Clinton y Trump, cortados con la misma tijera

Rubén Montedónico (teleSur, 29-9-16)

El martes 8 de noviembre se cumplirá el masivo primer paso con la convocatoria a las urnas en los comicios indirectos de Estados Unidos (EE.UU) para elegir presidente, de acuerdo con normas establecidas en su primera constitución -del siglo XVIII-, lo que desembocará en la conformación de un Colegio Electoral de 538 integrantes (desde 2008) que designará, la primera quincena de diciembre, al mandatario que asumirá en enero de 2017.

El sistema establece que el referido colegio se compondrá con todos los integrantes de un mismo partido que obtengan mayoría en 48 estados y los delegados proporcionales al número de sufragios de los otros dos. Ejemplo cercano de las decisiones fue lo ocurrido en 2000 con Al Gore, que le ganó a George Bush por más de 500 mil votos en noviembre, pero perdió –eventuales fraudes aparte- en diciembre en el Colegio Electoral cuando 271 eligieron a su contrincante: a la Casa Blanca se accede con un mínimo de 270 sufragios en la segunda instancia.

Por otra parte, mientras en 1960 escogieron a John Kennedy y sufragaron el 63,06% de los que tenían posibilidades por edad para votar, en 1964 lo hicieron 95,83 de quienes se registraron para ejercer el derecho, correspondiendo al 61,92% de los que podían hacerlo. Por su parte, Obama fue reelecto en 2012 por el 66,66% de los inscriptos en el padrón electoral (dos tercios del total) que representan el 53,58 de los que contaban con la edad para hacerlo: en cada comicio de los últimos 40 años la ciudadanía dio forma a la tendencia que redujo su concurrencia a las urnas para avalar el sistema de escogencia presidencial indirecta de este ordenamiento electoral. En el caso de las millonarias campañas actuales, el 45% de los aportes fueron de 158 familias.

Para el próximo noviembre, con una población total de aproximadamente 325 millones, alrededor de 250 millones tendrían posibilidades de votar, se habrían inscripto unos 200 millones para hacerlo y –de mantenerse los guarismos de 2012- sufragarían posiblemente 133,5 millones, medio millón menos que en 2008. Según proyecciones, los votantes serán blancos en su mayoría -el 69%-, seguidos por negros y latinos, con 12% cada grupo, y esperan un 4% de asiáticos, dejando a suposiciones del público la calificación étnica del 3% restante.

Al observar las encuestas, la tradición y la realidad, los candidatos de los dos partidos de la derecha, Demócrata y Republicano, son sobre los que se centra la disputa electoral, al conseguir -cada uno- estimados en torno al 45% de los sufragios emitidos, y el resto serán votos en blanco y anulados, en tanto otros irán a agrupamientos poco significativos o para algún independiente. En este sentido es que debe acotarse la puja a la postulante demócrata Hillary Clinton –metodista, republicana hasta 1969- y el presbiteriano republicano Donald Trump.

De acuerdo con las mismas compulsas de opinión, los demócratas en general están conformes con su candidato –incluidos la mayoría que acompañó al declarado socialista Bernie Sanders (entendiendo que se trata de un socialdemócrata al estilo noreuropeo) que como precandidato ganó en 32% de los estados-. Entre los republicanos se observan deserciones, como la que se atribuye al clan Bush, e inconformidades, mientras encuentra apoyos de los supremacistas wasp –acrónimo en inglés de blanco, anglosajón y protestante-, que excluyen taxativamente a católicos, latinos, amerindios, negros, asiáticos y judíos.

Si nos atenemos al sentir elemental de rechazo a las posiciones sostenidas por Trump, del que destacan propuestas de levantar un muro que impida el paso de mexicanos y centroamericanos a EE.UU. -que los primeros deberían pagar por los 3 mil 152 km. de construcción- y que se opone a toda migración proveniente del este de Europa y Medio Oriente; teniendo en cuenta la inclinación mayoritaria de las minorías excluidas por el republicano, corresponderá entonces hacer algunas precisiones y aclaraciones sobre la candidata favorita.

Hay que recordar los tiempos de la señora Clinton como senadora, cuando tras el 11 de septiembre de 2001 apoyó a Bush en la anticonstitucional ley patriótica, en la acción militar en suelo afgano y continuó en la guerra contra Irak. Siendo secretaria de Estado de Obama (2009-2013), se mantuvo en primera línea durante la llamada Primavera Árabe y alentó la intervención de EE.UU. en Libia. Su actuación en relación con América Latina fue lamentable: en el caso de Honduras y el golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional, afirmó que el sucesor, Roberto Micheletti, y la Corte Suprema de ese país advertían que «(Manuel) Zelaya quería ser un Chávez o un Castro más» y «la región no necesitaba a otro dictador». «Elaboramos un plan para restablecer el orden en Honduras y asegurar unas elecciones libres y justas que podrían celebrarse rápida y legalmente”, escribió luego.

En cuanto al uso del término “dictador”, profusamente lo repitió para referirse al presidente constitucional venezolano Hugo Chávez, continuando prácticas imperialistas de Washington que llama «dictadores» a quienes no se someten a sus designios-: si Clinton es electa no va a operar variantes a esos conceptos. La campaña la exhibe defensora de minorías afroestadunidenses, mujeres y pobres, pero es –sobre todo- candidata del sector financiero, aliada de los conservadores y practicante de una idealidad que se enlista detrás de la primacía internacional de EE.UU, lo que está evidenciado en el TPP y el intento por segregar y aislar a Rusia y China.

Estos últimos días, antes de los tres debates televisivos que sostendrá con Trump, no han sido favorables para la candidata: arrastra criticadas acciones al tomar estado público infidelidades de su marido, y en momentos en que la FBI canceló las investigaciones sobre su uso imprudente de correos electrónicos en ocasión de que era secretaria de Estado, dos días ante de desmayarse en la conmemoración luctuosa del 11-S llamó a los eventuales votantes del republicano “cesta de deplorables”. En razón de ese conjunto, las encuestas del viernes 23 –a 46 días de las elecciones- indicaban «empate técnico», al tener ella ventaja inferior a 3%.

Sin embargo, Wall Street y los grandes medios de comunicación procuran que el público se decida por votarla. Por caso, The New York Times dice de Trump, el pasado día 7, que es “intolerante, racista, (y) psicópata”, al tiempo que colma de elogios a la señora, para 17 jornadas después declarar que está mejor calificada que el republicano y señalar que «El compromiso de toda su vida para la solución de problemas en el mundo real califica a Clinton para este trabajo (de presidenta) y el país debe ponerla a trabajar”, sumándole que «Nuestro respeto se basa en su intelecto, experiencia y coraje».

Si es presidenta su camino y procedimientos serán similares a los que Obama firmó, en su pasaje por Argentina, con Mauricio Macri: a continuación del Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones (TIFA) -en el país donde en 2005 se enterró el proyecto estadounidense del ALCA, comenzó a revivirlo con otro nombre-, llevar al Mercosur por la senda de integrarse con la Alianza del Pacífico, de ahí conectarlo con el TTP y frenar la incursión de capitales y tecnología china en Sudamérica.

El colombiano Juan Alberto Sánchez Marín acierta cuando define que se trata, sencillamente, de una cuestión “donde no está en mente algo bueno para los pueblos, sino algo conveniente para los afanes económicos, geopolíticos y geoestratégicos estadounidenses. Y en ese aspecto, tanto Clinton como Trump son dos esquinas de similares ópticas e intereses”.

About the author

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Deja un comentario