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Intereses detrás del pedido de «intervención humanitaria» en Cuba

Written by Debate Plural

Misión Verdad (12-7-21)

 

Desde hace meses en Cuba se viene atizando el carbón de nuevos esfuerzos para el «cambio de régimen» bajo la mampara del Movimiento San Isidro, una agrupación de artistas de la Isla que pasaron a conformarse como activistas políticos, usando tácticas típicas del «golpe de color» que pueden asimismo rastrearse en las manifestaciones del domingo 11 de julio, muy promovidas por políticos estadounidenses de Florida y operadores anticubanos en diferentes partes del mundo. ¿Qué hay detrás?

Según reportes de fuentes anticastristas, las protestas comenzaron en las ciudades de San Antonio de los Baños y Palma Soriano, y rápidamente fueron replicadas en otras ciudades cubanas, con La Habana de protagonista en los principales medios occidentales.

Aunque no se caracterizaron por ser demostraciones masivas contra el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, fueron amplificadas y manipuladas en redes sociales para hacerlas pasar por miles de cubanos. En The New York Times, sus corresponsales hablaron de «cientos», no más, en La Habana. De hecho, organizaciones de derechos humanos y cuentas en Twitter usaron imágenes de protestas multitudinarias en Egipto y otras latitudes para vender esta versión, siendo desmentidas incluso por el presidente mexicano Andrés López Obrador.

La etiqueta #SOSCuba y #CorredorHumanitario fueron usados extensamente por combatientes mediáticos de la derecha regional, siendo las periodistas Yoani Sánchez y Patricia Janiot entre las más retuiteadas y con mayor exposición de la agenda visible de las protestas.

Entre los mismos manifestantes se enarbolaron banderas de Estados Unidos y se cantaba el tema «Patria y vida», interpretado por varios músicos cubanos residentes en Miami (Florida) junto a miembros del Movimiento San Isidro que viven en la isla.

De igual forma, lo que pasaba en algunas calles de Cuba tenía su espejo en redes sociales, donde los mensajes con la etiqueta #SOSCuba fueron replicados por ejércitos de bots y demás especímenes de la Big Data, tratando de crear en el imaginario 2.0 una percepción multitudinal en apoyo a la agenda pro-estadounidense.

Ante estos hechos, el presidente cubano convocó a «los revolucionarios a la calle» con el objetivo de hacer frente in situ a los nuevos intentos de «golpe suave». Así también salieron a contraprotestar cientos y miles de cubanos en diferentes ciudades, incluyendo La Habana, en defensa de la revolución. El primer mandatario Díaz-Canel fue en persona a San Antonio de los Baños a manifestarse.

En contraste con las marchas revolucionarias, en las anticastristas hubo violencia, saqueos y destrucción de materiales e infraesctructura gubernamentales. Volcaron vehículos policiales y las provocaciones de algunos contra la policía cubana, que se sabe no porta armas letales, no se hicieron esperar, y toda acción con el fin de reguardar el orden ante el caos fue respondida por más provocación beligerante.

El telón de fondo de todas estas acciones de «golpe blando» corresponde a una actualización en los mecanismos, métodos y modos de intervención en el marco de la agenda estadounidense contra Cuba. Todo bajo un contexto delicado en el ámbito sanitario, producto de la pandemia por covid-19 y los embates del bloqueo económico, financiero y comercial sobre la isla, principal chispa de todas las vicisitudes que se viven en el país insular.

MIAMI EN ACCIÓN: HORA DE LA INTERVENCIÓN

La difícil situación que vive la Isla tiene como protagonista el coronavirus, con la mayor cantidad de casos positivos y decesos desde que comenzara la pandemia. Dicho trance viene a ser producto de la entrada al país de nuevas variantes que se diseminan en el país, de acuerdo al director nacional de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública de Cuba (Minsap), Francisco Durán.

En respuesta, el gobierno cubano aplicará nuevas medidas de control sanitario internacional a partir del 15 de julio.

Grupos de música cubanos y operadores del Movimiento San Isidro han aprovechado la actual coyuntura para pedir a la «comunidad internacional» la apertura de un «corredor humanitario» o una «intervención humanitaria» en Cuba.

De ahí parte la conexión más directa entre las protestas registradas el domingo 11 de julio y las acciones del Movimiento San Isidro, cuyos líderes más visibles no solo están comprometidos con las demostraciones a la usanza de los manuales de Gene Sharp y sus pupilos políticos, sino también con la agenda terrorista de grupos anticubanos en Miami que han provisto de financiamiento, logística y apoyo mediático a quienes han enfrentado directamente al gobierno cubano.

Por supuesta, no sería la primera vez que tanto dinero estadounidense vaya a los bolsillos de agentes no-estatales que han buscado concretar un «cambio de régimen» en el país insular. El periódico Granma del Partido Comunista de Cuba publicó un informe donde afirma que cerca de 250 millones de dólares dedicaron las administraciones de Estados Unidos en las últimas dos décadas para los programas de subversión anticastristas.

Con la imposición del bloqueo estadounidense, vigente desde hace más de seis décadas, Cuba ha podido mantenerse en pie debido a la planificación estratégica del Estado para avanzar en programas sociales en varios ámbitos para darle un respiro a la población ante la incansable ofensiva gringa contra la revolución cubana. A mediados de junio pasado, el gobierno de Díaz-Canel denunció que, según estimaciones propias, la isla ha perdido entre abril de 2019 y diciembre de 2020 más de 9 mil millones de dólares debido al bloqueo impuesto por Washington.

Sin duda, el operador político que mayor cabida le ha dado a la agenda de la llamada «gusanera de Miami» en los pasillos del Congreso estadounidense y en la Casa Blanca (siendo un decisor importante durante la Administración Trump) es el senador Marco Rubio, cubano-gringo de probadas conexiones con el narcotráfico del sur de Florida.

En Twitter, durante el domingo 11, fue el más entusiasta político estadounidense en promover las protestas pro-estadounidenses, volcando su discurso a la necesidad de que el gobierno estadounidense intervenga de alguna forma en Cuba, interpelando a la Administración Biden para que se pronuncie sobre la situación, usando las etiquetas #SOSCuba y #PatriayVida en más de 50 tuits y retuits que pueden verse en su Timeline de Twitter.

En Miami también se vieron concentraciones a favor de las protestas anticastristas y reclamando «intervención internacional» para derrocar al gobierno de Díaz-Canel.

Pero lo cierto es que el desatino en los pedidos de «corredor humanitario» o de «intervención humanitaria» se corresponde con los intereses del sector más extremista de Florida.

Las protestas en ningún momento se expresaron en contra del bloqueo sobre la isla, así como ninguno de sus voceros, invisibilizando la causa por la que existe una crisis sanitaria sin precedentes en dicho país. Esto cuando en junio reciente la Asamblea General de Naciones Unidas votó una resolución de rechazo al embargo contra Cuba, la cual obtuvo esta vez 184 votos a favor, apenas dos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones (Colombia, Brasil y Ucrania).

El gobierno insular se ha visto obligado a pedir donaciones a nivel internacional ya que, por vía del bloqueo, no ha podido contar con materiales sanitarios básicos para la protección de la población, tales como jeringuillas, puntas con filtro y viales. Ello a pesar de que su industria farmacéutica ha logrado desarrollas cinco candidatos vacunales, dos de ellos (Abdala y Soberana 02) ya confirmados con más del 90% de efectividad en tres dosis.

Ernesto Soberón, director general de Asuntos Consulares Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), recordó, durante un encuentro con la prensa el sábado 10 de julio, que siempre que Cuba ha enfrentado una situación de este tipo se ha contado con la solidaridad internacional, ya sea de gobiernos amigos o de la misma comunidad cubana en el exterior, agradeciendo las miles de donaciones sin necesidad de politizarlas como lo han hecho los operadores anticastristas fuera y dentro de la isla pidiendo algún tipo de intervención foránea.

«Este gesto desinteresado no tiene ninguna relación con el falso caos que los enemigos de la Revolución Cubana quieren hacer ver mediante campañas, que aspiran a una intervención sanitaria o corredor humanitario, conceptos y términos relacionados con eventos de conflictos armados y violaciones de derecho internacional, situaciones que nada tienen que ver con lo que acontece nuestro país», dijo el funcionario.

Un corredor humanitario, por ejemplo, no se aplica al contexto que vive Cuba, ya que supone un tipo de zona desmilitarizada temporal destinada a permitir el tránsito seguro de «ayuda humanitaria». Pero generalmente este tipo de pedidos los hace el Ejército de Estados Unidos en zonas en conflicto armado, por lo que el lenguaje militar es un componente importante a la hora de entender los intereses detrás de dicha petición.

Asimismo, un corredor humanitario puede asociarse con una zona de exclusión aérea o como un medio para suministrar armas a una fuerza sitiada. ¿Son estas las demandas reales en Miami y por parte de la población que aúpa los intereses de Florida en la isla?

Las protestas del domingo 11 de julio enarbolaron la idea de que Cuba necesita la intervención de Estados Unidos y la «comunidad internacional» que se traduzca en un «cambio de régimen», supuestamente exigido por el propio pueblo cubano. Ese mismo que innumerables veces ha protestado contra los ataques económicos, financieros y comerciales de Washington, y que ha sido en el mismo número de veces silenciado y ridiculizado por los mismos operadores políticos y mediáticos que apoyan la causa de la cúpula reinante en el sur de Florida.

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