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Formación sicológica de los dominicanos

Written by Debate Plural

Diógenes Céspedes (Hoy, 18-12-10)

 

¿Cuáles fueron las actitudes y prácticas que influyeron en la formación de la sicología del pueblo dominicano a partir de 1844 si antes la memoria histórica oral y escrita le enseñó que el descubridor exterminó a los indígenas, esclavizó a los negros que trajo masivamente a partir de 1502, les persiguió en los montes con perros amaestrados y mosquetes, en el siglo XVII y XVIII todavía les persiguió en los manieles y Lemba fue frito en alquitrán, en 1795 se le traspasó como ganado a Francia y en 1821, ante el fracaso de Núñez de Cáceres, entra Boyer a Santo Domingo con el apoyo del partido prohaitiano y gobierna durante 22 años?

Con la debida crítica a la ideología hispanófila que permea el texto, al etnocentrismo y al biologismo que debilitan el análisis, el mejor tratado de sicología de los sujetos que conforman el pueblo dominicano desde que comenzó su formación con el surgimiento del criollo y se afianzó en los siglos XVII y XVIII, es el libro “Al cabo de los cien años”, de Rafael Augusto Sánchez, donde han bebido quienes se han esforzado por pensar el proceso de construcción de la “nación” dominicana a partir del Estado autoritario creado por Santana en 1844.

En esta obra, escrita con motivo del centenario de la República, pero publicada en 1976 (Barcelona: Gráficas Manuel Pareja), se observa la impronta de Lugo: “La Separación fue la obra de un sentimiento i de un instinto i no de un pensamiento. Fue la rebelión de la estirpe resentida i no la consecuencia de la madurez de una idea política; el afán de rescatar veintidós años de sufrimiento i de opresión raciales i no el avance de un ideal nacionalista; la lucha del blanco español contra el dominador, haitiano y negro; una sacudida de la hispanidad y no una manifestación de dominicanismo.” (P. 85).

El pensamiento de Sánchez es elíptico, alusivo, nada es rotundo, pero va reconociendo e integrando el discurso de Lugo y las ideas de su propia cosecha. Reconoce la ausencia de la categoría del pueblo la noche del 27 de Febrero en el Conde: “El elemento popular no se incorporó sino más luego i más bien para rechazar las nuevas acometidas haitianas después del inesperado éxito del movimiento separatista.” (Ibíd.)  Lo que Lugo llama ausencia de conciencia política del pueblo dominicano para formar una nación, Sánchez lo ve así: “Pero la mayoría de los conjurados, conjurados de pensamiento i de intención nada más, el ideal político no había adquirido una forma; no había asumido una presencia.” (Ibíd.)

¿Qué sicología profunda, observable a simple vista, ha conducido a los sujetos dominicanos al fracaso de los proyectos políticos que emprenden? El modelaje de la mentalidad colonial hecho de represión y de quietismo durante casi cuatro siglos es, aquí como en casi toda América latina, responsable del único mecanismo de defensa del criollo ante tanta injusticia, miseria, pobreza, abandono y explotación.

Para el caso dominicano, Sánchez traza la sicología que los sujetos dominicanos se tallaron a partir de los siglos XVII hasta hoy en sus relaciones con el Poder y sus instancias, incluso luego de la Separación de 1844: “es posible que encontremos en los habitantes de las ciudades otro elemento perjudicial: el aniquilamiento de la energía física i la inclinación a vivir una vida amodorrada i fácil, de reposo i de siesta, dentro de la limitación de las aspiraciones i de la pequeñez de las necesidades.” (p. 56) Esto fue lo que aprendieron de los españoles los dominicanos: el odio al trabajo manual y el amor a la vida de lujos y vanidades. La Corte así lo impuso y todas sus riquezas extraídas de las colonias fueron a parar a manos de los banqueros alemanes y flamencos.

Sánchez tipifica el rasgo de los sujetos dominicanos ante ese poder avasallador de la autoridad colonial: “Se agrega, además, a esta trágica enumeración, otro factor de adversidad: el individualismo. El individualismo dominicano tiene un fondo atávico. Viene del árabe arisco pasando por el español rebelde i aportando su fuerza disolvente a las causas del retraso de la incipiente colectividad dominicana.” (Ibíd.)

Para Sánchez, el tipo de individualismo que caracteriza al sujeto dominicano es sinónimo de egoísmo. El individualismo como doctrina política y filosófica fue en Europa un puntal para el advenimiento de la burguesía al poder en 1789, pero en nuestro país adquiere el sentido de estrategias de vida: “Verdadero residuo de barbarie, enemigo de la vida de relación, dentro de la comunidad dominicana cumplió, más que dentro de cualquiera otra comunidad, su papel destructor.” (Ibíd.) Ese papel destructor acabó con los proyectos de construcción de una nación y un Estado verdadero. Y se debió a lo que tanto Lugo como Sánchez no se cansan de señalar: la ausencia de cultura política, de conciencia nacional y de sentido de pertenencia a una comunidad y unidad personal. ¿Cuál es el fruto de estas ausencias? El egoísmo, el sentido morboso de propiedad privada de todo lo que es público, el clientelismo, el patrimonialismo, la irresponsabilidad del sujeto y el creer que solamente tiene derechos, y no deberes. Así, el sujeto dominicano “no se fundamenta en una exacta o hasta, para ser tolerante, en una exagerada apreciación del valor, de la importancia i de las posibilidades del hombre, ni tiene como base una exaltación de la dignidad humana.” (Ibíd.).

Lo opuesto a la exaltación de la dignidad humana es el culto a la violencia y a la muerte, propios de quienes consideran que únicamente poseen derechos: “Hecho de egoísmo, nutrido de desconfianza i de recelo, enemigos mortales de la vida de relación, el individualismo dominicano es un retorno a la animalidad o una indebida permanencia en ella.” (Ibíd.). Para Sánchez el egoísmo dominicano “es casi físico” y “no ha engendrado otras consecuencias que una abierta hostilidad contra la asociación de esfuerzos”, lo cual explica los fracasos de los proyectos políticos dominicanos orientados a  institucionalizar el país o descabezar dictaduras, delatados siempre desde adentro: “Se ha convertido en obstáculo permanente a la creación de una colectividad racional, culta i fuerte, i en un elemento de retardo perjudicial al nacimiento de la solidaridad colectiva. I ha constituido una permanente rebeldía contra las normas legales i contra las necesidades i obligadas concesiones del hombre en beneficio de la sociedad.” (Ibíd.).

La burla a la ley por los sujetos dominicanos es la prueba de la ausencia de juridificación y Estado de Derecho, dos rasgos indispensables para que exista la nación moderna. Cuando esto falla, no hay seguridad para nadie; reina la impunidad, la violencia y la compra de sentencias, jueces y fiscales. Sánchez critica radicalmente los frutos del individualismo dominicano, que prefiero llamar egoísmo: “El individualismo dominicano nos lleva como de la mano i de un modo constante al desacato de toda norma legal: el desconocimiento de las restricciones que la vida de relación impone al hombre.” (p. 57)

Los frutos de la ausencia de cultura política, de conciencia nacional y de comunidad y unidad personal, a más de la ausencia de conciencia de clase y de saberse sujeto, explican lo que Bonó, Moscoso Puello, Jimenes Grullón, Pérez Cabral, Bosch, Lugo y  Sánchez teorizaron como inexistencia de la nación dominicana, aunque todos dejaron abierta la posibilidad de que algún día este proceso culmine exitosamente.

Mientras tanto, Sánchez cierra su reflexión sobre la inveterada sicología de lo que él llama individualismo, gran rasgo sicológico de la mayoría de nuestros sujetos: “I rebelde contra todas las normas, a lo largo de la historia i desde el fondo de su naturaleza, el dominicano tiende a sentirse vejado i deprimido en presencia de las imposiciones legales, con un brutal sentido de primitiva barbarie. (…) En la vida de relación, el falso concepto individualista del dominicano lo ha condenado a vivir en perpetua defensa contra todos los peligros que cree que le amenazan en la asociación, a la que no ha entrado sino con reservas de tal naturaleza que ha hecho siempre de la cooperación una obra dañina, incompleta o frustrada.” (Ibíd.)

Según esta tesis, el sujeto dominicano es, en un 99 por ciento, un esquizofrénico paranoide. ¿Volvemos a Zagul y su teoría del gancho?

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