Internacionales Salud

Coronavirus y momento histórico

Escrito por Debate Plural

Francisco Muñoz Jaramillo y Carlos Michelena (Rebelión, 7–5-20)

 

Presentación

El presente artículo[1], elaborado cuando la pandemia del coronavirus invade el planeta, constituye una parte de la indagación sobre el capitalismo planetario y su hegemonía[2].  Recupera contenidos y expresiones desarrolladas previamente para dimensionar la comprensión crítica actual de la crisis capitalista planetaria. En consecuencia el artículo tiene por objetivo dar cuenta del momento histórico que vive la humanidad, como premisa necesaria para la comprensión de la crisis capitalista.

En consecuencia, el propósito de este texto es describir y analizar el momento histórico que vive el sistema mundo capitalista en el siglo XXI, marcado por un debilitamiento de la globalización y declive de la hegemonía norteamericana; aspectos que condicionan el desarrollo de la pandemia y de la crisis sistémica del capitalismo.

  1. Introducción

Desde los años 1920 el mundo no había experimentado una pandemia tan grave como la del coronavirus (SARS-Cov-2), que como nunca antes tiene un alcance planetario, expandiéndose rápidamente a todos los continentes con una velocidad exponencial de contagio. A la fecha, cada día se detectan alrededor de 100 mil casos nuevos, y la cifra tenderá a aumentar. Esta enfermedad apareció por primera vez en la China continental, en la ciudad de Wuhan, y obligó al Estado de la República Popular a tomar medidas de aislamiento y cuarentena para proteger a la población de la provincia de Hubei, y otras acciones preventivas en todo el país. Conforme se fue expandiendo la enfermedad por el mundo, las cuarentenas ya se han aplicado en la gran mayoría de países, lo cual ha contribuido a profundizar la crisis financiera del capitalismo, y limitar las posibilidades de la recuperación de su acumulación ampliada.

La enfermedad COVID-19 alcanzó una presencia global en pocos meses. Las altas tasas de contagio y la interconexión del mundo globalizado fueron el caldo de cultivo para su vertiginosa expansión. La pandemia aparece en un momento en que el sistema mundo capitalista se encuentra en una crisis sistémica, y pone de relieve muchas de las contradicciones, límites y lógicas de explotación y dominación del capital y sus élites a nivel planetario. Una economía, como es la capitalista, exclusivamente basada en la valorización del valor (obtención de ganancias), la concentración de la riqueza, la desigualdad y la precariedad; producirá otros efectos sociales además de las enfermedades virales, como el desempleo, la pobreza, la escases y las hambrunas. Dicha pandemia obliga a mantener una cuarentena a la mayoría de la población mundial sin suficientes recursos sanitarios y alimenticios para sobrevivir.

Los gobiernos, los países y las élites se enfrentan a un enemigo invisible, que pone en riesgo la vida de la población, en la medida en que no existen estrategias claras para enfrentarlo, por tratarse de un virus nuevo que aún no ha sido estudiado. Por ello, esta crisis sanitaria muestra el lado caótico y destructivo del sistema, con líderes mundiales que privilegian la economía antes que la salud; con un capital financiero que profundiza la apropiación y saqueo de los recursos de los Estados, negando a miles de seres humanos salud y alimentación adecuadas, como sucede actualmente en el Ecuador y otros países. En ese contexto, los sectores subalternos en todo el mundo se disponen a enfrentar tan brutal proceso de exclusión, que llevaría a desatar procesos de movilización y resistencia reclamando los recursos necesarios para sobrevivir en la cuarentena.

Alrededor de la pandemia del coronavirus existen algunas interpretaciones sobre su origen. Por un lado, algunos científicos creen que el virus apareció como resultado de una mutación o de un contagio animal. La llegada de esta pandemia se da cuando la naturaleza, los ecosistemas y el clima del planeta están gravemente afectados y destruidos por la acción depredadora del sistema capitalista. La colonización del ser humano a los territorios y zonas no exploradas de la corteza terrestre ha despertado enfermedades, como el coronavirus, ocultas en selvas, en glaciares o en el subterráneo del planeta. De esta forma la humanidad y el capitalismo, en tanto se expanden por el planeta, contactan con zonas inexploradas, y se expanden organismos y virus que ya se encontraban en el interior de la naturaleza[3]. “Bien podría ser, -dice Juan Francisco Rasso- como ya ha ocurrido en otras oportunidades. En la conquista del Hombre a la naturaleza, aún quedaban escondrijos, y allí nos estaba esperando un microorganismo todavía hostil que se montó sobre nuestras formas de vida, transporte, comercio, turismo para expandirse y cobrarse una buena cantidad de vidas”[4].

Otras interpretaciones relacionadas al origen de la pandemia tienen que ver con la disputa geopolítica que se desarrolla actualmente. La más importante se relaciona con la información sobre una cumbre conocida como “Event201”[5], en el mes de octubre del 2019, donde algunos empresarios y grupos de poder estadounidenses especulaban sobre la posibilidad de la presencia de una enfermedad con alcances planetarios, y planificaban respuestas y estrategias. Según esta interpretación hipotética, el sector del capital globalista transnacional en Estados Unidos sería quien habría propiciado el desarrollo de un virus de laboratorio para generar una pandemia mundial[6], y así paralizar la economía de la mayoría de países, con el objetivo de imponer un cambio hegemónico. Esto sucede en pleno conflicto geopolítico mundial y en una situación de crisis capitalista, cuando los sectores del capital financiero norteamericano y el multipolarismo de los BRICS se encuentran en una disputa hegemónica. En esta interpretación, se destacan las declaraciones del presidente norteamericano Donald Trump, que ha solicitado una investigación sobre el laboratorio de virología de Wuhan donde la Casa Blanca cree que podría haberse liberado el virus de manera intencional.

Lo claro es que -coincidiendo con el análisis de Juan Francisco Rasso-, si bien es cierto que la evidencia científica afirma que el SARS-CoV-2 es un virus de origen animal; la guerra biológica en el contexto actual de la disputa hegemónica mundial podría convertirse en un recurso de última instancia para dirimir conflictos políticos.

“Los medios, los instrumentos, las herramientas para hacer la guerra también han ido cambiando, llegando a ser muy variadas y seguramente desconocidos para el común de los mortales. Pero, llegado hasta este punto ya debemos señalar que la posibilidad de utilización de las armas químicas, bacteriológicas, virales son una posibilidad cierta desde hace décadas”…“Sin embargo, debemos recordar que la hipótesis más firme es que la pandemia haya tenido un origen natural. Lo que no significa que no exista la posibilidad de utilizar este tipo de amenazas como medios o herramientas para dirimir cuestiones de poder. Pero más allá de cómo se originó, el nivel de análisis que se impone es cómo están respondiendo los distintos actores, el campo de disputas en desarrollo, y ciertas paradojas que van teniendo lugar”[7].

Y es que esta pandemia ha puesto a prueba a los sistemas sanitarios y a las economías de todo el mundo. En muchos países las medidas de cuarentena y distanciamiento social son utilizadas para frenar el avance del virus, que en la mayoría de países ocasiona una saturación y colapso del sistema de salud pública. Además, las cuarentenas contribuyen a profundizar la crisis financiera que ya se venía manifestando meses atrás, golpeando a la producción, al empleo y al comercio. Esta situación económica amenaza el ritmo y nivel de la reproducción ampliada del capital, que se manifiesta en la gran recesión mundial, antesala de una posible depresión similar a la de 1929.

  • Momento Histórico del capitalismo planetario

La pandemia del Coronavirus se da en un momento histórico en que el planeta asiste a un conjunto de modificaciones estructurales sustanciales que llevan a imaginar una situación de desastre o incluso de derrumbe del capitalismo. Poniéndose una vez más en vigencia la emblemática expresión de Rosa Luxemburgo, “Socialización o barbarie”.

I

La pandemia del coronavirus se da en circunstancias en que se manifiesta la necesidad de la incorporación tecnológica de la llamada cuarta revolución industrial, que genera un salto cualitativo importante en el desarrollo del capitalismo. Situación que cambia, de manera significativa, la composición orgánica del capital, e incrementa exponencialmente la productividad, que restringe al mismo tiempo la creación de nuevos empleos y la utilización de la fuerza de trabajo.

De esta forma, se pone en riesgo el nivel y ritmo de la acumulación capitalista planetaria, teniendo en cuenta que la inversión especulativa del capital financiero ha llegado a límites no conocidos antes,  que amenaza con desatar una de las más grandes crisis del capitalismo, en condiciones en que en  la etapa de financiarización,  la reproducción ampliada del capital, ha bloqueado la distribución de los excedentes hacia la inversión productiva,  determinando el debilitando de la acumulación, la sobre acumulación de capital dinero  y el decrecimiento de su tasa de rentabilidad,  afectando a su vez el comercio y el desarrollo económico a nivel planetario.

II

La pandemia del COVID-19 aparece cuando en el planeta se ha generado un impresionante nivel de concentración capitalista, que ha determinado el predominio de la inversión de carácter trasnacional. Este sector del capital financiero-transnacional disputa a otras fracciones el predominio de la conducción económica y política planetaria, y busca dar respuesta al desastre ocasionado por la crisis sanitaria mundial y la crisis económica capitalista en ciernes.

“En el siglo XXI el capital y el capitalismo, ingresa en una nueva fase de globalización o mundialización, superando así – se dice en el texto capitalismo planetario y hegemonía- el periodo multinacional de la hegemonía del capital. Fase actual determinada, principalmente, por el predominio del capital transnacional y, complementaria y contradictoriamente, por el peculiar desarrollo económico, industrial y tecno-científico de la República Popular China, principal potencia hegemónica del multipolarismo (junto con Rusia, China India, Irán), que disputa a las corporaciones transnacionales y financieras privadas el comercio, el desarrollo tecnológico y la expansión de la producción y la inversión financiera, así como la presencia geopolítica en determinados territorios del mundo”[8].

Proceso que se desarrolla cuando la globalización neoliberal se encuentra debilitada y limitada en la última década. En efecto, aspectos como el comercial y el financiero, han mostrado desempeños limitados y deterioros considerables desde la crisis del 2008: la economía de los derivados financieros se estancó desde el 2009 y descendió desde el 2013 hasta el 2017. En el 2019 presenta una importante recuperación, pero sin alcanzar los máximos de la década del 2000. El comercio mundial también se ralentizó desde el año 2009, y desde entonces no presenta condiciones para su recuperación[9].

“Situación de la financiarización que ha forzado a combinar la especulación con otras actividades económicas y mecanismos como el retorno, aunque parcial, hacia la inversión productiva a través de renovadas formas neocoloniales. Así como impulsar e invertir, cada vez más, en negocios ilegales y criminales, como el tráfico de drogas, de armas, el lavado de activos y la corrupción pública, que incrementan los niveles de rentabilidad del capital financiero”[10].

Esta situación pone de manifiesto el tránsito hacia un nuevo momento de la mundialización, en tanto se evidencian límites, tendencias decadentes y contradictorias en la disputa del desenlace de la crisis sistémica del capitalismo planetario, así como de la actual pugna hegemónica.

Se ha configurado así en esta nueva fase de la globalización tensiones entre el aspecto financiero mercantil de la transnacionalización y el productivo comercial multipolar, abriendo la perspectiva del despliegue de la contradicción entre valor de uso y valor de cambio, así como entre la condición económica técnico material y la forma de organización social. Se despliega una forma peculiar de desarrollo económico, social y político de la República Popular China y sus aliados orientales. De esta manera, se coloca una de las premisas para la definición y disputa hegemónica entre Estados Unidos y nuevas potencias orientales, principalmente la China. Situación conflictiva que se expresa en el comercio mundial, la competencia tecnológica, y el proceso de ingreso a la cuarta revolución industrial y su utilización productiva.

III

El actual momento de  afectación a la humanidad por parte de la pandemia, por otro lado, evidencia una situación de destrucción de la naturaleza ocasionada por la búsqueda incesante de valorización del capital que ha conducido a modificaciones naturales, una de las cuales – según ciertas hipótesis planteadas- habría originado el virus de la pandemia que vive la humanidad. La relación incompatible del sistema capitalista con la naturaleza se mostró en la crisis multifacética del 2008, que además de financiera fue comprendida como ecológica y medio ambiental, alimentaria y civilizatoria.

La crisis ecológica, que se presenta en el mundo de manera dramática, da cuenta de los efectos de la contradicción entre el modelo técnico productivo del capitalismo y la reproducción de la vida en el planeta. Es decir, la ruptura del “metabolismo naturaleza-sociedad” que conduce a la destrucción ecológica del medio ambiente a nivel mundial[11].  A estos elementos se suma la escasez relativa de los recursos naturales, la contaminación del aire, el agua dulce y los mares, donde el conflicto sobre el cambio climático genera una tensión política mundial que ahonda el cuestionamiento a la hegemonía actual del sistema capitalista. Todos estos factores enumerados ponen de manifiesto el momento histórico crítico por el que atraviesa la civilización capitalista planetaria, que en última instancia, pone en grave riesgo la reproducción de la vida y del medio ambiente a nivel mundial.

IV

En el contexto de la afectación sanitaria mundial, se observa la profundización de la crisis del carácter del dominio político capitalista. El entramado de mecanismos y relaciones que han construido las corporaciones transnacionales en su ampliación por todo el globo, no solamente depende de formas de saqueo y robo propias del coloniaje históricamente conocidas; sino de la constitución de poderes geoeconómicos que “construyen -dicen Negri y Hardt- la trama conectiva fundamental del mundo biopolítico”, es decir estructuran territorios y poblaciones bajo la lógica de los dispositivos denominados biopolíticos[12].

Se genera así una nueva configuración política mundial que influye especialmente en el límite y debilitamiento de los tradicionales Estados nacionales, que ha posicionado a las empresas transnacionales como auténticos poderes políticos, incrementando su influencia alrededor de todo el mundo. Dichas corporaciones han logrado organizar la producción, el comercio y las finanzas a escala planetaria, y alcanzar nuevos mercados en zonas aún no colonizadas por el capital en Asia, África y América Latina.

De igual manera, dichas corporaciones han influido en la conducción política de la mayoría de países del mundo, dentro del proyecto globalizador neoliberal. Profundizando así mismo las relaciones de competencia y subordinación de los Estados a las entidades transnacionales, y conformando un orden económico internacional extremadamente desigual, el mismo que anuncia cambios en esta dimensión, en el contexto de la crisis financiera y los efectos sanitarios de la actual pandemia del coronavirus.

El debilitamiento del orden jurídico del Estado nacional, por otro lado, deja abierta la posibilidad a la imposición arbitraria del poder global, y en consecuencia, generan un autoritarismo asentado en este poder transnacional privado que no tiene reglas jurídicas estatales claras y coherentes que normen y regulen el comportamiento de la sociedad, las instituciones y las corporaciones. Esta es la nueva forma de existencia del poder, que Agamben y otros autores han denominado “Estado de excepción”.

“Efectivamente, el Estado de excepción suspende el orden jurídico y se ha convertido durante el siglo XX en forma permanente y paradigmática de gobierno. Una idea que Agamben retoma de Walter Benjamín, en especial de su octava tesis de filosofía de la historia, que escribió poco antes de morir, y que dice: <<La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de historia que se corresponda con este hecho>>”[13].

A esta situación responden los regímenes de excepción que ponen por delante el autoritarismo y que muestra su vigencia en el uso de formas excepcionales de represión paramilitar que utilizan las corporaciones transnacionales, especialmente las extractivistas; o, también, a través de formas de politización de la justicia y de la judicialización de la política. Siguiendo a Agamben, allí se encuentra la transformación de la vida política de las llamadas democracias, la ambigüedad constitutiva del derecho y del orden jurídico, el aumento del decisionismo del poder ejecutivo y, en general, la arbitrariedad de los poderes estatales y paraestatales. En definitiva, la terminación de esa importante función por la cual -como decía Bobbio- el derecho disciplina a la política.

V

La expansión geográfica capitalista en las ultimas decadas del siglo XX, que se dio privilegiadamente en territorios como China y Rusia, han dado lugar, paradójicamente, en las primeras décadas del siglo XXI, en medio de la pandemia desatada en el 2020, a un nuevo momento de disputas, competencias e interrelaciones entre potencias dominantes y emergentes, abriendo grietas en la hegemonía y poniendo de manifiesto conflictos entre las distintas fracciones del poder mundial. Como ha sucedido en el curso histórico del desarrollo capitalista, los declives y las crisis han dado lugar a procesos de surgimiento de un nuevo hegemón (en el pasado, de Inglaterra a Estados Unidos por caso). Lo singular del actual proceso es que el poder se desplaza hacia las corporaciones trasnacionales privadas, al mismo tiempo que aparecen nuevas potencias emergentes como la China, Rusia, la india, etc., que anuncian disputas y nuevas perspectivas geopolíticas.

“… una vez más la hegemonía y dominación de Estados Unidos –dice Harvey– están amenazadas y ahora el peligro parece más agudo. Si, por ejemplo, Braudel (seguido por Arrighi) está en lo cierto, y una poderosa ola de financiarización puede ser el preludio de una transferencia del poder dominante de un hegemón hacia otro, el inicio del viraje de Estados Unidos hacia la financiarización en los ’70 parecería ejemplificar un patrón histórico de autodestrucción”[14].

Los debilitamientos militar, comercial y geopolítico de los Estados Unidos, son síntomas de un proceso de decadencia que coincide con los patrones propios de declive de anteriores momentos históricos. Además, la ampliación e invasión geográfica del capital que permite concluir, según la tesis formulada por Arrighi al referirse a otros momentos del desarrollo histórico, que la expansión financiera representó el inicio del declive de las potencias hegemónicas. Y es que la financiarización conlleva la necesidad de distribuir enormes cantidades de capital sobreacumulado en otros territorios y geografías del planeta. Las cuales se transforman, de este modo, en nuevos centros de acumulación, constituyéndose aquellos territorios en países emergentes que impulsan niveles de competencia económica y disputas políticas llegando a fortalecerse y disputar la hegemonía al centro de acumulación vigente. Inaugurando así un nuevo ciclo de tránsito hegemónico. Este sería precisamente en la actualidad el caso de la China.

“La razón por la que las bellas épocas del capitalismo histórico han sido, todas ellas, fenómenos efímeros, es que tendían a profundizar en vez de resolver la crisis subyacente de sobreacumulación. Exacerbaban así la competencia económica, los conflictos sociales y las rivalidades interestatales hasta niveles que sobrepasaban la capacidad de control del centro vigente”[15].

En este contexto contradictorio de la nueva situación mundial aparece la figura presidencial de Donald Trump. Su triunfo en las elecciones de 2016 con una propuesta ideológica nacionalista y de desarrollo endógeno, muestra precisamente que la sociedad y el Estado norteamericano, así como su gobierno, se encuentran condicionados por la disputa entre las fracciones del capital por la conducción de la globalización. Una de las cuales se ha expresado a través de la ideología nacionalista, y de la necesidad del desarrollo interno, diferenciada de la otra fracción que impulsa el dinamismo del capital transnacional, financiero e informático, articulado y expresado por las grandes corporaciones monopólicas y oligopólicas, que impulsan la conformación de un nuevo mapa mundial de dominio político estatal – transnacional.

Se evidencia, entonces, el ascenso de fuerzas de extrema derecha contrarias al libre comercio en Estados Unidos y en la UE entre 2015 y 2016 – especialmente la retirada del Reino Unido a través del Brexit- que supone un retorno de los rasgos proteccionistas en estos Estados. En particular, es el eje anglo-estadounidense, tradicionalmente un pilar fundamental del orden liberal, el mismo que se retira y cuestiona ese orden[16].

Situación de la globalización y de la hegemonía que se complejizan por los procesos históricos de China y Rusia a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, que muestran uno de los aspectos más significativos de la actual conformación del capitalismo a escala planetaria y la emergencia contradictoria de un bloque de poder euroasiático que cuestiona la hegemonía capitalista norteamericana.

En efecto, son dos importantes acontecimientos históricos los que marcaron el final del siglo XX: el desplome de la Unión Soviética y del bloque socialista, por un lado; y por otro, el desarrollo peculiar de la República Popular China a través de la incursión en su desarrollo de las corporaciones transnacionales norteamericanas y europeas, que condujo a su integración al mercado capitalista mundial. Ambos procesos fueron influidos por la restructuración del sistema capitalista y la globalización neoliberal, conducida por la hegemonía norteamericana. Pero al cabo de un par de décadas, son países que han logrado conquistar nuevas posiciones en el escenario internacional.

En este sentido, el nuevo liderazgo que estaría conformando China está basado en la alianza con otros países orientales como son Rusia o Irán, por la complementariedad que significa, en tanto combina fortalezas económicas, militares y estratégicas. Este nuevo bloque continúa aumentando su influencia en el mundo, con el triunfo en la guerra de Siria, en el plano político-militar, así como el impulso de la Ruta de la Seda en el plano económico, del comercio e inversión, euroasiático. Además, la expansión de la influencia de la mencionada potencia asiática en otros países más pequeños de la región se ha  fortalecido; son los casos de Siria, Filipinas, Birmania, Malasia, Corea, Pakistán, Indonesia, etc.

Efectivamente, desde el año 2008 se vislumbra la construcción de un nuevo bloque geopolítico en el mundo que constituye el contrapeso al poder unipolar de los Estados Unidos. Pero esta vez, el nuevo bloque, encabezado por China y la nueva Federación Rusa que quedó luego del desplome de la Unión Soviética, no va a jugar el mismo papel que tenía antaño el bloque socialista del siglo XX. Lo que está en discusión en el mundo no es el enfrentamiento entre dos sistemas sociales, sino que en el seno del capitalismo planetario se tejen y cocinan una serie de conflictos interestatales resultado de la competencia de las potencias capitalistas por el control de la economía mundial. Sin embargo, la crisis sistémica abre condiciones para transformaciones sociales sustantivas que cambien radicalmente el capitalismo.

  • 2019: Declive de la hegemonía

Momento histórico descrito sobre el desenvolvimiento del capitalismo planetario, que en el periodo previo al desate del coronavirus, en el año 2019, puso de manifiesto conflictos coyunturales, de orden económico y político principalmente, los mismos que expresaron el deterioro y límite hegemónico de EE.UU., así como el surgimiento de una nueva hegemonía y correlación de fuerzas mundial.

I

En efecto se da en primer lugar cuando, EE.UU. y China ingresan en una disputa tecnológica, acicateada por la necesidad de incrementar la productividad y el liderazgo tecnológico mundial. Tensión que se manifestó como efecto de una de las decisiones arbitrarias del presidente norteamericano Trump al prohibir a las corporaciones norteamericanas contratar con la empresa china  Huawei;

“En nombre de la necesidad de la protección de la seguridad nacional de EE.UU el presidente Trump emitió el 15 de Mayo de 2019, un decreto prohibiendo a las corporaciones y empresas norteamericanas vincularse con la asiática Huawei, generando en consecuencia la decisión de la corporación norteamericana Google de suspender el sistema operativo Android distribuido a la empresa asiática para la fabricación de teléfonos inteligentes”[17].

Y es que para la administración de línea nacionalista del Partido Republicano el problema central ha sido enfrentar la propuesta “Made in China 2025” que perfila a la potencia asiática entre 2025 y 2045 como una potencia tecnológica global[18]. China proyecta “lograr que los gastos en Investigación y Desarrollo llegue a ser el 2,5 % del Producto en 2025 (son 2,1 % actualmente y eran 0,9 % en el 2000)[19].

Dicha prohibición tensionó la relación con la corporación norteamericana Apple, la misma que tiene deslocalizada la producción fabril en China, y eventualmente, habría puesto en riesgo su presencia en territorio asiático.

En medio de esta situación, dos días después de emitido el decreto, el atrabiliario presidente norteamericano decidió dar un plazo de tres meses para aplicar el mencionado instrumento jurídico, y anunció que en el acuerdo comercial que se negociaba entre EEUU y China se podría privilegiar la solución de Huawei[20]. Asunto que concluyo cuando las mismas empresas trasnacionales implicadas presionaron la terminación de la sanción. Cuestión que determino que el huésped de la Casa Blanca debilitara su posición intransigente y aceptara la determinante presencia transnacional frente a la supuesta necesidad nacional/multinacional del Estado norteamericano.

El mencionado conflicto muestra el grado de profundización de la globalización, de un lado, y en consecuencia el incremento de la interrelación productiva, tecnológica y comercial del capitalismo. Interrelación que evidencia, por otro lado,  la fuerte y singular presencia del gigante asiático y sus empresas vinculadas; y muestra su significación práctico material como nueva potencia que disputa la hegemonía mundial; dando paso, a su vez, a la mantención y continuidad de Huawei en su empuje tecnológico de punta y en su relación con corporaciones norteamericanas y europeas.

El conflicto que ha surgido con la empresa tecnológica asiática constituye, entonces, un hecho que refleja este conjunto de contradicciones y nos permite prever la línea de solución de conflictos o de viabilidad económica y política en el mundo, donde se inscribe el acuerdo comercial entre China y EEUU.

II

En segundo lugar, el conflicto económico, precisamente, se desplegó en momentos de fuerte confrontamiento comercial, entre EEUU y CHINA, donde el presidente Trump, en un juego de tira y afloja, de chantaje y negociación, terminó en la práctica debilitando su intransigencia frente a las demandas de los intereses de la república asiática.

“… Luego de la última reunión del G-20, que se realizó en Osaka-Japón en junio de 2019, en la que se manifestó por parte del gobierno norteamericano, la disposición a solucionar el conflicto comercial, concretando la negociación entre EE.UU. y China; se  generaron, en los primeros días de agosto de 2019, incidentes en torno al conflicto comercial, en esta ocasión a través, principalmente, de la devaluación del yuan como medida tomada por el gobierno chino para enfrentar el incremento del 10% de impuestos a las exportaciones chinas a EE.UU, y que llevaría hasta finales de 2019, a generalizar las imposiciones arancelarias a un 95% de los productos que ingresan a Estados Unidos desde el país asiático. En una declaración desesperada y prepotente el presidente Trump, en septiembre de 2019, amenazó a China con desatar una guerra comercial integral”[21].

La característica central de esta “batalla comercial” es que los productos grabados conforman un porcentaje significativo del comercio entre ambas naciones y, por lo tanto, del comercio mundial. No obstante, la estrategia proteccionista golpeó a determinadas empresas vinculadas al globalismo financiero unipolar, como Apple, que lleva varios años perdiendo territorio en China frente a empresas locales como Oppo y Huawei. Otro tanto sucede con empresas de este mismo sector y línea globalista, como Google o Amazon[22].

En el contexto de un creciente déficit comercial de Estados Unidos con China, que desata “la guerra comercial más grande en la historia del capitalismo” (como interpretan Ugarteche y Negrete[23]); hizo posible la resolución del conflicto tecnológico con dicha empresa asiática.

Las amenazas por parte de la Casa Blanca de nuevos aranceles continuaron hasta el 15 de diciembre de 2019, cuando la pandemia del coronavirus apareció, y dejó en suspenso el proceso de negociación de las dos potencias, el mismo que había progresado significativamente[24]; abriendo nuevos niveles de tensión respecto a los problemas del comercio mundial, en medio de las denuncias de lado y lado sobre el origen del virus. El momento en que se editaba este artículo apareció la información sobre el uso de la moneda Yuan en lugar del dólar, para transacciones, principalmente, en la bolsa por parte de China. Acto seguido el presidente Trump amenazó con tomar represalias económicas frente la nación asiática. Tema que se enmarca en esta tensión analizada en torno a la llamada batalla comercial.

III

El conflicto político en cambio se da cuando fracasa la estrategia Neoconservadora para un Nuevo Siglo Americano. Las invasiones a Afganistán (2001) e Irak (2003) [generadas en este contexto de aplicación de la mencionada estrategia], evidenciaron los límites y fracaso de la ofensiva guerrerista de Estados Unidos. El disminuido apoyo de sus socios mundiales al financiamiento de la guerra de Irak, y el incremento del déficit fiscal que ocasionaron los gastos de la guerra, así lo demuestran. En consecuencia, dichas invasiones representaron más costos que éxitos políticos y económicos, en tanto no se pudo pagar la guerra con los recursos petroleros de las naciones invadidas, ocasionando una disminución de los retornos marginales. Esto indudablemente significó que el proyecto que emprendió el presidente Bush desde el 2001, en lugar de marcar la pauta para un renovado dominio mundial de Estados Unidos, agravó los límites de su poder y los problemas económicos y políticos, internos y externos, que influyeron en el declive norteamericano[25].

Debilitamiento de la hegemonía, particularmente en Medio Oriente, cuando Estados Unidos desiste de sus aspiraciones militares y políticas en Siria frente a la fortaleza de la coalición constituida por Siria, Rusia y China, e Irán en el año 2016.

En efecto, “La guerra en Siria contó, por otra parte, con la participación de Rusia como aliado del gobierno del presidente sirio Al Asad. Y en esa medida fue posible derrotar la estrategia de Estados Unidos y sus aliados en la región.”

“Dicha participación, sumada a la fortaleza político-militar de Rusia creó la posibilidad de un cambio en el tablero geopolítico, dando lugar al inicio de la constitución de un nuevo bloque hegemónico euroasiático que cuestionó y cuestiona la hegemonía norteamericana, no solamente en el campo económico y diplomático, sino en el militar. Bloque que actúo de manera importante en la liberación de la ciudad siria de Alepo en diciembre de 2016. Es así que la guerra en Siria y su desenlace evidenciaron, por primera vez en el siglo XXI, la tendencia a la conformación de dos bloques mundiales, que venía fraguándose años antes: Rusia, China, Irán, Siria y Líbano, por un lado, y Estados Unidos y sus aliados en la OTAN, Arabia Saudita y otros países árabes, por otro.”[26]

IV

La segunda fase de la tensión política, se dio a raíz de la ofensiva militar, de EEUU en el Medio Oriente en contra de Irán en 2019, la misma que se generó como resultado de las escaramuzas propiciadas por EEUU al país persa, en dos momentos distintos. Ofensiva que requiere tomar en cuenta, por otro lado, que el antecedente más significativo de la escalada de tensiones entre estas dos potencias es el cambio del gobierno iraní, que profundizó su política de independencia respecto a la potencia mundial. Así, tras la llegada de Mahmud Ahmadinejad al poder ejecutivo en 2005, próximo a la Guardia Revolucionaria Islámica, y el desarrollo del programa nuclear secreto de Irán, comenzó una nueva fase de sanciones internacionales al país persa. Las presiones duraron hasta el 2015 y culminaron con el acuerdo nuclear firmado entre el gobierno centrista de Hasan Rohani y las potencias mundiales[27].

Circunstancias que dimensionaron el conflicto entre las mencionadas potencias y que básicamente tuvieron que ver con

“La tensión entre Irán y EE.UU. agravada desde junio de 2019, por la acción del gobierno persa al derribar un dron norteamericano, RQ-4 Global Hawk, que circulaba por cielos iraníes en claro afán de espionaje y/o provocación. En mayo del mismo año, Irán decidió romper parcialmente el acuerdo nuclear[28] firmado con EE.UU. y algunos países europeos en 2015. Incumplimiento que se produjo tras la ruptura que, por su lado, Estados Unidos había hecho en mayo de 2018. En consecuencia, Irán aumentó el porcentaje de refinación de uranio, rompiendo el acuerdo y exigiendo a EE.UU. deponer las sanciones económicas”[29].

En junio del 2019, por su parte, el régimen norteamericano amenazó al gobierno de los ayatolas con aplicar nuevas sanciones económicas, al mismo tiempo que se generó un conjunto de incidentes con barcos petroleros, especialmente del Reino Unido, que circulaban por el Estrecho de Ormuz. Posteriormente, en los primeros días de agosto del mismo año, se produjo un nuevo incidente con un barco petrolero del Reino Unido aumentando la tensión en el conflicto.

El segundo momento de la mencionada tensión geopolitica se generó en diciembre de 2019 cuando se asesinó a Qasem Soleimani, importante jefe militar y político de la inteligencia irani. El papel jugado por el general en la política internacional de Irán fue extraordinario, en tanto “dirigió con éxito dos operaciones militares iraníes: la campaña para expulsar al ISIS del oeste de Irak en 2015 y la campaña para aplastar a las fuerzas yijadistas opuestas a Bashar El Asad en Siria”[30].

La escalada de tensiones aumentó a fines de 2019, en una secuencia de acción-reacción, que provocó numerosas bajas en ambos bandos entre muertos y heridos[31]. El 31 de diciembre: “manifestantes pro iraníes, que se expresaron en contra de los ataques aéreos estadounidenses, atacaron la embajada de Estados Unidos en Bagdad, escalaron los muros y obligaron a abrir las puertas”[32]. En este contexto de tensiones, el 3 de enero  de 2020 el ejército estadounidense asesinó al general Soleimani junto al líder de las Fuerzas Populares de Movilización iraquíes y, a renglón seguido, sobrevino un ataque iraní contra una base militar estadounidense en Irak. Ofensiva que no tuvo respuesta por parte de Estados Unidos, y quedó así suspendido el mencionado conflicto.

IV

El análisis de este conjunto de eventos descritos, muestra cambios estructurales o sustantivos, que se han dado en el contexto histórico de la mundialización planetaria en el siglo XXI. Constituye el marco de referencia del conflicto entre Irán y EE.UU. en la determinante encrucijada del poder mundial (geopolítica), que expresa la contradicción entre el bloque conformado por Rusia, China e Irán y el Bloque de Estados Unidos y sus aliados (Israel y Egipto). Estos límites y resultados en el desenlace del conflicto en el Medio Oriente, muestra –como diría Gramsci[33]– una situación de “equilibrio-inestable de fuerzas”; referencia teórica del autor italiano para tomar el pulso de la madurez de las condiciones existentes, en una determinada correlación de fuerzas internas o externas, en el proceso de lucha política hegemónica por el poder. En este contexto, propio del siglo XXI, “Irán […] empieza a tener un diálogo cada vez más estructural –dice Formento con los BRICS. Un Irán que tiene tecnología, ciencia, industria, pero que además, es una potencia gasífera, […y] tiene un lugar en el mundo del humanismo musulmán chiita, por lo tanto es una pieza clave [de la nueva geopolítica]”[34].

En esta perspectiva de la correlación de fuerzas y declive de la hegemonía, es necesario considerar la influencia de la situación compleja de la carrera por la hegemonía nuclear, donde se encuentra el acuerdo establecido entre EEUU, Unión Europea e Irán, en el Plan de Acción Integral Conjunto. Este es un factor que pesa en el desenlace del conflicto, puesto que balancea la situación de tensión, abriendo contrapesos políticos con la Unión Europea, la misma que fue parte del acuerdo y compromiso para frenar el programa nuclear en Irán.

Este conjunto de hechos y circunstancias muestran la tensión en Medio Oriente, que junto a la llamada guerra comercial y la afectación a la empresa china productora de teléfonos celulares Huawei, manifiestan nuevas condiciones mundiales, acrecentado el conflicto en el mundo, y alimentando especulaciones en torno a un posible desenlace guerrerista en Medio Oriente y el planeta.

La profundización de la llamada guerra comercial entre China y Estados Unidos, que pone en juego impuestos arancelarios, devaluación del yuan, etc., (como la última medida del cambio del dólar por el Yuan) abonan en la posibilidad de una nueva crisis capitalista mundial[35]. La misma que coincide con el aparecimiento de la pandemia de coronavirus, cuando EEUU ha sufrido un sensible declive de su hegemonía mundial y la correlación de fuerzas ha cambiado, al punto de situarse en un equilibrio inestable de fuerzas.

A modo de conclusión, esta reflexión expresada en esta síntesis histórica del capitalismo planetario en el siglo XXI, abre la posibilidad para avizorar las tendencias que pueden darse en el proceso de crisis y eventual recuperación del capitalismo, como en las tendencias de cambio hegemónico y civilizatorio. Necesaria reflexión ideológica para enfrentar la comprensión de la situación económica y política mundial en el futuro inmediato.

 

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Debate Plural

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