Nacionales Politica

Influencias constitucionales en 2010

Written by Debate Plural
Frank Moya Pons (D. Libre, 17-7-10)
La Constitución haitiana de 1816 que rigió la vida dominicana durante la Dominación Haitiana sigue muy de cerca el texto constitucional francés de 1795 que, entre otras cosas, incluye la Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre y los Ciudadanos.

Esa Constitución también contiene ecos de la Constitución de los Estados Unidos de 1787, como es la adopción de un sistema legislativo bicameral dividido en un Senado y una Cámara de Representantes de las Comunas.

A pesar de esas influencias, los constituyentes haitianos introdujeron algunas innovaciones, entre ellas la institución de la presidencia de la República vitalicia.

También mantuvieron el principio, decretado desde el momento de la creación de Haití, de que «ningún blanco, cualquiera que sea su condición, podrá pone pie en territorio haitiano a título de amo o propietario. Solamente se reconocerán como haitianos los blancos que formen parte del ejército, los que ejercen funciones públicas y a los admitidos en el país antes de al Constitución del 27 de diciembre de 1806. Para el futuro, y después de la publicación de esta revisión constitucional, ningún blanco podrá aspirar a los mismos derechos, ni ser empleado como tampoco adquirir la ciudadanía ni la propiedad en la República». (Art. 39)

La dominación haitiana de la parte dominicana duró 22 años y sólo terminó después de que el presidente Boyer fue derrocado el 13 de marzo de 1843, pues la Constitución de 1816 no preveía otra forma de transición política como no fuese mediante el golpe de Estado, el magnicidio o la muerte natural del presidente de turno.

Boyer fue sustituido por un presidente provisional, Charles Hérard, quien no pudo impedir que los dominicanos se rebelaran en la parte del Este de la isla buscando separarse de Haití. Durante todo el año de 1843 y principios de 1844, las conspiraciones se sucedieron en una y otra parte de la isla.

Mientras tanto, los políticos antiboyeristas quisieron darle a Haití un nuevo texto constitucional más liberal que el que había hecho posible las largas dictaduras de Petion y Boyer. Para ello, Hérard convocó una Asamblea Constituyente en octubre de 1843.

Las libertades fundamentales quedaron fuera

de la Constitución para ser regidas por leyes

especiales que podrían modificarse a

conveniencia del gobierno de turno.

Esta Asamblea Constituyente eliminó la Presidencia de la República vitalicia, fijó elecciones presidenciales cada cuatro años a través de electores escogidos por asambleas primarias en las comunas, y prohibió la reelección presidencial sucesiva, asimilando con ello varias normas de la Constitución estadounidense.

Éstos y otros límites impuestos al Poder Ejecutivo hicieron que esta Constitución fuese considerada como la más liberal que ha tenido Haití, a pesar de mantener las prohibiciones a los individuos de raza blanca de poseer propiedades en Haití.

Aprobada el 30 de diciembre de 1843, este texto sirvió de modelo a los constituyentes dominicanos casi un año más tarde cuando, después de haber declarado su independencia de Haití, el 27 de febrero de 1844, decidieron redactar su propia Constitución para organizar un nuevo Estado llamado República Dominicana.

Esta Constitución fue votada el 6 de noviembre de 1844, pero durante los meses previos la Junta Central Gubernativa que funcionó como gobierno provisional estuvo regida por una «Acta de Separación» publicada el 16 de enero de ese año.

Esta Acta fue redactada siguiendo el modelo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, según demostró Emilio Rodríguez Demorizi en su estudio El Acta de la Separación Dominicana y el Acta de Independencia de los Estados Unidos de América, publicado en 1943.

Este autor analiza párrafo por párrafo ambos documentos y señala las coincidencias existentes entre ambos textos pues hay instancias en que los independentistas dominicanos copiaron casi al pie de la letra el documento norteamericano.

Por ejemplo, en uno de sus primeros párrafos, la Declaración norteamericana dice: «La prudencia aconseja ciertamente que no se cambien por pequeñas causas los gobiernos que cuenten mucho tiempo de existencia, pues la experiencia ha demostrado que los hombres prefieren sufrir, mientas sus males sean tolerables, más bien que alterar las leyes a que están acostumbrados; pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, cometidos invariablemente con el mismo objeto, revela el designio de oprimir a un pueblo despóticamente, éste está autorizado y se halla en el deber de separarse del gobierno que tal haga, buscando nuevas garantías para su futura dicha y felicidad».

El Acta de Separación dominicana sigue cercanamente el tono y la forma este párrafo cuando dice que «Nosotros creemos haber demostrado con una constancia heroica, que los males de un gobierno deben sufrirse mientras sean soportables, más bien que hacerse justicia aboliendo las formas; pero cuando una larga serie de injusticias, violaciones y vejámenes, continuando al mismo fin denotan el designio de reducirlo todo al despotismo y a la más absoluta tiranía, toca al sagrado derecho de los pueblos y a su deber, sacudir el yugo de semejante gobierno, y proveer a nuevas garantías, asegurando su estabilidad, y su prosperidad futuras».

Como se ve, los constituyentes dominicanos no eran ajenos a la tradición política y constitucional norteamericana, pero su primera Constitución Política de noviembre de 1844 recibió esas influencias por vía de la Constitución haitiana de 1843, según demostró Julio Campillo Pérez en su libro La Constitucionalidad en Santo Domingo. Período 1492-1844, publicado en 1983.

Tan liberal resultó esta nueva Constitución que el primer presidente de la República, General Pedro Santana, se negó a tomar posesión de cargo con las limitaciones al Poder Ejecutivo aprobadas por los primeros constituyentes dominicanos.

A Santana y sus consejeros les parecía poco práctico gobernar un país envuelto en una guerra de supervivencia nacional si el Primer Ejecutivo, encargado además de las Fuerzas Armadas, se veía constreñido por los controles legislativos de la nueva Constitución. Al igual que en la constitución norteamericana, estos controles, garantizaban el orden político en la separación de poderes y en un sistema de chequeos recíprocos entre el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.

Para obtener los poderes absolutos que Santana creía que necesitaba, envió a la sede de la Asamblea Constituyente un contingente militar que rodeó a los diputados y no les dejó salir de allí hasta que agregaran un artículo especial al final del texto constitucional, el famoso Artículo 210, que establecía que mientras durara la guerra y no se firmara la paz con Haití el Presidente de la República podía, además de organizar libremente el ejército y movilizar la población, «dar todas las órdenes, providencias y decretos que convengan, sin estar sujeto a responsabilidad alguna».

A pesar de la intención de sus primeros diputados constituyentes, la República Dominicana nació bajo el manto de una dictadura militar. En los años siguientes esta dictadura se hizo tan odiosa que Santana, sintiéndose rechazado, renunció a la presidencia en 1849, y fue sustituido por Buenaventura Báez, quien apoyó a los opositores de Santana para que celebraran una nueva Asamblea Constituyente que recuperara el texto constitucional de 1844 con nuevas garantías y libertades.

Esta Asamblea comenzó sus trabajos en enero de 1854 y trabajó durante todo un mes bajo la dirección de Benigno Filomeno de Rojas, un pensador político muy liberal que había vivido en los Estados Unidos. Las modificaciones que se hicieron al texto constitucional de 1844 fueron bastante profundas y chocaban con la tradición política establecida por Santana.

Por ejemplo, el Senado fue investido de mayores poderes, entre ellos la capacidad de otorgar ascensos militares y movilizar las Fuerzas Armadas en cualquier momento, una prerrogativa exclusiva del presidente de la República, según el Artículo 210, que fue eliminado. Fue creado el cargo de Vicepresidente de la República. El régimen municipal fue reorganizado para dar mayores poderes a los ayuntamientos.

Esa Constitución, promulgada en febrero de 1854, no fue del agrado de Santana, quien en esos momentos se aprestaba a tomar posesión de la Presidencia de la República por segunda vez.

Aun antes de tomar posesión, Santana exigió que le restituyeran al Poder Ejecutivo los poderes asignados al Senado. Los senadores aceptaron esta exigencia y debilitados por esta maniobra, Santana ejerció nuevas presiones sobre el Congreso Nacional para que dictara un decreto que le restituyera los poderes que le otorgaba el Artículo 210.

Doblegado el Congreso ante su fuerza militar, Santana entonces convocó al Senado y a la Cámara de Representantes para que se reunieran el 1 de noviembre de 1854 y discutieran la conveniencia de elaborar una nueva Constitución que garantizara, según él, la seguridad y estabilidad del país.

Atemorizados por las amenazas vertidas por Santana en una alocución al respecto, los congresistas aprobaron un nuevo texto constitucional que se haría famoso en la historia dominicana como consagración del despotismo.

Por ejemplo, las libertades fundamentales quedaron fuera de la Constitución para ser regidas por leyes especiales que podrían modificarse a conveniencia del gobierno de turno. El Congreso, hasta entonces bicameral y con más de treinta representantes, quedó reducido a un Senado Consultor con atribuciones legislativas, judiciales y consultivas, y sus miembros quedaron reducidos a siete que podían ser reelegidos indefinidamente, y que debían reunirse apenas tres meses al año ya que el resto del tiempo quedaban reducidos a un mero cuerpo consultor del Poder Ejecutivo. El gobierno de las provincias quedó en manos de gobernadores militares dependientes directamente del Presidente de la República, y cuyas facultades políticas y administrativas eran superiores a las de los ayuntamientos.

Las demás disposiciones fueron ajustadas al espíritu de este nuevo texto que, aunque dejó fuera el Artículo 210, organizó el sistema político dominicano de tal manera que ahora el país quedaba regido por una verdadera oligarquía política reunida en una sola cámara que funcionaba como un coro incondicional del Presidente de la República.

Esta Constitución fue promulgada el 23 de diciembre de 1854 y desde entonces se convirtió en el texto preferido de las dictaduras que habrían de aparecer en la República Dominicana durante el siglo XIX. La reacción liberal contra esta Constitución tardó cuatro años en llegar, pero cuando lo hizo el resultado fue un texto constitucional todavía más democrático que los de 1844 y febrero de 1854. Esa nueva Constitución fue elaborada en Moca en 1858. De ella hablaremos en nuestro próximo artículo.

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