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Lilís: firme, suspicaz y diplomático con haitianos

Written by Debate Plural
Rafael Núñez (Listin, 26-7-17)

Ulises Heureaux Level (Lilís) no levantó sospechas nunca entre sus conciudadanos acerca de la firmeza con la que debía defender el interés de la República Dominicana durante sus mandatos, amenazados desde Haití por distintas administraciones vecinas. Su proceder fue vertical, no obstante, a que fue hijo del haitiano D’Assas Heureaux Desse y de la santomeña Josefa Level.

El dictador dominicano dio muestras inequívocas de vigor cuando tuvo que hacer cumplir los acuerdos y tratados firmados entre República Dominicana y Haití sobre las demarcaciones limítrofes en la frontera.

Desde que se firmaron los Tratados de Nimega, Ryswick, Aranjuez y Basilea, y con la consecución luego de la Revolución Haitiana, la relación entre el este y el oeste de La Hispaniola había resultado complicada, convulsa y de difícil manejo para los gobernantes criollos. Casi todos se han visto forzados a llevar relaciones de amor y desamor con los haitianos.

Registrado su nacimiento en San Felipe de Puerto Plata, el 21 de enero de 1845, Ulises Heureaux (Lilís), de cuyo ajusticiamiento encabezado por Ramón (Mon) Cáceres y Horacio Vásquez, se cumple este miércoles 26 de julio 118 años, fue un hombre de Estado que, a pesar de gobernar con mano de hierro, dirigió audazmente las relaciones con Haití, apegado al interés nacional y con evidente conocimiento de la diplomacia. Las desavenencias entre haitianos y dominicanos tienen su origen histórico.

Las guerras sostenidas entre las monarquías europeas de España, Francia, Inglaterra y Holanda, entre otras, con el interés geoestratégico de repartirse las colonias y sus riquezas en América, repercutieron de tal manera que La Hispaniola quedó fragmentada en el este y oeste, a partir del 22 de julio de 1795 cuando la Corona española cedió a Francia la parte occidental de la isla mediante el Tratado de Basilea.

El establecimiento de los límites fronterizos ha sido un factor de discordia en las relaciones entre los dos Estados que se constituyeron: el haitiano el 1 de enero de 1804, y el dominicano desde el 27 de febrero de 1844, aunque episodios bélicos por iguales motivos se produjeron antes de constituirse.

Aunque el presidente Lilís, en sentido general, mantuvo buenas relaciones con los mandatarios con quienes le correspondió coincidir en la dirección de la administración pública, el dictador dominicano fue enfático en el respeto a los acuerdos y tratados, lo que se evidencia mediante cartas a sus homólogos haitianos y a subalternos, a los cuales daba instrucciones claras en la defensa del interés nacional.

El primer gobierno de Heureaux (1882-1884), que el propio general Gregorio Luperón, su mentor, y la población lo reconocieron como positivo, no iba a repetirse durante su segunda llegada al poder (1887-1899). Los historiadores recuerdan que en la gestión de Alejandro Woss y Gil (1885-1887), el mulato hijo de haitiano fue el poder detrás del trono. Los dominicanos que vivieron momentos de incertidumbre y horror desde fundada la República, por la conculcación de nuestros territorios, vieron como punto para la avenencia el Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Extradición firmado el 9 de noviembre de 1874 en Puerto Príncipe, que establece los límites, y cuyo artículo 4to fue aprobado por las cámaras legislativas haitianas con una distorsión del texto original, que don Emiliano Tejera hizo constar ante el Papa León Xlll en el año 1896.

El conflicto viene a cuento porque durante el gobierno de Buenaventura Báez (1868-1874), que siempre se mostró firme en la idea de anexar la República a los Estados Unidos, el mandatario encontró la oposición de una parte importante de dirigentes y militares, entre ellos el general José María Cabral, quien montó un hostigamiento del lado haitiano, próximo a Dajabón, con el apoyo de armas, dinero y ciudadanos del vecino país.

Cuando el general Cabral, apoyado por haitianos, liberaba los territorios dominicanos, sus acompañantes haitianos colocaban una bandera de Haití para evidenciar la liberación de la zona y cubrir el retiro de las tropas aliadas, acontecimientos que estuvieron sucediendo por seis años hasta que en Dominicana tomó las riendas del poder el ciudadano, Ignacio María González.

William Páez Piantini, el dominicano que ha hecho el levantamiento más preciso de los límites fronterizos, narra en su libro “Frontera Dominico-Haitiana”, que con la llegada al gobierno del presidente haitiano Boisrond Canal, en 1876, el Tratado de 1874 fue anulado por el Congreso de Haití.

La inestabilidad, la falta de instituciones para darle seguimiento a los acuerdos es lo que ha caracterizado a los gobiernos de Haití después de creados los dos estados.

Cuando su jefe político, Gregorio Luperón, luchaba desde Haití por derrocar la dictadura de los generales Benito Monción y Casimiro Nemesio de Moya, en 1895, Heureaux siempre sostuvo que no debían descuidarse ni creer en las promesas de ayuda del gobierno haitiano del que conocía su sicología porque era hijo de haitiano y había vivido en ese país.

El periodista y diplomático Pastor Vásquez Frías, en su libro “El presidente Heureaux y los gobiernos haitianos (1887-1899)”, consigna el manejo que tuvo Lilís con Haití:

Respetuoso de la vecindad y del protocolo de Estado, Heureaux manejó con maestría las relaciones con Haití. “Ayudado -dice Vásquez Frías- por su ministro de Relaciones Exteriores, Manuel María Gautier”.

En una misiva de octubre de 1887 dirigida a su Ministro de Guerra y gobernador de Monte Cristi, Miguel Andrés Pichardo, Heureaux sostenía que su gobierno estaba enterado de una propaganda que circulaba en Santiago acerca de la alegada negligencia con los temas haitianos. En carta que recoge el libro de Vásquez Frías, Lilís le escribió con la firmeza que le caracterizaba a su ministro en estos términos:

“Nuestras relaciones con Haití constituyen por demás un asunto muy delicado. Se necesitan mucha perspicacia i discreción i tacto para llevar a buen término las cuestiones diplomáticas i mucho más previsión i cautela para el mismo tiempo prepararse a las emergencias de una ruptura….

“Resulta de lo que he podido sacar en limpio hasta ahora que los haitianos desean hacer una rectificación de fronteras pero siempre queriendo sacar ventajas de las faltas cometidas desde antaño por los dominicanos. Les gusta el comercio por nuestras frontera pero les desagrada que nuestros productos lleguen a su territorio, sobre todo aquellos productos que como el ron i el aguardiante le hacen gran competencia”.

Estado y Amistad
El presidente Heureaux sabía separar las cosas de Estado de las amistades. Lo demostró cuando a pesar de ser amigo del presidente haitiano Lycius Félicité Salomon, al asumir su segundo período en 1887 se encontró con un enfriamiento de las relaciones y, en la misma carta previamente citada, a su ministro de Guerra y gobernador de Monte Cristi, el dictador le dice: “No estoy dispuesto a enviar emisarios a Puerto Príncipe, ni entrar en negociaciones, mientras no se convenga paralelamente las bases de la negociación. Como piensan los haitianos ellos lo sabrán. Los observo. Seré leal a los compromisos, siempre que ellos los respeten, i en toda ocasión sabré corresponder dignamente la confianza del país”.  El año de 1888 fue una etapa de incertidumbre en Haití en la lucha por el poder entre el Norte y el Sur.

En 1899, durante su tercer mandato, el presidente Heureaux trata de retomar los temas pendientes con los haitianos, por lo que el 18 de abril de ese año acude a reunirse en Puerto Plata con el ministro de Relaciones de Haití, Monsieur Dabelmar Jean Joseph, a los fines de destrabar las dificultades de la definición de nuestras fronteras.

Un mes después, esto es el 28 de mayo, Lilís asiste a un encuentro con el presidente haitiano Tiresias Agustin Simon Sam, en la Mole de San Nicolás, donde convienen el compromiso de los dos gobiernos de levantar un plano de las posesiones a partir de 1874. Haití no cumplió lo pactado y, por el contrario, sus delegados colocan en el mapa oficial de Haití a Comendador, Dajabón, Restauración, Loma de Cabrera, parte de Lago Enriquillo y de la Sierra de Bahoruco, como parte de su territorio.

Su origen haitiano no impidió que Ulises Heureaux Level demostrara firmeza, suspicacia y diplomacia en las relaciones con Haití. En 1924, Horacio Vásquez Lajara es el próximo Presidente que retoma el tema de los límites fronterizos con Haití.

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