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Marx 200: Carney, Bowles y Varoufakis (1)

Written by Debate Plural

Michael Roberts (Sinpermiso, 3-5-18)

 

A medida que se acerca el 200º aniversario del nacimiento de Marx, aparecen una serie de conferencias, artículos y libros sobre el legado de Marx y su relevancia actual, incluyendo mi propia contribución.  Lo más interesante ha sido un discurso pronunciado la semana pasada por el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, en su tierra natal, Canadá.

En su discurso ante la ‘Cumbre del Crecimiento’ en el Foro de Políticas Públicas en Toronto, Carney se propuso ser provocador y hacer un titular con una declaración de que el marxismo podría volver a convertirse en una fuerza política importante en Occidente.  “Los beneficios, desde la perspectiva de un trabajador, a partir de la primera revolución industrial, que comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, no se sintieron plenamente en la productividad y los salarios hasta la segunda mitad del siglo XIX. Si se sustituyen fábricas textiles por plataformas, máquinas de vapor por máquinas inteligentes, el telégrafo por Twitter, se tiene exactamente la misma dinámica que existía hace 150 años (hace 170 años en realidad -MR), cuando Karl Marx escribió el Manifiesto Comunista”.

Al igual que en la primera revolución industrial en el siglo XIX, cuando Gran Bretaña encabezó la desaparición de empleos tradicionales y mantuvo bajos los salarios reales durante una generación en las dos primeras décadas del siglo XIX, en la actual Larga Depresión a nivel mundial, con la llegada de los robots y la inteligencia artificial, una nueva revolución industrial amenaza con destruir los puestos de trabajo y los medios de vida de la gente.

En 1845 Engels escribió: La situación de la clase obrera en Inglaterra, que describe la miseria y la pobreza engendradas por la sustitución del trabajo manual por máquinas y como deprimieron los ingresos reales de los trabajadores. Ahora, dice Carney, el marxismo podría volver a ser relevante ante la nueva oleada ‘pro capital’ (es decir, un aumento de las máquinas en relación con la fuerza de trabajo humana).

La automatización no sólo puede destruir millones de puestos de trabajo. Para todos, excepto una minoría privilegiada de trabajadores de alta tecnología, el colapso de la demanda de mano de obra podría deprimir los niveles de vida durante décadas.

En este clima, “Marx y Engels pueden de nuevo ser relevantes”, dijo Carney.

Sin darse cuenta, Carney estaba reiterando la ley general de la acumulación capitalista expuesta en el Volumen I de El Capital (capítulo 25), escrito hace unos 160 años por Marx, en el sentido de que la acumulación capitalista se expandiría y favorecería la mecanización para reemplazar el trabajo humano, pero que ello no conduciría automáticamente a unos niveles de vida mejores, menos esfuerzo y más libertad para el trabajador, sino sobre todo a una presión a la baja sobre los ingresos reales, no sólo para los que pierden sus empleos por la mecanización, sino en general. También daría lugar a un aumento del esfuerzo realizado, no a su ahorro, para los trabajadores con empleo, al mismo tiempo que dejaría a millones de personas en una situación de ‘empleo precario’: un ejército de reserva que el capital puede explotar o desechar según las necesidades del ciclo de acumulación. (Véase El Capital,Volumen I pp. 782-3 y mi nuevo libro, pp 32-37).

La previsión de Carney de que la revolución robótica provocará pérdidas masivas de empleo tiene un importante respaldo empírico. Sin embargo, como señaló Marx en El Capital, no se produce solo una destrucción de empleo. La tecnología también crea nuevos puestos de trabajo y aumenta la productividad del trabajo y, en función de la correlación de fuerzas en la lucha de clases entre el capital y el trabajo por el valor creado, los ingresos reales también pueden crecer.  Esto sucede en los períodos en los que la rentabilidad aumenta  y más mano de obra se incorpora al mercado de trabajo.

Por supuesto, este lado ‘positivo’ de la acumulación capitalista es el que le gusta difundir a la teoría economía dominante, contrariamente a las preocupaciones de Carney. Por ejemplo, Paul Ormerod, se refiere a la opinión de Carney sobre la relevancia de Marx. Desde su punto de vista, Marx “estaba completamente equivocado en una cuestión fundamental. Marx pensaba, con razón, que la acumulación de capital y el avance de la tecnología provocarían el crecimiento a largo plazo de la economía. Sin embargo, creía que la clase capitalista expropiaría todas las ganancias. Los salarios permanecerían cerca de los niveles de subsistencia: “la pauperización de la clase obrera”, como la llamó Marx.

De hecho, según Ormerod, “los niveles de vida han experimentado una mejora generalizada en Occidente desde mediados del siglo XIX. Las horas de ocio se han incrementado de manera espectacular y, lejos de ser obligados a los tres años a subir por las chimeneas para limpiarlas, los jóvenes de hoy no se incorporan a la fuerza de trabajo hasta por lo menos los 18 años”.  Al parecer, la prosperidad está al orden del día “en cada caso que una economía inicia el crecimiento económico sostenido de las economías capitalistas de mercado, desde principios del siglo XIX en Inglaterra hasta finales del siglo XX en China. Una vez que tiene lugar, los frutos del crecimiento son ampliamente compartidos“.

Hay varios aspectos que ya he abordado en notas anteriores. En primer lugar, Marx no defendió una teoría de «salarios de subsistencia». En cuanto al argumento de que el capitalismo ha sacado a todo el mundo de la pobreza y ahorrado trabajo y miseria, está lleno de agujeros. Téngase en cuenta que Ormerod habla de “una mejora generalizada en Occidente”, por tanto, ignora a los miles de millones de personas fuera de ‘Occidente’ que permanecen en la pobreza, sea cual sea la definición de esta. Ver mis notas específicas sobre el nivel de la pobreza mundial aquí.

Y, contrariamente a la opinión de Ormerod (como Keynes antes que él), el auge de la tecnología en el capitalismo no ha implicado una gran reducción de trabajo. He mostrado que la mayoría de la gente en “Occidente” siguen teniendo vidas laborales (en horas por año) similares a las de las décadas de 1880 o 1930; pueden trabajar menos horas por día de promedio y tener libres sábados y domingos (algunos), pero aún así trabajan 1.800 horas al año y trabajar más tiempo en general (50 años aproximadamente).

Ormerod también sostiene que la desigualdad de los ingresos y la riqueza no está empeorando y que la participación del trabajo en la renta nacional ha dejado de disminuir, al contrario de lo que defiende Carney. Sin embargo, hay una enorme cantidad de pruebas de que la riqueza y la desigualdad de ingresos no están mejorando, tanto a nivel mundial entre naciones como en las economías nacionales.

Ormerod tiene razón, sin embargo, al cuestionar el modelo sesgado de capitalismo de Carney. La participación del trabajo en el valor total creado puede subir y bajar en diferentes períodos en función de la correlación de fuerzas entre las clases y sus consecuencias en el proceso de acumulación; y el propio gráfico de Carney muestra que los salarios reales no solo se estancaron en la primera revolución industrial o actualmente, sino también en los años 1850 y 1860; y en el primer tercio del siglo XX. Así que no solo se trata de la tecnología. El actual estancamiento de los salarios reales en el Reino Unido y los EEUU es más consecuencia de la Gran Depresión de los últimos diez años que de los robots o la inteligencia artificial, que apenas han comenzado a tener impacto (el crecimiento de la productividad del trabajo es bajo o se está desacelerando en la mayoría de las economías). La rentabilidad del propio capital y la fuerza de los trabajadores en la lucha por el valor creado son más relevantes.

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