Cultura Nacionales

Algunas preguntas para una revolución utópica en el ultimo piso del paraíso (I)

Aunque no estemos en épocas de remendar las chalinas ¿ Por qué no quemar el sudario de este extraño cadaver? ¿Por qué no hacer cultura poética en los cementerios de la nacion? Son ideales para exhumar cadaveres, besarlos, asustarlos con la idea de vivir otra vez y enseñarlos a leer a altas horas de la noche. Los amo porque son más inocentes que mi nieto. Descubrio que hay que abrir las jaulas para que los pajaros crean que son libres. Los adorables sepultureros del Cementerio marino saben cómo atender esta feligresía. Quizás los dormidos pueden escucharnos sin infulas y hasta robarnos la cartera en un despertar degrante y fugaz o son cómplices del robo del fusil de los enemigos que mueren sin saber si aún  son nuestros hermanos en la angustiosa arrogancia.

No hicimos lo suficiente para que el nicho dijera cuántos libros leyó el muerto antes de partir o por qué morì sin haber mordido el sabroso pan de la educación sexual del paladar de otra democracia falsa aunque no haya sido de la panadería Nota o la Pepin o la Francesa. Desde la fundación de la República nos hizo falta un pan menos retórico. Y no tan clerical como el que exonera de impuestos a las corporaciones que se nutren de la resignación de nuestros triunfos en USA. ¿Por qué no convertimos esta ridiculez en un acto de verdadera liberación sentimental?

Es urgente la creación de un equipo de cultura que se arriesgue a entrar en Cristo Rey y que se desvista de la ropa de ese cementerio de lujo y abrace al primer tiguere y le diga: Levantate, hermano.Si Jesus multiplico los panes y salvo un ladron, nosotros podemos resucitar. Todavia no ha muerto Cesar Vallejo. ¿Por qué no se lee esa biografía de la cultura al final de una balacera furiosa, silenciando la caida de Mosul, en medio de una Marcha Verde o rosada, nupcial o quizás blanca o azul? No es justo que al final quede la novela anónima: Solo cenizas hallarás de todo lo que le entregue con mi silencio a los mercenarios heroicos. La miseria cultural es la culpable de que se hayan expandido los colores al concentrarse un Arco Iris Verde. La Marcha Verdeno es una pompa de jabon. Es un hermoso experimento creado por la desconfianza, la desmoralización de los corredores culturales donde el pueblo siemprre está ausente. Esa música no da ganas de bailar pegado.

¿Por qué no rescatamos las iglesias políticas de la monotonía de rezar sin ningún resultado? ¿Por qué no provocar un cierre completo de las catacumbas del negocio de la cultura, hasta que un pueblo humillado por los cuentos salvajes nos devuelva la confianza en un discurso menos sospechoso?

¿Cuál es el fundamento legal de la ilegalidad? Hace falta un cementerio real que provoque otro asco, otro deseo de vomitar sobre la mentira. ¿ Por qué el haraquiri no comienza declarándonos incapaces de dirigir entelequias que provocan una degeneración del progreso? ¿Por qué no inventamos el agua tibia de una comunidad que se dé el derecho a crear el fundamento de su verdadera liberación?

Ya basta de celebrar la heroicidad de los corruptos. ¿Es que envidiamos sus miserias o tememos despojarlos de su brillo falso? Quitemosnos, los oficialistas reales o de juguete y los que creemos que no lo somos y hagámosle una operación dolorosa y brutal al desmantelamiento de la cultura política actual. Hay una bandera que afortunadamente nos une pero todavía perduran los fantasmas de cierta partidocracia mercenaria, aguardando un presupuesto para inventar concursos falsos, revistas excluyentes, festivales sin presencia global y días de soledad haciendo el amor con Guacanagarix. Falta que revoquen nuestra nacionalidad para descubrir otras verdades.

La dominicanidad no es ni debe ser el negocio turbio de unos cuantos oligarcas educados para alimentar la segregación del interior o del exterior. Ser dominicano hoy es otra cosa. El sancocho cultural requiere un concurso abierto a la transparencia y la superación del paisaje exclusivamente oficial. Ya nos cansamos del maquillaje de estos guloyas enemigos. ¿Dialogar con humildad es un sueño platónico? No. Todos somos hermanos y hermanas. No esclavos y esclavas, agradecidos de la celebración del auto desprecio.

About the author

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995. Presidente de la Asociación de Escritores Dominicanos en Los Estados Unidos, (ASEDEU)

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