por Confederación Obrera; Manuel Gil Martínez por La Bomba; L. Ney Agramonte por La Hora; Fabio A. Mota por Pica-Pica; Domingo Moreno Jiménez por La Provincia; Rafael A. Zorrilla por El Mundo; Quiterio Berroa por la Revista L…; Rafael Bordas por Alma Antillana; Otilio Méndez por La Tarde y Alberto C. Boisrond por Prensa Local (Fiallo, 1980).

La trascendencia de este Congreso se puede colegir de la gran acogida que tuvieron sus resoluciones en diferentes sectores del pueblo dominicano, en la adhesión que concitó en otras asociaciones similares y periódicos del extranjero, así como en las gestiones realizadas por el Gobierno Militar para que el Ayuntamiento desalojara de su local a los congresistas, siendo enérgica y patrióticamente rechazado por el Cabildo, presidido por el señor Manuel de Jesús Gómez (alias Nino).

El Congreso eligió como su presidente, por votación unánime, al gran escritor de origen venezolano Horacio Blanco Fombona, quien dijo las palabras inaugurales del evento, pero al ser expulsado posteriormente por el Gobierno Militar de Ocupación por haber publicado en la revista Letras una foto que ponía de manifiesto la tortura criminal de que fue objeto el patriota Cayo Báez en el pecho, recayó en el poeta Fabio Fiallo, Primer Vicepresidente del Congreso, la dirección de los trabajos subsiguientes.

Otra acción de gran impacto organizada por la UND, con el apoyo de las Juntas Nacionalistas y las Juntas Patrióticas de Damas de diferentes puntos del país, fue la Semana Patriótica, con la que se buscaba elevar los niveles de conciencia patriótica del pueblo dominicano, profundizar los niveles de protesta popular contra el gobierno de ocupación norteamericana y contribuir al financiamiento de las labores del Presidente Henríquez y de las misiones nacionalistas en el exterior, siendo las ciudades de Santo Domingo y Santiago el centro de la misma, aunque en diferentes lugares del país se realizaron múltiples eventos locales de fervor nacionalista.

En Santiago de los Caballeros–desde donde partió la iniciativa-, la Semana Patriótica se realizó entre el domingo 6 de junio y el martes 8 de marzo, con actividades como las siguientes: un solemne servicio religioso en la Parroquia La Altagracia, con una recolección de ofrenda o limosna para la causa patriótica a cargo de las señoritas Lidia Castellano, Bernardita Pérez, Marina Acevedo, Amelia Margarita Baehr, Rosa Julia Malagón, Luz Castellanos, Consuelo Valverde y América Franco; carrera de caballos en la Pista de Carrera de Santiago; Concierto en el Parque Duarte, auspiciado por el Club de Damas; Comités Encargados de Colectar Ofrendas en todo el municipio de Santiago para la causa nacional, partiendo de la Logia Nuevo Mundo, donde destacan nombres como los de Ulises Franco Bidó, Augusto Franco Bidó, Darío Contreras, Rafael Estrella Ureña, Horacio Vásquez, Aminta de Espaillat, Eladio Victoria y Agustín Malagón, entre otros/as; Comités Encargados de Colectar Donaciones para la Kermesse y la venta de números para la Rifa de un Caballo, donde destacan como responsables Gloria Ariza, Rosa Emilia Bermúdez, Aurora de Malagón, Luisa de Brugal, Luz de Asencio, María de Cucurulo, Tomasina de Estrella Ureña, Amanda de Ginebra, Moraima de Franco, Noemí de Bonelly, Amelia de Batlle y Otilia de Franco Bidó, entre otras.

También se realizaron un gran baile y un majestuoso espectáculo, a las 8 de la noche del martes 8 de marzo de 1920 en el Centro de Recreo. Otras actividades emprendidas por los diferentes Comités responsables de la celebración de la Semana Patriótica, fueron: visitas a las industrias y los comercios de Santiago, ventas de boletos para los actos, espectáculos y diversiones que se ofrecían dentro de la Semana, recolección de objetos casa por casa, rifas, bazares, retretas, y veladas lírico-literarias, entre otras.

La Semana Patriótica se realizó en Santo Domingo del 11 al 19 de junio de 1920, recayendo su organización en la Junta Patriótica de Damas, la que se había constituido formalmente el 15 de marzo de 1920, bajo la dirección de Rosa de Noel Henríquez, Luisa Ozema Pellerano de Henríquez, Cristina Morales de Billini, Mercedes Laura Aguiar, Floripez Mieses, Mélida Morales del Castillo, Eduviges Rosa, Rita Indiana del Castillo y Consuelo Guerrero.

Entre las actividades realizadas en Santo Domingo, destacan: el 11 de junio se realizó una velada en el Teatro Colón, siendo nombrados en la Comisión de Propaganda Cristina Morales de Billini y Luis Conrado del Castillo y en la Comisión de Redacción del Programa Mélida Morales, Rita Indiana del Castillo y Conrado Sánchez. Además se efectuaron Proyecciones Cinematográficas, Carreras de Caballo, Bailes Populares, Juegos de Pelota, una Gran Kermesse, una procesión cívica que culminó con el beso a la bandera dominicana en la Puerta del Conde y dos días dedicados al escudo, donde todos deberían llevar en un lugar visible de su vestuario el Escudo Dominicano que fue ofrecido en venta por comisiones de damas.

La Semana Patriótica se replicó en diferentes pueblos del Norte, del Sur y el Este del país, siendo de gran impacto las acciones que se celebraron en San Pedro de Macorís, La Romana, El Seibo, Hato Mayor, Los Llanos, Monte Cristi, Puerto Plata, Higüey, Azua, Baní, Moca, San Francisco de Macorís, Cotuí, Pimentel y Mao. En todas esas acciones, las mujeres tuvieron un rol determinante, dándose situaciones muy jocosas como la rifa de besos, objetos personales y piezas de baile; así como veladas, corridas de caballos en el hipódromo, corridas de toros y películas, entre otras. En la mayor parte de estos pueblos, el comercio cerraba sus puertas a tempranas horas de la tarde para que toda la población se integrara a las celebraciones.

Los fondos recaudados durante la Semana Patriótica en diferentes puntos del país entre junio y julio de 1920 ascendieron a US$ 191,626.00, de los cuales US$50 mil correspondieron a San Pedro de Macorís; US$50 mil a Higüey; US$48 mil a Santo Domingo; US$13 mil a Santiago de los Caballeros; US$10 mil a La Romana; US$7 mil a San Francisco de Macorís; US$6 mil 500 a Puerto Plata; US$5 mil a Los Llanos de San Pedro de Macorís; US$2 mil a Azua y US$126 a la ciudad de Baní. Estos recursos fueron enviados por la Junta Patriótica de Damas a la Comisión Nacionalista que encabezaba el Presidente de Jure, Francisco Henríquez y Carvajal, para que pudieran continuar con su labor de sensibilización de la comunidad internacional con respecto a la ocupación militar de que era objeto la República Dominicana.

 

  1. LAS FUERZAS NACIONALISTAS ANTE LOS PLANES DE EVACUACIÓN

 

Las fuerzas nacionalistas tuvieron que enfrentar tres planes de evacuación que mediatizaban y condicionaban la retirada de las tropas norteamericanas del territorio dominicano, los cuales fueron: el Plan Wilson, el Plan Harding y el Plan Hughes-Peynado.

 

2.1. EL PLAN WILSON

El Plan Wilson fue dado a conocer por el Gobierno Militar de Ocupación el 23 de diciembre de 1920, el cual consistió en un plan de evacuación propuesto por el reelecto presidente de los Estados Unidos en 1916, Thomas Woodrow Wilson, en el ocaso de su segundo mandato presidencial. En este Plan se planteaba una rápida retirada de las tropas norteamericanas del territorio dominicano, para lo cual se creó una Junta de Representativos, integrada por Monseñor Adolfo Nouel, Francisco J. Peynado, Federico Velázquez, Jacinto R. de Castro y Rafael Justino Castillo, que sería la responsable de preparar la reforma de la constitución y convocar a elecciones para elegir a los miembros de la Asamblea Constituyente, quienes a su vez escogerían a los miembros de la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados para que éstas seleccionaran al Presidente de la República. La propuesta fue rechazada por la Unión Nacional Dominicana y la Comisión Nacionalista, la cual gestionaba en Washington la salida pura y simple o sin condiciones de las tropas norteamericanas.

2.2. EL PLAN HARDING

El Plan Harding fue la propuesta formulada por el nuevo presidente de los Estados Unidos, Warren G. Harding, dada a conocer a los dominicanos el 14 de junio de 1921 mediante una proclama del Gobernador Militar de Santo Domingo, Samuel S. Robinson. Este Plan le otorgaba al Gobierno Militar todas las prerrogativas para convocar el Congreso y los Colegios Electorales, así como nombrar representantes para negociar la Convención de desocupación, en la que se ratificarían todos los actos del ocupante.
Esta proclama fue rechazada, el 19 de junio de 1921, a través de un manifiesto firmado por decenas de intelectuales dominicanos, el cual iba dirigido a los “extranjeros residentes en el territorio dominicano”. Entre los firmantes resaltan: Fabio Fiallo, Américo Lugo hijo, Luis A. Abreu, Enrique Aybar, Julio E. Pérez, Julio F. Peynado, Carlos Larrazábal Blanco, Apolinar de Castro, J. Rafael Bordas, R. A. Hernández, J. M. Troncoso y Sánchez, Esteban Gregorio Billini, H. Herrera Billini, Salvador Coiscou, Luis A. del Castillo, José E. Aybar, Manuel A. Amiama, Gilberto Fiallo R., Gilberto Sánchez Lustrino, Antinoe Fiallo, Ismael Sánchez, Ariosto Fiallo y Viriato A. Fiallo. Asimismo, el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, presidente de la Comisión Nacionalista presentó al Departamento de Estado Norteamericano un “Memorando contra el Plan Harding”, el 14 de julio de 1921, en que rechazaba la decisión de los Estados Unidos de aplicar un plan de evacuación de las tropas norteamericanas de forma unilateral para imponer sus intereses económicos, militares y políticos.

En diciembre de 1921 se constituyó un Comité Restaurador, como representación de la opinión pública nacional, bajo la presidencia del doctor Henríquez y compuesto por los Jefes de los Partidos, el Jefe del Clero Nacional, el Presidente del Congreso Masónico, así como por delegados de la Unión Nacional Dominicana, de las Juntas Nacionalistas, del Congreso de la prensa, de la Junta de Abstención Electoral, de las organizaciones obreras y de las agrupaciones de carácter público que tuvieran una presencia nacional. El propósito de este Comité era discutir y tomar resoluciones sobre el proceso electoral, que ya se veía claro, era de interés para el gobierno de los Estados Unidos.

Los caudillos que mantenían contactos con la Unión Nacional Dominicana y las Juntas Nacionalistas se fueron distanciando paulatinamente de estas organizaciones patrióticas para entenderse directamente con el poder extranjero, al entender que los nacionalistas mantenían una postura muy radical al sustentar la posición de la “desocupación pura y simple”, sin que mediara ningún tipo de acuerdo con el gobierno norteamericano.

2.3. EL PLAN HUGHES-PEYNADO

Algunos sectores que habían mantenido contacto con las organizaciones nacionalistas, habían iniciado contacto con el Gobierno de los Estados Unidos a finales de 1921, tratando de convertirse en interlocutores válidos de los intereses norteamericanos en el país y de la oligarquía azucarera dominicana.

El 30 de junio de 1922 fue firmado el Plan Hughes-Peynado por el Secretario de Estado Norteamericano Charles Evans Hughes y el abogado dominicano Francisco José Peynado, pero fue dado a conocer al pueblo dominicano el 13 de septiembre de 1922, tras participar en el proceso el Enviado Especial del Presidente Harding a Santo Domingo, Sumner Welles; el Ministro Norteamericano en Santo Domingo, William W. Russell; el Jefe de la Iglesia Católica en Santo Domingo, Monseñor Adolfo Nouel, así como los Jefes de algunos Partidos Políticos Dominicanos, entre ellos: Horacio Vásquez,  Federico Velázquez y Elías Brache.

El Memorando del Plan de Evacuación Hughes-Peynado contemplaba los siguientes aspectos:

  1. El Gobierno Militar anunciará la instalación de un Gobierno Provisional con el objeto de promulgar la legislación que regule la celebración de elecciones y facilite la reorganización de los gobiernos provinciales y municipales, a fin de capacitar al pueblo dominicano para hacer las enmiendas a la Constitución, al tiempo que dicho gobierno asumirá los poderes gubernativos y será el único responsable de sus actos.
  2. La selección de un presidente provisional y de su gabinete hecha por la mayoría de votos de la comisión compuesta por Horacio Vásquez, Federico Velázquez, Elías Brache, Francisco J. Peynado y Monseñor Adolfo A. Nouel.
  3. No se efectuarán pagos por la Secretaría de Hacienda que no esté de acuerdo con la ley de presupuesto.
  4. El Gobierno Militar entregará el Palacio Nacional y las Fuerzas Militares de los Estados Unidos se concentrarán en uno, dos, o tres puntos estratégicos del país.
  5. Se darán los pasos para convocar las Asambleas Primarias, de acuerdo con la ley electoral, para designar a los funcionarios electivos que prevean las leyes. Los Colegios Electorales, elegidos por las Asambleas Primarias, procederán a elegir a los miembros del Senado y la Cámara de Diputados. Este Congreso votará las reformas a la Constitución y acorde con esto, el Gobierno Provisional designará plenipotenciarios para negociar el Tratado de Ratificación que contempla la validez de decenas de Órdenes Ejecutivas del Gobierno Militar que beneficiaban los intereses de terceras personas y compañías no dominicanas.

El Plan fue ejecutado, cuando los suscribientes del Memorando de Evacuación, eligieron como Presidente Provisional al empresario azucarero Juan Bautista Vicini Burgos, quien se encargaría de poner en práctica los acuerdos firmados, siempre asesorado por Sumner Welles y el grupo de “representativos”, y preparar todo lo relativo a las elecciones que se realizaron el 15 de marzo de 1924. En este certamen fue electo el General Horacio Vásquez, quien se convertiría en el presidente títere de los Estados Unidos y el brigadier Rafael Leónidas Trujillo Molina, pasaría a ser el Jefe del Ejército Dominicano, a quien dejarían como guardián de sus intereses, hasta que la sed insaciable de poder lo convertiría en el dueño absoluto de la finca denominada República Dominicana.

Los sectores nacionalistas, encabezados por los intelectuales más destacados del país, entre ellos Américo Lugo, Armando Buñols, Rafael Bordas, Conrado Sánchez, Rafael Lluberes, Enrique Henríquez, Luis Conrado del Castillo, Manuel Gil Martínez, M. A. Patín Maceo, Fabio Pereyra, Emilio Billini, José María Cruzado, Carlos A. Ariza, José M. Pou, José Joaquín Pérez P., Benito A. Montalvo, Manuel Arturo Peña Batlle, Enriquillo Henríquez García, Max R. Garrido, Agustín S. Batista, Enrique Apolinar Henríquez, Eduardo de Castro, Idelfonso Velázquez, Idelfonso Henríquez, John Molina, José Pérez Morales Demetrio Morales, Miguel A, Pérez Garcés, Eliodoro M. Cabral, Viriato Fiallo, José Enrique Aybar, Ángel Rafael Lamarche, Armando Aybar hijo, Rafael A. Henríquez, Eduardo Matos Díaz, Emiliano Tejera Bonetti, Santiago Lugo, Marino H. Garrido, Félix Evaristo Mejía, Emilio Prud`homme, Rafael Conrado Castellanos Martínez, Mario A. Saviñón, Alcides García, Porfirio García Lluberes, Gilberto Pellerano, Bayoán de Hostos, Eduardo de León, Eduardo Bon, Tulio A. Cesteros Burgos y varios cientos, se mostraron en desacuerdo con el Plan Hughes-Peynado, cuando expresan que “el Lic. Francisco J. Peynado y algunos Jefes de Partidos han firmado en Washington un Plan de Validación de Órdenes Ejecutivas y Departamentales y de Contratos del Gobierno Militar” (Lugo,  Tomo 3, 1993: 1963).

De igual manera, los sectores nacionalistas expresaron:

“Los señores firmantes del Plan llamado Hughes-Peynado carecen de la calidad necesaria para firmar ad referéndum en Washington ningún Plan en nombre del pueblo dominicano, a) porque el señor Peynado no representa sino a su propia persona y los Jefes de Partidos sólo representan una facción de sus respectivos Partidos; b) porque, aunque el señor Peynado no fuese sino, como él mismo lo ha declarado, `un corredor`, y aunque los Jefes de Partidos firmantes representaran no una facción, sino la totalidad de sus Partidos, todavía así estarían los firmantes muy lejos de representar la mayoría del pueblo dominicano, pues aparte de que muchos miembros de los Partidos son nacionalistas porque antes que partidarios son patriotas, la verdadera mayoría del pueblo dominicano no está afiliada a ninguno de los Partidos Políticos existentes; c) porque el derecho de negociar con el Departamento de Estado Americano presentando, discutiendo o aceptando `planes` o celebrando `entendidos` es uno de los atributos esenciales de la soberanía nacional, y está regido por el derecho público interno de cada país, reposando el derecho de negociar ad referéndum conforme a nuestro derecho público interno, en el seno del Poder Ejecutivo; porque sólo el Poder Ejecutivo de la nación podría firmar Planes o Entendidos ad referéndum, porque las palabras ad referéndum quieren decir que el Poder Ejecutivo sólo y el sólo puede celebrar `entendidos`, pero a condición de que esos `entendidos` sean sometidos al Congreso Nacional para su ratificación; e) porque el derecho que se han atribuido los firmantes del Plan Hughes-Peynado no podría serles acordado por el pueblo dominicano en ninguna forma dentro de nuestro derecho público interno; y f) porque como se ha visto precedentemente, el hecho de haber los firmantes del Plan Hughes-Peynado firmado este Plan ad referéndum, es, además de un error, un acto de usurpación de poderes y autoridad, doblemente nulo, por tanto, en derecho y ante el sentido común” (Lugo,  Tomo 3, 1993: 1963-1964).

 

CONCLUSIONES

 

Como se ha podido observar, los intelectuales más preclaros de la República dominicana mantuvieron una postura firme de defensa del interés nacional por encima de intereses bastardos, componendas, pactos, transacciones, planes y entendidos que estuvieran dirigidos a menoscabar la soberanía nacional del pueblo dominicano, al tiempo que lograron darle un carácter popular a la lucha contra las tropas norteamericanas por la “desocupación pura y simple” del territorio dominicano. Varios de estos intelectuales, como fue el caso de Américo Lugo, se mantuvieron incólumes en su posición de defensa de los intereses nacionales, al margen de los partidos personalistas y de la futura dictadura trujillista.

Otros con el discurrir de los meses y de los años se integrarían como funcionarios y asesores del gobierno caudillista de Horacio Vásquez, como fue el caso de Enrique Apolinar Henríquez, quien aconsejaría al caudillo extender su período gubernamental de cuatro a seis años, basándose en la Constitución de 1908 y dejando de lado la Constitución de 1924, mediante la cual había sido electo. Muchos de ellos pasarían a ser parte de la intelectualidad orgánica de la Dictadura de Trujillo, como fueron los casos de Rafael Estrella Ureña, Manuel Arturo Peña Batlle, Francisco Prats Ramírez, Joaquín Balaguer, Manuel Antonio Machado, Max Henríquez Ureña, Francisco Henríquez y Carvajal, Federico Henríquez y Carvajal y, ocasionalmente, Pedro Henríquez Ureña, entre otros.

En los textos y discursos de los intelectuales más destacados del país contra el Gobierno Militar de Ocupación y sus actos proditorios y liberticidas, entre 1916 y 1924, escritos por Federico García Godoy, Francisco Henríquez y Carvajal, Federico Henríquez y Carvajal, Pedro Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña, Emiliano Tejera, Américo Lugo, Fabio Fiallo, Félix Evaristo Mejía, Tulio M. Cestero, Luis Conrado del Castillo, José Ramón López y Manuel Arturo Peña Batlle, entre otros, se encuentran páginas rebosantes de patriotismo y nacionalismo sinceros.

Las presentes y futuras generaciones siempre sabrán apreciar en su justa dimensión y en su justo sentido, las luchas desplegadas por estos destacados escritores, periodistas y patriotas por la reafirmación de la soberanía absoluta del pueblo dominicano frente al imperialismo norteamericano y ante cualquier potencia de la tierra, tal como siempre lo anhelaron nuestros padres fundadores, encabezados por el inmenso Juan Pablo Duarte.

 

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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