Educacion Nacionales

El impacto para el desarrollo social, económico y tecnológico de la relación: universidad y la empresa (3)

La última versión del Modelo de Etzkowitz, donde se observa cómo las tres instituciones se solapa e interactúan entre sí, generando efectos positivos que por ampliación inciden sobre la sociedad en su conjunto.

Esta es la versión que más se ha ajustado a las necesidades de los actores que interactúan para la innovación de base científica, ya que disminuye las fronteras entre las diferentes formas de conocimiento y entre las esferas de vinculación, enfatiza en el factor tiempo, al afirmar que las relaciones bilaterales entre las esferas son una transición hacia relaciones trilaterales en forma de espiral ascendente con respecto al tiempo, y remarca la función que desempeñan las interfaces en la interacción entre hélices (Etzkowitz, et al., 2000)

Las funciones que desempeñaría cada esfera serían: la generación de riqueza económica en el caso de la industria; la producción organizada del conocimiento en el caso de la universidad; y el control normativo en el caso del estado. Por otro lado, las su dinámicas para expandir el modelo son los intercambios económicos en el mercado, las variaciones geográficas y la organización del conocimiento. Así mismo, las condiciones para la integración son las transformaciones internas en cada una de las hélices, las influencias de una hélice sobre otra, las redes trilaterales de interacción y el efecto circular de los cambios en cada esfera institucional sobre sí mismas y sobre las demás (Leydesdorff, 2010).

La relación que se establece entre estas tres esferas supone beneficios para cada una de ellas, no obstante, a pesar de que en las últimas décadas se han establecido nexos más evidentes, todavía es necesaria una mayor vinculación para traducir la ciencia en valor para el mercado y que la investigación responda a las demandas de la sociedad.

El beneficio que se espera obtener incrementa el valor de sus acciones y las incentiva teniendo como resultado la denominada espiral del conocimiento (Etzkowitz & Leydesdorff, 1995; Kaufmann & Tödtling, 2001; Numprasertchai & Igel, 2005). En la Figura 1.6 se ofrece la espiral del conocimiento proveniente de las interrelaciones entre la Universidad, el Estado y la Industria, detallándose las acciones que desempeñan cada uno de los actores, los elementos que facilitan la creación de valor y los efectos que tienen las acciones realizadas por cada actor.

La limitación del modelo consiste en que a pesar de que toma en consideración el análisis de los factores internos que pueden afectar el proceso exitoso de transferencia de conocimiento científico-tecnológico, no contempla el análisis de los factores externos al proceso de transferencia, entre ellos el papel del Estado. Además, tampoco se precisa sobre otros procesos no esencialmente económicos que se producen al interior de la universidad o externos a ésta que pueden afectar su actividad.

También es importante destacar que en la actualidad no existe el nivel de simetría en las transiciones de roles entre las instituciones universidad- industria- gobierno que se plantean en el Modelo de la Triple Hélice, ya que es la universidad, quien ha cambiado  y transformado sus enfoques y actividades.  Otro aspecto a señalar es que se han centrado las relaciones en solo tres actores, la universidad, la industria y el gobierno, dejando de lado otras instituciones u organizaciones comunitarias.

Por lo expuesto anteriormente, es evidente la importancia del rol de la universidad en la generación de desarrollo científico-técnico, social y económico en cualquier sociedad, por tanto, para la presente investigación es necesario profundizar en la transformación y evolución que ha sufrido la universidad como institución, hasta llegar al concepto de universidad emprendedora.

LA UNIVERSIDAD Y SU TERCERA FUNCIÓN

La Universidad, en un inicio, fue concebida como una institución de enseñanza superior dedicada exclusivamente a la formación de profesionales y a la creación de nuevos conocimientos, sabiendo que estos se relacionan estrechamente. La universidad ha sido un agente fundamental para dar respuesta a las inquietudes del ser humano, y además un instrumento para el desarrollo de las sociedades (Clark, 1991).

Sin embargo, en las dos últimas décadas se han experimentado cambios radicales en el modo de producción del conocimiento y en las instituciones universitarias, por lo que las funciones de las universidades, han tenido que evolucionar para responder a las necesidades de su entorno, redefiniendo así, sus características y principios.

La primera revolución académica ocurrió a finales del siglo XIX hasta mediados del XX, a partir del momento en que se comenzó a institucionalizar y legitimizar la investigación en la universidad, que se ocupaba hasta ese momento solo de la transmisión y preservación del conocimiento. (Etzkowitz, 2004)

En la mitad del siglo XX, constituyendo su principal causa las crecientes necesidades de la industria, se produce la segunda revolución académica, donde la universidad no solo integró la educación y la investigación, sino que capitalizó la investigación científica, transformándola en productos que pudieran ser comercializados (Antonelli, 2007; Etzkowitz & Leydesdorff, 2000).

También se ha señalado que el papel central que la investigación universitaria tiene en la innovación y el crecimiento económico es el reflejo de un cambio en el paradigma económico dominante, que en la actualidad ha pasado a ser el paradigma tecno-académico (Kinsella & McBrierty, 1997)

Teniendo en cuenta lo anterior, se puede decir que actualmente las funciones sustantivas de la universidad son: la formación, la investigación  (Castro, Olmos, & Manjarrés, 2009; Costa, 1999; Gutiérrez, 2007; Moncada, 2008; Revelo, 2004; Sánchez, Sánchez, & Urrutia, 2009; Unesco, 2008) y  extensión (Morales, Mira, & Arias, 2010)

La docencia o formación, por esencia, constituye la misión fundamental de una universidad y tiene el objetivo de satisfacer una necesidad inherente al ser humano, la de adquirir nuevos conocimientos. Esta función le permite a los individuos el refinamiento de sus capacidades, destrezas, habilidades, y el acceso a las expresiones más elaboradas de la cultura, haciéndolos partícipes y, a la vez, constructores de esta (Gutiérrez, 2007).

Por otro lado la función investigación, reproduce, crea y recrea el conocimiento, a partir de un conocimiento ya existente; se garantiza la vitalidad de las universidades y el sentido de su actividad; y se debaten los diferentes tópicos del mundo académico, aportando alternativas de desarrollo mediante la reflexión y el análisis (Gutiérrez, 2007).

Por último, la extensión como nueva función, le permite establecer un vínculo con la sociedad. Contiene todas aquellas actividades a través de las cuales la Universidad se relaciona con la sociedad, las empresas y el Estado; es también llamada la tercera misión de las universidades común al  carácter empresarial (Bueno, 2007).

El término extensión educativa se utilizó por primera vez en 1873 y se convirtió en la tercera función sustantiva y en el elemento dinamizador que facilita el flujo continuo de conocimientos compartidos entre la Universidad y la sociedad (Morales, et al., 2010), ratificando su  compromiso con esta y con su tiempo, también con el objetivo de desarrollar capacidades para saber aplicar la ciencia (Regil, 2004).

Dentro de la tercera y nueva función de la universidad, tiene una notable importancia la identificación de las oportunidades tecnológicas ligadas a la comercialización de los resultados de la investigación y, su posterior explotación mediante la creación de empresas.

La incorporación de esta nueva función no ha estado exenta de críticas, pudiéndose encontrar numerosos argumentos en favor y en contra de que la universidad se implique en la explotación comercial de los resultados de sus investigaciones (Chiesa & Piccaluga, 2000). Desde el sector industrial y el empresarial, se ha considerado a las empresas que surgen de la universidad como nuevos competidores (Etzkowitz, et al., 2000). Por su parte, algunos sectores del mundo académico consideran que la incorporación de la función empresarial supone un ataque a la integridad de la universidad, que podría perder su carácter de ente crítico en la sociedad.

Teniendo en cuenta estos planteamientos, se considera que la adopción por parte de la universidad de esta nueva función, constituye una oportunidad, porque está en manos de la institución, ser capaz de aportar nuevos conocimientos que satisfagan una necesidad y a la vez, seguir siendo un agente crítico y proactivo dentro de la sociedad.

Las funciones antes mencionadas requieren que las universidades cuenten con un carácter universal, científico, corporativo y autónomo, que difunda la ciencia y se encuentre al servicio de la sociedad (Bueno, 2007), ejerciendo formación en áreas como el emprendimiento, la innovación, el liderazgo y la responsabilidad social, ya que los conocimientos no solo se producen y transmiten, sino que se registran, se aplican, se patentan, se  comercializan, se asocian, se exportan y se importan (Moncada, 2008).

La Universidad, precisamente por el proceso evolutivo de las funciones anteriormente explicadas, ha desempeñado diferentes roles, que han respondido a las exigencias o demandas de la sociedad (Rodríguez, Ranguelov, & Landeta, 2005), desde ser únicamente una Universidad Formadora, hasta asumir el papel de Universidad Emprendedora. Este nuevo rol  requiere por parte de la universidad, de mayor integración, interacción y dinamismo entre sus funciones sustantivas, la docencia, extensión e investigación, las cuales generalmente se realizan de manera separada y especializada.

El énfasis por asignar nuevos papeles a la Universidad ha cobrado una fuerza en dos ámbitos: la materialización de conocimiento a través de la transferencia de tecnología y explotación de los resultados de investigación; y la catalización de colaboraciones múltiples entre agentes económicos y sociales (Europeas, 2003). La Universidad comienza a asumir como objetivo propio el convertir sus investigaciones, en investigaciones aplicadas al mercado que supongan un éxito comercial tangible.

La Universidad Emprendedora, convierte en centro de actuación la satisfacción de necesidades presentes de la sociedad y la solución de obstáculos futuros ofreciendo una preparación académica de alto nivel, líneas de estudio y áreas de investigación así como una orientación a la profunda colaboración con el sector productivo (Clark, 1998; Etzkowitz, et al., 2000).

El modelo para la transformación de la universidad tradicional en emprendedora, tiene su origen a mediados y finales del siglo XX en Estados Unidos y se encuentra aplicado en algunas instituciones estadounidenses como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) o la Universidad de Berkeley en California, que fueron pioneras en la explotación comercial de los resultados de la investigación.

About the author

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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