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Los restos de Caamaño: La polémica

Written by Debate Plural
Silvio Herasme Peña (Listin, 21-4-13)

Ahora que se cumplirá un año más del estallido revolucionario del 24 de Abril para reponer en el gobierno al profesor Juan Bosch, en el 1965, estamos inmersos en una discusión un tanto bizantina.

El asunto se centra en que Claudio Caamaño, primo y compañero de guerrilla de Francisco Alberto Caamaño Deñó, cree que unos restos rescatados por él, de la montaña La Lechuga, en Constanza, son los legítimos y que pertenecen al coronel Caamaño. Sin embargo, es muy intensa la versión de que tales restos no responden al Héroe de Abril, porque éstos fueron destruidos por las Fuerzas Armadas, obedeciendo instrucciones del jefe de Estado de entonces que no quería “ni cárcel ni cementerio” para él.

Se sabe que Caamaño fue detenido vivo y ligeramente herido en su último combate de la guerrilla de 1973. Y se sabe lo que significó entonces el grito que inundó las ondas de radio del Ejército Nacional, proclamando la noticia de que “tenemos al coco mayor”; en el hablar militar eso significaba que Caamaño estaba detenido. Fue el 16 de febrero de 1973.

Los jefes de los cuerpos castrenses llevaron la novedad al presidente de la República de entonces, doctor Joaquín Balaguer, para determinar qué hacer con el prisionero.

El doctor Joaquín Balaguer reflexionó como si rezongara: “Aqui no hay cárcel para ese hombre”, y argumentó que tampoco habría cementerio porque su tumba serviría de inspiración a quienes seguían sus ideas revolucionarias. Se dijo que tampoco “era conveniente” su tumba como “foco de agitación” de la juventud.

Después de ese lacónico, grotesco y singular intercambio, los jefes militares procedieron a fusilar a Caamaño y a desaparecer sus restos. Más de una versión existe sobre ese momento aciago de la vida nacional.

Caamaño no solo sería asesinado, sino también destruido sus restos para evitar que se convirtiera en lámpara inspiradora de nuevos revolucionarios en el devenir histórico del país.

Fue un craso error de Balaguer destruir a un hombre de la calidad de Caamaño Deñó, convertido en guerrillero. Un hombre de su cultura se sometió al resentimiento inspirado por el odio hacia una figura nacional de esa envergadura.

Más doloroso aun es que los jefes militares de entonces, que habían sido “grandes amigos” de armas del coronel Caamaño, intervinieron ante el mandatario para que respetara la vida del Héroe de Abril. Obviamente se carecía del criterio claro sobre lo que ocurría y de la infamia que se cometía.

Tal como siempre ocurre, Caamaño ha sobrevivido a la infamia, mientras que Balaguer y sus generales han pasado al estercolero de la historia, porque en la vida lo importante es el sacrificio, no la glotonería de los bienes materiales.

Todos hemos recibido informes sobre el destino del cadáver de Caamaño. Claudio cree que tiene sus restos. Otros opinan que no es cierto porque el cuerpo de Caamaño fue destruido y disipado sus cenizas.

Mi opinión es que procede un examen de ADN para despejar dudas sobre un tema tan sensible en la vida nacional. Los militares de entonces están vivos ñcon excepción de Beauchang Javier- y nos parece procedente que el gobierno indague con ellos el destino que fue dado a los restos de Caamaño.

Que se ofrezca un informe claro,  taxativo, que aparte todo tipo de dudas sobre un hecho tan singularmente importante en la vida nacional.

En cuestión tan delicada sería un atropello incalificable al mismo Caamaño llevar al Pabellón Nacional unos restos humanos que no son los suyos. Sería jugarle una patraña cruel y deshonrosa al Héroe de Abril.

Y todos debemos convenir que Caamaño no se merece una burla como esa. ¡La verdad, por más que duela, debe resplandecer!.

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