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Las primeras leyes en contra de la violencia intrafamiliar

Written by Debate Plural

Diógenes Céspedes (Hoy, 5-10-12)

 

A las once creencias y conversaciones mentales irracionales se les añaden varios “problemas emocionales secundarios” que agravan la situación del sujeto violento, aparte de los traumáticos tres deberes y las cinco conexiones calientes. El sicoterapeuta calificado sabe cómo librar al sujeto violento y su víctima de estos traumas para que lleven una vida sana. El sicoterapeuta calificado conoce su personalidad y reconoce sus propios problemas (vg. Freud, Perls y Bowen). Pero ningún sujeto que cause la violencia o la padezca, se libra de estos problemas que guarda en el inconsciente desde su infancia si no va a la consulta del terapeuta calificado.

De acuerdo a los seis tipos de personalidad(6) transmitidos por vía parental entre tres y siete años, ¿cuál de estas personalidades es más proclive a aceptar maltratos físicos o verbales? La reactiva y la soñadora, naturalmente. Pero el maltrato puede provenir tanto del hombre como de la mujer, aunque mayoritariamente lo causa el hombre a la mujer, tal como lo explica el Dr. Lino Romero.

No es motivo de risa si un hombre se deja maltratar física y verbalmente por una mujer. Para poder explicar esta conducta, examínese primero la personalidad del hombre maltratado y luego su  guión de vida (Berne) y, finalmente, su relación con los tres deberes, los cinco conectores calientes y las once creencias y conversaciones mentales irracionales y cómo reacciona frente a los conectores calientes.

El hombre que se deja maltratar por una mujer es porque en su infancia fue maltratado en el hogar, fuera de este o creció, en razón de esta violencia, con una autoestima muy baja y cuando elige pareja, elige la opción incorrecta, es decir, a una persona maltratadora. Hay un 20% de hombres reactivos. Muchos fueron maltratados en la infancia, adoptaron de adulto esa conducta proclive al maltrato debido a la violencia recibida en el hogar. Eligen a mujeres fuertes, rebeldes, trabajólicas, que resuelvan todo, que sean protectoras. El tipo de hombre que busca ser gobernado por la mujer está simbolizado por el caricaturista Harold Priego con los personajes de “Doña Mármara y su inofensivo esposo Don Chichí” que se publica en el Listín Diario. Ambos son figuras del “hombre mamito” y la “marimacho”. Representan dos problemas sicopatológicos distintos, temas que los artistas logran entrever en la sociedad y que la mayoría de los sujetos no es capaz de ver. La figura de Don Chichí, al dibujo, es pequeña, miope, flaca, obediente, apocada e ingenua; la de Doña Mármara, alta, gruesa, dominadora, poseedora de la razón, cínica y desvalorizadora del pobre esposo.

El propio Dr. Romero expone en varios capítulos del libro, múltiples ejemplos de discursos de pacientes suyos que experimentaron en carne viva los efectos de la violencia doméstica de parte de padres, hermanos, tíos, vecinos y parejas, así como relatos de víctimas de tal furia que no salieron con vida de su relación con sujetos violentos. La razón vital por la que víctima y victimario deben buscar ayuda profesional radica en que el sujeto violento niega categóricamente que lo sea, o aduce que su víctima es quien tiene la culpa; si no, la sociedad o el mundo. Existen víctimas de la violencia que creen  merecer tal castigo, según sean sus necesidades sicológicas y el guión de vida con que vinieron al mundo.

El autor estructuró su obra en 23 capítulos. Contiene los reconocimientos, la dedicatoria, la interpretación de la portada, las fotografías y la contraportada, así como la introducción, donde se explican los objetivos del libro, la historia del tema y el tratamiento por otros autores. Al final, la conclusión y las recomendaciones que apuntan a las instituciones autorizadas por la ley a adoptar las decisiones que terminen la violencia intrafamiliar. En el epílogo se trata el subtema de la portada: vulnerabilidad, agresión y violencia en la historia dominicana.

De la obra, me enfocaré en los capítulos y aspectos más sobresalientes que ayuden al lector a actuar, reconocer e identificar la violencia doméstica y sus, a veces, sutiles e inconscientes manifestaciones.

En el capítulo 1 se define la violencia intrafamiliar, se traza su  concepto a partir de 1939 y luego su historia desde la Antigüedad. El autor dice que hasta 1939 la agresión se consideró “un instinto natural tanto del ser humano como de las especies animales”, pero luego de la publicación del libro “Frustración y agresión” por Dollard y otros sicólogos, se concluyó en que “la agresión era un comportamiento aprendido” (p. 24). Por tal razón expuse antes, con el auxilio de Kahler, Berne, Karpman y Clark,  los mecanismos de semejante aprendizaje.

Resulta interesante, como lo muestra el Dr. Romero, que la emperatriz Teodora (505-558), de Bizancio, dictara en el siglo VI d.C., leyes de protección a las mujeres abusadas cuyas penas castigaban con la muerte “a los violadores y secuestradores de mujeres, ya fueran estas de la clase alta o esclavas. También castigaba con la pena de muerte a las personas que obligaban a las menores a prostituirse.” (p. 28)

Antes de su muerte en 395, Teodosio dividió el Imperio Romano en dos. El gobierno de Occidente con asiento en Roma le correspondió a su hijo Honorio. El de Oriente le tocó al otro hijo, Arcadio, con su capital en Bizancio.Cuando Constantino I el Grande ascendió al trono, le cambió el nombre por el de Constantinopla, en honor suyo. Los emperadores que desde el año 330 d.C., gobernaron el Sacro Imperio Romano de Oriente eran romanos. Antes de dividir en dos el Imperio, ya antes Dioclesiano (reinó de 284-305) lo había dividido en una tetrarquía. La disolución del Imperio Romano había comenzado con Dioclesiano y no se detendría hasta su conquista y destrucción por los germanos en 476. En cambio, el Imperio Romano de Oriente duró mil años. ¿Por qué? ¿Se fundó una nueva sociedad a partir de un nuevo modelo de acumulación?

Como todo el territorio que correspondía al vasto Imperio Romano de Oriente estaba habitado por etnias griegas, asiáticas y norafricanas, y formado por culturas muy disímiles a las del Sacro Imperio Romano de Occidente que dio paso al feudalismo en el 476, el Cristianismo y el Derecho adoptados en Oriente fueron muy distintos a los de Roma. Esto explica que la legislación de la esposa de Justiniano, la emperatriz Teodora, a favor de las mujeres, fuera radicalmente contraria a la legislación romana donde el esposo, sin que le castigara la ley, podía matar a su mujer e hijos o venderles como esclavos.

Esa diferencia cultural explica también que el primer gran cisma religioso que dividió al catolicismo romano se produjera en 867 en el Imperio de Oriente con el patriarca Focio a la cabeza, quien volvió a gobernar su iglesia en 877 luego de una pequeña derrota. Este imperio de Oriente duró mil años y vino a sucumbir en 1453, derrotado por los turcos, lo que marcó el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna, pero unos sostienen que fue el Descubrimiento de América. El final de tal Edad lo marcó la Revolución francesa.

En síntesis

(6). A partir del DSM-IV (Manual de Estadísticas y Trastornos Psiquiátricos), aceptado por la comunidad científica internacional, Taibi Kahler (“The Process Therapy Model”, pp. 255 y 114-16) designó los seis tipos de personalidad, que en el DSM-IV tenían un vocabulario muy técnico, con palabras del lenguaje común a fin de lograr un canal eficaz de comunicación entre terapeuta y paciente para evitar que este último adoptara máscaras. A la  personalidad histérica (Hysterical), corresponde la reactiva; a la obsesivo-compulsiva, la trabajólica (Thinker); a la esquizoide, la soñadora (Dreamer); a la pasivo-agresiva, la rebelde (Funster); a la paranoide, la persistente (Believer); y, a la manipuladora, la promotora (Doer).

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