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Pandemia y crisis del capitalismo global

El mundo global ha quedado al desnudo, en su forma de capitalismo global neoliberal, con la pandemia del coronavirus. Pandemia ocasionada por un sospechoso y de origen dudoso virus, que se inició como epidemia en la ciudad de Wuhan de la República Popular China. Digo sospechoso y de origen dudoso coronavirus, debido a su aparición, precisamente, en un contexto de guerra comercial- tecnológica entre los Estados Unidos de Norte América y la República Popular China; así como en medio de los esfuerzos de EEUU por impulsar investigaciones  especializadas en los campos de la microbiología e ingeniería genética, con la finalidad de producir armas biológicas para usos desestabilizadores y de control poblacional, en el marco de la proliferación de un pensamiento conservador neofascista de las oligarquías imperialistas- financieras, que tienen como centro de poder el imperio norteamericano, en crisis de hegemonía económico- financiera y científico- tecnológica, con relación al repunte de la economía china y su ruta de la seda, como  mecanismo de dominio del mercado mundial; frente a los  EEUU y a una Europa cada vez más aislada del reparto del mundo, a la cola del imperio del norte. Así como dividida como consecuencia de la separación de Inglaterra y una Rusia unificada con el liderazgo de Vladimir Putin.

Este fenómeno de pandemia- así calificado por la OMS y por los hechos- no solo se ha convertido en una pandemia que pone al desnudo las debilidades de los sistemas de salud de los países desarrollados de occidente (EEUU y Europa), para no referirme a los países de economías y sistemas políticos dependientes de América Latina, África y Asia;  si- no que ha permitido hacer visible la profunda crisis – financiera del capitalismo global-neoliberal, expresada en la caída en picada de los precios del petróleo y sus derivados, en la inestabilidad de la bolsa de valores, así como la crisis de los bancos centrales europeos y el quiebre del mercado internacional, que ha provocado la prolongación del cierre de fronteras de la mayoría de los países que interactúan en el mercado global. Cierre de fronteras que abarca mar, aire y tierra; lo que implica la caída estrepitosa de los vuelos internacionales, la navegación  y el transporte terrestre, lo cual impacta negativamente el transporte e intercambio de mercancías, personas y todo tipo de bienes y servicios, afectando el turismo, la industria y los servicios, provocando una caída  del comercio mundial que se expresa en una reducción del PIB de los países y el mundo en un porcentaje que acentúa y profundiza la crisis del capitalismo global y de manera específica de cada Estado-nación .

Esta crisis del capitalismo global, ocasionada por la pandemia COVID-19 o coronavirus, ha permitido ver la “aldea global” de la que habló en los años 60’s  del siglo XX Marshall McLuhan, al referirse a la sociedad de la información (consecuencia de los avances tecnológicos y su impacto en los medios masivos de comunicación: prensa, radio y televisión), como una “aldea global”, que es el planeta tierra, en sus dimensiones económico-financieras, sociales, políticas, ecológicas y de salud. Posibilitando dejar al desnudo las grandes y graves desigualdades entre países ricos (centros imperialistas) y países pobres (de la periferia, hegemonizados por los primeros); entre clases poderosas (el 1% de la población mundial) y clases explotadas (99% de la población mundial); en fin, entre regiones inmensamente ricas y regiones inmensamente pobres, destacándose las grandes desigualdades globales, nacionales y de clase sociales (entre ricos y pobres).

La pandemia del coronavirus, ha permitido ver y vivir, como una escena dantesca, la fragilidad de la sociedad del riesgo y de la sociedad del miedo, como han caracterizado Ulrich Beck (1998) y Zygmunt Bauman (2007), respectivamente, la sociedad capitalista contemporánea.

“La sociedad del riesgo, al decir de Beck, es una sociedad catastrófica. En ella el estado de excepción amenaza con convertirse en el estado de  normalidad.”

Es lo que estamos viviendo los dominicanos y el mundo entero, diría Foucault se trata del Estado panóptico, donde lo anormal pasa a ser lo normal, el Estado militar- policiaco y de encierro (cuarentena), es lo vivido – normal , como ejercicio de poder en la crisis la excepción es la que impone la lógica del poder, que se aplica siempre en beneficio de las clases dominantes- hegemónicas, frente a las indefensas clases subalternas , que son los pobres, trabajadores , campesinos y la maltratada clase media urbana.

La pandemia ocasionada por el coronavirus  no es un problema simplemente biológico, de salud, es un problema global, económico, social y político. Que en un contexto mundial de aislamiento del pensamiento social, frente al pensamiento científico- natural- tecnológico (tecnocrático), coloca a las sociedades y a las clases de menores condiciones de ingresos económicos como víctimas de una lógica negativa de la eliminación, racionalmente  concebida por los expertos, científicos e ideólogos, al servicio de los centros de poder imperialistas y del capital financiero y de las elites aristocráticas  nacionales y locales,  que orientan sus acciones por la lógica positiva de la apropiación. Esto se puede observar en las medidas políticas de excepción tomadas por gobiernos como el dominicano, las cuales en su forma y contenido dejan desprotegida a la mayoría de la población y, a la vez, favorecen a los sectores dominantes, como el financiero o bancario y el comercial. Es el caso de la liberación de 30 mil millones de pesos del encaje legal, a disposición del sector financiero. Sin que se vislumbren  medidas favorables directamente a las clases trabajadora, media y marginal del país, en relación al pago del compromisos financieros por deudas, reducción de la tasa de interés y aplazamiento del pago de tarjetas de crédito, emisión de bonos de consumo de comida, energía eléctrica, teléfono, colegios y servicios de salud.

Hay que tomar en cuenta que el 70%  de los trabajadores dominicanos son informales, esto quiere decir que la mayoría tiene que trabajar diario en su propio negocio para poder cubrir los gastos de alimentación familiar, sin hablar de los gastos de salud, alquiler de vivienda, educación, transporte y otros.

En esta coyuntura de la crisis global del capitalismo neoliberal, es necesario pensar, en el sentido de Beck, en la combinación de las racionalidades científico-experta y la social-cotidiana. De manera que las soluciones y medidas tomen en cuenta tanto la percepción social como la científica. Esto no es lo que ha hecho el gobierno dominicano: sus medidas se enmarcan en una racionalidad de “elite gobernante”, es decir, en una racionalidad experto-técnica, que es la que favorece a los sectores financiero y comercial, sin tomar en cuenta a los sectores trabajadores, de clase media y marginales , que conforman la mayoría del pueblo dominicano.

Para Beck “… sin racionalidad social, la racionalidad científica está vacía; sin racionalidad científica, la racionalidad social es ciega.”

La lógica del capitalismo global neoliberal funciona con valores orientados a la acumulación  infinita, al consumo irracional y al desprecio por el ser humano y la naturaleza. Es una lógica que orienta sus valores conservadores a los intereses de dominio desmedido y trae como consecuencia riesgos múltiples y permanentes: las crisis cíclicas son las características más evidentes del capitalismo global.

En consecuencia, se trata de un sistema- mundo capitalista neoliberal que genera una pluralidad de riesgos permanentes, en una relación: modernización- globalización como causa de múltiples riesgos en lo global y en lo local, en cada Estado-nación, clases y grupos de intereses. Los riesgos no alcanzan a todos por igual, son más catastróficos para las naciones más pobres y para las clases sociales y personas en situación vulnerables como es el caso de las naciones de menor desarrollo y de los obreros, marginales y pobres del mundo actual.

De esa lógica se deriva que la industrialización- modernización capitalista genera riesgos específicos como: contaminación ambiental por efecto del dióxido de carbono y de gases tóxicos, muerte de los bosques, desaparición de especies vegetales y animales, contaminación del aire, contaminación del agua, afección de las capas de ozono, dislocamiento climático, epidemias, pandemias, entre otras afecciones, contaminaciones y destrucciones ocasionadas al planeta tierra de manera global.

Ahora bien, uno de los problemas que más atemoriza a las elites poderosas del mundo capitalista global es el crecimiento poblacional, de la reducción de la tasa de mortalidad y el incremento de la esperanza de vida como consecuencia de los avances científicos y tecnológicos y de las ciencias de la salud en general. Miedo que ha de haber generado un pensamiento imperialista conservador – neofascista orientado a la reducción de la población mundial, sobre todo de las poblaciones de ancianos y del control de natalidad; desarrollando en los centros de poder imperialistas políticas concretas al respecto que cuentan con el apoyo financiero del Estado, de las empresas trasnacionales y de organismos internacionales y financieros como el FMI.

Otras características del capitalismo global- neoliberal, capitalismo postmoderno, es el miedo como consecuencia de los múltiples riesgos de la lógica de la acumulación y el consumo desmedido, propias del neoliberalismo.

A decir Zygmunt   Bauman  estamos frente a la omnipresencia del miedo. Miedo natural, como mecanismo de defensa propia de la condición animal, como reacción frente a los peligros externos; “miedos derivativos” expresados por inseguridad y vulnerabilidad, relativos a los peligros que implica una crisis social de salud, por ejemplo la perdida de la vida o muerte física; perdidas de propiedades, ocasionadas por una crisis económico- financiera o situaciones de crisis sociopolíticas, como en los casos de guerras,  migraciones y estado de excepción coyuntural o no.

El miedo puede conducir a situaciones de pánicos. Creo que es lo que ha ocurrido en esta coyuntura de la cuarentena decretada por el gobierno dominicano. Hemos podido observar como las clases media y alta con poder de compra y tendencia al consumo conspicuo tomó los establecimientos comerciales, fundamentalmente, los supermercados, haciendo largas filas hasta dejar vacías las tramerías de dichos establecimientos;  los cuales han quedado desiertos mientras la gente se ha recluido en sus hogares , no solo dando cumplimiento a la cuarentena y al toque de queda , sino llenas de miedo, puede decirse de pánico frente al posible contagio del coronavirus y como efecto del impacto de los medios de comunicación y las redes sociales, con una carga de información- desinformación descomunal sobre la población.

En fin, ha quedado en evidencia  la fragilidad del sistema de salud expresado en la capacidad de los hospitales para dar respuesta a la demanda de salud de la población. Esto ocurre en los sistemas de salud, incluso de país como Italia y España,  donde como consecuencia de las políticas neoliberales, los recortes presupuestarios del gasto social en salud han conducido a la reducción del número de habitaciones,  de camas,  de personal (médicos y paramédicos en general), reducción de equipos, medicamentos y materiales gastables en los centros de salud públicos.

Todo como consecuencia de las políticas neoliberales  orientadas al recorte del gasto social, como mecanismo para asegurar la acumulación de capitales y el incremento de las ganancias, específicamente del sector financiero internacional y nacional.

Es indudable que esta crisis de pandemia ocasionada por el coronavirus o COVID-19 ha puesto en evidencia la crisis estructural del capitalismo global-neoliberal y permite visualizar las políticas imperialistas con respecto a su desprecio por la vida humana  en el planeta tierra. Pero también , deja al desnudo la fragilidad del sistema capitalista a nivel global y el manejo elitista de los grupos gobernantes locales, que se aferran a medidas de excepción autoritarias, siempre en beneficio de las elites dominantes de los sectores financieros y comerciales, en complicidad con una minoría que perjudica a la mayoría : el pueblo trabajador, la clase media, el campesinado y la población marginada; quienes  quedan desprotegidos por los efectos de la sociedad del riesgo y del miedo .

“El virus no distingue entre clases sociales” (dijo el gobernante español Pedro Sánchez ) pero los que no tienen acceso a las pruebas , a los medicamentos, a los internamientos seguros, a los alimentos son los pobres, quienes son la mayoría ; por eso aportan la mayor tasa de mortalidad. En otras palabras, los trabajadores, campesinos y marginados mueren primero y en mayor proporción.

Acerca del autor

Juan Francisco Viloria

Filosofo, sociólogo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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