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La viuda de Mauricio Báez evoca recuerdos

Written by Debate Plural

Carlos Nina Gomez (El Caribe, 23-12-11)

María Onelia Mueses Blondet (Doña Mirita), viuda de Mauricio Báez -el legendario líder obrero, asesinado por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina-, sigue viva con sus 107 años a cuesta.Se dice que, quizás, es la mujer de más edad que habita en República Dominicana. Y tal vez Mirita tenga 109 ó 110 años, pero ella misma revela que no tiene a manos un acta de nacimiento que diga oficialmente su verdadera edad. ¡Pero son entre 107 y 109 los años de Doña Mirita! Así lo confirman algunos vecinos.

Doña Mirita, aunque un poco circunspecta, habla de su esposo con acentuada melancolía. A pesar de su dilatada edad, y casi ciega, tiene una memoria envidiable… ¡Lo recuerda todo!

Cuando el equipo de elCaribe y CDN se presentó a su casa, moradores del lugar se mostraron algo sorprendidos. Básicamente porque “es muy raro”, dijo con asombro un viejo agricultor de unos 70 años, vecino de Mirita, “que gente de la prensa venga por aquí”.

El propósito de la visita a Bayaguana era, obviamente, hablar con la anciana campesina y escucharla hablar de su marido asesinado por orden del sátrapa, quien gobernó esta media isla -con mano dura- durante 31 años.

Dos de los hijos de doña Mirita y Mauricio Báez: Pedro y Federico Mueses, también fueron asesinados. Los mataron en 1959. Doña Mirita no supo de sus asesinatos hasta unas dos semanas después, cuando se lo informaron amigos de la familia Báez Mueses. Pedro Báez, el hijo mayor de la pareja, fue siempre un rebelde, emuló a su padre porque no escondía sus críticas contra la dictadura.

Siempre se pronunciaba contra el régimen trujillista e incluso, según informes de la comunidad, “hasta se comunicaba con dirigentes del gobierno cubano que había iniciado el 1 de enero de 1959, tras arribar al poder el comandante Fidel Castro Ruz.

Pedro Báez, narra Doña Mirita, tenía una librería y era un joven que “leía mucho y siempre le gustaba conversar sobre los asuntos de la política”.

Mientras que Federico, quien trabajaba en la ferretería El Marino, en la avenida Mella esquina José Martí, en Ciudad Trujillo, “era un muchacho tranquilo que casi no hablaba. Federico siempre estaba dedicado a su trabajo y nunca se metía en nada”.

“Pero mi adorado hijo, antes de ser asesinado, al igual que su hermano Pedro, fue torturado en la cárcel de La 40”, expresó la dama viuda del que se considera padre de la clase obrera nacional.

Agentes del SIM (Servicio de Inteligencia Militar, organismo represivo delrégimen) se propusieron apresar a Pedro porque ya habían sido informados de sus ideales democráticos y contrarios a la dictadura de Trujillo.

“Lo persiguieron hasta que lo mataron y lo mismo hicieron semanas después con Federico”, revela la viuda del líder sindical Mauricio Báez.

Asesinarían a otras dos hijas

Doña Mirita revela que en una ocasión -ya asesinados sus dos hijos, muertos uno el día siete y otro el veintisiete de julio de 1959- se presentaron a su casa dos calieses -así los llamó- y preguntaron que quiénes eran dos muchachas que estaban en el lugar.

Esas dos jovencitas, (Patricia Celeste y Olga Báez) eran también hijas de Mauricio. Doña Mirita dice que estaba informada de que los calieses se habían propuesto no dejar vivo a ninguno de los vástagos de Mauricio Báez.

Patricia Celeste y Olga Báez Mueses, quienes hoy tienen 73 y 74 años, respectivamente, también serían asesinadas, pero la viuda fue inteligente al responderles a los sicarios que “esas dos muchachas son trabajadoras de la casa”. Esa respuesta bastó para que los matones abandonaran la casa de los Báez Mueses y enfriaran sus mentes malditas.

Los agentes del SIM, al darse cuenta de que Pedro era un “consumado antitrujillista”, lo persiguieron hasta asesinarlo. Emilio Estrada y De la Rosa -así los identificó Doña Mirita- eran los miembros del temible SIM que siempre estaban “al acecho” de sus hijos con el objetivo de asesinarlos, como en efecto al final lo hicieron, no se conformaron con el asesinato de Mauricio Báez, ocurrido en 1951…ocho años después corrieron “la misma suerte” sus hijos Pedro y Federico.

Un detalle singular: Federico era apellidado Báez, como su papá, pero siempre se hacía llamar “Federico Mueses”, y hasta tuvo una declaración tardía, gestionada por su madre, precisamente para que los sicarios al servicio de la dictadura no descubrieran que era el hijo deMauricio Báez.

Pero esto no impidió que el vástago de Mirita y Mauricio fuera desaparecido y posteriormente asesinado como ocurrió con su hermano mayor Pedro Báez.
Federico se había casado -apenas unos ocho meses antes de su muerte- con Francia Mejía Gómez, una joven muchacha nativa de la capital con la que procreó una niña (María del Carmen Mueses Mejía).

Francia y María del Carmen residen en Nueva York desde hace 47 años. Francia Mejía Gómez, quien -hay que precisarlo-, es prima-hermana de quien escribe este reportaje, se fue a vivir a Nueva York en 1965, meses después de terminada la guerra de abril, y un año más tarde lo hizo su pequeña hija María del Carmen, quien es madre de cuatro hijos -todos nacidos en Estados Unidos- y habla de su abuela Mirita con amor de nieta. Cuando Federico Mueses fue asesinado, María del Carmen -nieta de Mauricio y Mirita- no había cumplido dos años. No conoció a su padre ni, obviamente, mucho menos a su abuelo Mauricio.
Doña Mirita, afirma, nunca olvidará a su querido esposo Mauricio Báez. Lo recuerda con melancolía y mucho amor.

Sus 107 años no le impiden, tampoco, que recuerde las acechanzas de los agentes del SIM, órgano represivo y formado por sicarios de la dictadura, que se mantenían, “sin descanso”, observando todo lo que hacía la familia del líder sindical.

“Fue una zozobra muy grande que pasamos todos durante muchos años. Y no crean que mi vejez impide que yo recuerde aquellos odiosos momentos”, dice.
Y además resalta la intrepidez y firme moral de su marido asesinado y de quien refiere que nunca se le vio con miedo, aunque sí aconsejaba a la familia que “tuvieran mucho cuidado con hablar con gente extraña. No hablar cosas que pudieran dar sospecha de que éramos enemigos de Trujillo”.

Como lo explica el historiador y periodista José Gómez Cerda -revelación que también recuerda Doña Mirita- Mauricio Báez fue el principal líder obrero (en la década de los 40) de los trabajadores azucareros de la región Este del país.
Tuvo un liderazgo impresionante. Durante varios años ejerció el importante cargo de presidente de la Federación deTrabajadores de San Pedro de Macorís, lo que lo convirtió en un auténtico lídersindical a nivel nacional.

La anciana viuda de Mauricio Báez, cuando se le informa sobre la lucha que libró su asesinado esposo y dejando ver una gran demostración de buena memoria, no vacila en dar una clara respuesta: “Sí, es verdad, él era un gran hombre, un luchador incansable en favor de los intereses de los obreros y nunca echó para atrás, aunque sabía que su vida corría mucho peligro porque estaba luchando contra Trujillo”. Uno de los hechos más trascendentes que se recuerdan en la vida sindical de Mauricio Báez fue cuando encabezó, el 24 de septiembre de 1946, la inauguración del Primer Congreso Nacional de Trabajadores.

En este cónclave, según el informe de Gómez Cerda, participaron dirigentes obreros de distintas regiones y tendencias que aprovecharon la apertura que el dictador brindó a grupos de oposición.

Cuando a Doña Mirita se le pregunta sobre la lucha de su esposo en esas lides sindicales-obreras, dice: “Yo recuerdo que Mauricio siempre estaba alentando a los obreros para que no dejaran de luchar. Cuando él (Mauricio Báez) se proponía hacer algo y creía era de beneficio para el pueblo, no lo pensaba dos veces. Y nadie le podía decir que no lo hiciera”.

También memoriza que Mauricio Báez, con una especial demostración de altruismo, acostumbraba a darles dinero a los obreros más pobres. “Es que un trabajador de aquellos tiempos, por la explotación de que eran víctimas, apenas ganaba 20 ó 30 centavos por día”, agrega.

En la actualidad, narra a elCaribe Patricia Celeste; ella, Olga y su mamá Doña Mirita, atraviesan por una difícil situación en el plano económico. Y no se explica por qué no tienen una atención especial del Estado dominicano.

Doña Mirita dice que sufre de fuertes dolores en sus piernas -casi no puede caminar-,problemas en la cadera y para colmo ¡está casi ciega!

Vive de una pensión (de 17,000 mil pesos) que le otorgaron durante el gobierno de Hipólito Mejía. “Ese dinerito no alcanza para nada. Se va casi todo en las medicinas que tengo que comprar parami salud”, agrega. “Somos la familia de Mauricio Báez, pero pasamos por momentos muy difíciles”, dice Patricia Celeste al intervenir cuando su madre derramaba algunas lágrimas. La viuda tiene 20 nietos, 11 biznietos y tres tataranietos. Prácticamente no olvida los acontecimientos que se registraron durante los aciagos momentos que vivió su esposo Mauricio.

Cuando se le pregunta sobre su larga familia, dice que “me siento por ese lado contenta, aunque a veces triste”. Su nieta más querida es María del Carmen, la hija de Federico, asesinado por la dictadura, el 27 de julio de 1959 (ya habían asesinado a su hermano Pedro, a quien mataron el día 7 del mismo mes y año). “Esa niña no conoció a su padre. Cuando mataron a Federico yo me la llevé a mi casa y siempre la tuve conmigo”.

Dice que se siente orgullosa de su inolvidable marido. “Siempre respeté los ideales que Mauricio enarboló”, dice con nostalgia y mirada perdida para pensar.
De sus nietos, biznietos y tataranietos, declara que los quiere a todos y que disfruta cuando van a su modesta vivienda, marcada con el número 45 de la calle Santo Cristo, del barrio Los Cocos en Bayaguana. Su hija Patricia vive al lado. Ella se levanta a las 7:00 de la mañana y se acuesta temprano en la noche.

Dios es el que sabe cuándo debo irme

El 23 de septiembre de 1910, recuerdan María Onelia Mueses Blondet (Doña Mirita) y sus dos hijas Patricia Celeste y Olga, nació Mauricio Báez. Su viuda, a propósito de la lucha que libró Mauricio, exhorta a la juventud dominicana a emular su vida. El dirigente obrero fue desaparecido por el régimen el 8 de diciembre de 1950.

Pero, además, dice que no quisiera que República Dominicana vuelva a sufrir los rigores de un oprobioso régimen como el que dirigió durante 31 años Trujillo Molina.

“Que la juventud de ahora se eduque, que aprenda de la historia dominicana y que no vaya por los malos caminos”, apunta Doña Mirita. Postula que no teme a morir porque sabe que el día de su ida llegará. “Si nacimos, tenemos que morir”, subraya.

A sus 107 años, Doña Mirita sabe que los achaques a su cuerpo llegan con facilidad, “pero es Dios el que sabe cuándo debo irme de este mundo”, expresó confiada.

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