Nacionales Sociedad

Nuevas identidades

Written by Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 7-4-17)

 

La guerra de un sector mahometano llamado Yidahismo y propiciada por el denominado Estado Islámico contra las naciones que no aceptan a Alá como “el profeta”, tiene características identitarias que pueden considerase como parte de una fragmentación de la personalidad originaria de la sociedad, o bien como un desprendimiento de la misma. Se puede ser belga o mahometano y seguidor de cualquiera de las formas que hoy representan al Profeta.

Las identidades no emergen prohijadas por una nacionalidad, sino por un modelo de creencia que está muy por encima de la nacionalidad de sus creyentes y participantes, uno o varios modos de vida muchos de los cuales terminan no creyendo en la que fuera su identidad original.

Como ha señalado recientemente en conciso estudio que gentilmente me envía nuestro Federico Henríquez Gratereaux, la práctica cultural de ciertas cotidianidades como las creencias y el idioma son varias de las formas que se señalan como claves para una formación identitaria.

Los que hemos visto las identidades desde un punto de vista ralo, y hasta sin complicaciones, conformándonos con términos tales como “la identidad francesa”, la “identidad dominicana”, o bien la “inglesa”, en ocasiones hemos pasado por alto que una identidad, al parecer, puede transformarse en otra en cualquier momento, aceptando un cambio que incide en la negación de cualquier nacionalidad e ideología previa. Si ello es así, podríamos entonces pensar que muchas de las consideradas como identidades fi jas, son en verdad fl exibles y no tan fi rmes.

Estas razones parecen actuar en la conformación de diversos procesos identitarios en una misma comunidad y aun en una misma persona. Las creencias determinan las acciones y conforman los modelos de vida, en los que vale incluir los modos de trabajo. Por ello tomar una concepción rígida de lo que es la identidad, podría llevar al fracaso porque razones sociales y políticas, familiares y comunitarias, pueden no solo contribuir a generar una identidad más allá de lo nacional, de las nacionalidades, y expresarse como una identidad que a veces es sustituyente de la identidad básica inicial.

No conozco ninguna defi nición acertada de alguna identidad total, porque las identidades son proteicas, y a veces resbaladizas.

Aunque consideremos que puede y debe haber alguna que en momento parezca inamovible, como “el ser de Parménides”, lo cierto es que si es como el rio de Quevedo, de Bergson, y de otros pensadores, la sociedad es solo el contexto, como lo es el medio, el rio tiene una mismidad pasajero aunque se vea totalizado en su conjunto. Estamos hablando ahora de la concepción que lentamente levanta en el yo identidades nuevas y que se perciben en la división religiosa y en las formas de producirse, incluyendo el terror como es el caso del mahometismo yihadista. La historia del ser humano está llena de guerras religiosas que aparecen ya desde que el hombre quiso apropiarse de Dios. La Biblia, sus libros iniciales, como el Pentateuco unifi cado por el profeta Esdras, mil años o más de que supuestamente compuesto por Moisés se considerara palabra divina, da cuenta de un dios que ejercita su poder sobre pueblos que se consideran “elegidos” y que es llamado Dios de los Ejércitos. Esa concepción existe en todas las religiones con tendencias a la creación de un Estado, y especialmente en las que tienen su origen en la copia y en la reinterpretación de los llamados “mensajes divinos” para justifi carse. Jesús pareció defi nirla como una base religiosa cuando anunció que no solo traía paz sino guerra.

Mahoma concibió el Corán para implantar puntos de la Biblia y de los posteriores libros cristianos modifi caciones conceptuales que eran afi nes con la identidad de los pueblos árabes, algunos tribales, que luego se transformaron en una civilización.

Todos sabemos, que en el fondo, los pueblos mahometanos, tienen un gran sustrato de creencias bíblicas, y todos sabemos que La Biblia, un libro básico para Mahoma, derivaba hacia el profetismo la importancia futura de los hechos; el profetismo ayuda a transformar identidades, con solo leer la Biblia nos damos cuenta de ello y esto es básico para la incorporación de nuevos mandatos coránicos, islámicos cuando se ejecutan según los destinados a entender lo apuntado por Mahoma, pero luego lo entendido sería y es solo aquello que ya interpretado como mandato, emergía y emerge, sin otra vía de discusión que la de los Ayatolas y sacerdotes de alto mandato consideraban lo más justo, llegando en los días presentes a la concepción del terror como método de algunos de seguidores en la búsqueda de la unidad que se pretende al través del mismo, llegar al Estado Teocrático, (EI), para el cual los conceptos de la guerra santa alcanzan métodos que se apoyan en la interpretación citada. Un estado cuyo centro de gravitación sería Alá, que no es otro dios que nuestro Jehová, transformado y con identidad diferente. No todo el mahometano cree en el método del terror que busca no solo destruir las formas del presente y del pasado que recuerden aquello que su visión religiosa no aprueba canónicamente. El alcance de las ideologías emergentes dentro de lo que pudieran ser concepciones ideológicas políticas o de diversa índole, ocupan, así lo veo ahora, un punto de partida más allá de las nacionalidades y de las identidades tradicionales. Lo que se cree que es una identidad teocrática puede ser solo un conglomerado de creencias, convertidas en mandato divino, que dejan de lado las identidades previas, formativas de la inicial vida social y pragmática. El concepto del “martirologio”, inmerso en los hechos violentos, atenta ahora no solamente contra los “mártires” mismos, que son un modelo de autodestrucción que demuestra la poca importancia de la vida frente al más allá prometido, sino contra una sociedad convertida en mártir sin razones propias para sentir los ataques como un acto de liberación, pues en el terrorismo son menos los atacantes, que las víctimas y menos los creyentes que los que pudieran estar fanatizados por una nueva identidad.

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