Economia Nacionales

Haciendo memoria sobre la deuda externa en República Dominicana

Dolares norteamericanos
Written by Debate Plural

Para la historia del endeudamiento RD

 

Guillermo Rivera (Hoy, 1-8-10)

 

Recientemente la prensa norteamericana recogió las declaraciones de los co-presidentes de la Comisión sobre la Deuda Externa y el Déficit Fiscal, designada por el Presidente Obama.

Tanto el ex senador republicano Alan Simpson como el ex jefe de Gabinete del Presidente Clinton, el Sr. Erskine Bowles, consideraron que las tendencias presupuestarias en la actualidad podrán ser  un cáncer que destruirá  a los Estados Unidos, a menos que  se tomen las medidas draconianas necesarias para su solución.

Del mismo modo, ambas personalidades consideran que la situación fiscal actual es tan evidente que resuena como una campana y concluyen afirmando que la presente situación de la deuda es como un cáncer porque la mayor parte del presupuesto de la nación se establece en forma discrecional y su financiamiento proviene de China y otros países. Al parecer, un país puede tener un elevado crecimiento económico y eso no significa que pueda salir de la vorágine del problema de la deuda. En estos casos se requiere adoptar políticas públicas que reduzcan el gasto o aumenten el ingreso del Gobierno o una combinación de ambas variables. Los programas de estímulo a la economía en definitiva aumentan tanto el déficit fiscal como la deuda.

En el caso particular de nuestro país, el tema de la deuda externa ha sido siempre uno de los ejes de la economía  y de las políticas nacionales. Sin embargo, hasta ahora no se había analizado en conjunto y a través de nuestra historia. Se estudiaba cada crisis en particular, pero no se la consideraba como el hilo conductor para explicar lo que nos ha ocurrido durante todos estos años. El tema de la deuda externa adquiere su verdadera dimensión en el estudio histórico titulado “De Hartmont a Trujillo: Estudio para la historia de la Deuda Pública”, que nos ofrece el distinguido historiador Don César Herrera, publicado bajo el patrocinio de la Sociedad de Bibliófilos y el Banco de Reservas. Dicha obra consta de una presentación, un exordio, un prólogo, doce capítulos y una serie de documentos que sirven de evidencias empíricas como apoyatura del mencionado trabajo.

El libro demuestra que la deuda externa ha sido una constante en la historia dominicana desde los primeros empréstitos y cumple con las características de inagotable fuente de transferencias netas de recursos hacia los acreedores; gravita fuertemente en el presupuesto nacional y determina la política económica por medio de las condicionalidades que impone el Fondo Monetario Internacional, organismo que se encarga de defender los requerimientos de la comunidad financiera internacional.

Una lectura acuciosa de la obra de César Herrera arroja la conclusión de que la deuda externa fue en todos los tiempos un instrumento de succión de las riquezas nacionales, de imposición de políticas y de dominación de grupos económicos y hasta la pérdida de la soberanía nacional, restablecida en 1940 por medio del tratado Trujillo-Hull, firmado a mediados de la década de los 40. Una operación de préstamo que sólo consiste en la utilización del ahorro externo para fines de desarrollo nacional, en los hechos fue siempre una especulación financiera que saqueó al país, condicionó su política, consolidó a gobernantes y grupos económicos y los enriqueció, junto con los especuladores extranjeros y nacionales.

En términos de perspectiva histórica cabe señalar, que este estado de cosas se origina cuando el Presidente Buenaventura Báez firma el famoso contrato de empréstito con Hartmont, por medio del cual se hipotecaba todo el patrimonio nacional y, por ejemplo, el descalabro económico de Ulises Heureaux, o los acuerdos alcanzados durante los años de 1982-1983, en los que la deuda privada cuyo monto era de  aproximadamente superior a unos US$600 millones fue transferida al Estado dominicano como deuda pública por el gobierno de entonces, a fin de satisfacer los requerimientos tanto de los especuladores extranjeros como de los nacionales.

Del mismo modo, esta operación sirvió para condonar la deuda de algunos grupos económicos del sector privado y de hecho aumentar sus riquezas en detrimento de la situación financiera del Estado Dominicano. La negociación de empréstitos está ligada a la corrupción. Es sabido que a los negociadores del país deudor se les regala un porcentaje del empréstito y dado los montos que se manejan dicha comisión es muy lucrativa. En este sentido, los casos de corrupción abundan.

Por ejemplo, en su obra “Memorias del ajuste de una economía en crisis”, el doctor  Milton Messina nos ofrece una simple crónica de los negocios vinculados a la deuda externa y los esfuerzos por obtener empréstitos de la Commodities Credit Corporation (CCC), para financiar la compra de granos por parte del Instituto de Estabilización de Precios (Inespre) o la apertura de cartas de crédito en dólares sin capacidad para responder al incremento de las obligaciones en moneda extranjera que se venían acumulando, así como la vinculación de organismos del Estado, a fin de beneficiar a ciertos grupos económicos en particular. Asimismo, mencionar todos y cada uno de los negocios vinculados con la deuda externa requeriría de varios volúmenes que complementarían el escrito por Don César Herrera.

No obstante, hay empréstitos que favorecen el desarrollo económico y social del país. Esos empréstitos son aquellos otorgados por los organismos multilaterales de financiamiento como el Banco Mundial, BID, CAF, BCIE, etc. Dichos empréstitos financian proyectos de desarrollo de la agricultura, industria, educación, salud, saneamiento ambiental, alcantarillado, medio ambiente, infraestructura básica, electricidad, turismo, sector privado, entre otros. Al mismo tiempo, esos préstamos van acompañados de cooperaciones técnicas las cuales son financiadas con fondos fiduciarios de carácter no reembolsable, cuyos objetivos son el fortalecimiento institucional, la formulación de proyectos o resolver un cuello de botella que impida la consecución de los objetivos de desarrollo del país. Uno de los mayores logros de esas cooperaciones técnicas fue la transformación de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

Por otra parte, El desembolso de esos empréstitos se realiza por medio de mecanismos de transparencia en lo que atañe a la política de adquisición de bienes y servicios, ya que los mismos requieren licitación internacional. Una constante en estos empréstitos es que sus beneficiarios sean mayormente la población de bajos ingresos y vayan dirigidos hacia las regiones menos favorecidas. En la actualidad, el punto focal es la reducción de la pobreza por medio de la adopción de políticas públicas que favorezcan una mayor inclusión social.

Históricamente, tanto el BID como el Banco Mundial han apoyado en forma considerable los esfuerzos del gobierno para llevar a cabo proyectos y programas que beneficien nuestro desarrollo. Además, estos organismos han establecido un diálogo continuo con el gobierno, en el análisis de las políticas públicas que se deben adoptar en beneficio de la población en general.

En nuestra opinión, el libro de Don César Herrera es útil en todas las épocas. Sin embargo, en la actualidad es un vehículo valioso para que las nuevas generaciones puedan adentrarse a nuestra convulsionada historia económica y al problema acuciante de nuestra deuda externa.

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La deuda

En el caso particular de nuestro país, el tema de la deuda externa ha sido siempre uno de los ejes de la economía  y de las políticas nacionales. Sin embargo, hasta ahora no se había analizado en conjunto y a través de nuestra historia. Se estudiaba cada crisis en particular, pero no se la consideraba como el hilo conductor para explicar lo que nos ha ocurrido durante todos estos años. El tema de la deuda externa adquiere su verdadera dimensión en el estudio histórico titulado “De Hartmont a Trujillo: Estudio para la historia de la Deuda Pública”, que nos ofrece el distinguido historiador Don César Herrera, publicado bajo el patrocinio de la Sociedad de Bibliófilos y el Banco de Reservas. Esa obra consta de una presentación, un exordio, un prólogo, doce capítulos y una serie de documentos que sirven  de evidencias empíricas como apoyatura del mencionado trabajo.

La cifra

600 millones de dólares.  Fue el monto aproximadamente superior de la deuda privada durante los años  1982-1983, la cual fue  transferida al Estado dominicano como deuda pública por el Gobierno de entonces.

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