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Juan Guaidó, esfúmate ya

Escrito por Debate Plural

No soy una persona violenta, no le guardo rencor a nadie, no me gusta el boxeo, tampoco las corridas de toros y mucho menos las peleas de gallos, por tal razón nada de lo que escribo sobre el mequetrefe Juan Guaidó puede ser atribuido al odio hacia una persona que no conozco ni deseo conocer. Mi única razón que me mueve para sentarme a escribir este artículo es la vergüenza, no la mía sino la ajena.

Es vergonzoso contemplar sin conmoverse a un ser, quien afirma ser venezolano, haciendo el ridículo, no solo el nacional sino también el internacional. Las lamentables circunstancias que está viviendo el planeta puso en evidencia lo que todo el mundo sabe, pero que algunos no quieren ver, como es quién es el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Indudablemente, el presidente MM se ha crecido, como todo un estadista, para afrontar la problemática de la pandemia del coronavirus. Es indiscutible, las afortunadas e invalorables acciones tomadas por el presidente MM lo obligaron a vincularse con instituciones internacionales como la OMS y la ONU, organismos que no tienen duda sobre quién es el jefe de estado.

Mientras todo el pueblo de Venezuela acata las órdenes emitidas por el presidente MM con relación a la cuarentena y otras providencias para solucionar la arremetida del coronavirus, además de los contactos con personajes vinculados con la solución de problemas sanitarios en el ámbito internacional, aparece por televisión Juan Guaidó haciendo el mejor papel que él sabe hacer, es decir el papel de gafo. Escucho con estupor su inentendible arenga por su evidente dislexia, es decir, por su falta de capacidad para leer el bodrio preparado por sus asesores. Entre lo que se le medio entiende, se refiere a las decisiones que JG tomará para resolver la pandemia del coronavirus, entre estas la solicitud de ayuda a la comunidad internacional. Me pregunto ¿a cuál comunidad internacional se refiere? Al cartel de Lima que tiene graves problemas en sus países; a EEUU que hasta los momentos el rubicundo asesino Donald Trump no ha sabido enfrentar la pandemia, olvidando los 700 muertos, desestimando los 53.000 contagiados con el virus mortal. Lamentablemente, el único problema del jefe de gobierno de USA es evitar las pérdidas económicas de sus empresas, desatendiendo los vivos infectados por el coronavirus, simplemente porque no le interesa. Al reino de España y a Francia, que hasta los momentos sufren las graves consecuencias de un sistema de salud por no estar preparado para enfrentar una pandemia. Es vergonzoso ver a JG frente a una cámara de tv balbuceando disparates que nadie le cree ni entiende y lo peor de todo, es que afirma ser venezolano haciendo el papel de tonto. Estoy seguro que ningún connacional ni tampoco los que lo ven en la pantalla, más allá de nuestros confines, le cree una sola palabra sobre lo que expresa el tonto de Juan Guaidó en sus alocuciones.

El teatro es algo serio y estoy seguro que la ficción que el monigote de Juan Guaidó trata de representar no llega ni a una mala comedia, más se parece a la infausta tragedia de un personaje que unos agentes externos y mal intencionados lo envolvieron de manera equivocada, invencible e inevitable, para cometer errores fatales cuyo resultado es su entierro político. La política, la gafura y el ridículo no van de las manos.

Afirma un vetusto aforismo «lo que empieza mal termina mal». Juan Guaidó de joven comenzó mal, mostrando el horrible trasero en una manifestación, pensando que aquel desvencijado culo podría convertirse en un ícono de la juventud venezolana. Esta forma, importada de USA, no se corresponde con la cultura del venezolano, a nuestros jóvenes se les enseñaba que el fundillo era algo delicado que no pudiera ser manoseado por el prójimo y mucho menos exhibido como símbolo de protesta. Se ligó con lo peor de la política, sus mentores, como Capriles y Leopoldo López, lo condujeron hacia el barranco, en su empeño de poner la cagada cada vez que tomaba una decisión, que en verdad no eran propias.

Lamentablemente el gafo de Juan Guaidó no se equivocó cuando de joven mostró el trasero y luego se mezcló con lo peor de la política. El bisoño siguió cometiendo errores garrafales al autoproclamarse «presidente» en una plaza pública bajo las recomendaciones, el apoyo y el financiamiento de Donald Trump, además del asesoramiento de la bestia política de Almagro. Apareciste en la tv en la plaza Altamira durante el frustrado golpe estado al lado del eterno perdedor Leopoldo López. Sumado a lo anterior, este imbécil, se encadenó con los detestables jefes de estados representantes del modelo neoliberal y en alianza con estos bandidos comenzó a solicitar sanciones y bloqueo económico para perjudicar a la población venezolana. Pero faltaba embarrarla más, junto con su patrocinante y jefe, el genocida Trump, se robó Citgo y se la entregó a las copromociones energéticas que operan en EEUU a cambio de una buena tajada para él y para sus secuaces. No solo esta empresa, también se robó, como buen pirata, otras compañías que funcionan fuera del país y sustrajo dinero colocados en bancos extranjeros. Faltaba la guinda para colocarla encima de la torta de boñiga. Recién donó, con dinero robado de Citgo, 150 tabletas para estudiantes de Houston, a pesar de que en Venezuela muchos niños sufren la falta de medicina producto de las sanciones que el tunante JG pidió a su jefe Trump. Definitivamente, todas las actuaciones de este mequetrefe lo condujeron a su entierro político, nadie que irradie una estela de estupideces como este bellaco puede alcanzar la gloria. Ninguna persona que haya construido su existencia como un rosario encadenado de incontables majaderías podría conseguir los laureles del triunfo.

De Guaidó lo que queda es un despojo, solo permanecerán los restos de aquel joven infortunado que creyó que su culo se convertiría en un ícono de la derecha internacional. El coronavirus lo contagió, no directamente, sino de una forma indirecta. Esta pandemia le mostró al mundo quién en verdad es el presidente de Venezuela, a cambio, JG se convirtió en una momia que solo sirve para exhibirlo en el museo de los perdedores. Quizás si su norte era tener dinero mal habido y pestífero, ya lo consiguió, pero si su interés era figurar en los mismos podios donde se presentó Fidel, Chávez y ahora el presidente MM que se olvide, esto es solo para los elegidos y tú no lo eres, y nunca lo serás. Contribuiste, sin proponértelo, a mostrarle al mundo que en Venezuela hay un sagaz presidente obrero dispuesto a restearse por defender la soberanía de un pueblo glorioso.

Cuando veo al tonto de Juan Guidó en la pantalla de la tv experimento, en el lugar del cuerpo donde se aprecian los sentimientos, una extraña sensación, algo de lástima al mirarlo diciendo sandeces que nadie cree; preocupación porque conozco algunos estúpidos que asisten a sus convocatorias que serían capaz de cometer tonterías y también vergüenza ajena, al ver ese rostro anodino arengado una serie de simplezas que tal como el humo, se diseminan en el aire.

Tuvo razón el gobierno del presidente MM de no poner tras las rejas al fatídico JG y convertirlo en un mártir. Es preferible mantenerlo fuera, al aire libre para que continúe haciendo el ridículo para que reitere en su accionar la comisión de quehaceres erráticos, los de un individuo exánime desde el punto de vista político. A juan Guaidó no le queda más esfumarse del mapa, que se retire a disfrutar de su dinero mal habido y se olvide por el resto de su vida de presentarse como «presidente encargado» de un país que lo rechaza por todo el daño causado a una comunidad que solo desea vivir en paz.

Guaidó basta de infamia, basta de hacer el ridículo, acepta que es hora de retirarte, ya robaste bastante y la traición te pesará toda tu vida sobre tu espalda. Aspiro que viva lo bastante para que el arrepentimiento, si es que era capaz de lamentar todas sus malas acciones, le carcoma las entrañas. Por eso es bueno recordar a Èmile Cioram, filósofo y escritor rumano (1911-1955) quien afirmó: «Amar apasionadamente la vida, y luego deambular implorándote compasión a ti mismo por la ausencia ilimitada de tu vacío, infame jardinero de la nada, sembrador de violetas y de pus…» Lee que algo queda.

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