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2016 ¿Continuará el terrorismo su cuenta sangrienta?

Written by Debate Plural
Lugar del atentado en Paris

Lugar del atentado en Paris

Debateplural.com, comparte con los lectores el interesante artículo de Luis Rivas, titulado «2016 ¿Continuará el terrorismo su cuenta sangrienta?», publicado en el portal Sputniknews.com, de fecha 24 de diciembre de 2015.

Tras el trágico 2015, para millones de ciudadanos en todo el mundo el terrorismo abre la lista de preocupaciones y miedos.

Una de las predicciones infalibles para el año 2016 es la seguridad de que el terrorismo golpeará de nuevo.

Entre 2013 y 2014 el aumento de víctimas mortales provocadas por este fenómeno se cifró en un 80 por ciento. Todavía los especialistas no han acabado de pasar a limpio las estadísticas para 2015, pero ya se puede afirmar que el impacto mediático del año consumido ha batido todos los récords.

Todos los estudios internacionales sobre terrorismo señalan que si se tiene en cuenta el número de víctimas, países como Irak, Siria, Nigeria, Pakistán y Afganistán siguen encabezando las estadísticas. Pero por distintas razones que merecen otro análisis, la repercusión mediática de esas acciones no es tan elevada como de las llevadas a cabo en Europa Occidental, Rusia o Estados Unidos.

Francia, corre la sangre

El año 2015 empezaba con un golpe terrorista en el corazón de París. Diez personas eran asesinadas a balazos en la redacción del semanario satírico francés «Charlie Hebdo». Los ciudadanos franceses sabían que su territorio formaba parte de los objetivos anunciados por el islamismo radical, pero la imaginación no llegaba al impacto del traqueteo de Kalashnikov en plena calle, seguido del grito «Alá Akbar».

Los dos atacantes filmados cuando asesinaban a sangre fría a un policía que yacía herido en el suelo, multiplicaba el efecto en todas las pantallas del planeta.

Tan solo 48 horas más tarde cuatro ciudadanos que hacían la compra en una tienda de productos judíos, además de una policía municipal asesinada la víspera,  perderían la vida a manos de otro terrorista, coordinado con los asesinos de Charlie Hebdo.

Los dos atacantes filmados cuando asesinaban a sangre fría a un policía que yacía herido en el suelo, multiplicaba el efecto en todas las pantallas del planeta.

Tan solo 48 horas más tarde cuatro ciudadanos que hacían la compra en una tienda de productos judíos, además de una policía municipal asesinada la víspera,  perderían la vida a manos de otro terrorista, coordinado con los asesinos de Charlie Hebdo.

París bien vale una foto

La indignación mundial quedó escenificada en el breve desfile de autoridades internacionales por una calle de París, en solidaridad con las víctimas y con el gobierno de François Hollande. Nada semejante se había visto en otros escenarios del terror, ni en Estados Unidos ni en otros puntos de Europa. Por supuesto, mucho menos en Oriente Medio, Asia o África.

Para Francia era el primero de una serie de actos terroristas que iban a jalonar el año: el 19 de abril, un joven argelino asesinaba a una mujer para robarle el automóvil. En el forcejeo, el asesino se disparó fortuitamente en su propia pierna. Fue detenido en el hospital, después de comprobarse que pretendía atentar contra dos iglesias.

Cuando el país se preparaba para iniciar sus vacaciones de verano, en una localidad cercana a la ciudad de Lyon un individuo pretendió explosionar una fábrica de productos industriales. Antes de lanzar su vehículo contra unas bombonas de gas, había decapitado a su jefe y dejado la cabeza en la verja del recinto.

El 26 de agosto la intervención de dos norteamericanos y un británico impidió que un ciudadano marroquí descargara su Kalashnikov sobre los pasajeros del tren Thalys, que une Ámsterdam y París.

Las autoridades francesas clamaban haber neutralizado otros intentos de atentado para responder a las críticas sobre los fallos de inteligencia nacional.

Lo peor estaba por llegar 

El 13 de noviembre los yihadistas perpetraron el mayor golpe de año en territorio de la Europa Occidental. 130 personas asesinadas en una noche en varios ataques simultáneos. Daesh, autodenominado Estado Islámico, proscrito en Rusia y otros países, asumía el atentado, como castigo a una ciudad que para ellos representa el centro de la depravación. La fiesta, la música, el disfrute de los placeres entre personas de diferentes creencias, razas, edades y sexos, la tolerancia y, en definitiva, la libertad, todo lo que simboliza París, fue el objetivo de la matanza.

En una repetición a pequeña escala de los atentados de enero en París, la capital de Dinamarca, Copenhague, vivió dos ataques el 14 de febrero. Un debate sobre la libertad de expresión y una sinagoga fueron los blancos del terrorista, que murió abatido por la policía.

África musulmana: asesinar la economía

Para el salafismo radical y sus militantes armados la elección de las víctimas está perfectamente estudiada. Túnez, el único país de la zona donde la llamada «primavera árabe» desemboca en una joven democracia y en un ejemplo de tolerancia para sus vecinos, vivió el peor año desde su independencia.

Los tunecinos lograron vencer en las urnas a los supuestos «islamistas moderados», que les habían sumido en la crisis económica y la polarización social. Pero esa democracia incipiente no es solo un mal ejemplo para el resto de los regímenes árabo-musulmanes; para Daesh es una herejía.

El Museo del Bardo es uno de los principales centros de interés de los visitantes extranjeros que aterrizan en la capital tunecina. El 18 de marzo, varios hombres armados irrumpieron en sus salas y asesinaron a una veintena de turistas.

El 26 de junio, un joven de 23 años, estudiante de informática y ex animador de turismo, descargó su AK contra los extranjeros que tomaban el sol en una de las playas de Susa, asesinando a 38 de ellos.

El 27 de noviembre un kamikaze acabó con la vida de 12 miembros de la seguridad nacional que circulaban en autobús.

El turismo es también el blanco de los terroristas en Egipto, otro país que ha escapado al caos de los islamistas «moderados», en este caso a través de un golpe militar. Los terroristas del EI, que ya habían perpetrado varios ataques en ese país, se responsabilizaron del peor atentado que ha vivido Egipto en los últimos tiempos.

El 31 de octubre, el vuelo 9278 Metrojet de Sharm el Sheikh a San Petersburgo se desintegraba sobre la península del Sinaí. Las 224 personas que viajaban en el avión perecieron en el atentado. Para Daesh era un doble golpe: dejar a Egipto sin el turismo ruso y castigar a Rusia.

Los portavoces del grupo terrorista prohibido en Rusia afirmaron vengar así la acción militar ordenada por el Kremlin contra los islamistas en Siria.

También el África subsahariana fue castigada brutalmente por el terrorismo. Las cifras de víctimas de Boko Haram en Nigeria, de otras filiales del EI en Kenia o en Somalia son más escandalosas y reiteradas que las que se producen en cualquier país occidental.

Turquía, un vecino bajo sospecha

Dos países limítrofes a Siria, Líbano y Turquía, sintieron los estragos del terrorismo en 2015. Uno de los barrios chiíes de Beirut, Bourj el Barajne, perdió el 13 de noviembre a más de 40 de sus vecinos, víctimas de dos terroristas suicidas. Era el castigo indirecto del EI a Irán, la potencia chií de la zona, aliada con el régimen sirio de Bashar Asad.

Ankara, la capital turca también sufrió en 2015 el peor atentado de su historia. El 11 de octubre, una manifestación por la paz fue el objetivo de los terroristas, que acabaron con la vida de casi 100 personas. Sin embargo, no queda tan clara la autoría de este atentado, igual que la del atentado de julio en la ciudad fronteriza de Suruc, que cercenó la vida a 30 jóvenes kurdos.

Para el régimen de Recep Tayip Erdogan los ataques son responsabilidad de EI. Los líderes kurdos locales insisten en señalar que «el gobierno tiene las manos manchadas de sangre». La ambigüedad del régimen de Erdogan en su actitud hacia el EI, su hostilidad hacia Asad y la reanudación de la guerra interna contra el brazo armado de la minoría kurda dejan en un oscuro limbo la responsabilidad de esas matanzas.

México, ¿en la lista negra del EI?

La guerra terrorista desatada por Daesh puede llegar a América Latina. El EI ha incluido a México en la lista de 60 países susceptibles de ser atacados. La razón parece ser un documento hecho público por el gobierno norteamericano y que menciona a todos los países que, de una forma u otra, participan en la coalición internacional contra el grupo terrorista.

Esa amenaza mundial, que puede concretarse en ataques desde Bangkok, a San Bernardino, en California, pasando por toda Europa y África, ha provocado una reacción internacional dubitativa y —hasta el momento- poco eficaz sobre el terreno militar.

Frente común 

Daesh obliga a las potencias mundiales a modificar su política exterior, a aumentar sus gastos de defensa e inteligencia, a reducir en algunos casos las libertades de las que los terroristas se valen para burlar a sus víctimas…

La entrada de Rusia en el conflicto armado acelera la implicación de otros gobiernos y obliga a coordinar los ataques contra el EI. Pero las desavenencias sobre el futuro del régimen sirio dificultan la cooperación entre Washington, París y Moscú. También el apoyo de algunos países a grupos de oposición a Asad, considerados como «islamistas moderados», impide una colaboración militar más eficaz.

La última iniciativa diplomático-militar vino de una coalición de países musulmanes, decididos a combatir al EI. Ese grupo, liderado por Arabia Saudí, aparece a los ojos de sus críticos como una simple maniobra de Riad para frenar las críticas no solo a su nula implicación en el combate al oscurantismo de los terroristas, sino incluso a las acusaciones de connivencia con ellos.

También en Europa algunas hay fuerzas políticas que siguen oponiéndose a la implicación militar de sus países en la guerra contra Daesh. No quieren ver a sus soldados volviendo en ataúdes. La guerra no es en su suelo. Bajo el barniz del pacifismo pretenden ganar adhesiones políticas a nivel nacional.

En el fondo, consideran que la vida de sus compatriotas es más valiosa que la de las mujeres esclavizadas y violadas, la de los niños torturados y la de todos las personas que mueren cada día en Siria, Irak o en los países limítrofes a las zonas del conflicto. Y, para colmo, se definen como internacionalistas y solidarios.

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