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Hay un golpe de Estado en marcha en Perú

Written by Debate Plural

José Carlos Llerena y Vijay Prashad (Counterpunch, 17-6-21)

 

Aunque Pedro Castillo ha ganado la segunda vuelta de la elección presidencial, su adversaria se niega a aceptarlo. Muchos temen que la tensión aumente con la ayuda de la leal derecha peruana y la recién llegada embajadora estadounidense a Lima.

Pedro Castillo, del partido Perú Libre, ha comenzado a recibir felicitaciones de todo el mundo. No hay duda que es el ganador de la elección presidencial del 6 de junio. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha anunciado los resultados electorales con el 100% de los votos contabilizados: Castillo logró el 50,137% de los votos (8,83 millones de votos), y su oponente en la segunda vuelta, Keiko Fujimori de Fuerza Popular, logró el 49,893% (8,78 millones). Según todos los indicios Fujimori ha perdido la elección.

Sin embargo, la candidata de la derecha se ha negado a admitirlo. De hecho, ha contratado a los mejores abogados de Perú para recusar los resultados electorales. A las pocas horas de que el recuento se hiciera público, el equipo de Fujimori presentó impugnaciones a 134 actas dentro de plazo y tienen listas otras 811. Cualquiera que conozca la comunidad jurídica peruana se dará cuenta de que algunos de sus bufetes más destacados están en la lista de Fujimori: el Estudio Echecopar; Gersi; Miranda & Amado; Payet, Rey, Cauvi y Pérez; Rodrigo, Elías & Medrano; Rubio Leguía Normand; Rebaza, Alcázar & De las Casas. Solo en Lima, hay más de 30 abogados trabajando. El equipo de Fujimori se puso en contacto con todos ellos antes de la votación, anticipando la posibilidad de una victoria de Castillo y la necesidad de paralizarlo en los tribunales. El ejército legal de cuello blanco ha puesto en marcha una estrategia racista de instrumentalización de la justicia [lo que en terminología anglosajona de conoce como lawfare –NdT]. Se lo quieren jugar todo a la invalidación de los votos de las comunidades indígenas de Perú, el núcleo de la base de apoyo de Castillo.

Estados Unidos nombró recientemente una nueva embajadora para el Perú. Su nombre es Lisa Kenna, y fue asesora del secretario de Estado Mike Pompeo (anteriormente oficial del ejército, director de la CIA y funcionario de la secretaría de Estado en Irak). Poco antes de las elecciones la embajadora Kenna hizo público un video en el que hablaba de las estrechas relaciones entre los Estados Unidos y el Perú y de la necesidad de que se produjera una transición pacífica de uno a otro presidente. “La transición presidencial es un ejemplo para toda la región”, afirmaba, como si anticipara una posible impugnación. Si alguien sabe de interferencias en los procesos electorales en América Latina ese es Estados Unidos.

Otro que también sabe del tema en el equipo de Keiko Fujimori es Fernando Rospigliosi. Rospigliosi, que fue ministro del interior con el presidente Alejandro Toledo, se unió al equipo específicamente para colaborar en esta confrontación, pues durante años fue muy crítico con los delitos cometidos por el padre de Keiko, el presidente Alberto Fujimori, que actualmente cumple condena en prisión. En su currículo consta que trabajó para la embajada estadounidense. En 2005 el antiguo militar de tendencias izquierdistas Ollanta Humala se presentó como candidato para las elecciones presidenciales de abril de 2006. Todo indicaba que Humala, que intentó un golpe de Estado contra Alberto Fujimori en 2000, contaba con el apoyo de las masas. Algunos incluso pensaban que seguiría la senda de Hugo Chávez y Evo Morales para inclinar Perú hacia la izquierda. En ese periodo Rospigliosi acudió a la embajada de EE.UU. en busca de apoyo para evitar la victoria de Humala.

El 18 de noviembre de 2005 Rospigliosi y el exdirector de la Oficina de Defensa Nacional del Ministerio del Interior, Rubén Vargas Céspedes, acudieron a un almuerzo * en la embajada en donde mostraron “su preocupación por la perspectiva de que el ultranacionalista Ollanta Humala se consolidara como una fuerza política con la que hay que contar”. Tanto Rospigliosi como Vargas trabajaron para una ONG llamada Capital Humano y Social, que había conseguido un contrato de la Sección de Asuntos Anti-​Narcóticos y Aplicación de la Ley del gobierno de EE.UU. Ambos solicitaron a la embajada que instara a la empresa encargada de las comunicaciones, Nexum, que “hiciera seguimiento de la cobertura mediática de Humala y promoviera noticias y comentarios contra él en las regiones cocaleras”. Querían que la embajada estadounidense utilizara sus considerables recursos para debilitar la posición de Humala. Una vieja estratagema.

A Estados Unidos le preocupaba Humala, y le preocupaban sus declaraciones contra la presencia militar estadounidense en el Perú y sus vínculos con Hugo Chávez. Les pareció buena idea lo que Rospigliosi y Vargas propusieron en la embajada y Humala perdió la elección de 2006. Conseguiría ganar en 2011, frente a Keiko Fujimori; pero en 2011 Humala se había transformado en el candidato de los neoliberales, alguien a quien EE.UU. consideraba útil e inofensivo. El 19 de mayo de 2011 Humala firmó un texto que le ataba a la agenda neoliberal, el Compromiso en Defensa de la Democracia”. En el acto protocolario estuvo presente el padrino de la derecha peruana, el novelista Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa es una figura clave en el país, gracias al prestigio que le proporcionó el Premio Nobel de literatura de 2010. Cuando se supo que Castillo había arrasado en el Perú rural, Vargas Llosa hizo comentarios despectivos sobre los votantes de las áreas campesinas y advirtió de que sería una catástrofe para el país, que se convertiría en otra Venezuela. Macerado en la bilis del racismo, Vargas Llosa se unió a otros intelectuales de la extrema derecha para denigrar a las clases trabajadora y campesina peruanas, con la esperanza de que sus comentarios proporcionen suficiente cobertura al proceso de golpe de Estado en gestación en el interior de la Oficina Nacional de Procesos Electorales.

Todo parece estar listo: una nueva embajadora estadounidense con credenciales de la CIA, un experto en artimañas con el hábito de acudir a la embajada en busca de ayuda para difamar a la izquierda, un patriarca a quien su propio pueblo le produce alergia y una candidata cuyo padre tuvo el respaldo de la oligarquía cuando maquinó un autogolpe de Estado en 1992.

Pedro Castillo continúa teniendo el control de la calle y las masas están dispuestas a manifestarse. No quieren que les roben su elección. Pero el ambiente es de miedo en el Perú. Merodean fuerzas oscuras. ¿Será capaz el pueblo de derrotarlas?

* N. del T.: Los detalles sobre esas conversaciones y las citas textuales provienen de documentos filtrados por Wikileaks (¡Libertad para Assange!).

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