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La OTAN no quiere un Trump II

Escrito por Debate Plural

Nazanín Armanian (Público, 5-11-20)

 

La táctica del Pentágono y la OTAN ha sido ignorar a su comandante-presidente: no ha cumplido con sus órdenes de retirar a los soldados de Siria, Iraq, Afganistán, entre otros países ocupados; es más, los generales de EE.UU. han barajado un golpe de Estado para derrocarle.

Para empezar, hay que distinguir entre el negocio de las armas y el negocio de la guerra. El primero puede limitarse, aunque durante un tiempo, a aumentar el stock de los comparadores, mientras el segundo también requiere invadir naciones enteras, destruir millones de vidas y apoderarse de sus recursos. Y es una realidad que el magnate convertido en presidente Donald Trump, comparando con sus antecesores, ha sido reacio a conflictos bélicos. Los lobbies árabes y proisraelíes, por ejemplo, invirtieron cantidades astronómicas en su campaña electoral del 2016 a cambio de que destruyera Irán: Sheldon Adelson, el millonario proisraelí y patrocinador de Trump, llegó a pedir el bombardeo de Teherán con armas nucleares. Incluso durante el «atentado contra Aramco» en Arabia Saudí, el derribo de un dron estadounidense en el Golfo Persico por Irán o la destrucción del avión comercial  ucraniano, Trump se negó a declarar la guerra a los iraníes.

Y este presidente no es una excepción en las filas del Partido Republicano, que fue aislacionista en la política exterior hasta la administración G.W. Bush, quien organizó la agresión militar a Iraq y la ocupación del Golfo Pérsico en 1991 para celebrar el fin de la Unión Soviética, declarando el Nuevo Orden Mundial. Las grandes guerras de EE.UU., como la de Corea y Vietnam, fueron iniciadas por los presidentes demócratas. El «American First» de Donald Trump, en parte, es el regreso a esta doctrina (sin que signifique desvivir por atender los problemas domésticos), y en parte significa «Trump First»: dio prioridad a sus propios beneficios electorales sobre los intereses de EE.UU. con este país, extorsionándole.

Sin embargo, el complejo industrial-militar tiene vida propia, y su «Triángulo de hierro», -el Pentágono, el Congreso y el Gobierno-, y numerosas empresas contratistas y decenas de miles de mercenarios a su servicio-, con o sin guerras, ha ido exigiendo a las autoridades ingentes sumas de dólares para dejarles en paz. Su poder es de tal magnitud que Dwight Eisenhower advirtió en 1961 de sus injerencias en la política; Trump es el segundo presidente de EEUU que se ha atrevido al menos mencionar esta mafia. Como respuesta, ese poder ha impedido que el presidente retirase las tropas estadounidenses de Siria, Afganistán e Iraq. «Los altos mandos del Pentágono probablemente no [me quieran], porque ellos solamente quieren librar guerras para hacer felices a todas esas maravillosas compañías que fabrican bombas y aviones».

Aun así, Trump, un multimillonario showman de telebasura que ha pagado para ser presidente, también ha pasado por el aro:

En el presupuesto del 2020, el Congreso (de mayoría demócrata) destinó 738.000 millones de dólares al pentágono, que va a retomar la creación de la Fuerza Espacial y reorganizar la Guerra de la Galaxias con armas nucleares; otros 323. 000 millones de dólares a la compañía Lockheed Martin para fabricar 2.443 aviones F-35, y por si fuera poco, las 16 agencias de inteligencia recibieron 70.000 millones, el Departamento de Seguridad Nacional otros 70.000 millones, la sección militar del Departamento de Energía otros 30.000 millones, y la Organización de Veteranos 200.000 millones. Y la guinda de su mandato ha sido haber colocado las armas nucleares en el centro de los escenarios bélicos: Para empezar, rompió el acuerdo nuclear con Irán y salió del Tratado de las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987 con Rusia a pesar de sus graves consecuencias; luego equipó a los submarinos de EE.UU. con una nueva ojiva nuclear de «bajo rendimiento», la primera nueva arma nuclear en décadas y concedió a la Fuerza Aérea un contrato de 13.000 millones de dólares para reemplazar a los 400 misiles balísticos intercontinentales. El Madman de EEUU cree que las armas de destrucción masiva existentes en la Tierra no son suficientes para destruir el universo: Para el año fiscal del 2021, Trump ha solicitado 46.000 millones de dólares para dichos programas.

Los motivos del enfado de la OTAN

«Si la Unión Soviética se hundiera mañana bajo las aguas del océano, el complejo industrial-militar estadounidense tendría que seguir existiendo, sin cambios sustanciales, hasta que inventáramos algún otro adversario«, alertó el artífice de la «Doctrina de la contención» de la Guerra Fría George F. Kennan (1904-2005). Dicho y hecho: fabricó el «terrorismo yihadista universal» justo después de la desintegración del Pacto de Varsovia para seguir con el negocio de guerra, que incluye también disponer lugares como Afganistán, Yugoslavia e Iraq para deshacerse de las armas viejas y probar las nuevas, traficar con la droga (como un sueldo extra), con las personas, -sobre todo las mujeres, niños y niñas en las mega empresas de prostitución-, y también con órganos. La guerra contra Yemen, por ejemplo, ha conseguido sus objetivos políticos, pero continúa porque es un negocio redondo.

Donald Trump, un hombre simple, tiene razón cuando cuestiona la razón de ser de la OTAN hoy en día. Pero, él no comprende una cuestión clave: que con el fin de la URSS ganó el capitalismo (¡por ahora!) que no EE.UU., que a causa de su avaricia en  devorar los espacios exsoviéticos en diez años – el tiempo que se convirtió en la única superpotencia del mundo-, empezó a hundirse con el ascenso de China, el regreso de Rusia y la aparición de «estados emergentes».

Ante la avalancha de críticas por sus comentarios negativos sobre la Alianza Atlántica, el presidente pasó de llamarla «obsoleta»  decir que pretende «hacer más grande a la OTAN» exigiendo a los aliados pagar a EE.UU. por su protección. Luego, pensó sacar a EE.UU. de la organización (cosa que no podrá hacer al necesitar la aprobación del Congreso) a expulsar a los socios que no pagan como si fuera un club de fútbol. Según John Bolton esta pretensión de Trump solo se debe a que quiere hacer algo sonoro, lo que fuese, para entrar en la historia.

Lo que inquieta a la OTAN no es sólo que el actual presidente de EE.UU. se distinga de sus antecesores por convertir las relaciones entre los Estados, en un asunto personal incluso familiar (¿qué hacen su hija y su yerno en las cumbres internacionales?), sino que actúa como un vulgar y mediocre cacique, y que no como el jefe del Estado que presume de ser el guía de la civilización humana: utiliza «el cortejo y la amenaza» en sus relaciones con  los jefes de estados en vez de atenerse a los tratados y protocolos internacionales: llamó al líder de Corea del Norte «gordo y bajito» para decir luego que Kim «es muy talentoso y muy buen negociador», o de alabar la familia real saudí a amenazar a su monarca que sería derrocado en dos semanas si no bajaba el precio del petróleo.

En una división de trabajo, Europa ha puesto su influencia, dinero, personal, y se autodenomina «la comunidad internacional»  cuando hace falta dar legitimidad a los ataques de EE.UU. Sería de los desagradecidos no apreciar la contribución europea en las conquistas que han llevado la bandera de «barras y estrellas».  También es cierto que, sin EE.UU., las tropas europeas no podrán durar ni un minuto en Afganistán –El Dorado de Asia central-, o en Siria.

Pero, a los aliados europeos de la OTAN les preocupa que Trump:

  • Insulte y ningunee a los dirigentes de países aliados: llamó «estúpida» a Angela Merkel, y a su país un «delincuente» que debe miles de millones de dólares a EE.UU. Aunque en realidad, su odio hacia la canciller alemana se deba a los celos: los principales medios de Occidente, como The New York Times, la consideran la nueva líder de este espacio geográfico como si aquel hombre ruidoso no existiera.
  • Que amenace con desmantelar la amplia red de bases militares que EE.UU. ha creado durante décadas por el mundo: reducir el número de soldados estadounidenses estacionados en Alemania de 34.000 a 25.000 es un golpe a la capacidad de ataque de la OTAN a los países de oriente Próximo y Africa. De hecho, este país alberga el Comando Europeo (EUCOM) y el africano (AFRICOM), y no están allí para proteger a los germanos de algún hombre armado con un cuchillo, sino para lanzar toneladas de bombas sobre otras naciones, a beneficio de EE.UU.
  • Tenga una mirada positiva hacia Rusia y el presidente Putin; pues la Alianza nació para luchar contra un rival de tamaño y peso de este país, antes socialista y ahora en la órbita del capitalismo, siendo un poderos rival. Trump pidió a los G7 la readmisión de Rusia, expulsada por la cuestión de Crimea, rechazó la afirmación del Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, de que el opositor ruso Alexei Navalny había sido víctima de un atentado del gobierno de Putin: No he visto ninguna prueba al respecto, le desautorizó Trump.
  • Haya generado incertidumbre y caos político y militar en el seno de la Alianza: ha impuesto aranceles no solo al rival chino sino también a los aliados como Canadá y la Unión Europea.
  • El unilateralismo de Trump en caso de Irán, por ejemplo, perjudica a Francia que cuenta con Teherán para contener el poderío de Israel en la región. Alemania, por su parte, solo con el gas iraní puede dejar de comprar el ruso.
  • El «hiper individualismo» y la imprevisibilidad de Trump no solo ha afectado a los aliados europeos, como cuando EEUU no les avisó del plan de asesinato del general iraní Qasem Soleimani en enero de 2020, sino también a su propio gobierno: el jefe del  gabinete de la Casa Blanca Mick Mulvaney se enteró de la operación contra el supuesto líder terrorista al-Baghdadi por el tuit del presidente.

Por lo que, la táctica del Pentágono-OTAN ha sido ignorar a su comandante-presidente: no ha cumplido con sus órdenes de retirar a los soldados de Siria, Iraq, Afganistán, entre otros países ocupados; es más, los grandes generales de EE.UU. han barajado un golpe de Estado para derrocarle.

El general retirado Douglas Lute advierte de que un segundo mandato de Trump puede desintegrar a la Alianza Atlántica mientras el político polaco Radosaw Sikorski cree que Trump es capaz de «destruir la OTAN con un solo tuit. Pero, con o sin Trump, por dos principales motivos, los europeos no podrán borrar la era de este peculiar mandatario: 1) las relaciones de Europa con EE.UU. han sufrido grandes cambios: Alemania ha dejado de ser el país europeo más pro-OTAN (ya los son Polonia y Rumanía), y en vez de agacharse la cabeza ante Washington han empezado a hablarle de  «tú a tú»; o Turquía, que cuenta con su propio Trump turco, no baila al son del Pentágono, quien intentó asesinarle en julio del 2016, y no pudo quizás por la intervención de Rusia; 2) China ha ocupado buena parte del espacio abandonado por EEUU y eso al menos en medio plazo es irreversible.

Si el mundo dormía con un ojo abierto con un presidente «normal» en la Casa Blanca, con Trump II, y ante la ausencia absoluta de un movimiento antimilitarista a nivel mundial, deberá ponerse en el modo de máxima alerta.

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