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México y Bolivia: hermandad y solidaridad

Escrito por Debate Plural

Adalberto Santana (teleSur, 25-3-21)

 

Entre los pueblos y gobiernos de nuestra América la solidaridad es y debe ser un rasgo permanente de su hermandad. Sobretodo si se considera que tienen una historia general común y un futuro que construirán colectivamente para un mutuo beneficio en un contexto de paz, protección de los derechos humanos y justicia social para el bien de todos. Tal planteamiento consideramos que se han refrendado con la visita a México del presidente boliviano, Luis Arce Cotacora, entre el 23 y 25 de abril del 2021. Enmarcadas en los 190 años de sus relaciones de fraternidad.

En el Estado Plurinacional de Bolivia en las últimos décadas ha estado en el centro sus grandes logros sociales, económicos, políticos y culturales. Durante el gobierno del presidente Evo Morales Ayma (22 de enero de 2006 al 10 de noviembre de 2019), los niveles de pobreza extrema se redujeron drásticamente. A la vez durante su gestión se desarrolló en el mismo año de su ascenso al poder, la nacionalización de la industria petrolera. Es decir, de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). En ese contexto recordemos que el actual presidente boliviano, fue Ministro de Economía y Finanzas Públicas durante la gestión de gobierno del presidente Morales Ayma, logrando el llamado “milagro boliviano”.

Situación en el que la economía del país andino alcanzó un crecimiento inédito en la región latinoamericana y caribeña con un Producto Interno Bruto (PIB) del 6.8%. Lo cual comparativamente con la economía mexicana que es la segunda más grande de la región, durante los gobiernos neoliberales, especialmente en 2013 tuvo un pobre crecimiento del 1.4%. Paralelamente en esa gestión progresista boliviana, se logró reducir la población en condiciones de pobreza de un 38,2% a un 15,2% según el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). De igual forma desde 2009 la economía boliviana vio reducida su inflación a 1,51%.

Sin embargo, también el Estado Plurinacional de Bolivia, (que en la época de Evo Morales pugnó por su derecho al mar cuando perdió en 1883 su litoral en la llamada Guerra del Pacífico frente a los intereses del gobierno chileno), ha estado ubicado en los últimos tiempos en el ojo del huracán. Particularmente por las imposiciones dictatoriales de los sectores conservadores que se han opuesto al avance de los grandes grupos sociales del país andino. Segmentos políticos y sociales de la derecha que llevaron a ocupar la presidencia de facto a la senadora Jeanine Añez. Triste papel que desempeño al destruir la economía y los grandes logros sociales que finalmente para su desgracia, ahora paga los platos rotos de los sectores golpistas detenida por terrorismo, sedición y conspiración en las cárceles bolivianas.

La imposición del gobierno de facto que establecieron los sectores ultraderechistas a partir de noviembre 2019, finalmente culminó con el arrollador triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) el 18 de octubre de 2020 y con el ascenso a la presidencia del candidato masista el 8 de noviembre de ese año, Luis Arce Cotacora. Elección donde el MAS alcanzó una votación que sumó el 55.11% del electorado. Lo que expresó la democracia participativa del grueso del pueblo boliviano en el proceso electoral de su país. Pensemos que el MAS, como lo apunta Rafael Archondo: “Lo que tenemos es un partido inmenso que ocupa casi todo el centro y gran parte de la izquierda. Lo que queda fuera de su irradiación ideológica es un grupo reducido de derecha y otro, aún más pequeño, de ultraizquierda. En un solo haz, el partido de gobierno abarca el sentimiento nacionalista, la corriente proindígena que lo complementa y los ideales de un nuevo orden que promete prosperidad a partir de la edificación de un Estado redistribuidor” (https://nuso.org/articulo/la-ruta-de-evo-morales/).

Así, la visita a México del mandatario boliviano por invitación del presidente Andrés Manuel López Obrador, refrendó la solidaridad mexicana y latinoamericanista del gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T). De ahí que política exterior independiente y soberana, se refrendó desde el golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, cuando el mandatario mexicano envío un avión a suelo boliviano para rescatarlo a él y a otros miembros de su gobierno y evitar así un magnicidio. Recordemos que el mismo presidente Arce Cotacora, tras el golpe de Estado en Bolivia, fue exiliado y refugiado político en México. Estos hechos políticos sin duda muestran la fortaleza de fuertes lazos y convergencias políticas e ideológicas de sus gobiernos. De ahí que en la declaración Conjunta de los Estados Unidos Mexicanos y el Estado Plurinacional de Bolivia se pronunciaron entre otros puntos para que la “Secretaría General de la OEA se limite a actuar dentro de su propio marco institucional y a abstenerse de intervenir en los asuntos internos de los Estados miembros. México exhortó a la OEA a respetar la voluntad del pueblo boliviano y la democracia.

Ambos países coincidieron en no tolerar injerencias en asuntos internos de los países”. Asimismo en el marco regional: “Reafirmaron su compromiso por continuar el fortalecimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), como actor crucial para fomentar la concertación política y la integración regional. Respaldaron, asimismo, la ejecución del Plan de Trabajo que estableció la Presidencia Pro Témpore de México para el 2021; en particular, para buscar esquemas de cooperación regional para luchar contra COVID-19, promover el acceso equitativo y universal de vacunas y favorecer la reactivación económica pospandemia”.  De esa manera, la visita a México del mandatario boliviano, puso de relieve la unidad de esos dos pueblos y gobiernos latinoamericanos que avanzan haciendo de nuestra región una comunidad cada vez más hermanada y solidaria en el rumbo de la justicia social y la democracia participativa.

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