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¿Sobrevivirá Cuba al final de la era Castro?

Written by Debate Plural

Marc Vandepitte (Rebelion. org, 18-4-18)

 

Un palmarés impresionante

Hace casi sesenta años Fidel y Raúl Castro hacían historia derrotando con unos cuantos centenares de rebeldes al ejército del dictador Batista, en aquel momento el mejor equipado de toda América Latina. Tras expulsar a los yanquis de su isla lograron construir a las puertas de Estados Unidos una sociedad socialista. Contra todo pronóstico, iban a resistir frente a las agresiones tanto militares como económicas y diplomáticas de la primera superpotencia del mundo. La Revolución cubana hizo tabula rasa de la teoría pesimista según la cual era imposible una reorientación progresiva en el “patio trasero” del Tío Sam.

Los cubanos han resistido al embargo económico más largo de la historia de la humanidad. En treinta años han perdido hasta dos veces a sus principales socios económicos. Este golpe habría resultado fatal para la mayoría de los sistemas económicos, pero sobrevivieron incluso a esta prueba sin explosiones sociales. En 1961 todavía infligieron una humillante derrota al imperialismo estadounidense en la Bahía de Cochinos. Ningún país de América Latina ha humillado tanto a la Casa Blanca. Un cuarto de siglo después los soldados cubanos, a quienes Angola había pedido ayuda, daban (a miles de kilómetros de sus fronteras) el golpe de gracia al ejército de apartheid, a pesar de que estaba mucho mejor equipado. Así fue como una pequeña isla insignificante participó en la liberación de Mandela y en la historia de África.

Debido a su pasado colonial, al embargo económico, a la falta de riquezas naturales importantes y a la caída de la Unión Soviética el país siguió siendo un país del tercer mundo en el plano económico. A pesar de ello, lograron alcanzar uno de los mejores niveles social, intelectual y cultural del mundo. A escala mundial Cuba envía, ella sola, más médicos que la Organización Mundial de la Salud. Cuba es, además, el único país del mundo que logra combinar un desarrollo social importante con un impacto ecológico débil.

Junto con Venezuela, Cuba ha sido el motor de la integración de los países de América Latina (ALBA, CELAC, UNASUR)(1), a costa del dominio de Washington en la región.

Debido tanto a los logros sociales conseguidos en el país como al papel desempeñado en el extranjero los responsables cubanos gozan de un prestigio particular en los países del Sur. En dos ocasiones, de 1979 a 1983 y de 2006 a 2009, la pequeña Cuba pudo asumir la presidencia del Movimiento de Países No Alineados (MPNA), un movimiento que reúne a dos tercios de todos los países del mundo.

En 2014 Raúl Castro presidió la segunda cumbre de CELAC. Se desplazaron a La Habana 30 de los 33 jefes de Estado de los países de América Latina para asistir a esta reunión.

Un dúo indisociable

La historia nos enseña que en la primera fase de un proceso revolucionario desempeñan un papel importante unas figuras fuertes y carismáticas. Ese fue, sin duda, el caso de Fidel, figura imponente dotada de una personalidad particularmente fuerte y de un poder de convicción magnético. Era un visionario dotado de elocuencia y de la capacidad de anticiparse a los desacuerdos. Tenía el don de entusiasmar a la población en circunstancias difíciles, además de ser un excelente “mánager” en tiempos de crisis (2).

Fidel era sin lugar a dudas el número uno. En su condición de motor del proceso revolucionario estaba siempre en el centro de atención. También fue objeto de cientos de intentos de asesinato. Se han escrito decenas de biografías del Comandante en Jefe. Pronunció cientos de discursos y concedió entrevistas regularmente. Hay un fuerte contraste con Raúl. Hasta la grave enfermedad de Fidel en 2006 Raúl aparecía raramente en primer plano, lo que, además, no le agradaba. Por esa razón a menudo se ha subestimado el papel que desempeñó en la Revolución cubana.

Ambos hermanos eran las dos partes de un dúo indisociable. Se completaban perfectamente y se reforzaban mutuamente. Fidel era el visionario y quien preparaba los hitos importantes, mientras que Raúl representa la parte más práctica del dúo, con mucho sentido común y talento de organizador. La situación se resumiría afirmando que Fidel era el arquitecto y Raúl el emprendedor.

El factor Raúl

El talento de organizador y las cualidades de líder de Raúl aparecen en el momento de la lucha de guerrilla. A principios de 1958, con apenas 26 años, Raúl es nombrado comandante del segundo frente. Va acumulando éxitos militares y controla con bastante rapidez un territorio un poco más pequeño que Flandes. Crea toda una administración paralela en la que se incluyen escuelas y pequeños centros hospitalarios. Organiza a los campesinos, celebra un Congreso Campesino y lleva a cabo una reforma agrícola en todo el territorio liberado. Se acondicionan las carreteras y las comunicaciones telefónicas, e incluso se crea una pequeña fuerza aérea que consta en total de 13 aviones pequeños.

En octubre de 1959 Raúl está al frente de las Fuerzas Armadas Cubanas y permanecerá en ese puesto hasta el momento de su elección como presidente en 2006, lo que le convierte en el ministro de Defensa que más tiempo ha permanecido en el cargo. En determinados momentos su papel como comandante de las fuerzas armadas o como dirigente del gobierno será crucial para la supervivencia de la Revolución.

Comandante de las Fuerzas Armadas

La supervivencia de la incipiente Revolución dependerá de la capacidad de resistir a una intervención militar de Estados Unidos. Durante los primeros meses el nuevo ejército cubano no se parece a nada. Gran parte del material es inutilizable o insuficiente y gran parte de los oficiales ha abandonado el país y se ha marchado a Estados Unidos. El tiempo apremia.

En marzo de 1960 un atentado contra un barco cargado de munición en el puerto de La Habana causa más de cien muertos. Dos meses después las multinacionales estadounidenses se niegan a seguir refinando el petróleo. Queda claro que una intervención militar proveniente de Estados Unidos no es sino cuestión de meses.

En junio de 1960 Raúl viaja a Praga y a Moscú para obtener equipamiento y municiones suficientes para poder contrarrestar esta invasión. Decenas de pilotos siguen un entrenamiento acelerado y secreto en Checoslovaquia. En Cuba se organizan programas de adiestramiento intensivos, 25.000 soldados y cientos de miles de civiles reciben una formación de combate elemental. Agentes secretos cubanos se infiltran en el ejército de mercenarios que se prepara en Estados Unidos. En la propia Cuba se desenmascara y se detiene a diversos grupos contrarrevolucionarios que planean secretamente apoyar la invasión. Todas estas disposiciones hacen que la invasión que empieza el 17 de abril de 1961 sea aplastada en menos de 72 horas.

Es una derrota histórica para Estados Unidos, en su propio patio trasero.

Sin embargo, no se descarta la amenaza. Cuba no pertenece al Pacto de Varsovia, lo que significa que después de la crisis de los misiles de 1962 (3), el país solo podrá contar con sus propias fuerzas en caso de una intervención en el futuro. En unos años Raúl crea un nuevo ejército con tropas bien adiestradas y material de alta tecnología. A principios de la década de 1970 la fuerza aérea, las tropas blindadas y las unidades de defensa aérea son de las mejores de América Latina. Mientras el ejército soviético se empantana en Afganistán el ejército cubano obtiene algunas victorias asombrosas en tierras lejanas como, por ejemplo, contra el ejército del apartheid, a pesar de que este último es mucho más fuerte.

Además de las tropas del ejército regular se crea un verdadero ejército popular. Así, en el plazo de 24 horas se puede movilizar a dos millones de cubanos. Al igual que en Vietnam las tropas invasoras podrían verse atrapadas en un avispero, llevadas a trampas, pozos, minas, túneles, etc. Para “conquistar” la isla el Pentágono debería enviar millones de soldados y, por supuesto, pagar un fuerte precio en términos de pérdidas. Esto hace que la pequeña isla sea, por así decirlo, invencible de facto. En ese sentido, para las generaciones actuales y futuras tanto Cuba como Vietnam son un ejemplo de éxito contra la política agresiva de Estados Unidos.

Tras la caída de la Unión Soviética en 1991 y el endurecimiento del embargo la economía de Cuba se desmorona totalmente. Las condiciones de vida se deterioran extremadamente y el hambre acecha. La mayoría de los observadores predicen el rápido final de la Revolución. Se engañan. Para salir de la crisis se deben tomar medidas radicales y el ejército es quien desempeña aquí el papel de locomotora. Se reducen y se reforman profundamente las propias tropas. Los militares serán los primeros en experimentar tanto las nuevas técnicas de gestión como unas estrategias de producción más flexibles y eficientes. El ejército no solo se vuelve autosuficiente sino que en el futuro va a ejercer cada vez más actividades económicas, entre otros ámbitos en el turismo y la agricultura. Los excedentes de la producción alimentaria se llevan a los mercados agrícolas para hacer bajar los precios.

Ya en 1996 un tercio de lo que produce el ejército se podrá entregar a la economía civil. Este enfoque sirve de modelo para el resto de la economía y será decisivo para lograr sobrevivir sin demasiados daños a este periodo denominado “Periodo Especial”.

 

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