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¿Cómo investigar la Revolución cubana? (II)

Written by Debate Plural

Fernando Martínez Heredia (Cubadebate, 4-5-18)

 

Vamos a las seis necesidades básicas.

La primera es estudiar lo que sucedió en sus hechos, sus problemas, sus procesos fundamentales, sus contradicciones y sus conflictos; hasta conocerlos. Hay que estudiar lo que sucedió, y ya es parte, pero es más ancho que la investigación. Uno va a investigar algo más acotado, pero tiene que profundizar en lo que sucede en las revoluciones. Estudiar sus hechos, sus sucesos, sus contradicciones, el transcurso de esto en el tiempo; que uno después no se desayune con cosas fundamentales. Ahí tenemos un problema gravísimo, porque la enseñanza cubana no ha hecho del graduado universitario un conocedor de la Revolución cubana; conocen batallas, ciertos hechos, fechas memorables, pero no así. En eso hay que ser implacables. ¿Por qué?: primero porque va a salir ganando la investigación de cada uno; después, si esto de verdad funciona como grupo, se puede ayudar la gente.

Hay que distinguir entre creencias y lo que ya se va estableciendo como conocimiento. Aprender a buscar, incluso cuando no se dice exactamente lo que uno está investigando. Es decir, pasar de lo que serían sentidos comunes, a lo que ya son conocimientos. A veces no es grande la diferencia, pero a veces es abismal, y entonces hay que encontrar puntos de ignorancia y puntos de silencio al mismo tiempo. Pueden ser bienintencionados, de un modo u otro, pero hay puntos de ignorancia y puntos de silencio en todo proceso de este tipo. Por eso digo que hay que ir desde las creencias a lo que se va estableciendo. Buscar…, buscar no es lo mismo que aceptar, y encontrarlos.

Creo que esa es la cuestión dentro de la primera necesidad básica. Hay que añadir detalles de tipo relevante de los campos de sucesos y acciones diferentes, y de los condicionamientos. Estoy separando ahora, como metodología, a los hechos y procesos de los condicionamientos, teniendo en cuenta que no es lo mismo decir: “yo estoy en un lío tremendo y en eso mataron al presidente de los Estados Unidos. Eso cambió mis cosas pero no era un problema mío, yo no lo mandé a matar”; o, “yo estoy en otro asunto y pasan tres ciclones. Terrible, yo tampoco los mandé a pasar”. Esos son accidentes. Y hay condicionamientos que son permanentes o duraderos; por ejemplo, la debilidad de Cuba como vendedor en el mercado internacional es un condicionamiento permanente tanto para fijar precios, para la utilización de monedas duras, como para la solicitud de créditos con los que se va a comprar, que es una de las bases de funcionamiento del comercio internacional en el último medio siglo: “te doy crédito para que compres lo que yo te vendo”. Eso del libre comercio es mentira. Pero además, países grandes se lo hacen a países grandes, no solo a los chiquitos.

En esta primera necesidad incluyo la intuición del investigador. La intuición no siempre sale en los manuales de metodología, pero la intuición es imprescindible; y si es posible, un poco de imaginación.

Segunda necesidad básica: comprender cada uno de los conceptos, las interpretaciones existentes de la revolución. O sea, hay más de una interpretación de la revolución. El investigador tiene que comprenderlas y conocerlas porque va a encontrar productos, pero casi ninguno dice “digo esto porque tengo tal interpretación”, eso no sucede, ese favor no se hace casi nunca. Hay que ver también cuál es el sentido de la naturaleza de esa interpretación, que puede estar, a mi juicio, equivocada, y tener elementos de mucho valor. Pero por lo menos hay que saberla, aunque no sirva para nada.

Ahora, yo decía aquí que la Revolución cubana, que fue anticapitalista de liberación nacional — como yo la entiendo — , consiste en un complejo de hechos políticos y de fuerza, ideológicos y culturales, que destruye el sistema de dominación; se vuelve un poder total sin perder aquellos primeros rasgos entre el 59 y el 63 y tiene una historia de ahí en adelante, cuyas interpretaciones y valoraciones deben ser establecidas por cada investigador.

Vuelvo a la cuestión. Yo estoy planteando algo que se articula con el componente económico cuando digo que la revolución consiste en un conjunto de hechos políticos y de fuerza, ideológicos y culturales, y que eso fue lo que pudo hacer que fuera subvertido el orden. Subvertir el orden existente en una sociedad es lo más difícil que hay. Por lo general, las subversiones que parecen más grandes son parciales. Subvertir totalmente parece imposible, por eso es tan famoso cuando se logra.

Esto no puede tocarse en Cuba sin acercarse a esos primeros datos entre 1959 y 1963. Lo digo en un conjunto de cuestiones que me parecen válidas todas, puede que no sean las únicas. La idea es tener una historia donde las valoraciones y la fundamentación general deben ser establecidas por cada investigador. Hay que manejar, lo más y lo mejor posible, nueve aspectos que nada más voy a mencionar:

Aparte, pero todavía dentro de la segunda necesidad básica: diferenciar y estudiar por separado los documentos, la oralidad, lo ignorado y los ocultamientos; pero integrarlos en la investigación. Y cuando digo por separado es por necesidades investigativas, cada uno tiene su manera de ser.

Tercera necesidad básica: la dimensión económica tiene que ser manejada seriamente, y eso no es usual. Lo usual es no saber casi nada de economía y se los digo por algunos lugares comunes, ocultamientos, falsedades o boberías. El modo de producción y la formación social, o económico-social del 58, más las acciones revolucionarias del 59 al 63, más la gran transformación de las relaciones económicas internacionales; eso hay que tratar de conocerlo.

Yo he escuchado a alguna gente, incluso muy seria, que se contenta con decir que había un programa de gastos compensatorios en la dictadura, y explícamelo: “tú lo dices porque lo leíste en el libro de Paquito López Segrera y él sí sabe lo que quería decir, pero tú no”. ¿Ustedes saben, por ejemplo, que en alimentos Cuba le compraba a Estados Unidos el 33 % del valor de todas las importaciones que hacía de 1950 a 1959? Esa es una condicionante que vuelve a ser constante. ¿O que le estuvo comprando trigo a la Unión Soviética a partir de 1972? Era un barco de trigo, otro barco de trigo, y nadie sabía qué hacer con el trigo. Mientras tanto, Cuba tenía siete millones de reses, el segundo per cápita de América Latina — el primero era Argentina y el segundo era Cuba — . Había más reses que personas en Cuba. Y no solo en 1959. El censo de 1968 dice siete millones once mil reses todavía. Entonces no había refrigeración de la leche, los soviéticos no refrigeraban nada y los americanos se fueron. Cuando tú tienes una cantidad enorme de leche — si alguno de ustedes es del campo lo entiende — , uno termina dándosela al ganado. Pero a la vez, cuando usted recibe los barcos llenos de trigo, ¿qué haces?: ¡pizzas y espaguetis! Pero si el pueblo cubano no tenía ninguna inmigración italiana, aquí no existía ninguna costumbre de comer comida italiana. Hasta mediados de 1963 y 1964 el pueblo cubano comenzó a comer pizza de tal manera que había una pizzería en todos los municipios. Yo no he visto un cambio de dieta más grande y en menos tiempo en ningún lugar del mundo.

Este tercer problema es gravísimo: la dimensión económica. Yo decía tres cosas, primero, el modo de producción, la formación económica o económico social de 1958. Es decir, saber eso. Segundo, las acciones revolucionarias de 1959 a 1963, saber eso. Y tercero, la gran transformación de las relaciones económicas internacionales. Pero imagínense ustedes, por ejemplo, que uno dice “y entonces los americanos dijeron que ya no vendían más petróleo derivado a Cuba”. Es verdad. “Sí queríamos, fue el gobierno norteamericano el que lo impidió”. También es verdad. “Y entonces la Unión Soviética dio el paso al frente y nos vendió”. También es verdad. Pero ¿dónde se echaba aquí el petróleo?, no servía para echar el soviético. Así simplemente. No servía. Porque la base del norteamericano era diferente. Es decir, cambiar las relaciones económicas internacionales no es simplemente que el principal socio cambió.

Un americano judío publicó un libro maravilloso que se llama La transformación económica de Cuba. Un americano judío que vino para Cuba como comunista que se sentía — era un poco trosko — y trabajó con el Che como tres años. El libro está en español. La primera escena que él tiene, es poco después de llegar a Cuba por la noche — todo era por la noche además — , de madrugada: él está y se pasan horas con los técnicos que han venido de la República Socialista de Checoslovaquia a ayudar.

Él fue para la JUCEPLAN (Junta Central de Planificación), sintió que aquello era una locura pero se logró ir para el Ministerio de Industrias que al menos era la vida real. En esas primeras noches, dice él que hubo una discusión brutal, ¿saben en qué consistía?: en que los técnicos checoslovacos les insistían a los técnicos cubanos en que no había que hacer inversiones en puertos, y entonces los cubanos decían que sí, que los puertos se iban a acabar y había que hacer inversiones en puertos. Y hay que decidir, cuando uno tiene dinero más todavía, en qué vas a invertir y en qué no. Dice este hombre que él no supo entender nada hasta tarde en la noche, que se dio cuenta y dijo: “coño, Checoslovaquia no da al mar”, y Cuba es una isla.

 

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