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Brasil. Enseñanzas de vida y resistencias del MST

Escrito por Debate Plural

Carlos Aznarez (teleSur, 26-8-20)

 

Recientemente el régimen brasileño, a través del accionar de sus fuerzas represivas, invadió y destruyó una parte del campamento que el Movimiento de los y las Sin Tierra de Brasil, viene manteniendo desde hace 20 años en Quilombo Grande do Campo, en Mina Gerais. No es extraño que esto ocurra, ya que el MST está en la mira de la burguesía, los terratenientes y por supuesto del genocida gobierno de Jair Bolsonaro, son un ejemplo de otro mundo diferente y con su resistencia iluminan a muchos y muchas en el continente y el mundo. Para hablar de lo allí ocurrido, nos comunicamos con Daniel Pereira, dirigente en el área de producción del Movimiento, y uno de los integrantes del campamento atacado.

–Cuéntanos cómo ocurrieron los hechos del campamento Quilombo Campo Grande. Cómo se dio el ataque policial y qué representaba ese campamento que durante tantos años ha construido el Movimiento Sin Tierra de Brasil

-Quilombo Campo Grande es un campamento popular, localizado en Campo do Meio y que posee 450 familias. Es un campamento que resiste hace más de 20 años, en un área que era dedicada a la plantación de caña de azúcar para la producción de alcohol. En este proceso de lucha existen dos procesos jurídicos de desapropiación de la tierra. Uno de ellos, es el que hace a las sedes de la antigua hacienda. Y el restante, es de las 3900 hectáreas. El proceso de ataque y “reintegración» que sufrimos se refiere a un área menor pero importante, que es donde está la sede de la antigua hacienda. Esa área son 26 hectáreas. Por manipulación judicial en el proceso, fue ampliada a 52 hectáreas y cuando se hizo la delimitación para hacer la «reintegración» eso llegó a las 100 hectáreas.

En esa área existía una escuela de formación, que había sigo creada hacía más de 60 años (rebautizada con el nombre de Eduardo Galeano). Cuando surge el campamento, los niños y adultos estudiaron allí, se alfabetizaron, crecieron participando en las actividades de la escuela. Además, había predios antiguos que fueron aprovechados para alojar a algunas familias. Había áreas, o lotes, donde vivían familias. Entonces, sobre esa área, se llevó a cabo el ataque policial brutal que empezó el 12 de agosto y terminó el 14 de agosto a la tarde. Fueron 56 horas de dura resistencia. La policía cumpliendo un acto judicial, desalojó a las 14 familias que vivían en ese territorio.

No solo eso, se destruyó y se derribó la escuela. Se derribaron las casas de las familias. Se destruyó todo lo que las familias habían plantado. Fundamentalmente, en medio de ese proceso, la policía se valió de un aparato represivo muy grande, de vehículos, de máquinas, de drones, de helicópteros, de muchos efectivos policiales. Bombas de gases lacrimógenos fueron disparadas contra las personas tanto por tierra como desde los helicópteros. Algunas personas quedaron heridas por los impactos de las bombas de gases lacrimógenos, todas sufrieron las dificultades generadas por esos gases, incluso una persona que tenía problemas del corazón, precisó de tratamiento especial y tuvo que ser asistida por las familias, porque no hubo asistencia médica por parte de las autoridades policiales.

¿Ustedes sabían que esto iba a ocurrir, o fue de improviso que apareció la policía? Dijiste que había un planteo judicial, ¿ustedes se imaginaron que iba a haber un desalojo con características tan violentas?

-En el primer momento que nos dimos cuenta de que iba a venir el desalojo, las familias acá se organizaron y se involucraron en su gran mayoría. En ese proceso de resistencia, algunas hicieron bloqueos en los caminos, donde estaban las tropas de la policía. Otras tantas dieron soporte con alimentación, cuidaron los niños, prepararon los cuidados de salud. Sobre el proceso en sí, es un proceso que lleva, en términos judiciales, varios años. El veredicto se activó a finales del año pasado y comienzos de este. En marzo de este año estaba decretado que ocurriera esta “reintegración” (ataque y despojo). ¿Qué sucede? Surgió la pandemia del coronavirus y la “reintegración» quedó suspendida hasta que la pandemia pasara. Lo que nos indigna es que en medio de la crisis de salud, que es de nivel mundial, el gobierno de Minas Gerais y el juez que condujo el proceso, todos determinaran que se reactivara este ataque. No se tuvieron en cuenta los riesgos a la salud ni otros elementos de los derechos de las familias. Sabiendo que había una decisión judicial, fue una sorpresa en el sentido que no imaginábamos el tamaño de crueldad al realizar una acción como esa durante la pandemia.

-Por lo que entendí, lo que se reintegró o lo que ocuparon las fuerzas policiales fue una parte, ¿La otra la siguen teniendo ustedes como campesinos y campesinas o eso también quedó inhabilitado por ahora?

-Ha sido una parte. En el otro sector del campamento permanecen las familias resistiendo, produciendo, generando educación, construyendo valores, desarrollando vida digna y nuevas formas de sociabilidad. Especialmente, la producción con foco en la agroecología en el sentido de demostrar que somos los campesinos los que colocamos el alimento saludable, de calidad, en la mesa de las familias. Es esa producción precisamente lo que nos fortalece y nos permite resistir en ese espacio. Demostramos que entramos a la tierra para producir, para generar vida.

¿Qué están produciendo allí y a quiénes van esos productos?

En el campamento Quilombo Grande se producen una gran cantidad de alimentos: hortalizas, frutas, verduras, y también café. Hay familias que crían ganado, vacunos y cerdos, gallinas, venden huevos. Es una diversidad muy grande la de la producción. En términos de café, por ejemplo, en los últimos años, se llegaron a producir más o menos 900 mil kilos de café en grano. Eso es lo que las familias producen, el café para dar un ejemplo. Pero tenemos que sumar la cantidad de animales que tienen en su producción, la cantidad de árboles frutales, de verduras y así por delante. Esa producción, especialmente lo que se refiere a hortalizas, se comercializa en diversos locales. La vendemos en ferias, aquí en el municipio, en otra ciudad próxima. Fuera de eso, semanalmente entregamos en este período especial de la pandemia, lo que llamamos cestas agroecológicas en otras ciudades para más de 50 familias. Vamos a llevar todas las semanas a un local fijo diversos alimentos. El café es parte de toda la producción, está industrializada, tenemos diversas variedades de café que son comercializados tanto a nivel local ismo también en otras ciudades, incluso en San Pablo. Eso lo hacemos especialmente a través de la red de almacenes de campo, creados por el Movimiento Sin Tierra.

-Por último, ¿cuál es el poder que ustedes están enfrentando a nivel local? ¿Quién gobierna Minas Gerais? Supongo que por todo lo que está viviendo Brasil con esta dictadura de Bolsonaro, el Movimiento Sin Tierra está todo el tiempo en la mira de esta gente.

-Observando el contexto político, en la región, en el Estado de Minas Gerais, tenemos un gobernador de derecha que tiene posición claramente contraria al MST y a cualquier movimiento popular. Viene realizando toda una política que podemos comparar con la política nacional, que es genocida, que es no tener consideración de lo que sucede con la pandemia y permitir que se realicen intervenciones como esta que hemos sufrido. Es tanto en el nivel de campo como en el urbano. Junto con él hay diputados y funcionarios que son de derecha, con una posición conservadora o ultra conservadora. Por lo tanto, son totalmente adversas al movimiento. En la municipalidad, a nivel local, el alcalde municipal también tiene una posición contraria al MST y si fuera por su voluntad nosotros ya no estaríamos aquí. Entonces, nosotros enfrentamos un contexto político muy adverso, pero permanecemos firmes y resistiendo.

Pero lo principal es que pese a las adversidades hemos contado con el apoyo del pueblo, de las personas que viven en la ciudad, de los pequeños productores, de los estudiantes de las universidades, de los profesores, los sindicatos y así muchos. Esa solidaridad nos ayuda y da fuerza en nuestra lucha. Conseguimos esa solidaridad porque hemos demostrado que hemos venido a trabajar la tierra, a producir alimentos, a transformar esta realidad, a transformar una tierra que antes era improductiva y ahora consigue generar vida y dignidad para las personas que viven en ella, pero también una vida mejor con más calidad y más salud a quienes viven en la ciudad.

-Muchas gracias por esta entrevista, nuestra solidaridad desde Argentina y también desde los compañeros que integramos ALBA Movimientos y hemos tratado de difundirlo para tratar de mostrar que el MST no está solo.

-Gracias Carlos, gracias a los compañeros y compañeras que han demostrado en estos días su solidaridad y apoyo ya sea por mensajes, llamadas telefónicas y que están muy atentos a lo que está sucediendo acá. Esa solidaridad internacionalista es fundamental en nuestra lucha. Nosotros estamos convencidos de que si es necesario, también seremos solidarios en relación a ustedes y sus luchas, y estaremos juntos para construir una sociedad y un proyecto de sociedad diferente, donde las personas vivan con dignidad y donde se supere la explotación y la opresión.

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