La enseñanza virtual no garantiza per se la calidad de la educación

El país ha vivido por décadas una sempiterna crisis de la calidad de la educación.
En esencia el problema central de la educación dominicana es de calidad.

Ese agudo problema de una educación tan pobre en calidad se advierte en el hecho de la ausencia de un pensamiento crítico en la inmensa mayoría de nuestros profesionales: licenciados, magíster y hasta en profesionales con doctorado o con PhD.

¡Es muy lamentable y pesaroso que brille por su ausencia el razonamiento crítico en la cosmovisión pública! ¡El país carece de una verdadera masa crítica en la sociedad!

Con la problematización que la pandemia ha causado en la vida de los humanos, es decir, con las heridas tan profundas, aparte de las muertes que ha generado, que ha abierto en las sociedades se ha complicado muchísimo el problema de la calidad en la educación, sobre todo, en nuestro país.

El presente y el futuro de una sociedad están cifrados en la educación: ese presente y ese futuro van a ser de calidad si la educación es una educación de calidad.

La educación no es solo formación e información de los seres humanos sino que es también socialización.
En las estructuras de producción y de intercambio están los entramados y los hilos para una socialización sostenida y progresiva.

La educación tiene la delicada misión de hacer consciente o darle conciencia (o contenido consciente) a ese proceso de socialización de los seres humanos en la sociedad.

La misma existencia de la sociedad no puede ser posible al margen de la socialización como proceso necesario e insoslayable en el que participan todos los seres humanos, hasta los ermitaños.

La pandemia en sí lacera profundamente en el mismo corazón ese proceso de socialización.
La era digital que vive el mundo es una expresión del desarrollo de la ciencia y de la tecnología. Y ocurre que ese desarrollo de la ciencia y de la tecnología se ha concentrado en los países altamente industrializados y desarrollados.

La brecha digital que hay en el mundo es una brecha muy acentuada entre naciones ricas y naciones pobres.
Las naciones pobres están integradas marginalmente a la era digital.

Y esa brecha digital no se da solo entre naciones, sino al interior de las naciones, siendo más profunda esa brecha entre los miembros o habitantes de una nación pobre.

Como expresión de esa brecha digital en la República Dominicana hay un problema muy serio con la conectividad.
El problema de pobreza general y de pobreza extrema es muy agudo en la zona rural, en los pueblos del interior y en los barrios de la Capital.

La verdad monda y lironda es que la inmensa mayoría de los hogares en la zona rural, en los pueblos del interior y en los barrios de la Capital no tienen internet ni poseen las herramientas de la tecnología moderna porque no tienen capacidad de compra para intervenir o participar en el mercado.

En un contexto territorial y social así no hay manera de que tenga éxito o prospere la enseñanza virtual.
Estos problemas estructurales muestran las llagas, es decir, las pobrezas y miserias de la enseñanza virtual en nuestro país no solo a nivel del sistema educativo nacional sino también de las universidades.

Como se ve, no hay condiciones materiales para una enseñanza virtual efectiva pero mucho menos para una enseñanza virtual de calidad.

Y el problema de la calidad de la educación se complica aún más cuando se incorporan a la televisión y a la radio en ese proceso de enseñanza.

La mayoría de los padres no tienen la formación ni el tiempo para hacer un rol de auxiliares efectivos en ese proceso de enseñanza-aprendizaje por radio y televisión.

Lo cierto es que los padres tienen forzosamente que trabajar para ganarse el sustento diario de sus familias y de sus hogares.

Pero además el proceso enseñanza-aprendizaje requiere de un necesario proceso de retroalimentación permanente o continuo entre el maestro y los alumnos que no se está dando ni puede darse a través de la televisión y de la radio ni de la enseñanza virtual.

Se ha preñado de riqueza a empresas televisivas y radiales y del ramo de las telecomunicaciones, cuando muy bien puede usarse el capital instalado en infraestructuras, entiéndase escuelas y liceos, que tiene el Estado dominicano, vía el Ministerio de Educación, en todo el territorio nacional.

No obstante los esfuerzos que se han hecho desde el gobierno, lo cierto es que no hay manera de garantizar una enseñanza de calidad o una educación de calidad en medio de esta pandemia, dadas las pobrezas y miserias que tenemos en términos estructurales.

Es lamentable decirlo pero son solo dos o tres colegios de altísima calidad que hay en la Capital los que están haciendo “proezas o magias” con la educación virtual desde el mes de agosto de este año. Esos colegios privados son de clase alta y clase media alta.

Esos dos o tres colegios de altísima calidad dan cuenta de la gran brecha que hay en el sistema educativo nacional y en la sociedad dominicana en general.

Abogamos por una educación de calidad a todos los niveles y para todos los dominicanos por lo que hay que contemplar el retorno a la enseñanza presencial o semi-presencial observando rigurosamente el protocolo sanitario: el uso de la mascarilla, el distanciamiento físico y la desinfección permanente de las áreas físicas.

Queremos una educación de calidad, no una educación adocenada, secuestrada y castrada; por consiguiente, queremos una educación que asuma de manera permanente los valores de la criticidad y de la creatividad, de manera que los educandos puedan visualizar, reflexionar y asumir con sentido crítico todos los problemas de la sociedad y del mundo y que en esa misma medida participen de manera creadora en la solución colectiva e individual de los mismos.

La idea planteada en el párrafo anterior da cuenta de una reiteración de nuestro pensamiento: hemos cuestionado siempre las miserias y pobrezas que hay en el orden actual de la educación dominicana.

Y estos desafíos de la necesidad de una educación de calidad y crítica tenemos que asumirlos con más razón en medio de la pandemia y de su endiablada o demonizada ferocidad. En otras palabras, no debe haber dobleces o ablandamientos de la educación de calidad y crítica en medio de la pandemia.

En el estricto campo de una educación de calidad y crítica tenemos que ganarle la guerra a la pandemia: la ciencia y el conocimiento en general no deben doblegarse ante el Coronavirus!

Acerca del autor

Victor Manuel Peña

Economista y Abogado, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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