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Virus Sion 48: Inmune a Advertencias y Resoluciones. (Parte I)

Escrito por Debate Plural

Pablo Jofre Leal (teleSur, 8-6-20)

 

En el caso de Palestina, esa contaminación se realiza a través de la ocupación y colonización de su cuerpo territorial, el intento de exterminio de sus células sociales, el robo y usurpación de todo aquello que da sustento a este organismo político, social, cultural económico, histórico, evidentemente vivo, que se llama Palestina y que es la manera que usa el régimen israelí, para inocular esta enfermedad infecciosa y nociva, llamada sionismo. El Virus Sion 48 es un patógeno que debemos erradicar de las más diversas formas que seamos capaces de encontrar, para así impedir su propagación, ya con visos de pandemia, que tanto daño le hace a la humanidad.

Se Busca Tratamiento contra el Sion 48

Hasta ahora, las vacunas probadas contra el Sion 48 no funcionan, no afectan su letalidad: advertencias diplomáticas, resoluciones de organismos internacionales, recriminaciones, llamados a la cordura, a la sensatez de una ideología cuya base es, precisamente, la violación de todos los protocolos de seguridad y convivencia en las relaciones internacionales, la cooperación y vínculos entre los pueblos.

Es un Virus altamente resistente y que muta, en forma oportunista en función de los acontecimientos, pero siempre bajo el manto protector del mayor propietario de aquellos laboratorios, que permiten la generación de este tipo de Virus, convertido en una peculiar arma de destrucción masiva, que el imperialismo suele crear o permitir que sus incondicionales como el sionismo y el wahabismo exhiban y usen contra los pueblos de Asia occidental, principalmente, aunque ahora han ampliado su radio de acción al Magreb.



Desde el año 1948 a la fecha, cuando el Virus Sion 48 declara su nacimiento, protegido por los laboratorios políticos de las potencias occidentales, se han emitido una veintena de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU (Csnu) con las más amplias exigencias a Israel, sin que ninguna de ellas haya sido atendida en lo más mínimo, constituyéndose, por tanto, en flagrantes transgresiones al derecho internacional. Agravado por el hecho, que a pesar de ser resoluciones vinculantes, resultan estériles ante el veto que generalmente extienden los regímenes estadounidenses, sumándose también Gran Bretaña y Francia, cuyos asientos en el Csnu y sus vetos contrarios a llevar a efecto las condenas a la entidad israelí, han servido para consolidar la impunidad y propagación de esta patógeno vírico.

Agreguemos a lo mencionado, el ignorar los dictámenes, acuerdos y resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Agnu). Las continuas violaciones al IV Convenio de Ginebra, a la propia carta de la ONU en sus propósitos y principios, como también aquellos dictámenes de la Unesco y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Lo que contabiliza, al menos, un centenar de documentos, ignorados por la entidad sionista y que dan cuenta de los más amplios crímenes cometidos en estos 72 años: asesinatos, deportaciones, demolición de viviendas, leyes segregacionistas, construcción de muros de apartheid, control y limitación del libre tránsito del pueblo palestino. Miles de detenido, entre ellos 350 menores de 16 años, construcción de carreteras exclusivas en Palestina pero sólo para israelíes. Bloqueo aéreo, naval y terrestre del mayor campo de concentración del mundo que es la Franja de Gaza, entre otros efectos del Virus Sion 48.

La variedad de quebrantamientos a las leyes internacionales, por parte de este Virus Sion 48, son incontables. Entre ellas encontramos la Resolución N.º 194 del 11 de diciembre del año 1948 que establece “los refugiados palestinos tienen derecho a regresar a sus casas, ahora en territorio de Israel y muchas de ellas desaparecidas, o a recibir una compensación económica en el caso de que no deseen volver”.



La Resolución N.º 303 del 9 diciembre del año 1949 que señala “La ciudad de Jerusalén se establecerá como un corpus separatum, bajo un régimen internacional especial y será administrada por las Naciones Unidas” violada por Israel que controla el conjunto de la ciudad y que además ocupa día tras día Al Quds Este, violando incluso los recintos religiosos del pueblo palestino e impidiendo el libre acceso de los fieles musulmanes pero abriendo sus puertas para que la presencia de colonos sionistas mancillen ese terreno considerado santo y que el mito construido por los historiadores afines al sionismo pretenden considerar como el sitio donde se habría construido el supuesto templo de Salomón.

Israel contraviene, igualmente, en forma contumaz, la Resolución N.º 242 del CSNU del 22 de noviembre del año 1967 que exige a esta entidad la “1. Retirada de las fuerzas armadas de los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días de 1967 y 2. el reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los estados de la región y su derecho a vivir en paz dentro de límites seguros y libres de amenazas o actos de fuerza”.

El avance de esta infección llamada Sion 48 no tiene freno militar, político ni jurídico. En este último campo, la ONU sacó a circulación un prototipo de vacuna, que podría haber sentado enormes precedentes en la lucha por la erradicación de esta epidemia. Me refiero a la Resolución N.º 3379 del 10 de noviembre del año 1975 donde se determinó con claridad que el sionismo “es una forma de racismo y de discriminación racial”.

Tanto Israel como su padre putativo y socios europeos se esmeraron en encontrar una manera de contrarrestar los efectos benéficos de esta vacuna anti sionista. Mediante el chantaje y las presiones sobre la dirigencia palestina y sus apoyos se consiguió anular la mencionada resolución N.º 3379 como condición innegociable, para entrar de lleno en la Conferencia de Madrid y la posterior firma de los llamados Acuerdos de Oslo. Fue el precio a pagar para llegar a la mesa de negociaciones, en una nueva burla de este virus, que muta cada día, a formas aún más criminales, a fin de evitar su destrucción definitiva.

En el año 1979, mediante la Resolución N.º 446 del CSNU, este organismo advierte sobre la acción del régimen israelí destinada a contagiar y con ello sionizar los territorios de Gaza y Cisjordania, con la introducción de genes patógenos bajo el nombre de colonos extranjeros, dentro de los más violentos dentro de esta enfermedad llamada sionismo. Se determina que “la política y las actuaciones de Israel de establecimiento de asentamientos, en los territorios palestinos y árabes ocupados, no tienen validez legal y constituyen un serio obstáculo para la consecución de una paz justa, global y duradera en Oriente Medio”.

El año 1994 un colono contagiado con la versión más extremista del Virus Sion 48 se introduce en la localidad cisjordana de Al Jalil (Hebrón) donde asesina a 29 palestinos y hiere un centenar. La variedad de este virus recibe el nombre de Baruch Goldstein, felizmente exterminado por aquellos que acompañaban a las víctimas asesinadas por terrorista. La ONU emitió, tras el ataque la Resolución N.º 904 del 19 marzo de 1994 condenado esta matanza a manos de este fundamentalista judío y “exige la presencia internacional en Cisjordania y Gaza con objeto de brindar protección a los palestinos de esos territorios ocupados”. Nada de ello se cumple, pues el contagio putrefacto se apodera del casco histórico de la ciudad, donde se encuentra la sagrada mezquita de Ibrahimi, constituyéndose a pesar de su escaso número, en un foco irradiador de esta epidemia en suelo palestino llamada Sion 48.

En años posteriores se repitieron las dosis recriminatorias y de advertencias, para que el régimen cívico-militar israelí cesara la construcción de nuevos asentamientos, cumpliera la exigencia del retorno de los refugiados, pusiera fin a los ataques de ciudades palestinas en especial Ramallah, sede de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y donde su presidente, el fallecido Yasser Arafat, estaba en esos momentos asediado. Resoluciones hasta el año 2003, que incluyeron la exigencia de poner fin a la construcción del muro de la vergüenza, que concreta la segregación de Cisjordania, la separación de familias, zonas de cultivos de sus propietarios, que dividen día a día al suelo palestino. Esa comunidad internacional se mostró estéril en tener resultados positivos con las pruebas experimentales de vacunas, que trataron de inocular mecanismos y advertencias, para así bajar los grados de mortalidad de este Virus, que parece no tener freno en sus avances por contagiar al conjunto de Palestina y la región.

Después de tres años de cerco en Ramallah, se permite la salida a suelo francés del asediado líder palestino el año 2004 se produce, en un Hospital de París, donde fue trasladado, la muerte del presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Yasser Arafat. Estudios posteriores demostrarían la injerencia de Israel y agentes de inteligencia, en el envenenamiento del líder histórico palestino. El Virus Sion 48 adquiría así, vínculos con agentes radioactivos. Efectivamente, los análisis realizados por el Instituto de Radiofísica del Hospital Universitario de Lausana, tras la exhumación del cadáver de Arafat solicitado por su familia, encontraron el año 2013, niveles de polonio-210 radioactivo 18 veces superiores a lo normal

Entre el año 2004 y el 2014 se generan otra serie de resoluciones condenatorias respecto a la construcción del muro, la instalación de puestos de control, que impiden el libre tránsito palestino. La necesidad de permitir el regreso de los refugiados. El cese de la agresión contra Gaza. El fin de la construcción de los asentamientos. Una variedad de resoluciones y dictámenes, que parecen demostrar, que los organismos internacionales se han acostumbrado a la presencia de este Virus Sion 48 y su conducta mortal, en lo que suele denominarse contaminación por rebaño.

Solo una luz de esperanza, vaga y difusa, se vislumbró el año 2012 cuando la Resolución N.º 67/19 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, acordó la admisión de Palestina como Estado Observador no miembro de la Organización. La resolución fue aprobada el 29 de noviembre de 2012 en la 67.ª sesión de la Asamblea General, coincidiendo con el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. La resolución fue aprobada por una amplia mayoría de la Asamblea, aunque contó con el rechazo frontal de Israel y lógicamente de Estados Unidos y un par de islas del Pacífico austral. 138 Estados del mundo, de un total de 192 con asientos en la ONU reconocen a Palestina. Un paso valioso pues deja de ser “una entidad no miembro de la ONU” a ser reconocido como un Estado.

El año 2016 sucedió algo extraordinario, con relación a lo que venía siendo costumbre desde el año 1948 a la fecha, Estados Unidos, mediante la Resolución N.º 2234 del 23 de diciembre de ese año (a escaso mes de dejar la presidencia estadounidense, el ex presidente Barack Obama) se abstuvo en la votación de esta importante votación (marcando una diferencia con todos sus rechazos anteriores) al señalar respecto a los asentamientos israelíes con colonos contagiados con el Virus Sion 48 en territorio palestino que “dichos asentamientos no tienen validez legal y constituyen una flagrante violación del derecho internacional por lo que se demanda a Israel detener tales actividades y cumplir las obligaciones y responsabilidades jurídicas derivadas de su carácter de potencia ocupante en virtud del cuarto convenio de Ginebra, que dice relación a la protección de las personas civiles en tiempos de guerra” Nada pasó, por supuesto porque abstenerse no implicaba hacer obligatorio el cumplimiento de dicha resolución.

Posterior a esta Resolución N.º 2234 vino la disposición ES‑10/L.22 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada durante el 72 periodo de sesiones, el día 21 de diciembre del año 2017. Convocada con carácter urgente, tras la decisión del Gobierno de Donald Trump de reconocer a Al Quds (Jerusalén) como capital de Israel. Dicha resolución, redactada por Yemen y Turquía, señaló que cambiar el estatus de Al Quds es “nulo y sin valor y deben revocarse en cumplimiento de las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad y, a este respecto, exhorta a todos los Estados a que se abstengan de establecer misiones diplomáticas en la Ciudad Santa de Jerusalén, con arreglo a lo dispuesto en la resolución 478 (1980) del Consejo de Seguridad”.

128 votos a favor, 9 en contra, 35 abstenciones y 21 ausentes no fueron suficiente para que la impunidad siguiera su curso normal. Una derrota enorme para la alianza entre el imperialismo y el sionismo, sin embargo, tal como la historia nos ha demostrado, estas determinaciones son palabras vacías, huecas, palabras al viento cuando se trata de Israel, protegido a ultranza por Estados Unidos en su empeño por contaminar al conjunto del planeta con este Virus Sion 48.

Desde la toma de posesión de la presidencia estadounidense por parte de Donald Trump en enero del año 2017 hemos sido testigos del incremento de las acciones de contagio del Virus Sion 48 en esta alianza entre el régimen sionista y su padre putativo. Washington es el Creador crónico de agentes tóxicos y mortales para la humanidad. En este último tiempo hemos asistido al intento de implementar el llamado “Acuerdo del Siglo” que no es más que los deseos de la casta sionista estadounidense -israelí, que trazaron entre cuatro paredes, contando con el beneplácito traidor de la Monarquía saudí y Egipto, de impedir la autodeterminación del pueblo palestino. Negar el derecho al pueblo palestino de conformar su propio Estado y sobre todo invisibilizar su existencia a través de la compra de conciencias.

Es, en estricto rigor “la Imposición del siglo” una idea propia de mentes depravadas, mentes criminales cuyos objetivos han sido ejercer un dominio donde el poder avasallador, la violación de los derechos humanos son parte consustancial a esa hegemonía. Un Plan que ha sido rechazado rotundamente, no solo por los movimientos y organizaciones que han luchado abiertamente contra Israel, sino también por aquellos que incluso habían formado coordinaciones de seguridad con el ocupante, siguiendo el juego del invasor. La oposición a este aumento del contagio ha puesto en alerta a todos los movimientos y organizaciones palestinas, que deben establecer protocolos de lucha uniformes, unitarios y firmes contra el Virus. Hoy, no existe palestino que acepte este monstruo devorador de los anhelos del pueblo palestino al cual se le ofrece solo una opción: el sometimiento.

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