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30 años del Mercosur: fortalezas y debilidades de la integración latinoamericana

Written by Debate Plural
Alfredo Zaiat (Sputnik, 17-3-21)
El 26 de marzo próximo se cumplen 30 años de la firma del Tratado de Asunción, que diera nacimiento al Mercado Común del Sur (Mercosur).
En este aniversario Argentina se encuentra ejerciendo la Presidencia pro tempore del bloque y ante la situación sanitaria, el presidente Alberto Fernández ordenó que el encuentro, previsto para el 26 de marzo en Buenos Aires, se desarrolle de forma virtual.
Hay que remontarse al 30 de noviembre de 1985 para analizar en toda su dimensión el recorrido histórico del bloque regional, pues ese día comenzó el proceso de integración con el abrazo de Raúl Alfonsín y José Sarney, los presidentes de Argentina y Brasil de entonces, respectivamente, en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú en la frontera. Fue el primer paso para la creación posterior del Mercosur.

En la Declaración de Foz de Iguazú los presidentes se comprometieron a «analizar, en forma conjunta, políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas».

El 29 de julio de1986 firmaron el primer tratado de Integración y Cooperación entre Argentina y Brasil, después de 150 años en los que primaron el enfrentamiento y la construcción recíproca de la principal «hipótesis de guerra» en la región.

El balance general de estas tres décadas ofrece fortalezas y debilidades.

Comunidad de seguridad

Para el politólogo Andrés Malamud, la contribución más importante de esta iniciativa regional no se registró en el área de la integración, sino de la paz interestatal y la democracia nacional.
«El mayor éxito internacional del Mercosur reside en haber transformado al Cono Sur en una comunidad de seguridad, tornando impensable una guerra entre sus miembros», afirma el analista y agrega que el mayor éxito fue la consolidación de la democracia a partir de la reducción de los presupuestos de defensa y de las reformas modernizadoras de la economía.

Cooperación

El bloque ha definido los rasgos fundamentales de este complejo proceso de integración regional. Un reciente texto de la Cancillería mexicana afirma que desde la firma de Tratado de Asunción de 1991, la consolidación del Mercosur ha favorecido la cooperación y complementación entre gobiernos y actores económicos y sociales de sus países miembros.
La adopción de normas comunes y la creciente interdependencia entre empresas de los países socios contribuyeron a multiplicar el volumen del comercio intrabloque, al tiempo que la provisión de herramientas de financiamiento e infraestructura sentó las bases para una mayor integración física y productiva, principal desafío del espacio regional.
Como plataforma de desarrollo económico y concertación política, el Mercosur es la vía fundamental para definir estrategias y políticas en clave regional, capaces de brindar certidumbre y mayor margen de acción a nuestros países en las negociaciones internacionales.
El documento mencionado postula que en un escenario global de permanente fluctuación, la voluntad compartida de avanzar hacia una agenda de la integración, basada en la creación y proyección internacional de capacidades productivas y tecnológicas, el fomento de la innovación y la generación de empleos de calidad, es un elemento clave para seguir fortaleciendo el Mercosur como una herramienta capaz de mejorar la vida de la población, así como también superar las desigualdades al interior del bloque.

Comercio

El Mercosur es un eslabón clave del comercio al interior de América Latina y el Caribe. La densidad del intercambio entre los países que lo integran, que parece reducido cuando se lo compara con otras experiencias semejantes a nivel global, cobra relevancia en el contexto de la reducida integración de la región.
A excepción del comercio entre los países del Mercado Común Centroamericano (que supera al 25% de su comercio total), el Mercosur es, junto con el Caribe, el bloque subregional con mayor intercambio entre sus miembros. Al aportar más del 50% de las exportaciones de manufacturas industriales realizadas entre países de la región, el MERCOSUR imprime, además, un perfil más diversificado al comercio intrarregional.
El último Boletín de Comercio Exterior del Mercosur, publicación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señala las dificultades que ha experimentado el bloque para avanzar hacia un proceso de integración más profundo.
En estos años, el débil desempeño económico de los países miembros derivó en que el comercio al interior del bloque continuó perdiendo gravitación, a lo que se le sumó en el 2020 el estallido de la pandemia.

Coronavirus

La crisis económica derivada del COVID-19 agravó en 2020 las tendencias a la caída y creciente primarización de los flujos comerciales del Mercosur. Los efectos de este shock sobre la producción y el comercio exterior de sus economías trascenderán más allá de la pandemia.
Que el probable repliegue no se convierta en un resultado estructural, profundizando las tendencias de la última década, dependerá de si los países del bloque logran emular a sus pares desarrollados y aprovechar la oportunidad para intensificar su comercio entre sí y con el resto de la región, dejando atrás las diferencias en las estrategias de inserción externa que dificultaron la integración regional en el pasado.

Libre comercio

El conflicto que viene arrastrando desde hace décadas el Mercosur se origina en la tensión política entre gobiernos conservadores y aperturistas y gobiernos progresistas comprometidos con el desarrollo de la industria nacional y la integración regional.
La pandemia encontró al Mercosur en una fase de negociaciones comerciales tendientes a una mayor apertura del bloque hacia terceros países y regiones.
Los acuerdos de libre comercio alcanzados con la Unión Europea, así como la liberalización del comercio bilateral de vehículos livianos entre Brasil y México en 2019, dan cuenta de ese proceso.
Habitualmente agrupado entre las regiones del mundo con mayor protección al comercio de mercancías, el Mercosur cuenta con un arancel externo común relativamente elevado. Este otorga a sus miembros cierta reserva de mercado, en particular para los productos manufactureros (excluyendo al sector automotor y al azucarero, que no son parte del acuerdo).
Aún con esa ventaja, el comercio y la integración productiva entre los miembros del bloque han ido en retroceso en los últimos años. Ello se explica por una serie de factores, entre los que se destaca:

La irrupción de China como gran proveedor de productos manufacturados a nivel global desde comienzos de los años 2000.

Las grandes brechas de productividad que tienen las actividades productivas del Mercosur respecto de sus pares en economías más desarrolladas, el magro desempeño económico de las principales economías del bloque y la debilidad de las políticas de desarrollo productivo que lo integran.

Esta combinación de factores dificultó una mayor integración de las empresas del Mercosur en las cadenas internacionales de producción, excepto en el segmento de provisión de insumos, generalmente materias primas.

Asimetrías

Ante el debilitamiento del comercio entre los países del Mercosur emergió un interés creciente de algunos socios por flexibilizar la política externa común. Este interés provino inicialmente de Paraguay y Uruguay, que por su especialización productiva no se veían tan favorecidos por la vigencia de un arancel externo común relativamente elevado para los productos manufacturados, y contó con un mayor apoyo en los últimos años de parte de Argentina y Brasil.
Esa posición de Argentina cambió sustancialmente con el Gobierno de Alberto Fernández, modificando la estrategia neoliberal de la administración de Mauricio Macri.
Como se explica en ‘Mercosur: una integración a dos velocidades’, de Mariano Álvarez, la integración del Mercosur se produjo desde la óptica top-down, es decir que fue concebida desde el plano jurídico general y se esperó que aquello derivase en integración comercial sectorial.
Esto no ocurrió, y su verificación implica la necesaria reorientación de las iniciativas integracionistas regionales, que deben de trabajar para que las dimensiones jurídica y comercial avancen en paralelo.
La falta de atención a las necesidades de los países de menor tamaño del bloque —con estructuras productivas menos diversificadas— es otro factor que debilitó al Mercosur, que se puso de manifiesto en las demandas de Paraguay y Uruguay para promover lazos comerciales con terceros países y flexibilizar el arancel externo común.

Rivalidad

El Mercosur resultó una respuesta superadora a la desgastante e improductiva rivalidad alentada por los sectores más reaccionarios de los países miembros.
Lamentablemente, a falta de militares iluminados aparecieron economistas, demagogos políticos y miopes empresarios a cuestionar las bases mismas del Mercosur.
Es cierto que el bloque regional tiene problemas y debilidades, que tuvo conflictos y especulaciones y que los seguirán teniendo. Pese a esas restricciones, el Mercosur es una herramienta poderosa que tiene la región para pelear en un mundo abierto, globalizado y dominado por bloques económicos regionales.
Esta dinámica del proceso de integración está explicada en La dimensión social del Mercosurelaborado por el Instituto Social Mercosur, cuyo director ejecutivo es Christian Adel Mirza.
El documento menciona que los primeros años del Mercosur transcurrieron bajo una concepción de la integración regional que ponderaba casi exclusivamente los factores e indicadores de crecimiento económico-comercial.
Por eso en la primera década se desarrolló un Mercosur «mercantilizado” hasta que, finalmente, la sucesión de crisis en la segunda mitad de los noventa provocó la disminución de relaciones comerciales intrarregionales, desvaneciendo las perspectivas de crecimiento y aumentando los niveles de pobreza y desempleo.
En los años siguientes, el bloque fue dejando atrás aquella concepción centrada exclusivamente en el mercado y acotada a los asuntos aduaneros, arancelarios y comerciales, para ir incorporando otras facetas de la integración regional, «repensando su espacio territorial con una mirada de carácter continental y avanzando en la dimensión política del proceso iniciado hace más de veinte años», afirma.
«A partir de ese momento el escenario de la integración se transformó y se comenzó a profundizar la idea de un proyecto estratégico y de carácter integral, para dar lugar a la dimensión social», se destaca en el documento.
Este es el principal desafío de los próximos años para concebir un Mercosur en el marco de un proyecto político-estratégico que debe incluir aspectos comerciales pero fundamentales una firme integración política, económica y social.

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