Nacionales Sociedad

Bautismo electoral

Juan Bosch
Escrito por Debate Plural

Jose del Castillo (D. Libre, 14-7-20)

 

El 20 de diciembre de 1962 me correspondió acudir a lo que podría designarse como el bautismo electoral de los dominicanos de mi generación. Con 15 años recién cumplidos, me tocó agotar la jornada como delegado del partido Alianza Social Demócrata (ASD) que postulaba a Juan Isidro Jimenes Grullón, ante una mesa que operó en la Escuela Brasil de San Carlos, frente al Parque Abreu de mi entrañable barrio. Aunque no pude votar al carecer de la mayoridad requerida para ejercer el derecho al sufragio, realicé mis funciones desde un pupitre escolar, acreditado gracias a la apertura e indulgencia de los mayores a cargo de la mesa.

Yo era dirigente de la juventud socialdemócrata (JURESODE) formada en julio del 62 tras una charla ofrecida por el doctor Jimenes Grullón en la sede principal de la Alianza, ubicada en la Isabel la Católica, en la segunda planta del inmueble que hoy ocupa el Museo de la Dignidad que dirige Raúl Pérez Peña. Entonces un mozalbete que estrenaba pipa surtida con picadura aromatizada holandesa comprada en la Casa Pérez frente al Parque Independencia, que vestía guayabera yucateca enviada desde México por mis tíos Mané Pichardo Sardá y Carmen González, habitué del Café Sublime de El Conde, centro parlanchín de los jóvenes enfebrecidos en los convulsos 60.

Antes, en los meses iniciales de la transición, concurrí junto a Rafaelito Alburquerque, los hermanos José Antinoe y Albertico Fiallo, Alfredito Rizek, Rafael Morón, entre otros, al surgimiento de Acción Juvenil Cívica Revolucionaria (AJCR), el brazo generacional de la Unión Cívica Nacional patriótica y apartidista que emergiera como un aldabonazo ciudadano desafiante ante las pretensiones de prolongar la agonizante dictadura. Ahora reciclada en el binomio Ramfis-Balaguer, con la sombra amenazante de los tíos Negro y Petán Trujillo que reclamaban la continuidad del régimen y sus oprobiosos derechos sucesorios.

En esas lides juveniles tempranas me involucré en la Asociación Nacional de Estudiantes Secundarios (ANES), cuya militancia me costaría la expulsión del Colegio Don Bosco junto a otros compañeros en enero del 62, por apoyar el paro convocado por Unión Cívica Nacional en los días finales del 61 para salir de los remanentes del trujillato –“Navidad con Libertad” fue la consigna mágica aglutinadora que mantuvo encendido el espíritu libertario en las calles, con Miñín Soto movilizándose valiente en una guagüita anunciadora arengando a la gente a resistir ante el embate represivo. Con el concurso solidario de La Voz del Trópico del sancarleño Joaquín Custals, que transmitía Baluarte Cívico, órgano radial de UCN.

Eran días de fuego libertario y acudíamos a los mítines que UCN convocaba en el Parque Independencia, bajo un liderazgo encabezado por el doctor Viriato Fiallo y su hermano Antinoe, los doctores Fernández Caminero y Luis Manuel Baquero, los licenciados Alburquerque Zayas-Bazán, César de Castro, Federico Carlos Álvarez, José Aníbal Sánchez Fernández. Acicateados por la consigna ¡Basta ya!, la gente rompió el molde del miedo.

Me tocó estar presente el 16 de enero del 62 en la concentración verificada en esa plaza ante el local del DN de UCN, desde cuyo balcón de la segunda planta Sánchez Fernández y Mario Sánchez Córdova demandaban la renuncia de Balaguer, presidente del recién creado Consejo de Estado. Con saldo trágico por ametrallamiento efectuado por fuerzas militares comandadas por Cuervo Gómez. Entre el público se hallaban, en gestión moderadora, el primer vicepresidente del Consejo, Rafael Bonnelly, y el doctor Papolo Pichardo, consejero. Pude salir “raneando” desde el parque en dirección a la 16 de Agosto y alcanzar el Hotel Presidente, las balas silvando.

Antes, el 20 de octubre del 61 –día en que arribó Juan Bosch desde el exilio para establecerse en la Polvorín en casa de parientes- viví los trágicos sucesos de la calle Espaillat, cerrada y declarada “territorio libre” por la juventud capitaleña bajo el efecto mágico de la revolución cubana. La intervención oportuna del poeta Franklin Mieses Burgos, residente en esa calle, me libró del garrote represivo de los efectivos policiales comandados por Tuto Arzeno Colón.

Viví en La Romana los dos primeros mítines celebrados por UCN, con Miñín Soto y Frank Michelli hijo actuando como maestros de ceremonia, y por el PRD, con Ángel Miolán, Ramón Castillo y Nicolás Silfa como oradores, ambos con tribuna levantada en la explanada frontal del mercado.

En la capital, estuve en los mítines realizados en el Parque Colón por el PRD con los tres cruzados de su avanzada hablando desde su estrenado local. Con turnos del profesor José del Carmen Rodríguez –un querido amigo y contertulio en La Cafetera- y de una formidable figura de ébano, José Francisco Peña Gómez, de verba encendida y gestos elocuentes. Allí se presentó un grupo del MPD desplegando banderas rojinegras en señal de unidad.

La curiosidad que generaban estas jornadas inéditas entre un público ávido de exponerse a “las buenas nuevas”, me llevó a las concentraciones que organizó la Agrupación Política 14 de Junio, con la presencia carismática en la tribuna verdinegra del admirado Manolo Tavárez Justo. En especial aquellas conmemorativas de la gesta heroica de la Raza Inmortal. Con presencia de Poncio Pou, Mayobanex Vargas, Medardo Germán, sobrevivientes de la gesta, Juan Mari Bras, líder del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico, y nuestro Gregorio Urbano Gilbert, como invitados de honor.

No sólo era el atractivo de la figura gallarda de Manolo, rodeada del prestigio derivado de la resistencia de los hombres del Movimiento y el martirologio de las Mirabal. Junto a él se erigía una generación promisoria: los hermanos Vinicio y Rubén Darío Echavarría, Leandro Guzmán, Sina Cabral, Bueyón Carvajal, Félix Germán, Alfredo Manzano, Máximo Bernard, Fafa Taveras, Fidelio Despradel, Juan Miguel Román, Pipe Faxas. En el entorno del Baluarte resuenan aún las frases compromisarias que pronunciara Manolo.

Los altavoces del partido del machete verde, el PRSC, ubicados en Mercedes con Palo Hincado encima de la Farmacia Esmeralda, igual pregonaban constantes los mensajes reformadores del socialcristianismo. Promoviendo su refrescante fórmula presidencial, Alfonso Moreno y Josefina Padilla Vda. Sánchez, respaldada por un liderazgo representado por Caonabo Javier Castillo, Yuyo D’Alessandro, Hidalgo Justo, y otros dirigentes.

A pocos pasos, a las 5 de la tarde, Corpito Pérez Cabral, Dato Pagán, Víctor Villegas, don Telo Hernández, Rafael Kasse Acta, ofrecían excelentes charlas de formación política en el local del Partido Nacionalista Revolucionario (PNR), encima de la Galería Auffant de El Conde, abiertas a jóvenes entusiastas que abarrotábamos la sala.

Para quien quisiera oír –y era un verdadero toque de queda radiofónico- Tribuna Democrática, órgano del PRD, difundía las charlas pedagógicas de Juan Bosch, maestro por excelencia de la comunicación política. Educador como el que más, nos enseñó la función de los partidos y los sindicatos en una democracia, la necesidad de la reforma agraria y de una política de vivienda social, nociones de economía (moneda y banca, comercio exterior, desarrollo), el valor del magisterio modernizador. Y un sentido ético de la política: “Vergüenza contra dinero”.

Ya en el Liceo Juan Pablo Duarte desde enero 62, con el queridísimo hermano de sueños adolescentes Leonte Brea (hoy brillante politólogo y psicólogo, verdadero tratadista), junto a Juan Pablo González Pons, los compañeros Peña Ramos y Barinas, constituimos la Federación de Estudiantes Secundarios (FES). Luego, la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), en reunión en la casa de Leonte, con Julio César Defilló, Ramón Mella (Mellita), Otilio Mercedes Sandoval –un moreno iluminado de maneras reflexivas- entre otros alumnos del JPD.

Con Enriquito de León y Giovanni Brito, César y Ramoncito Pina, Pedro Julio Santiago (Perucho), Alejandro González Pons y Fidias Mejía, manteníamos un diálogo constante en los pasillos de un liceo cuya atmósfera se enrarecía casi a diario por los efectos perversos de los gases lacrimógenos, provocados por las pedreas de los “cabeza caliente”.

Aunque todavía no había ingresado a la universidad, hice causa común, por afinidad ideológica y caracterológica, con los amigos integrantes del minoritario FURR (Frente Universitario Radical Revolucionario). Paradójicamente el menos radical de los grupos universitarios entonces existentes, polarizados por Fragua –frente que agrupaba a los estudiantes simpatizantes del 14 de Junio, el Movimiento Popular Dominicano (MPD) y el Partido Socialista Popular (PSP)- y por el BRUC (Bloque Revolucionario Universitario Cristiano), parte del dinámico movimiento social cristiano que mantenía brazo partidario en el PRSC, sindical en la CASC y campesino en FEDELAC. Y en la secundaria, la JRC.

En el liderazgo de Fragua destacaban Asdrúbal Domínguez y Cayetano Rodríguez del Prado, en el BRUC, José Joaquín Puello y Bernardo Defilló. Otros jóvenes relevantes incluían a Amín Abel, José Israel Cuello, Tony Isa, Carlos Dore, Licky Florentino, Leopoldo Grullón, Jesús María Hernández, así como José González Cano, Romeo Llinás, Lucas Rojas.

En el FURR formaban filas Armando Hoepelman, primer presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), Jocelyn Rodríguez Conde, Rafael Alburquerque, Eduardo Selman, Pedro Pimentel Hued, Gastón Marion-Landais, Eduardo “Pipí” Delgado, Pochy Rodríguez, Luis Rodrigo, Fernando Valdez, Guillermo Rivera, Franklin Almeyda, Nina Miolán, William Cunillera, Jacinto Mañón. Con local rentado en el Edificio Jaar de El Conde con Espaillat, preparábamos allí el contenido del programa radial Termómetro Estudiantil que se difundía a las 7 PM por RPQ, sita en el mismo edificio.

Las urnas arrojaron 628 mil votos Bosch, 317 mil Viriato, 54 mil Moreno, 35 mil Mainardi Reyna (PNRD), 17 mil Jimenes Grullón. Manolo llamó a no votar. En mi mesa sancarleña ganó Unión Cívica. Aún así, hubo quien declarara sin sonrojo: “se ha consumado un fraude colosal”.

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