Cultura Nacionales

Génesis patológica del Arte (1)

Written by Marko Florentino

Multilenguaje impuro en la pintura de Vincent Van Gogh

 

Desde épocas ancestrales el arte ha sido el ícono infalible de la identidad cultural en sociedades primitivas, en la actualidad forma parte del paralelismo cultural existente entre las castas organizadas y los creadores independientes; con el arte se han recreado acontecimientos mesiánicos e ilustrado “descubrimientos” de vital importancia para las sociedades postmodernas —como lo son los gráficos del sistema solar y del espacio exterior realizados por artistas digitales. No obstante, si algún lapso temporal interrumpió la cadena creativa entre el arte y los procesos evolutivos, no fue precisamente la falta de productores, sino el desconocimiento y la valoración que se tenía de éste. Así como las estatuillas y esfinges ancestrales podrían representar el arte de los mitos y la devoción a deidades, el arte rupestre personifica el inicio iconográfico de la pintura; el romanticismo clásico enuncia el perfeccionamiento de una élite meramente apegada a la estética visual […]; se podría decir que el arte contemporáneo es la genuina expresión de la disidencia… No obstante, las artes literarias fueron y han sido una tendencia enunciativa que apela a la retórica para recrear hechos mesiánicos o simples narrativas como complementos de la imagen. Así lo hizo el poliglota azerbaiyano Zacarias Sitchin, quien tradujo uno de los textos más enigmáticos conocidos hasta ahora, de acuerdo con Sitchin, Las Tablillas Sumerias —¿datadas de hace más 400 mil años?—, un registro documental dejado a las primeras civilizaciones por los llamados Dioses Antiguos para ilustrar su poderío, y que el traductor transfirió posteriormente a la ficción literaria en la saga Crónicas de la Tierra —aunque estas investigaciones de Sitchin han sido refutadas, negadas y descalificadas por la ciencia por no encontrar en ellas ninguna revelación lógica que las confirme.

En el arte bizantino, el romántico, el neoclásico, el barroco y el renacentista, algunos artistas dejaron ver la lobreguez de sus sentimientos y el idealismo fundamental que controlaba su interior como huésped pérfido —y no esencialmente por patologías mentales—; tal es el caso de Los Dibujos Grotescos de Leonardo Da Vinci, quien trazó una serie de bocetos espectrales sin que hasta ahora se conozcan las causas que llevaron al genio a ilustrar tales dibujos —Leonardo fue el pintor por excelencia de la monarquía y de la curia católica romana, cuyo legado incluyen: La Adoración de los magos, encargada por el papa Sixto IV para decorar la capilla Sixtina del Palacio Apostólico Vaticano;  La Virgen de las Rocas, para la confraternidad de la Inmaculada Concepción, que iría a la capilla San Francesco el Grande de Milán. Aun así, Leonardo decidió pintar la descomposición demoníaca a costa de todo riesgo. Siglos más adelante, el pintor español Francisco Goya sorprendió al clero y a la realeza cuando recreó escenas como: Saturno devorando a un hijo, Dos viejos comiendo sopa, El conjuro o Escena de brujas y El hechizado por fuerza. ¿Por qué pintó estas atrocidades?, las respuestas podrían estar en la profundidad de su psiquis, o en su idealismo exprofeso.  De acuerdo con el filme cinematográfico Los Fantasmas de Goya, y tomando en cuenta su discapacidad sonora, el pintor escuchaba voces que lo perturbaban y lo inducían a encadenar demonios con el óleo.

Sin que nada tenga que ver con los saberes del perfeccionismo impartido en las facultades de arte, algunos artistas plásticos optan por la desintegración en las formas y por la obscuridad conceptual en sus trabajos; otros, sin haber recibido alineación académica, poseen el don de recrear escenarios lúgubres nacidos desde el espanto de su tribulación. El postmodernismo ha escalado significativamente en la pintura, a tal punto que desde algunos hospitales psiquiátricos se han sacado experimentos con resultados tétricos, considerados Arte Marginal.  Uno de los pioneros en teorizar sobre este tipo de “habilidad” lo fue el crítico de arte Roger Cardinal, quien lo denominó como Art Brut; el arte encubado en las entrañas de la marginación, sin reglas, sin tendencia antecesora, cuyas únicas pautas son la disidencia absoluta y el desbordamiento de las emociones cautivas. Posterior a Cardinal, Jean Dubuffet lo acuñó como el Outsider Art, mucho más aterrador que el primero, pues se trataba de artistas con enfermedades mentales que, aun sin haber estado en hospitales psiquiátricos, poseían la pericia autodidacta de moldear un arte con la maña incubada en sus perturbaciones mentales.

Muchos artistas plásticos han incrustado en sus trabajos la narrativa ególatra de sus sentimientos y padecimientos psíquicos y de sus discapacidades, como si sus vidas pasadas y presentes estuvieran atadas más allá del contexto real y por encima de la lógica; haciendo una especie de desahogo emocional para lograr la paz interior con fuerza revolucionaria que les ayude a deshacerse de sus torturas mentales; son poseedores de una fortaleza interior imperecedera que hace tributo a los parásitos mentales para intentar sepultar la mutilación creativa que los agobia. Pintores que, a pesar de su discapacidad sensorial, exteriorizan con entusiasmo un lenguaje no verbal con múltiples significantes que parecieran haber recorrido difíciles trayectos con obstáculos para lograr la originalidad en sus composiciones olímpicas. Otros muestran con inventivas sombrías, realizaciones mítico-fantasiosas, anteponiéndose al futuro con creaciones demoníacas de códigos espinosos trasferidos adrede al lienzo por su desviación y trastornos mentales incontrolables.  Invidentes poseedores del tercer ojo, en los que la miopía absoluta no frena el fervor de las gamas cromáticas conque representan su realidad.

El arte aterrador, enfermizo y maldito de los mórbidos cerebrales que hicieron paráfrasis de sus emociones, transferidas con alevosía fundamental a lo que, desde su perspectiva individual, pudiera ser su arma letal contra los demonios que le asedian, o a los ángeles que enaltecen la razón de ser de su universo.  Artistas creadores de dioses, alabadores y veneradores de devociones forzosas; fieles abducidos —por sus propias obras—, imágenes míticas, o sacadas del culto a la ignorancia. Otros simplemente fueron vencidos por el flagelo social, las guerras, la hambruna, la enfermedad; y su arte es la más genuina representación de sus acaecimientos.

About the author

Marko Florentino

Licenciatura en Publicidad - UASD Rep. Dom; Master en Periodismo - UCM España; Máster en Escritura Creativa - UCM España; PhD Programa de Doctorado en Arte Semiótico – UCM graduado de Ambiente de aprendizaje virtual y Relaciones públicas
Miembro del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, Asociación de Pintores y Escultores Españoles y del Colegio Dominicano de Periodistas
Profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Actualidad), Profesor Universidad del Caribe, Diseñador gráfico creativo-Agencia de publicidad Inventum, Periodista Periódico Universitario, Periodista independiente
escritor-pintor (exposiciones: Boston, Nueva York, Madrid, Santo Domingo)

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