Nacionales Sociedad

Donde coinciden la honestidad y la honradez

Written by Debate Plural

Hamlet Hermann (Hoy,  24-11-11)

Empecé a conocer bien a Roque Napoleón Muñoz Peña cuando él terminaba la carrera de ingeniería y yo apenas comenzaba. Al ser incluido en el equipo de béisbol como lanzador, descubrí a “Polón” Muñoz como uno de los cátchers principales.

Como es lógico en ese deporte, tendría que establecer una comunicación directa y clara con aquellos que debían recibir mis lanzamientos. Por suerte, él resultó ser un inconmovible bloque de concreto, lo cual favorecía el equilibrio con los temperamentos “volados” de quienes empezábamos a incursionar en los estudios superiores y en el nivel más alto del béisbol de aficionados.

El corto lapso que compartimos en el equipo fue suficiente para que desarrolláramos una contrastante aunque respetuosa amistad. Desde joven, “Polón” se destacaba por sus pasos tranquilos y seguros. La calma lo caracterizaba para tratar de imponer en los demás el respeto a las normas establecidas. Eso lo identificaba como un elemento conservador en todos los ambientes en que se movía. Después sucedieron tantas cosas que nos hicieron desplazar como meteoritos remanentes de las conmociones sociales que caracterizaron al país. Y coincidíamos y antagonizábamos. Cada uno con el entusiasmo de nuestros temperamentos repletos de audacia o de cautela. Sobrevino el tiranicidio, los Consejos de Estado, el gobierno de Bosch y el golpe de Estado de 1963, el triunvirato golpista, la guerra civil y la invasión militar yanqui que instituyó de nuevo el trujillismo, entonces bajo la tutela de Balaguer y Lyndon Johnson.

“Polón” Muñoz mantuvo siempre posiciones de principio basadas en sus convicciones políticamente conservadoras, religiosamente fundamentales y moralmente sólidas. Desde aquella Asociación de Ingenieros y Arquitectos (ADIA), que luego se convertiría en Colegio, fortaleció sus posiciones de principio, inclaudicables por demás. Luchó siempre contra el ilegal privilegio de los contratos de construcción basados en la politiquería que despreciaban la capacidad profesional y el ahorro. Y nunca cedió un ápice en sus sólidas y legales convicciones. Ese injusto privilegio se fortaleció mientras duró el despotismo del presidente Balaguer y continúa en estos días que el presidente Leonel Fernández imita los peores pasos de aquel desgobierno.

¿Cuántas veces fue sometido Roque Napoleón Muñoz Peña a las tentaciones de gobernantes que lo tenían como objetivo a corromper? Calculaban esos funcionarios que si era conquistado para beneficiarse de un contrato grado a grado podían justificar sus políticas corruptas. Como estos malversadores cuentan con todo el dinero del Estado para comprar conciencias y creen que todo ser humano tiene un precio, sólo sería cuestión de aumentar la puja hasta vencer el baluarte de legalidad que era “Polón” Muñoz. Sólo que no contaban con que este hombre, si tenía precio, no se medía en dinero, sino en principios morales y religiosos. ¡Cuán fácil habría sido sobornarlo! Estos Presidentes y Ministros, hipócritas por demás, marcados de manera indeleble por la corrupción, sólo habrían tenido que cumplir con las leyes que ellos mismos aprobaron en el Congreso y con eso habrían comprado a “Polón”. Su permanente reclamo contra el grado a grado era apenas una petición de que se respetaran las leyes y la Constitución de la República.

Ese carácter firme de intransigencia ante los que violentaban las normas de convivencia pacífica lo trasladó “Polón” hacia el ambiente deportivo. Desde la Federación de Ajedrez hasta la Presidencia del Comité Olímpico Dominicano, este hombre impuso con su carácter una disciplina que escasea entre quienes han dirigido la cosa pública. Fue tan destacado su rol como líder en el proceso de institucionalización del movimiento olímpico nacional, que el Comité Olímpico Internacional lo escogió como miembro pleno, mérito que sólo un dominicano ha logrado.

La gente tiende a menudo a confundir la honestidad con la honradez. En “Polón” Muñoz se dio la plena coincidencia de ambos criterios. Era honesto y honrado, incapaz de engañar a otros ni apropiarse de lo ajeno y, al mismo tiempo, escrupuloso en el cumplimiento de sus deberes profesionales. La mejor forma de recordar a Roque Napoleón Muñoz Peña es continuando su lucha por exigir de los gobernantes el cumplimiento de las leyes que rigen la nación dominicana. Nada de privilegios ni de corrupción, sino de mayor respeto por la legalidad y la justicia.

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