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¿Genocidio uyghur o propaganda contra China? Las preguntas que surgen sobre el ‘conflicto’

Escrito por Debate Plural

Alberto Rodríguez García (CTXT, 16-3-21)

 

Una de las claves más básicas de la propaganda es la de los mensajes grandilocuentes para, si no convencer, plantar la semilla de una idea en la mente del receptor. A nadie hoy día se le ocurriría hablar de genocidio porque un país apueste por políticas jacobinas o declare la guerra a ciertas ideas, como Francia contra el ‘separatismo islámico’. Con China sin embargo, cualquier matiz vale para utilizar contra el país calificativos exagerados y términos pomposos que suenen agresivos o al menos estén llenos de connotaciones negativas. China es el nuevo enemigo y, por tanto, hablar de genocidio es legítimo, porque claro, ¿quién puede tener buenos ojos para asociarse a un Estado genocida? Y la excusa, en este caso, son los uyghures.

Antes de nada hay que hacer un brevísimo resumen de quiénes son los uyghures. Se trata de una etnia de origen túrquico originaria de la región china de Xinjiang, concretamente en lo que hoy se llama Región Autónoma Uyghur. Por su origen son musulmanes y cuentan tanto con lengua propia como con signos propios. Sin embargo, la región de Xinjiang no siempre ha sido pacífica, y es que ha sufrido atentados terroristas bastante violentos. Aquí es donde entra en escena uno de los principales actores que se tiende a olvidar en la narrativa de ‘China contra los uyghures’: el Partido Islámico del Turquestán (PIT).

Pero ¿por qué es tan importante hablar del Partido Islámico del Turquestán? Pues porque los uyghures, lejos de ser una etnia desprotegida organizada únicamente en agrupaciones pacíficas –porque en Xinjiang, de haber un conflicto, este dista mucho de ser uno en el que la violencia es unilateral–, cuentan con el PIT; una agrupación yihadista tremendamente extremista, responsable de atentados terroristas –que se podrían contar por cientos–, afiliada a al-Qaeda, con experiencia en guerras como la de Afganistán que ha ganado especial notoriedad en Siria; donde llevan combatiendo desde el principio y donde han establecido incluso campamentos de niños soldado adoctrinados para continuar la yihad tanto en Siria como en China. A esto hay que sumarle que la ambición de este partido, y parte de la comunidad uyghur, no es la de irse lejos de casa a hacer la yihad, sino independizarse y crear un Estado islámico propio.

Una de las claves para la propaganda son los mensajes básicos y grandilocuentes

La problemática del integrismo y del separatismo conduce inevitablemente a dos preguntas: ¿tiene China derecho a defender su integridad territorial? ¿Cómo gestionan problemas de este tipo otros países? Visto de esta manera, puede defenderse o condenarse el proceder chino, pero desde luego, no es un proceder distinto del de otros países de los que más de uno tiene la soberbia de calificar como mundo democrático. De hecho, tomar medidas contra un grupo o un determinado sector que amenaza la estabilidad nacional no es un proceder distinto al de por ejemplo España, que no olvidemos, ya en democracia para una problemática similar actuó de manera mucho más sucia armando y dando carta blanca a los GAL; que en esencia eran terrorismo de Estado. Y desde entonces tampoco nadie ha sido tan exagerado de plantear un ‘genocidio vasco’. ¿Por qué con China sí? Sencillo, volvamos al principio: una de las claves para la propaganda son los mensajes básicos y grandilocuentes.

El genocidio por definición es un acto perpetrado con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, y atendiendo a los datos, China combate un problema muy particular, que son el separatismo y el integrismo. Curioso es, de hecho, que para estar habiendo un genocidio, la población uyghur en Xinjiang ha aumentado en la última década, y las políticas de Pekín, han aportado estabilidad y seguridad a la región. Sí, se puede criticar que China apueste por un aumento de la población Han en la Región Autónoma Uyghur o mayor represión contra un grupo muy concreto de musulmanes, pero eso ni es genocidio ni es algo ajeno a la lógica de otros países a los que ni siquiera se les llama la atención.

Tomando los datos del gobierno chino, entre 2010 y 2018 la población uyghur de Xinjiang creció de 10 millones a 12,7 millones; aumentando en porcentaje más que el total de la región y que el resto de las minorías que habitan en un territorio de casi 25 millones (para tener un poco de perspectiva, la población uyghur creció un 25% mientras que la población total aumentó un 14% y la Han un 2%). Y sí, es un ejercicio de fe creer en la información del Estado chino, que es el primer interesado en refutar la narrativa del genocidio, pero es que del otro lado, nadie ha aportado un dato [ya ni siquiera inventado] que refute lo anterior. Porque lo que se sabe de la aplicación de métodos anticonceptivos como la introducción de un DIU, lejos de ser políticas de genocidio, son políticas que se han aplicado durante años en toda China; mucho más estrictas para con los Han que para con las minorías.

La narrativa del genocidio, a falta de argumentos sólidos más allá de un discurso emotivo sin respaldo alguno, siempre va acompañada de los archiconocidos campos de re-educación, des-radicalización, centros de formación o como cada narrativa quiera calificarlos. Unos centros tan secretos, según algunos investigadores, que China ni siquiera se esfuerza en ocultar. Sin embargo, si bien un centro de re-educación y trabajo no es ajeno a ningún sistema socialista de los que se nutre China, debemos dejar de ver la paja en el ojo ajeno teniendo una viga en el propio, porque otra vez volviendo a Europa, también existen programas de re-educación y des-radicalización para yihadistas.

Sin pruebas a favor de esta narrativa del genocidio más allá de datos descontextualizados y a veces tergiversados es una pérdida de tiempo enfrascarse en discusiones

Es cierto que, al menos en el caso español, estos programas rozan el ridículo porque han fracasado y siguen fracasando, pero ello no los hace más distintos del trasfondo que tienen en común con los centros chinos, lógicamente más estrictos también por un componente cultural que afecta al resto de regiones y etnias, incluyendo la mayoritaria. Pero es que además es importante recordar que el Partido Islámico del Turquestán, que se nutre de parte de la población y tiene unas ideas que no les son ajenas a muchos conservadores, cuenta con veteranos de guerra y ‘cachorros’ radicalizados prácticamente desde antes de aprender a andar. Algo, además, que ellos mismos muestran orgullosos en su propaganda desde Siria. Es decir: la problemática de tener que lidiar con un grupo terrorista dentro del propio territorio, es muy real.

El PIT es un partido que lejos de estar aislado de otras organizaciones yihadistas, tiene relativa facilidad para moverse, ya que desde Xinjiang se puede pasar directamente a Afganistán y Cachemira/Pakistán; conocidos feudos grupos terroristas takfiríes. Para más dramatismo, desde Washington primero hablaban de algunos, luego de miles y después de millones de uyghures en campos de concentración. La cifra, sin duda, es demasiado grande como para que solo se reprima a radicales o miembros y simpatizantes del Partido Islámico del Turquestán, pero claro, ¿de dónde sale la cifra? ¿cómo hoy, con imágenes satélite de máxima resolución, se pueden ocultar campos de concentración tan grandes? Estamos hablando de una población de reclusos mayor que la de muchas ciudades, y que supone un porcentaje exagerado respecto al número de habitantes que tiene la Región Autónoma Uyghur. La lógica lleva a pensar que tanta grandilocuencia no es más que propaganda. Porque como la propaganda, es una información sin respaldo alguno.

Aun siendo cándido uno y creyendo todo lo que se cuenta sin aplicar la más mínima lógica, nunca se responde a la última gran incógnita: ¿por qué? Si de acuerdo a la ONU China respeta y enseña las lenguas y expresiones culturales de las minorías en sus regiones, si atendiendo a la libertad religiosa en China hay musulmanes uyghures, hui, kazajos, uzbekos, tayikos; si de acuerdo a los censos la población uyghur de Xinjiang está aumentando, ¿por qué llevar a cabo un genocidio contra los uyghures? Sin pruebas a favor de esta narrativa del genocidio más allá de datos descontextualizados y a veces tergiversados es una pérdida de tiempo enfrascarse en discusiones; que el lector simplemente utilice su sentido común y saque sus propias conclusiones.

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