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Time revela una operación a gran escalaIa para «salvar la democracia» en EEUU

Written by Debate Plural

Mision Verdad (13-2-21)

 

La revista Time publicó recientemente una autorreferida «épica» de las elecciones estadounidenses que, en términos propagandísticos, podría imponer un relato para la historia por escribirse.

La accidentada salida de Donald Trump de la Casa Blanca, y ahora el juicio político en su contra —sin ninguna cortapisa institucional justamente por realizársele, aunque no cuente con el cargo presidencial (caso único registrado en la historia estadounidense)—, tiene ahora una narrativa con la coescritura de Leslie Dickstein, Mariah Espada y Simmone Shah para dicho medio norteamericano.

En esta obra titulada «La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020» Time expone detalles de un complot armado entre factores del aparato corporatócrata, político y de la sociedad civil estadounidense para garantizar la realización de las elecciones presidenciales, alejar al país del riesgo político y las amenazas de «golpe de Estado» por parte de Trump.

Es, como refiere el medio, «la historia interna de la conspiración para salvar las elecciones de 2020, basada en el acceso al funcionamiento interno del grupo, documentos nunca antes vistos y entrevistas con docenas de personas involucradas de todo el espectro político. Es la historia de una campaña creativa, decidida y sin precedentes cuyo éxito también revela lo cerca que estuvo la nación del desastre».

LO PUBLICADO POR TIME

La revista da parte de una sofisticada componenda que tuvo como «arquitecto» a Mike Podhorzer, quien es conocido por ser el asistente del presidente para la investigación estratégica de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), una federación de 55 sindicatos que representan a 12,5 millones de miembros en Estados Unidos. Según su perfil público es copresidente de Catalist, presidente fundador del Analyst Institute y miembro de las juntas directivas de numerosas organizaciones progresistas, incluidas America Votes y el Committee on States.

Podhorzer habría anticipado meses atrás, en congruencia con otros analistas de la política estadounidense, que Trump desconocería los resultados adversos en su contra y que la institucionalidad de su país iría a un punto de quiebre.

De esta manera, Time relata la supuesta labor del estratega como articulador de un gran movimiento tras bastidores que incluía a la organización sindical AFL-CIO, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, empresarios de Silicon Valley, firmas de Wall Street, organizaciones de la sociedad civil como Protect Democracy, Democracy Defense Coalition, Working Families Party’s, Black Lives Matters, voluntariados en los estados por la defensa del voto, Antifa, entre varias otras organizaciones, tanto como a funcionarios republicanos y demócratas integrantes del stablishment institucional en los aparatos ejecutivo, legislativo y judicial, tanto a nivel federal como en los estados, todos, con el propósito de contener las llamadas «aspiraciones de Trump a arrebatar las elecciones y su resultado» y promover un escollo político-institucional que fuera un factor de riesgo a la seguridad interna a gran escala.

En resumen de lo publicado por Time, estos operadores habrían trabajado en diversos niveles y frentes para articular durante meses el «resguardo» de la democracia, consolidando prácticas como:

  • La imposición de la organización de las elecciones mediante el voto por vía de correo.
  • Delegar las impugnaciones electorales a los tribunales estatales y liberar al Tribunal Supremo de la facultad de resolverlas (tal como ocurrió en el año 2000 en la crisis Bush-Gore).
  • Manufacturar la opinión pública para promover el voto por correo y declarar su invulnerabilidad y transparencia.
  • Promover la votación juvenil adversa a Trump y el interés político en sectores de nuevos votantes debidamente catalogados y abordados empleando para tal fin la Big Data.
  • Ejecutar las elecciones y garantizar la victoria de Biden.
  • Promover el apoyo multisindical y de la sociedad civil al resultado electoral.
  • Promover el respaldo de los sectores empresariales al resultado favorable a Biden.
  • Promover, mitigar o prescindir de acciones de calle por parte de factores más «a la izquierda» de la sociedad estadounidense, activistas y organizaciones, de manera acompasada y estratégica. Esto con el objeto de promover el rechazo de la sociedad estadounidense contra Trump o, por el contrario, replegarse estratégicamente para no energizar las reacciones de los seguidores de Trump y así desalentar enfrentamientos. Básicamente, se trató de un uso planificado de la acción de calle.
  • Resolver institucionalmente los procesos de conteo de votos en los estados, mediante cabildeo y llamados a funcionarios, para que no cedieran a cualquier presión de Trump.
  • Promover la divulgación del resultado favorable a Biden, aunque muchos estados claves estuvieran en conteo.
  • Desmantelar todo el arsenal propagandístico y narrativo de Trump que pusiera en entredicho el resultado electoral. Acá refirieron los «llamados» a que las redes sociales aplicaran sus políticas de uso y de divulgación de contenidos.
  • Consolidar todo el apoyo institucional en todos los poderes estadounidenses, de funcionarios republicanos y demócratas, a favor del resultado electoral para desalentar a Trump en su estrategia de desacreditar las elecciones.
  • Facilitar el cumplimiento de plazos y el adecuado tránsito de las vías políticas para el desarrollo de la aprobación de los colegios electorales y la proclamación definitiva de Biden el 6 de enero ante las instancias formales del poder público en el país.
  • Aplicar y justificar el veto comunicacional a Trump por atizar el desconocimiento de las elecciones y promover la confrontación civil, incluso luego del cierre a sus cuentas y en momentos de turbulencia por los eventos en Capitol Hill el 6 de enero.
  • Gestionar y manejar la crisis política, choques y toma del Capitolio que procedieron luego de las elecciones y la proclamación definitiva a Biden. El texto refiere el tratamiento a Trump como «peligro» para la democracia aun luego de su salida del cargo y refieren su juicio político.

La revista se ufana de relatar que todo este movimiento de piezas se realizó incluso sin que algunas de las partes tuvieran claro su rol y el para qué estaban jugando. También insisten en que el cuadro de particularidad política (tanto por las declaraciones de Trump como por el marco de la pandemia) justificaron las singularidades en la organización de la elección presidencial.

Aclararon también la legitimidad y «validez» del resultado electoral, «salvando» así la democracia estadounidense. «La democracia ganó al final. La voluntad del pueblo prevaleció. Pero es una locura, en retrospectiva, que esto sea lo que se necesitó para organizar unas elecciones en los Estados Unidos de América», proclama la publicación al final en una declaración «honesta» que deja nuevas incertidumbres.

¿NARRATIVA DE UNA ÉPICA O ENCUBRIMIENTO?

Aunque Time refiere insistentemente en que todo el complot se construyó para reafirmar la democracia, en efecto, podría ser este un relato más que interesante para conjugar todas las piezas que tuvieron que unirse, algunas de ellas sumamente antagónicas entre sí, para degradar el riesgo institucional que representó el mandatario saliente.

Es, básicamente, un relato del Imperio salvándose a sí mismo, de sí mismo.

Tal relato, tal vez próximamente ganador de un Pulitzer para Leslie Dickstein, Mariah Espada y Simmone Shah, podría ser digno de un guión con rumbo directo a Hollywood por poder servir de punto referencial para que la salida de Trump del gobierno sea escrita en la proximidad histórica. También por describir, casi como un ejercicio homérico, que la democracia estadounidense ha sido salvada por «the power of People» (el poder del pueblo), como señala el texto. Un elemento indispensable para relanzar una democracia que luce a todas luces fracturada.

No obstante, este relato consiste también en la declaratoria de una fuerza polifuncional, que es la congruencia de intereses mediante la acción de conjunto de los factores de la sociedad estadounidense. Un andamiaje estructurado en un ideario común de «libertad y democracia», pero que, acorde al mismo texto, está claramente modulado por los factores plutócratas quienes tienen elementos serviles en las instancias de poder, en un metabolismo que no reconoce diferencias entre partidos y, más allá de ellos, un tejido social conformado por ONG. En Estados Unidos parece que cualquiera siempre trabaja para alguien más.

El texto refiere el modelo «Open Society» (sociedad abierta) en las relaciones e intereses de la sociedad civil, brazo indispensable en el ejercicio del poder blando estadounidense fronteras afuera, pero que esta vez apuntó a los adentros del país amañando las tensiones sociales con inteligencia y teledirección política.

Por la complejidad del relato y por los actores involucrados, Time sin pretenderlo parece también develar y dar como ciertos muchos temores ya pregonados por Trump y por sus seguidores. Aunque Time les lava la cara, los expone develando su existencia. Hay factores alineados en el establishment político, económico y de la sociedad civil que actuaron coordinadamente en el marco de las elecciones estadounidenses.

Esto, según Trump y sus seguidores, mediante operaciones complejas que fueron escalando en los ámbitos del flujo de recursos, en la campaña electoral, en la crisis por la pandemia y en la economía, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las organizaciones que se movilizaron en la calle (dice Time, desde el asesinato de George Floyd hasta las reacciones de celebración por la victoria de Biden), en los poderes estatales y federales e incluso en ambos partidos políticos.

Trump y un segmento importante de la sociedad estadounidense han considerado que las elecciones fueron fraudulentas, justificando tal aseveración mediante el cambio de reglas electorales con la incorporación del voto por correo, sus mecanismos de conteo y la práctica anulación de los tramos legales habituales para establecer impugnaciones, auditorías, reconteos y dilación de la proclamación a Biden, degradando las posibilidades de una judicialización de la elección y aplicando una desestimación automática de los tribunales estatales de los recursos introducidos por el mandatario y su equipo legal de campaña.

Seguidamente Trump y sus seguidores agregaron a su argumentario de discurso, con muchas razones para hacerlo, el ejercicio de la «verdad» del gobierno paralelo y empresarial de Silicon Valley y el veto a las cuentas del magnate-mandatario como otra pieza del «golpe» en marcha.

Sean legítimas o no las demandas que tenía el entonces candidato, la narrativa de Time para «salvar la democracia» reseñada en el mencionado artículo, con apenas unas modificaciones en el texto podría ser idéntica a un relato que narra un robo electoral o un golpe de Estado por vías institucionales, tal como había sido analizado y descrito por nuestro columnista Diego Sequera en un informe del Instituto Samuel Robinson para el Pensamiento Original.

La complejidad del andamiaje referido en el texto explica la existencia de una estructura de poder articulada, pero que en las vigentes circunstancias tuvieron que hacer uso excepcional de muchas instancias en un aparato regido por la emergencia, no la de la relección de Trump o su proclamación al margen del resultado aparentemente favorable a Biden; se trataba de la emergencia de poner todo el poder blando e inteligente para poner a un funcionario del establishment en la Oficina Oval y brindarle a la estructura de gobernanza imperial otro episodio de normalidad política.

Dicho de otra manera, el relato explica cómo la propia estructura de poder estadounidense lucha por un sentido de regularidad hoy perdida y por una estabilidad elemental. Sin pretenderlo, el artículo parece el retrato de un cronista de la antigua Roma relatando cómo el Imperio se fragmenta desde sus adentros y celebra por ganar un día a la vez en los tiempos políticos que le aguardan.

Aunque Biden relanza el poder en los términos habituales y la estructura de gobierno parece haber cruzado el trecho amargo de la presencia de Trump en el poder, justo ahora que se ejecuta su aniquilación política anulando sus aspiraciones de retornar en cuatro años, otra historia es la que se cierne en los adentros de Estados Unidos.

Aunque el desencanto político ha sido un factor perenne en muchos grupos de la sociedad estadounidense, como pocas veces en su historia, no había sido tan notable un sector político tan claramente identificado, tal como es el caso ahora de los seguidores de Trump, quienes son hoy por hoy un gran sector en orfandad política y claramente criminalizados por el estado de seguridad nacional estadounidense.

Para ellos, Trump fue aniquilado por el andamiaje del Estado y la elite junto a todos sus derivados. Y tal parece que Time, aunque con otra pretensión, les explica a esas decenas de millones de estadounidenses cómo ocurrió.

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