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El lenguaje Según Noam Chomsky: Explicación y Críticas (2)

Admito que la idea es inteligente y provocativa, y que es excitante leer sobre este tema. La propuesta de Chomsky podría definirse como «gramática formal, generativa, universal e innata», y sus líneas generales vendrían a ser las siguientes (me molesto en comentar más detalladamente algunos puntos de interés para la discusión posterior):

Líneas generales de la lingüística según Chomsky

1) Formalismo: En mi opinión, aunque para la mayoría de la gente no sea el rasgo más llamativo, «formalismo» es la palabra clave en la teoría de Chomsky, y de hecho creo que es la aportación que históricamente más ha calado en otras áreas del estudio de la mente (estoy pensando en la psicología entre otras). Una gramática formal consiste en un conjunto de reglas para transformar símbolos abstractos (que representan las unidades gramaticales: morfemas, palabras), representables mediante el lenguaje matemático. Por ejemplo, una regla formal podría ser: «Si A y B cumplen una condición X, entonces, A tiene que ir inmediatamente delante de B». Para entenderlo bien, podemos acudir al ejemplo de los programas de ordenador: cualquier software es básicamente un conjunto de reglas formales para manejar símbolos.

Mediante las reglas formales de la gramática, los símbolos se agrupan generando secuencias que son las frases. Por lo tanto, cuando hablamos no estamos repitiendo frases que hayamos escuchado antes, sino que las generamos desde cero mediante la aplicación de transformaciones y operaciones en un nivel muy formalizado.

Este tipo de filosofía formalista se ha adoptado en otras ramas de las ciencias de la mente, sobre todo en la psicología cognitiva y en el estudio del razonamiento. La famosa metáfora del ordenador se aplica en estos casos de la misma manera que en la lingüística.

2) Independencia con respecto al significado: Esto se deriva del anterior punto. Un detalle muy importante es que todas las reglas formales que operan con los símbolos son independientes del significado que adopten esos símbolos. La regla «El Verbo debe colocarse al final del sintagma verbal» siempre produce frases correctas en euskera y en japonés, por ejemplo, y lo hace independientemente de cuál sea el verbo en concreto al que se esté aplicando la regla, y por supuesto del significado de éste, asimismo tampoco juega papel alguno el contexto semántico de la oración.

Los símbolos con los que opera una gramática formal no significan nada hasta que después alguien los interpreta. Es entonces, y sólo entonces, cuando la secuencia formal correctamente formada «Artículo + Adjetivo + Nombre + Adjetivo + Verbo + Nombre» se transforma en la frase con significado «El veloz murciélago hindú comía cardillo». Las reglas gramaticales de Chomsky se aplican a la sintaxis, no a la semántica. Dado que la lingüística según Chomsky sólo se ocupa de las reglas formales gramaticales, entonces todo lo que no sea formalizable, incluyendo a la semántica, queda alegremente fuera del estudio del lingüista.

3) Independencia con respecto «a todo»: Dado que nos movemos en un modelo puramente formal, regido por reglas abstractas, lógicas, matemáticas, que operan con símbolos vacíos de significado, entonces el lenguaje, o más bien la sintaxis formal a la que Chomsky reduce alegremente todo el lenguaje humano, es una especie de módulo mental (así lo han llamado), independiente de restricciones cognitivas como la inteligencia, la memoria, la percepción… Ese aislamiento, a la vez que es una condición necesaria para postular ese nivel puramente formal, de paso explica el hecho de que algunos trastornos afecten al lenguaje y no a otras facultades mentales, y viceversa (ver más arriba).

4) Innatismo: Comprendo la revolución que debió de suponer para muchos psicólogos la excitante propuesta de que la lengua no es un invento cultural, sino una capacidad innata con la que nos ha dotado la naturaleza únicamente a los seres humanos. Recuerdo el ansia con el que devoré «El instinto del lenguaje». Así es como Chomsky y los suyos caracterizan al lenguaje, como un instinto, o a veces un «órgano» (un módulo cerebral), tanto como nuestro hígado o nuestro riñón.

Tener un instinto implica que no llegamos al mundo como una tabula rasa, vacíos, dispuestos a aprender cualquier cosa a la que nos expongamos, sino que venimos con algún contenido, en este caso un «software» instalado de fábrica. En la visión de Chomsky, Pinker y otros, estamos programados desde la cuna con algún tipo de instrucciones que rigen nuestro comportamiento más temprano.

Es cierto que las ideas de Chomsky acerca de qué es exactamente eso que traemos innato han ido variando desde su primera propuesta teórica, pero siempre se ha hecho referencia a una «gramática universal», y este es otro concepto importante. Una gramática universal está conformada por unas directrices formalizadas muy sencillas que son comunes a todas las gramáticas de todas las lenguas naturales. La lógica de esta propuesta es la siguiente: si el niño llega al mundo con esa gramática universal «preinstalada», entonces sólo tiene que aprender qué es lo que tiene de particular su lengua materna con respecto a lo que ya traía innato. Eso explicaría la eficiencia de los niños que empiezan a dominar su lengua a pesar de la «pobreza del estímulo».

La última variante de la teoría chomskyana sugiere que esa gramática universal innata se basa en lo que él llama «principios y parámetros». Los principios son, de nuevo, reglas formales válidas para toda lengua natural. Por otro lado, las lenguas naturales se diferencian en los valores que toman ciertos parámetros. Estos parámetros pueden imaginarse como interruptores que pueden estar o bien encendidos o bien apagados. Un parámetro puede ser, por ejemplo, la necesidad de especificar el sujeto en una oración correctamente formada. En este caso, cuando un bebé comienza a escuchar a sus padres hablando en inglés, este parámetro tomará el valor de «Encendido», o «Sí» (es decir, el sujeto tiene que especificarse siempre). Mientras que en un bebé criado por padres hispanohablantes el parámetro mencionado tomará el valor «Apagado», o «No» (porque en español no es necesario especificar el sujeto en cada oración). A base de escuchar las conversaciones de los adultos, el bebé irá completando su lista de parámetros para deducir cuál es la gramática de su lengua materna a partir de la gramática universal que tenía preinstalada (innata). Lo cual es mucho más rápido y sencillo que deducir la gramática desde cero, y no requiere instrucción explícita.

Se puede afirmar por tanto que, propiamente, no «aprendemos» el lenguaje (igual que aprendemos a hacer otras mil cosas), sino que lo «adquirimos». Matiz al que se ha dado cierta relevancia.

5) Pensemos en las «sobre regularizaciones»: los niños suelen extender las reglas gramaticales que han adquirido a palabras o situaciones excepcionales, donde dichas reglas no se aplican. Por ejemplo, es habitual que un chiquillo diga cosas como «lo he rompido» (en vez de «lo he roto»). No es probable que el niño haya escuchado previamente ese verbo irregular mal conjugado, de modo que su error demuestra que no está repitiendo como un papagayo las palabras a las que se ha expuesto en el pasado, sino que está efectivamente aplicando reglas adquiridas para producir palabras y frases totalmente originales cada vez que se comunica.

Asunto interesante, el de las irregularidades. Cualquier excepción a una regla gramatical en una lengua natural se entiende, desde la óptica chomskyana, como una irregularidad instaurada culturalmente, por el uso. Y que debe aprenderse mediante los métodos tradicionales de aprendizaje: mediante memorización y repetición, involucrando esfuerzo… ¿Nadie ha tenido ganas de asesinar cuando se ha enfrentado a esas temibles tablas de «irregular verbs» en clase de Inglés? El lenguaje se «adquiere», las irregularidades se «aprenden».

Por cierto, la sobrerregularización no es la única demostración de que las oraciones en una lengua natural no son simples secuencias de sonidos que se aprenden sólo mediante experiencia, sino que por el contrario se generan cada vez que se emiten. Otro ejemplo de esto mismo son las generalizaciones de las reglas gramaticales a palabras totalmente nuevas o artificiales: cualquiera de nosotros (niños y mayores) podría conjugar el verbo «flipflopear», a pesar de que acabo de inventármelo. «Yo flipflopeo, tú flipflopeas…». Esto también constituye, según la visión chomskyana, otro argumento a favor del aislamiento de la gramática con respecto al significado. Ya que podemos aplicar reglas a palabras cuyo significado desconocemos o que, como en el caso del verbo «flipflopear», carecen directamente de éste. Aunque ofrezco un generoso premio a quien nos haga la sugerencia más divertida para el significado del verbo «flipflopear».

Algunas críticas generales a la lingüística chomskyana

Este es uno de esos temas sobre los que tendría tanto que decir que la mera contemplación de la pantalla del ordenador ante mí, mostrándome una página en blanco aún por rellenar, me abruma. Muchas y muy variadas argumentaciones pueden construirse para criticar las ideas resumidas en el anterior apartado. Pero, si me he visto obligado a resumir para explicar las líneas generales de la lingüística de Chomsky, también debo abreviar al exponer una crítica razonada. He aquí algunos ejemplos de las observaciones más importantes que se me ocurren, muchas de las cuales, por cierto, pueden aplicarse a gran parte de la psicología cognitiva computacional de la primera hornada:

1) Dualismo: Toda la ciencia se asienta sobre unos presupuestos filosóficos previos (por ejemplo, la idea de que la realidad tiene una estructura independiente del pensamiento humano). Sin embargo, los presupuestos que Chomsky añade a la lista entran en contradicción con la actitud de muchos científicos más preocupados por los datos empíricos, y en ocasiones lo mejor que se puede decir de ellos es que son innecesarios, chocando pues con el principio de parsimonia. De todas esas asunciones, tal vez la más interesante de todas es el dualismo más o menos implícito en la teoría.

Como ha señalado con abundancia de ejemplos el lingüista George Lakoff (1999), la filosofía de Chomsky se identifica con la tradición cartesiana en muchos más aspectos de los que parece a simple vista. Para empezar, el enfoque formalista del lenguaje (y por extensión del pensamiento) implica una separación evidente entre el mundo material (cuerpo) y el mundo abstracto de las reglas formales (mente). La analogía que compara a la mente con el software de un ordenador es al menos parcialmente dualista en este sentido: el cuerpo y el cerebro son sólo el soporte material del lenguaje (y del pensamiento). Las reglas formales de la gramática chomskyana no tienen limitaciones corporales ni materiales (ni siquiera semánticas), porque son tan abstractas como las matemáticas en las que de hecho se basan.

About the author

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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