Nacionales Sociedad

Sánchez del marzo glorioso

Written by Debate Plural

H. L. Lajara Solá (Listin, 24-3-17) 

 

“Ninguno ama a su Patria porque es  grande, sino porque es suya”. -Séneca-

Este 9 de marzo pasado fue  celebrado  el bicentenario del nacimiento de Francisco del Rosario Sánchez, uno de nuestros insignes Padres de la Patria,  quien en ausencia de Duarte, fue designado por los Trinitarios Comandante en Armas. Bajo ese nombramiento, le correspondió el inmenso honor de proclamar  al mundo en la Puerta del Conde, ese glorioso 27 de febrero de 1844,   la decisión de los dominicanos de separarse del dominio de Haití, izando la Bandera Nacional como señal del nacimiento de una nueva república para formar parte de la grey de  naciones libres  del  mundo.

Aunque en los giros del timón de su vida, Sánchez ocupó cargos de importancia  en el gobierno del general hatero Pedro Santana,  también desempeñó puestos relevantes en los gobiernos de Jimenes y Báez, por sus aportes a la nueva república  y gran capacidad como jurista, por lo que en la Revolución de 1857, Sánchez aparece del lado del presidente Báez, cuando éste fue derrotado por Santana. De ahí que en el 1859, el prócer termina siendo expulsado del país por el presidente Santana. Ingresó a nuestro territorio por Haití en el 1861, y el 4 de julio de ese mismo año, fue apresado y fusilado en el cementerio de San Juan de la Maguana, después de un juicio sumario ordenado por el mismo presidente Santana. Por consiguiente, sus méritos le ofrecen el sitial ante la historia de ser reconocido, junto a Duarte y Mella, como la trilogía creadora de la nacionalidad dominicana. Pero el mes de marzo guarda también otras efemérides patrias, pues cuando todavía no se había enfriado el cañón del trabuco de Mella, después de disparar libertad el 27 de febrero de 1844, los haitianos iniciaban sus aprestos para invadirnos de nuevo, con el general  Charles Herard a la cabeza.  Rápidamente,  a inicios   del mes de marzo de 1844,  sonó el clarín de la guerra, con el primer acto de hostilidades haitiano, al disponer  éstos un bloqueo naval desde Neiba a Monte Cristi, así como la realización de incursiones armadas en la villa de San Bartolomé de Neiba, siendo enfrentados por el comandante Fernando Tavera, secundado  por  Vicente Noble y otros bravos soldados como Dionisio Reyes, forjándose así la génesis de nuestro ejército. Allí se bautizaron las  armas dominicanas, en una  epopeya bélica desconocida por muchos, donde  nuestros soldados inmortales se batieron en la Fuente de Rodeo,  el día 11 de marzo de 1844 con los invasores haitianos, y tras numerosas descargas cerradas de fusiles, terminaron batiéndose  a  filo de  machete.

Las hostilidades continuaron  el 18 de marzo con los combates de Las Hicoteas, en Azua, al mando de los comandantes  dominicanos Manuel de Regla  Mota y  Manuel Mora, entre otros valientes, siendo estos los primeros enfrentamientos en  una lucha tenaz que se prolongaría por más de 12 años para que hoy tengamos una bandera que izar y un himno que cantar.

Al verse la reacción inmediata y bravía  de los dominicanos, el otrora poderoso y bien entrenado ejército haitiano organizó sus tropas  para un ataque  el cual ellos pensaban iba a ser contundente y exitoso contra nuestro entonces inexperto pero decidido ejército libertador. Fue así como el 19 de marzo de 1844, en Azua, se consagró el mes épico que preservó la Independencia, cuando el general Pedro Santana, con el apoyo del general  Antonio Duvergé,  con un ejército de muchos menos hombres (aproximadamente dos mil), enfrentó a los generales haitianos  Charles Herrard y a Souffront, con diez mil soldados bien entrenados y equipados, quienes trataban de vencer nuestras improvisadas tropas, armadas de machetes, donde se destacaron  Lucas Díaz y Francisco Soñé.

Para completar con éxito esta jornada gloriosa, el 30 de marzo del mismo año, en los dominios de Belona,  el general José María  Imbert y  el comandante Fernando Valerio, con su carga de los andulleros, asistidos por el   comandante Pedro Pelletier, consolidaron  ese día en la batalla de Santiago,  la Independencia Nacional, derrotando al general  Pierrot. Con el Yaque del Norte como testigo, nuestras fuerzas ocuparon  los  fuertes: Dios,  Patria y Libertad.

Al cumplirse este mes doscientos años del nacimiento de Sánchez y  ciento setenta y tres  de esta epopeya de sudor y sangre, donde el legado de nuestros próceres ha quedado plasmado en su inmenso amor por la patria reflejado en estos  sacrificios, ¿vamos a dejar que la insensatez, la ambición desmedida y la ceguera mental de algunos nos haga irnos a la deriva como país independiente y soberano, todavía  en vías de desarrollo ?

Porque una nación cuyos habitantes no sean capaces de entender que la libertad no sólo se pierde con las invasiones, ya sean armadas o pacíficas, como han hecho los haitianos desde 1801, hasta esta parte, sino que también puede perderse cuando la  misma se va debilitando gradualmente al colapsar sus  instituciones por diversos motivos, tales como el incumplimiento casi consuetudinario de la Constitución y las leyes por parte del gobierno y de los particulares, a tal punto que los ciudadanos no temen a la sanción ni al principio de autoridad, indispensables para la gobernabilidad, lacerada por la criminalidad y la corrupción, males hoy en día extremadamente preocupantes en la conciencia colectiva del pueblo dominicano. En este contexto, entiendo propicio referirme al extracto del libro “El Engaño Populista”, de la autoría de Axel Kaiser/ Gloria Álvarez, en el cual se inserta lo expresado  por Ludwing von Mises, cito: “Cada uno de nosotros lleva sobre sus espaldas el peso de parte de la sociedad, y nadie ha sido dispensado de su responsabilidad  por los demás; nadie puede hallar una vía de escape para sí mismo si la sociedad se ve arrastrada a la destrucción. Por consiguiente cada uno, por su propio interés, debe participar vigorosamente en la batalla intelectual. Nadie puede permanecer indiferente; del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos”.

Solo entendiendo y aplicando esos conceptos premonitorios se podría reducir en la administración pública la infiltración de individuos incapaces y  de reputación dudosa, muchos de ellos resentidos sociales -que se expresan como si nada en la prensa televisiva, radial y escrita  – , que nunca en su vida han trabajado, ni  en la administración de la cosa pública, ni nada, mucho menos en el liderazgo  político y social  de un  país,  solo aprovechándose de que en naciones como la nuestra, la gente olvida rápido.

Este nuevo milenio donde predomina la inmediatez, en el cual la tecnología, con sus Blogs, Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp y demás innovaciones del siglo digital, son  eficaces  herramientas que ni el Estado con todo su poder puede controlar,  a pesar de su utilidad en sentido general, las falsedades  y tergiversaciones  en contra de las reputaciones de personas honestas, han desvirtuado en cierta forma  su naturaleza, produciendo daños incalculables y contaminando   esas facilidades tecnológicas que  sirven más bien  para orientar con la verdad, sobre todo para la juventud que no suele  leer, y se deja llevar de un internet cargado de todo, incluyendo inexactitudes  garrafales que confunden a personas sin base intelectual que no conocen su historia, sus próceres y el gran sacrificio que ha costado el gentilicio de llamarnos dominicanos. Que el espíritu de Sánchez con su albura estela de patriotismo, junto a estas efemérides gloriosas, sean lámpara votiva de inspiración para con la Patria, de manera  que honremos y recordemos siempre, no sólo en marzo, el compromiso de sostener de manera permanente  una nación democrática con libertad y progreso para todos los dominicanos.

Recordemos henchidos de orgullo nuestras glorias inmarcesibles de dominicanidad, representadas por   Duarte, Sánchez, Mella, y demás  próceres que forjaron a machete y pólvora  la identidad nacional, la cual debe ser resguardada por la institucionalidad que se sostiene en la Constitución y las leyes, emulando palabras sagradas del Himno Nacional: “Y es su escudo invencible, el derecho”.

¡Viva marzo en la conciencia Patria… efeméride y compromiso ciudadano!

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