Cultura Nacionales

El Caribe en el siglo XVII. Los franceses no se quedan atrás (3)

Written by Debate Plural

Mu Kien Adriana Sang (El Caribe, 9-12-17)

 

TEMAS SOBRE Haití, República DOMINICANA Y el CARIBE

La colonización francesa del ámbito caribeño corre, en cierto modo, paralela a la inglesa, aunque con mayor lentitud debido a la supremacía del intervencionismo estatal sobre la iniciativa privada. Salvo el acuerdo amistoso con los británicos en San Cristóbal (…) durante los primeros treinta años del siglo no hay un plan concreto sobre el archipiélago de Sotavento y los pocos proyectos iniciados chocaron con la belicosidad de los indios caribes que impidieron el asentamiento de los escasos aventurero que lo pretendieron. [1]

El verdadero iniciador de la conquista francesa en el Caribe fue sin duda Armand Jean du Plessis (París, 9 de septiembre de 1585 –de diciembre 1642), conocido mejor como el Cardenal-Duque de Richelieu, duque de Fronsac. Había sido ordenado obispo en 1607, decidió hacer vida política activa. En 1616 logró ser nombrado Secretario de Estado en 1616. Su poder era inmenso, tanto en la política como en la Iglesia católica de Francia. En 1622 alcanzó la dignidad cardenalicia. Y dos años después el cargo de primer ministro del Rey Luis XIII, posición en la que permaneció hasta su muerte en 1642.

En su función como Primer Ministro francés logró consolidar la monarquía francesa al poder desafiar las facciones internas. En materia de política exterior su objetivo fundamental era contrarrestar el poder de la dinastía austro-hispánica de los Habsburgo, que reinaba en España. Por esta razón no dudó en aliarse con los protestantes a fin de debilitar el poder papal y el poder de la monarquía y la iglesia católica españolas.

Otro distintivo de su política exterior fue la expansión ultramarina. Apoyó la creación de asentamientos en Nueva Francia, Guadalupe, Guayana, Martinica, Senegal, Madagascar y Reunión. En el terreno que nos ocupa, el Caribe, a partir de 1634 puso en marcha una política definida a fin de dominar algunas pequeñas islas en las Antillas, “con objeto de que abastecieran con sus productos a la colonia del Canadá, con graves crisis de subsistencia. A tal fin se crea la Compañía de las Islas de América (…) a la cual se le cede Saint Cristopher, y es quien comienza la ocupación, en dura pugna con los indígenas, de las islas Antillanas”.[2]

Ya para 1638 los franceses controlaban Saint Croix, Martinica, María Galante y Guadalupe. Se decidieron por abandonar Granada, Dominica y Saint Lucía. Y unos años después, en 1642, había puestos militares en 14 islotes, entre los que podemos citar, San Martín (que estaba compartido con los holandeses) y San Bartolomé, que era en realidad, como dice Escudero, un verdadero refugio pirata.

Con la muerte de Richelieu, el Cardenal Mazarino en 1647, decidió disolver la Compañía y distribuir posesiones entre los accionistas. Así pues las islas occidentales francesas pasaron entonces a manos de un reducido grupo de ricos propietarios.

El tema del cultivo del azúcar se inició en 1637 en Martinica y diez años más tarde en Guadalupe. Pero las luchas con los indios caribes retrasó su desarrollo hasta 1654, cuando un grupo de neerlandeses se trasladó a esas islas y desarrollaron la producción azucarera, que compartía con otros productos como eran cacao, algodón y tabaco.

A diferencia del Caribe inglés, el desarrollo de las plantaciones azucareras en el Caribe francés fue más lento. Varias explicaciones han intentado explicar el fenómeno. Escudero afirma que “otras de las causas del lento desarrollo del cultivo azucarero se debe a la escasez de mano de obra. Para paliar el déficit se recurrió al sistema de “engagés”, es decir, el compromiso que adquiría un joven de servir a un colono por espacio de tres o cuatro años, a cambio del pasaje y de su mantenimiento durante el período de compromiso. La única ventaja del sistema, que en teoría era servidumbre contratada y en la práctica de esclavitud temporal, consistía en que tras finalizar los años de servicio el individuo quedaba en libertad; las autoridades debían cederle tierras y su antiguo señor aperos para iniciar las labores agrícolas”.[3]

El modelo, hermoso en teoría no resultó en la práctica. Los jóvenes “engagés” se dieron cuenta que todo quedaba en promesas, pero al mismo tiempo, el modelo de plantaciones que requería de grandes extensiones de terreno, era contrario al modelo del pequeño propietario. Por esta razón, ante el fracaso, llegaron los negros para trabajar como esclavos.

La colonia francesa de Saint Domingue fue sin duda la colonia estrella que se desarrolló en la parte occidental de La Española, cuando se produjo la devastación llevada a cabo por Osorio. Poco a poco, y sin los españoles poder impedirlo, los franceses ocuparon esa parte de la isla. Ya en el siglo XVIII España tuvo que ceder formalmente esa parte y reconocer de hecho la existencia de la colonia francesa, que llegó a ser la más importante del Caribe. Como afirma Escudero, en 1699 se habían fundado en lo que hoy es Haití unas 14 poblaciones; un hospital; ocho ingenios de azúcar, más de 40 en construcción; grandes plantaciones de añil, algunas de tabaco y frutos menores. “Con el siglo XVIII Santo Domingo comienza un desarrollo grandioso que la convirtió en la posesión tropical en relación con su tamaño, la más valiosa del mundo”. [4] l

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