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Provincia Peravia no, Máximo Gómez, si!

Written by Debate Plural

Freddy Aguasvivas (Hoy, 26-11-11)

Cuanto hice por Cuba, humilde y devoto soldado de la libertad, lo hice a nombre del pueblo dominicano, cuyas miradas estaban fijas en mí”. Máximo Gómez.

 Si la evaluación histórica del hombre se mide por cómo termina y no cómo comienza, Máximo Gómez pasa con notas sobresalientes su tránsito por la vida. Reclamar con mezquindad y tacañería retrógrada algunos deslices momentáneos, sería horadar una conducta rectilínea y moral a favor de las grandes causas. Ser héroe compromete el espíritu a grandes proezas, al proceder coherente, a la actitud vertical. Pero el héroe es hombre, y como tal “nada humano le es ajeno”. Visto que no podemos despojar al héroe de su humanidad, que si no, lo convertiríamos en dios; sería necesario debitar sus inconductas para hacer un balance certero sobre sus grandes activos históricos, sacando la cuenta de sus aportes. Si son estos muchos más que los débitos, se puede apostar sin riesgos a su heroicidad.

Nadie más apropiado que Ortega y Gasset en sus Meditaciones del Quijote (1914) para dibujar ese carácter de hombre-héroe: “Por – que ser héroe consiste en ser uno, uno mismo… No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad «práctica», activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consuelo. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto. Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito, prisionera de la materia”.

¿Era Máximo Gómez un traidor?

Nacido el 18 de noviembre de 1836 el hijo de doña Clemencia y don Andrés Gómez sólo tenía ocho años al momento del grito de Independencia Nacional y diecinueve cuando en 1855 los latidos de su corazón sonaron más fuertes que los del tambor que le llamaba a la guerra contra los haitianos. Enrolado imberbe aún, el discernimiento político le era extraño. Hay que hacer notar que en su pubertad y primera juventud su madre le insta para que siguiera la carrera eclesiástica, siendo de hecho su padrino y maestro el padre Andrés Rosón, presbítero de la Villa de Baní. La conciencia política y las luchas sociales estaban ausentes todavía de su espíritu esencialmente militar.

Su amor a la patria nunca estuvo en juego, como lo demostró con su lucha en la sabana de Santomé el 22 de diciembre de 1855, teniendo una participación brillante junto a la Caballería de Baní, derrotando a las tropas invasoras del Emperador Faustino Soulouque, hecho histórico que consolidó la naciente Independencia. Por el valor demostrado en esta batalla Máximo Gómez alcanzó el grado de subteniente.

Cuando se produce la anexión a España Gómez era capitán del ejército y como tal obedecía plenamente al general Pedro Santana. Las luchas intestinas eran confusas y dilucidar sobre las razones de las fracciones de sublevados no era la especialidad del guerrero banilejo, como para tomar partido hacia uno u otro bando. Como militar no tenía discernimiento. Le habían enseñado la disciplina y obediencia y como tal reaccionó siguiendo las directrices de su comandante en jefe. En esos tiempos tempranos de la Restauración los conflictos internos eran devastadores.

Sin embargo, en Baní, dadas las circunstancias, cuando estalla la Restauración, Máximo Gómez no peleó al lado de los españoles, como siempre se le ha endilgado; más bien combatió los abusos y atrocidades del general restaurador Pedro Florentino, quién asesinó no sólo a treinta y un banilejos de manera sumaria, si no que entre ellos estaban un cuñado y dos sobrinos de Máximo Gómez. Incluso, su propia madre y sus hermanas, despojadas de todas sus herencias, para salvar la vida, tuvieron que huir al campo terminando luego en la más completa miseria, como lo escribiría Gómez después: “El huracán de las guerras civiles, que todo lo arrasa y conmueve, ha dejado la ruina en aquel país, y muchas familias acomodadas y de posición quedaron en la miseria y el abandono. Mi madre fue una de ellas: las revoluciones devoraron el regular patrimonio que mi padre nos legaba y caímos en la miseria”.

Fueron muchos los banilejos que se sintieron motivados a enfrentar a Florentino por sus crímenes y desafueros. En Baní, La Restauración estaba encarnada en ese acomplejado y racista general, que por su tez negra, odiaba la descendencia española y canaria de los habitantes del valle de Peravia. Fue Gómez, quien al frente de un improvisado ejército de soldados y vecinos, dispersó las feroces huestes a tiros y machetazos, mientras su madre y hermana huían al monte para salvar sus vidas. Era una lucha para defender el lar nativo, que es otra forma de patriotismo, un nacionalismo en pequeña escala. Desde octubre a diciembre de 1863 Gómez pone su brazo templado para combatir a sus enemigos en San José de Ocoa, Sabana Cruz y Sabana Buey. Al recuperar Ocoa, se quedó como secretario de la administración comunal, al servicio del brigadier Francisco Heredia, durante dos años, lejos de la guerra, hasta el 11 de julio de 1865 cuando se embarca en Puerto Hermoso hacia las playas de Cuba, donde se despertaría su conciencia política y su altísima sensibilidad social. Bien visto, los servicios militares de Gómez, que nunca fueron al lado de los españoles propiamente dicho, duraron poco. Más de 60 días, para luego dedicar toda una vida (30 años) a combatir a ese imperio invasor.

Desde las montañas cubanas tallaría Máximo Gómez su espíritu indómito e irreductible y colocaría su ejemplo en las más grandes escuelas militares del mundo. Está claro que si el escenario de lucha del guerrero banilejo hubiese sido el territorio continental, su prestigio cabalgaría por las cordilleras de América a la par con las de Bolívar, San Martín y otros tantos.

Provincia Máximo Gómez

El valle de Baní, hermosa extensión que va desde el Cucurucho hasta el montículo de Cerro Gordo, recibió el nombre del valle de Peravia supuestamente porque en las inmediaciones de esta última colina vivió una señora llamada Ana de Peravia. Se atribuye, sin pruebas, a la corruptela del idioma la denominación de valle de Peravia, que luego del ajusticiamiento del tirano Trujillo, y ante la urgencia de quitarle el nombre del padre del déspota, José Trujillo Valdez, se le puso con prisa Provincia Peravia. Cambiar el nombre de nuestra provincia para hacer justicia al más grande banilejo de todos los tiempos, es un acto histórico de reconocimiento a los grandes méritos acumulados por el Libertador de Cuba. Pocas figuras dominicanas han alcanzado la dimensión universal del caudillo de Baní, evidenciado en el hecho de que las grandes escuelas militares del mundo estudian sus métodos de guerra e incluso, un periódico londinense lo calificó como El Napoleón de las Guerrillas, título que utilizó el profesor Juan Bosch para hacer una de las más bellas biografías del insigne guerrero. Honrando a Máximo Gómez honramos a nuestra provincia. Nuestro pueblo sale ganando en el intercambio de honores.

 

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