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El modelo de negociacion de Trump

Escrito por Debate Plural

Viento Sur (12-10-20)

 

Durante junio pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo en una entrevista en el Despacho Oval con el medio Axios que está abierto a la posibilidad de reunirse con el presidente de Venezuela Nicolas Maduro. «A Maduro le gustaría reunirse. Y yo nunca me opongo a las reuniones – ya sabes, raramente me opongo a las reuniones. Siempre digo que se pierde muy poco con las reuniones. Pero en este momento, las he rechazado», agregó.

Asimismo aseguró tener dudas sobre el antichavista nombrado por su mismo gobierno como presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó.

Esto causó alarma a la mediática alineada contra Venezuela debido a la posibilidad de que el magnate que ocupa la Casa Blanca pudiera estar dispuesto a cambiar su política sobre el país sudamericano.

«Siempre digo que se pierde muy poco con las reuniones. Pero hasta ahora, las he rechazado», dijo Trump al referirse a la constante disposición del presidente venezolano de hablar con su gobierno, por lo que estas declaraciones de Trump parecieran dejar una puerta abierta a un posible acercamiento.

Las declaraciones de Donald Trump se dieron varios días después de que su ex asesor de seguridad nacional, John Bolton, publicara un libro en el que cuenta su experiencia en la Casa Blanca, entre ellas la anécdota de que Trump no estaba seguro que Juan Guaidó tuviera la talla para enfrentar a Nicolás Maduro.

«Podría haber vivido con ello o sin ello, pero estaba muy en contra de lo que está pasando en Venezuela», dijo Trump a Axios cuando se le preguntó si se arrepentía de su decisión de dejarse llevar por Bolton que le instó a apoyar a Guaidó.

El «gusto» de Trump por las reuniones está más que demostrado, se ha sentado a hablar con líderes tan opuestos al hegemón estadounidense como Kin Jong Un, Vladimir Putin, esto le ha hecho aparecer ante sus seguidores como «el maestro de los tratos de todos los tiempos», algunas acciones recientes que parecieran confirmarlo requieren mayor análisis en detalle.

EL ACUERDO QUE NO FUE: SERBIA Y KOSOVO

La autoproclamada República de Kosovo, de población mayoritariamente de origen albanés, proclamó su independencia de Serbia, que no la reconoce, en 2008.

Desde entonces ambas partes llevan a cabo un diálogo para normalizar sus relaciones, del progreso del mismo depende su acercamiento a la Unión Europea (UE). Este acuerdo entre los líderes de Kosovo y Serbia, fraguado con ansias preelectorales por Trump, tropezó en uno de sus intentos cuando la cumbre del 27 de junio en Washington fue cancelada. Autoridades de Kosovo anunciaron que su presidente Hashim Thaci (o Serpiente) estaba acusado de crímenes de guerra.

En abril la oficina del fiscal del país acusó al fundador del Ejército de Liberación de Kosovo de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, cometidos durante la guerra de Kosovo entre 1998 y 1999, esto fue anunciado cuando Thaci, condecorado por Estados Unidos y Suiza, ya estaba en camino a la cumbre de Washington.

Sin embargo el halconato no cejó en el empeño de convertir la firma de un nuevo acuerdo de cooperación entre Serbia y Kosovo para la normalización de sus relaciones económicas en una oportunidad triunfal para mostrar que la administración Trump podía suplantar a la Unión Europea en la intermediación de un acuerdo final de paz entre dos países balcánicos que entraron en guerra a finales de los años 90.

El «acuerdo» terminó concretándose el 4 de septiembre, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales y después de dos días de conversaciones en Washington con el presidente serbio, Aleksandar Vucic, y el primer ministro kosovar, Avdullah Hoti, quienes firmaron ante los medios con Trump en el Despacho Oval, en una comparecencia relevante por la inolvidable reacción gestual de Vucic.

El magnate en ejercicio de la presidencia estadounidense delegó en el exembajador de EEUU en Berlín, Richard Grenell, el liderazgo de las negociaciones que hasta pretendieron llegar a acuerdos de intercambio de territorio entre las partes enfrentadas, sin éxito, como es sabido.

Tampoco se trató de un tratado a tres bandas, Serbia se apresuró a aclarar que el documento incómodamente firmado por su presidente es un acuerdo solo con Estados Unidos y no con Kosovo.

ACCIONES Y REACCIONES A VARIAS BANDAS

La puesta en marcha de la primera conexión aérea entre las capitales Belgrado y Pristina en 21 años es quizás la medida más simbólica, mientras Trump celebraba afirmando que»Después de una historia trágica y violenta, y años de negociaciones fallidas, mi Administración propuso una nueva forma de superar la división. Centrándose en la creación de empleo y el crecimiento económico». Además alabó la «enorme valentía» de Vucic y Hoti.

Al final, el llamado «acuerdo» terminó siendo una tratado económico que, aunque puede modelarla, no define la diplomacia en la región balcánica.

El presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Eliot Engel, y el demócrata de mayor rango en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Bob Menéndez, enviaron una carta en abril pasado al Secretario de Estado Mike Pompeo criticando el enfoque «torpe» y la «falta de equilibrio entre Belgrado y Prístina».

Siguiendo el ejemplo de Trump, Kosovo hizo lo que había evitado durante mucho tiempo, involucrándose en la tumultuosa política de Asia Occidental mientras Serbia abandonó su usual política de no participar en grandes conflictos internacionales y se alineó efectivamente con Trump designando a Hezbollah como «grupo terrorista», arriesgándose a represalias contra sus soldados en la misión de mantenimiento de la paz de la ONU en el Líbano.

En el lago conocido por los kosovares como el «Ujman» y por los serbios como el «Gazivoda», apareció una pancarta en septiembre pasado que decía «Lago Trump». El humedal es objeto de disputa entre los dos países aunque alrededor del 80 por ciento de sus aguas están ubicadas en Kosovo y el 20 por ciento en Serbia.

UN OTOÑO PATRIARCAL PARA ASIA OCCIDENTAL

Otro «acuerdo histórico», denominado «Abraham» evocando al patriarca que origina las ramas judeocristianas y musulmanas del imaginario religioso, fue alcanzado por Israel y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), con Estados Unidos como negociador y anunciado como «una normalización completa de relaciones» por parte de la Casa Blanca.

Israel, a cambio, acordaba «suspender» la implementación de su plan para usurpar más tierras palestinas en la ocupada Cisjordania, bajo el llamado «acuerdo del siglo» que presentó en enero la Administración estadounidense, presidida por Donald Trump.

Los EAU se convertían así en el primer país del Golfo Pérsico, y la tercera nación árabe, en llegar a un acuerdo de este tipo con Israel, después de Jordania y Egipto, dándole nombre a una situación que venía siendo marcada por años de contactos secretos con la entidad sionista.

Trump anunciaba y defendía su «acuerdo histórico» mostrando su alineación estrecha con el gobierno emiratí que ha buscado comercializar con Israel en detrimento de los derechos inalienables del pueblo palestino, incluso abriendo un enfrentamiento con Irán, calificando a la nación persa de ser el «principal enemigo» del mundo árabe.

Desde ese momento Israel y EAU se propusieron firmar acuerdos de inversión, turismo, vuelos directos, seguridad y telecomunicaciones, entre otros temas. Además, las partes intercambiarán «pronto» embajadas y embajadores, lo que ha sido descrito por analistas como «una estrategia en línea con los intereses del sionismo y el Occidente para generar divisiones entre los árabes».

Aun cuando el acuerdo es justificado como un acto de protección a los palestinos y sus intereses, incluso, mientras se llegaba a decir que se forjó a cambio de que el régimen israelí pospusiera la anexión de tierras en Cisjordania por un período indefinido, Netanyaju enfatizó en todo momento que «la anexión no fue descartada, sino suspendida temporalmente».

Según el «acuerdo del siglo» la población palestina tendrá una autonomía limitada dentro de una «patria» configurada territorialmente por múltiples enclaves no contiguos diseminados por Cisjordania y Gaza.

El gobierno israelí mantendrá el control de seguridad sobre esos enclaves y controlará sus fronteras, el espacio aéreo, los acuíferos, las aguas marítimas y el espectro electromagnético como hasta ahora. Israel podrá anexarse el Valle del Jordán y las comunidades judías de Cisjordania.

A los palestinos se les permitirá elegir a sus líderes pero no tendrán derechos políticos en Israel, el Estado que realmente los gobierna. Nada augura una primavera sino un eterno otoño de guerra y exterminio.

EL «SALVAVIDAS DEL SIGLO» PARA NETANYAHU MIENTRAS EUROPA NAUFRAGA

La indetenible determinación del sionismo de anexarse Palestina es más evidente en el «plan de paz» de la administración Trump para «Oriente Medio» dirigido por el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner, que fue publicado en enero de 2020. El plan fue elaborado sin ninguna participación palestina y sus líderes lo han rechazado mientras los críticos dicen que las negociaciones tuvieron una inclinación pro-Israel desde el principio.

Israel decidió posponer la implementación del plan de anexión a principios de julio pasado principalmente por la posición unificada de agrupaciones armadas de Palestina, así como la oposición internacional al plan.

A su vez el país más beneficiado en las mediaciones de Trump en los Balcanes ha sido el estado sionista, que no tenía nada que ver con la disputa territorial. El acuerdo estipulaba que Serbia trasladaría su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén (Al Quds). Kosovo también acordó el reconocimiento mutuo con Israel, seguido de la apertura de una embajada en Jerusalén.

La UE, por su parte, advirtió tanto a Serbia como a Kosovo, que prácticamente es una colonia norteamericana, que no abrieran sus embajadas en Jerusalén. Cinco de sus miembros (España, Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre) no reconocen la independencia de ese territorio, considerado la cuna histórica de Serbia, quien mientras mantiene relaciones privilegiadas con su aliado ruso aspira a integrarse en la UE.

Kosovo, por su parte, chantajea a Bruselas ofreciéndole atención diplomática solo si se abre a la obtención de visados para sus ciudadanos.

Con las posibilidades de reelección dañadas en medio de su mal manejo de la pandemia del coronavirus, Trump usó electoralmente la resolución de la disputa en los Balcanes aunque no es un tema que resuene ampliamente entre el público americano. Sin embargo, cuando Belgrado ha decidido trasladar su embajada a Jerusalén y Kosovo y el Estado hebreo han acordado establecer relaciones diplomáticas logra vincular fuertemente a Israel con los dos grupos étnicos de mayor importancia estratégica en la región: los serbios y los albaneses.

Nominado dos veces para el Premio Nobel de la Paz, lo que nutre su marketing político, ha evidenciado que su decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén en 2017 es una forma de ganar votos de los evangélicos conservadores cercanos a Israel, también pretende ganar votos entre las comunidades judías de Florida y Pennsylvania y los albaneses de Michigan, estados necesarios para su victoria electoral.

Por otra parte, los giros diplomáticos favorecen la imagen de Benjamín «Bibi» Netanyahu, asediado por manifestaciones que exigen su dimisión por la gestión negativa frente a la emergencia sanitaria producida por la pandemia del coronavirus, y por presunto fraude, abuso de confianza y aceptación de sobornos en tres casos separados.

DIPLOMACIA DE PAPEL CON MÚLTIPLES FRENTES ABIERTOS

El mismo día que los EAU firmaron acuerdos para establecer relaciones diplomáticas formales con Israel en Washington también firmaba Bahrein, Trump anunciaba que otros cinco países de Oriente Medio también estaban cerca de normalizar las relaciones con Tel Aviv.

Sin embargo varios estados árabes como Qatar, Kuwait y Argelia han descartado la posibilidad de mantener relaciones diplomáticas plenas con Israel mientras no se llegue a una resolución sobre su ocupación de los territorios palestinos y el establecimiento de un Estado palestino viable.

Otros estados como Libia, Siria e Irak están ocupados lidiando con sus propios conflictos originados y atizados por Estados Unidos y sus aliados, además de las tensiones internas. Todo ello hace difícil y poco probable dar pasos hacia alguna estabilidad en los pueblos árabes.

Trump también ha sugerido que Arabia Saudita puede estar entre los cinco países que se espera que firmen un acuerdo de normalización con Israel, pero el liderazgo saudí ha enviado señales contradictorias sobre el tema. Funcionarios saudíes habían destacado anteriormente que el reino no normalizará las relaciones con Israel fuera del marco de la Iniciativa de Paz Árabe, que pide el establecimiento de un Estado palestino.

Analistas identifican fuertes indicadores de que Sudán podría seguir los pasos de los EAU y Bahrein pero las divisiones entre civiles y militares del gobierno de transición han puesto de relieve las diferencias internas sobre el tema.

El acuerdo entre Egipto y Etiopía para dirimir el conflicto a causa de la puesta en marcha de la Gran Presa del Renacimiento Etíope en el Nilo fue redactado por Estados Unidos pero dio a El Cairo expectativas poco realistas que crearon dificultades en las negociaciones en curso, así lo afirmó a VOA Addisu Lashitew de la Institución Brookings, un grupo de investigación de Washington.

Addis Abeba (Etiopía) está permitiendo que el agua de lluvia llene la represa y ello incomoda a los funcionarios de El Cairo, quienes temen que la masiva presa hidroeléctrica les corte el suministro de agua. No es creíble la neutralidad de Trump, quien ha sido cálido con el egipcio Al Sissi llamándole «mi dictador favorito» y a quien ha reiterado el compromiso de Estados Unidos de «facilitar un acuerdo justo y equitativo» sobre la presa.

Etiopía se retiró de lo que se suponía que iba a ser la última ronda de conversaciones en febrero, rechazando la «caracterización» de Estados Unidos en el proyecto de acuerdo, firmado por El Cairo, de que la negociación sobre el llenado y la explotación de la presa está «completada».

También Trump ha ofrecido mediar entre la India y el Pakistán en la cuestión de Cachemira, que Nueva Delhi ha rechazado. La India también ha rechazado la oferta de Trump de mediar en su disputa fronteriza con China.

«AMERICA FIRST” ES, EN REALIDAD, “ELITES FIRST»

Trump dejó claro su enfoque de política exterior de «America First» desde su discurso inaugural en enero de 2017, mientras sus críticos lo han acusado de abandonar las normas internacionales y renunciar al liderazgo mundial de Estados Unidos, sus partidarios dicen que ha asumido «audazmente» los desafíos de política exterior que sus predecesores han fracasado, incluyendo la supuesta «derrota» de una red mundial de terroristas y el desafío a una China en ascenso.

Su comparsa colonialista ha ubicado en el mismo plano a Abu Bakr al-Baghdadi, líder de ISIS, y a Qassem Soleimani comandante de las Fuerzas Al Quds de Irán. Trump decretó la «destrucción» del califato de ISIS buscando desvanecer las groseras evidencias de cooperación de la OTAN con esa facción terrorista e invisibilizar los logros del mismo Soleimani en esa tarea.

«Ha mantenido una fuerte presión política y económica sobre adversarios como Irán, Venezuela y Rusia», dijo a VOA Ken Farnaso, secretario de prensa nacional adjunto de la campaña Trump. En cada uno de estos países ha evidenciado la dificultad de lograr consenso con sus propios aliados para asumir posiciones consistentes, por lo que su bloque de aliados adolece de múltiples fisuras.

Su pendulación entre extremismo y pragmatismo no es garantía de amplitud política porque, en lo definitivo, ha apelado a privilegiar los negocios para resolver disputas extranjeras y ha gastado considerables recursos diplomáticos en ella, puede que su enfoque de «la economía primero» funcione en el mundo de los negocios del que procede, pero la diferencia entre los acuerdos inmobiliarios y la diplomacia es enorme.

«No es sólo una persona hablando con otra persona. Son dos o más sociedades que intentan llegar al sí», ha dicho Charles Kupchan del Consejo de Relaciones Exteriores. «La política interna, la ideología, la historia, la cultura, todas entran en escena. No es sólo un claro análisis económico de costo-beneficio», agregó.

Se ha erigido en torno al magnate la idea de que es «el maestro de los tratos de todos los tiempos», la realidad es que se adentra en estas disputas «sin una comprensión más profunda de las complejidades históricas y las divisiones étnicas que hay detrás de ellas», dijo a VOA Norman Ornstein, un académico residente en el centro de estudios del American Enterprise Institute en Washington.

Lo que queda claro es que las disputas en las que ha intentado intervenir son largas y espinosas, en el caso de un acuerdo de paz en Asia Occidental ha sido imposible para todos los presidentes de Estados Unidos desde que Jimmy Carter medió en los Acuerdos de Camp David en 1978.

La administración de Bill Clinton invirtió grandes cantidades de recursos para «ayudar» a Israel y a los palestinos a implementar los Acuerdos de Oslo firmados en la Casa Blanca en 1993. Sin embargo, cuando Clinton dejó el cargo, el proceso de paz se había derrumbado y una nueva ronda de negociaciones entre israelíes y palestinos se estaba llevando a cabo.

Barack Obama fue incapaz de avanzar en el objetivo de una solución de dos estados a pesar de un audaz discurso ante el mundo musulmán en El Cairo en 2009 y un premio Nobel de la paz «por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional» en el mismo año.

Por su parte Trump, quien ha logrado asegurar un acuerdo comercial con Canadá y México, presionar a los aliados de la OTAN para que gasten más en defensa, y persuadir al gobierno británico para que prohíba el equipo Huawei de su red 5G, buscando sacar al gigante tecnológico chino de su futuro 5G, ha terminado agenciando negocios y no políticas.

Sus logros en favor de la hegemonía estadounidense en el plano global de la política no son necesariamente beneficiosas ni siquiera para la población de su país, que ha visto morir cientos de miles de ciudadanos a causa de un modelo económico donde, en vez de «América» lo primero es la acumulación transnacional.

Sin embargo, el despliegue de Trump como «árbitro» en diversos conflictos internacionales arrojan luces sobre su peculiar forma de entender la negociación polítca: privilegia el enfoque transaccional, el involucramiento de capitales estadounidenses como ficha de cambio y la suspensión parcial de la diplomacia de fuerza para alcanzar acuerdos.

Elementos para tener en cuenta si existiese la posibilidad a futuro de un acercamiento con Venezuela.

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