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Duarte: víctima de la patología dominicana

Written by Debate Plural

José M. Gómez (Hoy, 27-1-13)

 

Hablar de patología es hablar de enfermedad, de algo disfuncional, de recurrencia, de un aprendizaje alterado que desarmoniza la conducta y la adaptación psicosocial. Duarte, la persona más sana y de actitudes emocionales positivas, con mayor inteligencia espiritual, y valores morales y humanos mejor asumidos de la historia dominicana. Es, y continúa siendo la persona más acosada, más maltratada, víctima del chisme, el chantaje, la perversidad y la negación de los grupos sociales.

Desde los inicios de su lucha revolucionaria, Duarte vivió la irracionalidad y la falta de identidad de un Santana Bipolar tipo II, del comportamiento pasivo-agresivo, y perverso de Tomas Bobadilla, y de un antisocial, narcisista y egocentrista, llamado Buenaventura Báez. Pienso, que en términos políticos era de entenderse, pues, eran conservadores, anexionistas y con pobre identidad Psico-social.

Pero la patología social la vivió y la sufrió el patricio cuando Mella, en 1856 viajó a España en busca del protectorado, y cuando Sánchez temporalmente validó a Báez como gobierno anexionista. Aún así, el ideólogo de la dominicanidad no renunció a sus ideas, ni a su práctica, ni a sus valores. Más bien endureció su inflexible comportamiento, incomprensible para la práctica social del “dejar hacer y el dejar pasar” o del “yo y mi circunstancia, si no las salvo a ellas, no me salvo yo”. Duarte volvió como una fiera 1864, después de 20 años de exilio y de 12 años de deambular en la selva, de ausencia, de evitación y de reacción inadoptativa, producto del acoso moral y político.  Al volver, creyendo que los liberales sí acogerían su presencia, su pensamiento y referencia. Allí lo esperaba la patología social dominicana, con todo y calentura, delgado y enfermo, volvió a vivir el rechazo, la maledicencia y las actitudes emocionales negativas de patología social: envidia, celos, resentimiento, odio, miedo etc.

A Duarte no lo asimiló ni conservadores, ni liberales. Más bien ha quedado dormido en el inconsciente dominicano. Es decir, nos gustan sus ideas, sus propósitos y su consistencia moral, en no doblarse ante el acoso; pero practicamos a Santana, a Báez, a Bobadilla, y seguimos repitiendo los mismos patrones, los mismos comportamientos sociales, y la misma mentalidad. Bien lo dijo Bonó “los dominicanos individualmente piensan bien, pero cuando se agrupan piensan y actúan mal” cosa que nunca pasó con Duarte.

Juan Pablo Duarte es una referencia producto de una familia sana, de un carácter y un temperamento que iba en armonía con su pensamiento y sus valores. Alguien a quien ni la patología social pudo quebrarle su orgullo: ser, vivir y morir siendo dominicano.

Ninguno de la patología trascendió, ni son modelos de referencia. Juan Pablo Duarte-Díez estuvo y estará por encima de la Sociedad a la que selló e independizó.

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