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Imaginario de los dominicanos en el exterior

Written by Debate Plural

Ramona Hernández (Hoy, 8-3-08)

 

Ley No. 1-08 que le da vigencia legal a los Consejos de Dominicanos en el Exterior (CONDEX), recientemente promulgada por el Presidente Leonel Fernandez, es la primera ley emitida en la República Dominicana en el 2008.  Para muchos legisladores trabajar en el proceso de la revisión y aprobación de la Ley de los CONDEX fue tal vez asunto de rutina, de cumplimiento de sus funciones como representantes ante dicho Congreso.

Para los periódicos dominicanos y los demás medios de comunicación social, la aprobacion de la Ley 1-08 no tuvo mayores repercusiones; la acción dirigida a elaborar y discutir el proyecto de ley no llegó a convertirse en noticia que pudiera interesar a dichos medios; ni a sus dueños ni quizás a los periodistas y locutores que laboran en ellos.

Al pasar de los años, he notado que la indiferencia ante un logro de un bien común me duele mucho más que antes; ha de ser la edad o la menopausia, que me atacan sin piedad… Por demás, ambas inevitables. Pero restarle importancia a la aprobación de La Ley No. 1-08 no era ni es inevitable. De hecho, la relación histórica entre los dominicanos y las dominicanas que vivimos fuera de la República Dominicana y quienes viven dentro de ella ameritaba una amplia reflexión sobre el tema; propiciaba lugar a un diálogo entre ambos grupos de dominicanos; cuando no, se abría el espacio para comentar sobre las implicaciones de la ley recién promulgada.

La imaginacion sobre los dominicanos y las dominicanas de afuera

No cabe duda de que, cuando se trata de reflexionar sobre los dominicanos que viven en otras partes del mundo, las remesas constituyen un lugar común en la imaginación de los dueños/directores de los medios de comunicación, de los diferentes sectores de la clase dominante y del resto del pueblo. La ciudadanía ha reflexionado sobre el valor de las remesas y su impacto en la vida cotidiana de la República Dominicana. Una conclusión generalizada es que las remesas afectan a la persona, al sector financiero privado, al Banco Central, a todos los bienes y servicios públicos y privados, en fin, a todos los dominicanos y las dominicanas de la nación.

A mi parecer, el imaginario sobre quienes viven fuera del territorio nacional  parte esencialmente de la visión concreta que se tiene de aquella remesa cuyo valor es cuantificable y palpable. Todo el mundo sabe que los dominicanos y las dominicanas envían casi 3 billones de dólares anuales, y que esto representa un 20% del producto bruto interno. Eso lo sabe el dueño del periódico más leído del país, el limpiabotas de la esquina,  el religioso más fiel y la profesora universitaria.

Sin embargo, ese imaginario común sobre los dominicanos de afuera tiene sus límites. Al parecer, las otras remesas o aportaciones que hacen los dominicanos de afuera en bienes, servicios y recursos no cuantificables escapan de la imaginacion de mucha gente dominicana de dentro. Las remesas no cuantificables—que van desde capital social hasta el accionar en favor de que se construyan nuevas leyes como las de los CONDEX, que da paso a la modernización de la sociedad dominicana—no son causa de noticias, ni de comentarios, ni de conversación pública.

Los dominicanos que viven fuera despliegan un accionar concreto, constante y militante en pro de lo dominicano en las múltiples sociedades donde viven . Lo dominicano es aquella acción que va más allá de las remesas en cifras y lo que es visible a simple vista; es el batallar constante a fin de que los hijos de dominicanos que nacen fuera de la República Dominicana preserven el español; es la visión comprometida con el porvenir y el progreso de los dominicanos como grupo en las sociedades donde viven; es luchar hasta que se creen espacios sociales formales dedicados a valorar el legado histórico-cultural dominicano para que se preserve la valorización de lo bueno y digno del pueblo dominicano; es retar y desarmar cualquier planteamiento público que niegue u obvie la rica historia de lucha y enfrentamiento del pueblo dominicano en contra de la desigualdad y la injusticia social, sean estas perpetradas en contra de otros o en contra de ellos mismos.

La Ley de los CONDEX es oportuna y merece reflexión pública.  La relación de los dominicanos con el país de origen depende en gran medida de la existencia de una memoria histórica; de la permanencia de lo dominicano en el imaginario y en la realidad cotidiana de los hijos y las hijas de los dominicanos que siguen naciendo fuera del territorio nacional y dentro de culturas/sociedades que les exigen la asimilación, lealtad incondicional no compartida. Los dominicanos que viven fuera del territorio nacional ya cuentan con una tercera generación, es decir, hijos e hijas cuyos padres y cuyas madres son de descendencia dominicana y nacieron en las sociedades donde hoy nacen sus hijos y sus hijas. En este caso, sólo sus abuelos/as nacieron en suelo dominicano. Y a esos dominicanos en particular hay que socializarles con la memoria de lo dominicano.   Dicha socializacion no es un capricho; es en realidad una urgencia ya que la mayoría de los estudios sociológicos sobre inmigración a los EEUU plantean que la herencia cultural del inmigrante tiende a desvanecerse en la tercera generación.

A mi juicio, el momento histórico que vivimos amerita también acción en cuanto a cómo mantener vivos los nexos entre los dominicanos de afuera y los de dentro del territorio nacional.  Se trata aquí, pues, de que los diferentes sectores de la sociedad dominicana expandan la imaginación sobre los dominicanos que viven afuera; que se junten con aquellos dominicanos que crearon y apoyaron la Ley de los  CONDEX; que perciban en dicha ley un respaldo directo en favor de quienes aportan tanto y que día a día extienden los límites geográficos y culturales del pueblo dominicano en las sociedades donde viven, porque ellos, a final de cuentas, son embajadores honoríficos y aliados incondicionales del pueblo dominicano.

La memoria de lo dominicano se mantiene estando conscientes de las fuerzas inevitables que atentan contra la permanencia de dicha memoria y creando lazos concretos, tendentes a mantener y a incrementar la relación entre los dominicanos de afuera y los de dentro de la República Dominicana.  En ambos casos se requiere de una actitud de militante y dispuesta a accionar. Desde el punto de vista moral, la Ley de los CONDEX representa dicha actitud; desde el punto de vista práctico, la misma representa un abanico de oportunidades para salvaguardar los intereses de los dominicanos de dentro y de los de afuera del territorio dominicano. Las remesas son un bien común para todos los dominicanos.  Pero las remesas no son semillas prodigiosas eternas: al final del día, su existencia está intrínsicamente conectada a la supervivencia de esa memoria sobre lo dominicano entre los dominicanos que viven y nacen en otras sociedades del mundo.

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