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La bestia tras la máscara: la fanática fiebre de EEUU por destruir Venezuela

Written by Debate Plural

Martin Sieff (Aporrea, 25-4-19)

 

La negación del establecimiento político norteamericano de abandonar su petulante sueño de derrocar al democráticamente elegido gobierno del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, confirma que la orientación estratégica de la superpotencia termonuclear ha caído en manos de un grupo de muchachos malcriados, inmaduros y amatonados o de patanes adolescentes. Feodor N. Dostoievsky no se habría sorprendido en lo más mínimo.

La máscara de cualquier pretensión de preocuparse por el pueblo venezolano se les ha caído y lo único que queda es que recurran a la fuerza bruta aplicada de la manera más incompetente.

En estos momentos el ritmo se ha vuelto desenfrenado. El Asesor de Seguridad Nacional norteamericano, John Bolton –que con certeza tendría mejores cosas que hacer—vuela hasta el otro lado del mundo para amenazar al gobierno de la India para que suspenda la ayuda y los acuerdos comerciales con Caracas.

No obstante, se anuncian más sanciones contra el comercio petrolero entre Cuba y Venezuela.

El vicepresidente Mike Pence vuela hacia Nueva York con el propósito de torcerle el brazo a altos funcionarios de Naciones Unidas para que asuman la línea dura contra Maduro.

Sin embargo, el presidente Maduro jamás ha cometido ningún acto ni remotamente parecido a los crímenes genocidas contra la Humanidad a diferencia del gobierno norteamericano de Ronald Reagan que Bolton y el actual Enviado Especial para Restaurar la Democracia en Venezuela, Elliot Abrams, lo hicieron concretamente contra el pueblo Maya en América Central 36 años atrás.

Venezuela no ha masacrado a un millón de personas de su propio pueblo como profusamente lo hizo Paquistán el año 1971 contra los pueblos de Paquistán Oriental, actualmente Bangladesh, con pleno apoyo de parte del gobierno norteamericano del presidente Richard Nixon.

Maduro no ha desatado ninguna guerra o iniciado ningún bombardeo que haya asesinado a millones de civiles inocentes. No ha invadido estados vecinos o empleado gas venenoso en contra de ellos, como el caso de Saddam Hussein en Irak con pleno apoyo de parte de Estados Unidos cuando invadió a Irán el año 1980.

Bien podría ser discutible que el presidente Maduro no lo haya hecho bien en el manejo de su economía. Pero, dado el papel jugado por dos sucesivos gobiernos norteamericanos que han tratado de demoler Venezuela, resulta difícil saber cuánto ha sido de su propia responsabilidad.

Bajo el gobierno de Maduro ¿Ha estado Venezuela de manera afiebrada tratando de construir Armas de Destrucción Masiva? Hasta ahora, ni siquiera Bolton o Abrams han tenido la desfachatez de sugerirlo.

¿Ha estado el gobierno de Caracas conspirando para extender el terrorismo internacional alrededor del mundo? La respuesta es No. ¿Ha ofrecido Venezuela seguridad y santuario a los restos del Estado Islámico, ISIS actualmente expulsado de Siria a través de los esfuerzos combinados de parte de Rusia y Siria? Una vez más No.

En todo caso, los neoliberales norteamericanos como también los neoconservadores están tan desesperados por derrocar al dos veces elegido presidente Maduro que se encuentran puliendo sus brillantes y sonrientes máscaras completas que son el rostro público de la globalización que encubren a los vociferantes, cobardes, enloquecidos y pequeños arrastrados tras ellas.

La semana pasada presenciamos este fenómeno cuando el dorado chico de calendario del liberalismo global utilizó sus dos supuestamente más influyentes plataformas: su programa de entrevistas en CNN y su página de opinión en el Washington Post planteando el inmediato derrocamiento de Maduro como también una confrontación total de superpotencia con Rusia.

Ahora recordemos algo, se supone que Zakaria es el «tipo simpático». Se supone que él está a favor de una pacífica y democrática resolución «civilizada» de todas las disputas internacionales y que ha hecho que la guerra sea obsoleta. Se supone que él es la encarnación viviente de un liberalismo compuesto de libertad de comercio global, que es inquebrantablemente pacífico, tolerante, respetuoso, generoso, amable y bueno.

Sin embargo, Zakaria abiertamente está clamando por el abandono total del derecho internacional, abiertamente llama a la violenta invasión de una nación soberana, independiente e incluso democrática.

En otras palabras, está desembozadamente practicando el tipo de conducta perversa que documentó, identificó y condenó a los más prominentes criminales de guerra nazis el Tribunal de Nuremberg el año 1946 incluyendo muy enfáticamente la conspiración para llevar adelante una guerra de agresión.

Uno tiene que hacerse cruciales y obvias preguntas: ¿Qué pasa con Zakaria y aquellos como él? ¿Quieren realmente una guerra nuclear para exterminar a la especie humana? ¿Son ellos tan extremadamente temerarios? ¿Son en realidad así de estúpidos? ¿Están realmente tan locos?

La respuesta para todas esas preguntas es obvia e indiscutiblemente afirmativa.

Por lo tanto, debemos continuar con nuestra indagación y averiguar el por qué. ¿Cómo es que Zakaria y sus colegas proveedores de indignación moral se convirtieron en esto?

Tratando de responder esto –y mucho más—debemos trasladarnos 150 años atrás hacia la más aterradora e inolvidable novela de Feodor Dostoievsky titulada «Los Endemoniados»

Dostoievsky tenía su visión de lo logrado por la perfecta (en su opinión) sociedad liberal decidida a desdeñar y a demoler todas las vetustas limitaciones establecidas y las supuestamente absurdas tradiciones religiosas, las buenas costumbres y la prudencia.

Sin embargo, esta mezcla de mentes abiertas y racionales de Hombres y Mujeres «Nuevos» no se percató del surgimiento de una generación de sociópatas y psicópatas –sus propios descendientes—quienes prosperaron en la plena libertad que se les brindó: una especie tan arrogante y dispuesta a no descansar hasta que demuelan la civilización toda en una locura destructiva.

En el pasado, Rusia conoció en demasía semejantes criaturas.

Actualmente, pululan en Washington DC.

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