Nacionales Politica

Sujeto público y gobernabilidad autoritaria

Written by Debate Plural
Justicia-corrupta

Justicia-corrupta

Por: Odalís G. Pérez (Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo). 

El sujeto público dominicano se manifiesta en las diversas esferas de lo social como una paradoja, un implícito accional, pero sobre todo como un personaje proveniente de una dramaturgia política construida por una tecnopolítica trazada y orientada por narrativas contradictorias y circunstanciales.

La naturaleza de dicha narrativa constituye a su vez un conjunto de grado cero, cuya base es el núcleo de los movimientos incongruentes, justificados por un cuerpo armado de estrategias fallidas y asumidas sin ningún tipo de racionalidad que apoye coyunturas reales de producción y necesidad.  Los modos de construir lo político, participan de expresiones sostenidas por cardinales propias de un estado de excepción conformado por un andamiaje constitucional abstracto, sin “hueso” democrático que respalde una praxis ciudadana coherente.

De ahí la necesidad de la repetición, la conformación que favorece gobiernos de base totalitaria, dictatorial y que responden a dictámenes absorbentes y negadores de facultades democráticas, esto es, provenientes de un démos + kratósresponsivo que ha permanecido en una lucha contra la llamada razón de Estado.

La crítica de Boaventurade Sousa Santos, planteada en su obra Sociología Jurídica Crítica (2009), y en el Caleidoscopio de la justicia (2001), Crítica de la razón indolente (2000) y Descolonizar el saber: reinventar el poder (2010), se perfila desde una vertiente orientada a los derechos sociales del sujeto en la modernidad tardía, y que sobre todo insiste en construir procesos coherenciados por una ética de la resistencia y la presencia agenciadora de tranformaciones estructurales e ideológicas; su obra coloca el razonamiento lógico de los estados-movimientos, constituidos y presentificados, en la crisis del Estado tardomoderno,como un proyecto teórico-crítico marcado por la diferencia del saber abierto a los análisis periféricos y de centro.

Así pues, las respuestas políticas ofertadas en la República Dominicana por parte de una política fallida de la interpretación y por la misma praxis institucional y gubernamental, resultan dilatadas en el tiempo y el espacio de las nominaciones políticas, pero sobre todo tendentes a imponer las decisiones del conservadurismo latente y vigente en todos los organismos de la socialidad.  El mismo ejemplo que respalda salidas motivadas por una visión “evolucionista” del llamado statu quo vigente, anuncia los encadenamientos de undictum político basado en psudonormativas provenientes de un discurso jurídico-político que hace tiempo se ha convertido en un jeroglífico ideológico, tal y como también ha sucedido con la conocida corporación conocida como el Congreso Nacional de la República.

En efecto, la malla de manejos, operaciones, resoluciones, leyes aprobadas, beneficios y logros negociados por los partidos del sistema, constituye la más trágica farsa ofrecida a nuestra sociedad por actores representativos de los mismos partidos y actantes que orientan el “negocio” de la ley.  Lo que ha gobernado hasta el día de hoy ha sido el resultado de un manejo obstruyente de la democracia dominicana, instalada como el pelele de una comedia trágica donde la influencia surgente de una visión históricamente decadente se perfila como domesticación del sujeto oprimido.

La “clínica” surgente de lo político ensayada desde sus diversas cardinales accionales, ha logrado imponerse como “fuerza deliberativa” hecha ley de partido y gobierno; lo que le ha permitido a la actual tribu dominante reproducirse como solución autoritaria y estatal en el poder y prolongarse como “fábrica” dictatorial en el actual momento histórico-político dominicano.

Las líneas quebradas de la democracia y lo democrático se han extendido en un mapa aparente de “elección”, donde una clase políticamente poderosa, respaldada por una oligarquía y un empresariado reinante en todo el siglo XX y XXI dominicano, ha sido la mayor y más errática fuerza surgente después del fracaso y ruina del concepto de pueblo y nación que se exhibe en el momento actual de la práctica política, asumida como posicionamiento y des-ordenamiento político.

Es así como la llamada democracia regenteada por la institución estatal contaminada, cosificada por los mecanismos validantes y supremos de la ley y la constitución, obstruye las líneas, propósitos y acciones legales, libres y confirmativas de los sujetos políticos “amarrados” por la misma dictadura de un poder inorgánicamente popular alienado de sus propias razones y modos de existencia social.Ironía del sujeto público.Fracaso político de la democracia dominicana. Destrucción de la razón política dominicana. Perversidad de la historia dominicana.

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