Cultura Nacionales

Génesis patológica del Arte (y 2)

Written by Marko Florentino

Uno de los artistas más representativo del arte fustigado lo fue el postimpresionista Vincent Willem Van Gogh, 1853-1890, Zundert, Países Pajos.  A Vincent puede nominársele como el legítimo representante de este movimiento, pues el vínculo entre el arte y sus vicisitudes alcanzaron el grado superlativo de la angustia de un alma en pena que plasmó cada impresión de su tribulación en lienzo y papel; acosado por la esquizofrenia, tradujo el flagelo mental en sus trabajos —en la pintura «La resurrección de Lázaro», Vincent muestra un escenario lleno de amargura, en lo que debió ser una pintura ilustrada con regocijo.  La melancolía extrema, el gélido dolor y sufrimiento intenso lo llevaron a saborear su fracaso al límite, estampando sus huellas en la pintura. Sus obras reflejan el desabrimiento de un alma delirante que nunca conoció el regocijo; así se puede observar en cada una de sus obras. En sus más de quinientas cartas escritas a su hermano Theo dejó ver su pasión por la literatura y la religión, se aferró a un Dios en el cual nunca encontró más respuesta que el dolor. Describió la antítesis del placer que lo llevó a la supremacía en la aplicación de la conceptualización. Etiquetó en sus obras la suma de todos sus pareceres y tradujo el arte vivo en gritos de clamor; dibujó toda su enfermedad psicosomática y física… ¿Sosiego?, no existió para él. Podría decirse que Vincent fue el Baudelaire de los pigmentos, el Saulo de Tarso perseguido —en vez de por romanos, por el látigo del hambre estomacal y la pestilencia emocional. Fue un Cristo flagelado por la humillación y el rechazo; luchó como un pretoriano y murió como un peregrino en el desierto. En vida, pocos conocieron sus obras, por el contrario, eran consideradas Dead Art; hoy, los coleccionistas y museos guardan sus hípervalorizadas obras como el arte más fecundo de toda la contemporaneidad. Vivió y sufrió los devastadores efectos y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial; padeció la hambruna de la postguerra; gran parte de sus trabajos fueron quemados por ser considerados arte degenerado, y los que sobrevivieron forman parte de colecciones predilectas.

En sus cartas a Theo, el clamor de sus líneas retóricas fue transferido al lienzo vivo de sus creaciones; acosado por el rechazo de sus colegas y por la autocompasión, se autocensuró y sintió odio a si mismo y a los demás:

Querido Theo.

       Quizás te parezca demasiado fuerte lo que te dije sobre Tersteeg. Pero no retiro lo dicho. hay que decir las cosas de forma brutal, porque si no, no traspasan su caparazón. Desde hace años me consideraba un imbécil o un soñador, sigue mirándome con los mismos ojos y me dice, incluso, sobre mis dibujos: son una especie de inyección de opio que te administra tú mismo para alejar el dolor de saberte incapaz de pintar acuarelas.  [carta 180, febrero 1882]

Semiótica en el arte de Vincent

Los brochazos intensos y radicales muestran una técnica llena de un desasosiego delirante que sobrepasa las escuelas del postimpresionismo que él perseguía; los colores intensos son el símbolo de una posible amargura indescriptible, o tal vez del deseo inmediato de terminar con todo de una vez, aunque la desarmonía progresara en su ansiedad. El movimiento estruendoso de las formas podría revelar la discordancia de sus pensamientos. Los espacios en sus composiciones son temblorosos, con cierto nerviosismo y con angustia arrítmica en las líneas —que pudo haber sido por su epilepsia. Hay hipersaturación visual y vibración lineal que ofuscan y difieren los contrastes tonales. Sus pinturas son gritos dramáticos con arritmia visual y discordancia conceptual; sesgado por sus emociones y vetado por la discapacidad mental; pero llenas de un colorido enajenador que podría provocar éxtasis en el espectador. Es una especie de historia en la que Vincent narra un relato a sí mismo, y no encuentra un final ni repuestas a sus interrogantes; lleno de un lenguaje absorto e idioma indefinido. En sus paisajes observa la naturaleza desde una perspectiva vaga, agridulce y decadente; como si el mundo se le viniera encima, pero no se rinde y continúa impregnando el óleo con el vigor esencial de un pincel saturado de pigmentos, dando la impresión de que usaba un solo pincel para todos los colores. Parece que quien pinta es su avatar, con quien mantiene una batalla por el control de la pintura; lo que lo lleva a concluir en un estilo muy único. En ocasiones muestras un sosiego que se desvanece en un santiamén; consigue fluidez y termina por donde comenzó, dejando un óleo que parece inconcluso.

Para Vincent los colores son emotivos, mezclados al azar. Configura un arcoíris en donde una multitud de ángeles y demonios parecen danzar eternamente entre arenas movedizas. Pareciera que está pintando con pigmentos extraídos de las praderas. Apela a tonos sombríos y los contrasta con la viveza de la campiña como si una tormenta de fuego y agua manchara el lienzo, como si los rayos de una tempestad cayeran sobre su cabeza avivando su creatividad. En muchas de sus pinturas, Vincent hace un recorrido entre un paraíso repleto de colorido deslumbrante, para luego descender a lo nefasto, al luto y al llanto, reflejando la relación entre el nacimiento y el descenso. Vincent quiso darles vida a sus pinturas con gritos desesperados, un reclamo al olvido y una glorificación a sus delirios. Impulsado por la angustia y motivado por la ansiedad perenne que lo abatía, creó posibles salidas al cerco nefasto de su prisión; creó mundos y personajes que se hacen repetitivos durante las alucinaciones. Una esquizofrenia paranoica que lo sacaba del contexto real, llegando a revivir y reeditar vivencias. Desfiguraciones  confusas que irradian emociones del momento, siendo incapaz de distinguir entre lo real e irreal. Muchos de estos mundos superfluos eran el resultado de las sustancias alucinógenas que consumía. [también lo hizo Baudelaire en algunas de sus poesías malditas]. Su bebida alcohólica favorita —o la única que se podía permitir— era la Absenta o ajenjo, que le provocaba hiperexcitabilidad, alucinaciones y terror en su soledad; tal vez por ello el universo semiótico de sus pinturas está lleno de turbulencias y visibilidad errante. Sin embargo, ninguna adicción detuvo la creatividad de este genio, ni mucho menos retuvo sus infinitos intentos por alcanzar la gloria.

          Pese a que se ha dicho que Vincent no vendió ninguno de sus trabajos, la realidad es que sí lo hizo; mientras estuvo en París y en Arles intercambió pintura por alimentos y sexo, además hizo de marchante. Otra patología que  le causó trastornos fue la afección de varias enfermedades venéreas; sin embargo, su peor enfermedad pudo haber sido el desamor que lo resquebrajó todas las veces que fue rechazado.

Según se registra, en Bruselas logró vender por 400 francos la obra La Vigne Rouge 1888 —actualmente en la exposición permanente del Museo Pushkin de Moscú.  Cuando viajó a Arles con ideales más profundos y deseos de superación, quiso enseñar pintura y montó su propia escuela, pero un nuevo revés mental lo llevó al delirio y fue internado en el manicomio de Saint-Rémy —donde realizó la pintura La Noche Estrellada—; dos años más tarde se disparó en el estómago poniendo fin a una vida artística en la que, a lo largo de su corta carrera, realizó más de 900 obras hoy exhibidas por todo el mundo: Ámsterdam, Nueva York, Berlín, París, México, muchas de ellas en manos de coleccionistas, y la gran mayoría destruidas por los Nazis por considerarlas «Arte Imperfecto y Nefasto».

About the author

Marko Florentino

Licenciatura en Publicidad - UASD Rep. Dom; Master en Periodismo - UCM España; Máster en Escritura Creativa - UCM España; PhD Programa de Doctorado en Arte Semiótico – UCM graduado de Ambiente de aprendizaje virtual y Relaciones públicas
Miembro del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, Asociación de Pintores y Escultores Españoles y del Colegio Dominicano de Periodistas
Profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Actualidad), Profesor Universidad del Caribe, Diseñador gráfico creativo-Agencia de publicidad Inventum, Periodista Periódico Universitario, Periodista independiente
escritor-pintor (exposiciones: Boston, Nueva York, Madrid, Santo Domingo)

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