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Estados Unidos, desbordado de pasiones

Escrito por Debate Plural

Oscar Oramas Oliva (972mag, 4-8-20)

 

Una síntesis de algunos de los elementos que permiten deducir que algo inédito está sucediendo en Estados Unidos.

Alexandria Ocasio-Cortezi ha dado el martes pasado un potente discurso feminista en el Congreso de Estados Unidos. En él ha denunciado los insultos machistas que recibió de parte de un legislador republicano el lunes pasado, pero también ha hecho un argumento sobre la extendida cultura del lenguaje misógino en Estados Unidos. La congresista demócrata de Nueva York ha contado que el lunes el legislador republicano de Florida Ted Yoho la increpó en los pasillos del Capitolio, tras un acalorado debate en la sede sobre el aumento del crimen y el desempleo en Nueva York. Según el relato de Ocasio-Cortez, Yoho se detuvo frente a ella, la señaló con el dedo y la llamó “desagradable, loca y peligrosa”. Luego, tras caminar unos pasos para alejarse y frente a varios periodistas le ha soltado un grave insulto machista.

Según varios estudios y análisis, los servicios de abastecimiento de agua de los Estados Unidos son comparables a los de las regiones más desfavorecidas del mundo. El deterioro de la infraestructura, la contaminación de las aguas subterráneas y las reservas naturales, así como el fuerte aumento del precio del agua ponen en peligro la vida de varios millones de personas.  Al menos 30 millones de ciudadanos estadounidenses viven en áreas donde la calidad del agua no cumple con las normas de salubridad. Y más de 2 millones de hogares no tienen acceso al agua corriente, según las cifras de la Agencia de Protección Ambiental publicadas a principios de 2020ii. Y agrego yo, que es difícil imaginar una situación semejante en una nación que se precia de ser la primera potencia del planeta de tener el mejor sistema de salud del mundo y de contar con un gran desarrollo humano, en fin, el paradigma de país civilizado.

Por otra parte, el senador del estado de Arkansas Tom Cotton ha dicho que el rechaza que Estados Unidos fue un país sistemáticamente racista y describió la esclavitud, como un diablo necesario. Esos son sus valores, pero lo peor es que quieren imponérselos a los demás.

Nos enfrentamos ciudad tras ciudad con una fuerza paramilitar a nivel nacional, sus tropas no identificables y sus vehículos sin identificación, dirigidos en términos deliberadamente vagos para proteger la propiedad y preservar el orden interno. Esto no es un simple desprecio por el imperio de la ley, es un desdén absoluto. Y el cinismo desnudo de quienes disfrazan estos movimientos dictatoriales con el atuendo anodino facial del mantenimiento de la paz esencial, un movimiento que, lamentablemente, podría tener éxito por un tiempo en mantener a raya un alivio judicial suficientemente amplio, es especialmente desagradable. Los jueces dignos de la independencia y la tenencia de la vida que se les confíe, con suerte, impondrán los peores excesos de este ataque profundamente no estadounidense contra la sociedad civil. Los políticos dignos de liderar una república con suerte denunciarán y desmantelarán esta milicia antidemocrática. Pero la larga sombra de miedo proyectada por el asalto programático de la administración Trump contra nuestras libertades permanecerá hasta que, «del mar al mar brillante», toda la administración sea arrancada de nuestra tierra natal, escribió Lawrence Tribeiii

El movimiento del sábado 25 de julio reavivó la energía de las protestas que crecieron rápidamente en Seattle después del asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía en Minneapolis. Decenas de personas fueron arrestadas y varios policías resultaron heridos en enfrentamientos en torno a la mayor protesta contra el racismo y la brutalidad policial registrada en la ciudad de  Seattle, en las últimas semanas.Varias manifestaciones en diferentes puntos de la ciudad tuvieron un saldo de 45 detenciones y 21 policías heridos. La respuesta en Oregón al escandaloso y probablemente inconstitucional despliegue de agentes federales ha sido rotundamente crítica. La gobernadora Kate Brown denunció que existe una “policía secreta que secuestra personas”, y la fiscal general de Oregón, Ellen Rosenblum, demandó a varias de las agencias federales involucradas. En las calles, cada noche más mujeres se suman al “muro de madres” que protege a los manifestantes. El senador de Oregón Ron Wyden, que describió a los agentes federales como “esencialmente fascistas”, advirtió: “Si en este momento no se marcan los límites, Estados Unidos podría encontrarse bajo una ley marcial en medio del proceso de la elección presidencial”iv.

Estados Unidos lidera el mundo en casos y muertes por coronavirus. Más de 130 000 estadounidenses han muerto y el número aumenta todos los días sin un final a la vista. El desastre que le ha ocurrido a Estados Unidos fue en gran medida evitable. Un estudio estimó que entre el 70 y el 90 por ciento de las muertes por COVID-19 en este país podrían haberse evitado. Estados Unidos podría haber aprendido de los ejemplos de Corea del Sur, Italia y España. Decidió no hacerlo. Texas y La Florida tuvieron mucho tiempo para aprender de Nueva York y Nueva Jersey. Eligieron no hacerlo. Los casos han aumentado en 40 de los 50 estados mucho después de que la curva de casos se haya aplanado y prácticamente haya tocado fondo en Europa y el nordeste de Estados Unidos. La reacción del país a la pandemia ha sido un pandemónium con esteroides. Muchas personas no siguen las nuevas reglas, pero el peor problema es que no hay reglas aceptadas por todos, ni un patrón común de tráfico. El condado de Miami-Dade y el condado de Broward se tocan, pero si cruzas la frontera invisible, las reglas son diferentes. Las diferencias son mucho mayores cuando cruzas las fronteras estatales y regionales. Texas y La Florida son la antítesis de Nueva Yorkv.

En ese desconcertado mundo, leo este escalofriante párrafo de un artículo del corresponsal David Brooks y cito: «¿Y si no se va?» es la pregunta que cada vez preocupa más a un amplio abanico de políticos, analistas y ciudadanos frente a la antes impensable posibilidad de que un presidente rehúse reconocer los resultados de una elección, todo mientras se multiplican las alarmas entre defensores de libertades civiles por el despliegue de fuerzas federales para controlar ciudades con gobernantes demócratas, y entre sus víctimas ahora se encuentra el alcalde de Portland, Oregón.

Entre cifras récord de contagios registrados de una pandemia descontrolada, otros 1.4 millones solicitando beneficios de desempleo la semana pasada (un total de 30 millones), el impulso de nuevas medidas anti migrantes, y despliegues anunciados o amenazas de hacerlo de paramilitares federales en varias ciudades del país, para enfrentar lo que Donald Trump afirma es una ola de inseguridad promovida por una izquierda radical, no se puede descartar la posibilidad de una crisis constitucional con un presidente que rechaza la legitimidad de la elección programada para realizarse en poco más de tres meses.

El debate económico de las elecciones de noviembre en Estados Unidos será alrededor de una idea: la reconstrucción. Para el candidato demócrata, Joe Biden, esa reconstrucción de la economía norteamericana pasa por un masivo programa de inversión pública y un enfoque nacionalista de la producción y el consumo alrededor de la idea de comprar americano. Biden deja claro con su plan que la derrota de Donald Trump no supondrá una vuelta a la cooperación, las fronteras abiertas o los grandes acuerdos comerciales de la era Obama. La nueva normalidad económica es nacionalista, gane quien gane. En números, Biden propone por el momento una inversión de 300 mil millones de dólares en investigación y tecnología, como el desarrollo de la red 5G o vehículos eléctricos. Aparte, 400 mil millones más en ayudas para comprar productos fabricados en Estados Unidos. Hasta el momento, Biden ha propuesto una reforma fiscal que aumentaría la recaudación en casi cuatro billones de dólares y prácticamente desmonta las rebajas fiscales aprobadas por Trump y los republicanos, que beneficiaron sobre todo a grandes fortunas y empresas. El programa asegura que Biden podría crear cinco millones de empleos en manufacturas e innovación.

Estas inversiones en tecnología apuntan hacia una puja continuada con China, en sectores que el gigante asiático ha descollado y que son claves para el futuro.

El oro se dispara a un máximo histórico en medio de la pandemia Al llegar a los 1943,93 dólares, el oro superó su récord previo de 1.921 dólares por onza registrado en septiembre de 2011. Desde el cierre de la semana pasada, su precio aumentó en un 2,3 %, mientras que en los últimos seis días registró un sólido crecimiento del 7,5 %. En este contexto, el dólar estadounidense se está debilitando, explicó al periódico Kommersant el analista principal de la empresa Otkritie Broker, Andrei Kochetkov. Pero la evolución de esa situación dependerá de los derroteros futuros de la pandemia.

El sábado 25 de julio de 2020, el lingüista Noam Chomsky afirma al periódico La Jornada de México, lo siguiente: Esta es una crisis mayor, dijo señalando que a lo largo de 250 años del sistema democrático estadunidense nada como esto ha sucedido antes. Trump, resaltó, ha subyugado a su partido político y cuenta con una base popular “de milicias de supremacistas blancos armados y enojados…. No se puede saber qué hará; creo que el país, para noviembre, podría ser otro país, como también el mundo dado el poder de Estados Unidos”.

Estos párrafos contienen suficientes elementos para que el lector pueda colegir que algo extraño sucede en Estados Unidos y esa situación cada día va incresendo, por lo que la incertidumbre caracteriza como pocas veces antes el momento y las pasiones son ciegos.

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