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EEUU contra Irán, el Líbano (Hezbolá), y Venezuela (I)

Escrito por Debate Plural

Antonio Maira (Aporrea, 18-2-20)

 

Resumenlatinoamericano

Falsimedia entierra la memoria

Para empezar a analizar el conflicto entre EEUU e Irán; es muy importante recordar el comienzo del mismo, antes de que quede enterrado definitivamente por uno de los instrumentos fundamentales de la guerra contemporánea: la guerra informativa.

Este es la variable concreta de Falsimedia para la eliminación de la memoria (incluso de la memoria corta de los individuos –con independencia de su cultura formal-; y, con ello de la capacidad de lucha de los colectivos, las organizaciones políticas y los pueblos. Lo sabían muy bien Hitler y Goebbels en su tiempo; y Trump y Pompeo en el presente.

«El vínculo entre Washington y Teherán se deterioró a partir de mayo de 2018, cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo internacional firmado en 2015 «para frenar las ambiciones nucleares de Irán», restableciendo unilateralmente duras sanciones contra esa república islámica.

Ningún párrafo del Plan Integral del Acuerdo 5+1, ni de sus Anexos detallados, justificaba esta alarma de los Estados Unidos. Era, simplemente, la nueva creación de un «necesario y urgente» frente de guerra por los EEUU. Irán era y había sido desde siempre la arena en la bota del Ejército de lo los Estados Unidos.

La alarma tampoco se derivaba de los informes periódicos de la OIEA. Las fuertes garantías del Acuerdo lo impedían. La conclusión de Trump y su ruptura unilateral del convenio internacional sobre el 5+1 -que dejaba a contrapié a algunos de los demás firmantes y garantes-, y en equilibrio inestable a buena parte del resto, demostraba solo una cosa: Washington colocaba sobre la mesa una simple y evidente excusa para romper por la amenaza y la fuerza –a su juicio irresistibles-, un acuerdo internacional. Este acto empezaba a parecerse -y a encajar como anillo al dedo-, a los actos de bloqueo de la Alemania del III Reich en relación con la Sociedad de las Naciones. Era una demostración de fuerza.

Una réplica exacta

La decisión era una réplica exacta de las agresiones nazis que precedieron a su vez al estallido de la Segunda Guerra Mundial que, por otra parte, suponían la continuación inmediata de las matanzas de la Gran Guerra (1GM). La carnicería de Verdún en la inhumana guerra de las trincheras es la primera expresión contemporánea de los enfrentamientos armados sin límites por el reparto colonial y; a su vez, de la lucha de clases.

«Frenar las ambiciones nucleares de Irán» es no solo una frase ambigua y cruel sino una afirmación tendenciosa sobre la voluntad del otro -tal como todas aquellas con las que cualquier réplica (la propia), tiene justificación- aunque en realidad no tenga ninguna. Irán ha sido siempre, según lo reconocen los propios EEUU, un país pacífico que no ha declarado nunca la guerra a nadie pero que es capaz de resistir a cualquier amenaza o agresión.

Los EEUU, sin embargo, ha sido el primer país con ambiciones y prácticas nucleares llevadas hasta el límite. Su objetivo es imponer definitivamente el criterio de que ellos pueden realizar cualquier acto de guerra, de amenaza o de agresión, sin otra justificación que la de su voluntad soberana. Trump expresa muy bien esta categoría de la amenaza con el terror nuclear

Frenar las ambiciones de Irán y jugar con dos fuegos

Uno de los dos fuegos es el de conseguir, con el uso indiscriminado de la fuerza, la libre disponibilidad sobre el petróleo y las nuevas centrales nucleares iraníes. La tutela de este Plan corresponde a las mayores compañías petroleras y energéticas, además de todas aquellas vinculadas al Proceso de Destrucción-Reconstrucción (PDR) cuyo objetivo es, simplemente, la destrucción total del país.

Tal proceso había sido anunciado para «determinar» la opinión pública en las guerras contra Irak, fundamentalmente en la segunda, sin disimulo alguno. La opinión pública es, como sabemos, una creación mediática. El poder de EEUU era entonces inmenso y la capacidad de réplica de Irak inexistente. Eran los tiempos de la superposición de dos modelos de guerra: la Guerra de Destrucción Masiva Asegurada y la Guerra de Cero Muertos Propios. La Planificación del proceso de Destrucción-Reconstrucción fue realizada y puesto en marcha por Paul Brener, el virrey de George W. Bush en Bagdad. Nada era improvisado. Sí era incompleto y fantasioso.

Las estructuras arrasadas o privatizadas fueron, entre otras, las siguientes: saneamiento, agua potable, carreteras, puentes, alcantarillado, hospitales, instalaciones públicas, red de regadío, universidades, sistema de créditos, bancos públicos, viviendas, escuelas, instalaciones industriales, agrarias y comerciales de todo tipo, centros tecnológicos; es decir: todo aquello que genera riqueza en un país socializado, que los EEUU tratan de convertir en «mercado libre» privatizado de manera inmediata y total en nombre de la Democracia y la Libertad. La combinación de fuerza irresistible y privatización violenta había sido aplicada décadas antes en Chile.

El síndrome de Vietnam

Las condiciones en Irak eran, en opinión de Brener y sus asesores, inmejorables. Hubo sufrimiento casi irresistible y matanzas innumerables pero el pueblo resistió y planteó una guerra de guerrillas. Hubo un desplazamiento de la población y una huida desesperada. EEUU tuvo que recurrir a las Compañías de mercenarios para aguantar la presión en casa. El terror fue contabilizado por soldados como la cabo Manning y la represión vinculada al patrullaje de las unidades norteamericanas en Bagdad por el grupo de Assange. Las bajas del invasor fueron muy importantes, en su mayoría negros o hispanos. Volvieron, aunque en secreto, ataúdes a casa. Reapareció el «síndrome de Vietnam». El Ejército de los EEUU recurrió a centros de clasificación y tortura como el de Abu Ghraib. Asesinaron al presidente Sadam Hussein y abrieron una cárcel de Guantánamo en la base norteamericana del mismo nombre, Cuba.

La planificación del exterminio

El estudio de Brener y su Oficina de Destrucción y Reconstrucción (ODR) fue minucioso. En realidad trabajaba anticipando conflictos, planificando guerras futuras en países apetecibles por sus recursos; y la destrucción-reconstrucción de esos mismos países. La CIA creaba y aceleraba los conflictos, el Pentágono mantenía al día objetivos y blancos militares y la ODR planificaba el verdadero negocio con las grandes multinacionales. Bush ponía cara de héroe estúpido; y Brener de directivo, impecablemente vestido para una junta de Administración de las grandes transnacionales.

Antes de poner en marcha el genocidio planificado se reunió el Trío de las Azores. Bush, Blair y Aznar representaban lo que ellos mismos saben que eran en aquel momento: un trío de mafiosos de las Grandes Ligas, el pequeño grupo inductor de un genocidio con carácter universal. En la multidifundida Foto de las Azores posan para su posteridad imaginada: Bush como un Augusto o un Calígula emperador del Mundo; Blair como el representante del imperio británico venido a menos; y Aznar como un fascista de sueños imperiales, con el bigotito franquista que lucía su padre. Cinismo desbordante en uno, seriedad británica en otro, y sonrisa fatua en el tercero.

En nombre de los derechos humanos

Toda esa destrucción, de todo lo que servía para la vida, debería ser realizada totalmente para iniciar y facilitar la «reconstrucción» por las empresas de los EEUU, bajo el control del Departamento de Estado y según planificación previa de una «Asamblea de Donantes».

Aunque acudieron toda clase de pirañas neoliberales, bajo la protección de las fuerzas de la coalición y sus mercenarios, el resultado global fue un fracaso absoluto: la única etapa con éxito fue la de la destrucción.

Hablamos pues, de un genocidio sistemático y planificado (es decir: un crimen de lesa humanidad y un genocidio) en nombre de los Derechos Humanos y la Libertad. Su concepto militar general es «lucha contra el terrorismo» y sus códigos particulares han sido entre otros: Operación Garra de Águila, Tormenta del Desierto (Irak-Kuwait 1991), Operación Libertad Duradera, Operación Determinación Inherente, Operación Libertad Iraquí, Operación Nuevo Amanecer, Operación Respuesta Decidida, Operación Protector Unificado, «Restaurar la Esperanza» (Somalia, 1993), «Libertad Iraquí» (2003) y ahora «Odisea del Amanecer» en Libia. Los nombres son aleatorios, seleccionados al azar por un sistema informático desde una lista previamente elegida. Predominan los bellos vocablos: Libertad, Esperanza, Protección, Nuevo Amanecer, con un trasfondo repetido hasta la saturación: Libertad, Democracia, Derechos Humanos. No faltan las palabras que refieren a conceptos bélicos: Garra, Tormenta, Determinación aunque como veremos inmediatamente han sido atenuados. No obstante ¿quién lo diría? deben cumplir ciertas normas muy rígidas. Algunas de ellas, de un sentido político muy preciso, son las siguientes:

Lugar no identificable, ningún grado de hostilidad, sistema aleatorio, buen gusto

«El objetivo es crear un nombre que no tenga absolutamente nada que ver con la actividad en la región, para que uno pueda caminar por una calle en Washington durante las etapas de planificación y estar seguro de que nadie sabrá que se trata de Libia (Eric Elliott, portavoz del Ejército de EE.UU)».

«Los nombres no deben «expresar un grado de hostilidad», ser «ofensivos para el buen gusto o despectivos hacia un determinado grupo, secta o creencia». Washington utiliza un sistema informático creado en 1975, después de que algunos nombres seleccionados al azar por los comandantes -como la «Operación Killer» (asesino) durante la Guerra de Corea, y la «Operación Masher» (pasapuré) de Vietnam- provocaran una ola de críticas».

Irán

En el caso de Irán, la realización de una Operación de Ataque Masivo con respuesta inexistente o fácilmente doblegable, es mucho más compleja que la de buscar un nombre propagandístico que sirva como declaración de firmeza de un Imperio fanfarrón, que se tambalea y que solo cree en el poder de los alardes.

En realidad, es totalmente imposible el ataque a Irán salvo como operación de propaganda porque los países y los pueblos no se dejan doblegar en cadena. Julio César sabía que la estrategia de «divide y vencerás» tiene sus limitaciones. Los asesores y los generales de Trump, en su fatuidad, lo ignoran.

Un ataque masivo supone la amenaza de sus grupos de portaviones y de sus enormes bases extendidas por Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin. También las que tiene en Irak y en el Mediterráneo. Sin embargo, el problema es que Irán tiene dos mares, además de dos cielos. Por otra parte, el país está en el núcleo de uno de los centros petroleros del mundo. Ahí entran en juego otras potencias, otras alianzas regionales y continentales y otras guerras ya «muy guerreadas» por los Estados Unidos. Todas son instrumento del poder imperial que trata de imponer en el mundo.

El desastre sería estruendoso y fulminante, algunos aliados como Jordania y los países europeos tendrían casi imposible mantener su actual alianza con Washington. Israel podría desaparecer como estado. En relación con esta guerra -fundamentalmente misilística: aérea, marítima y terrestre- los Estados Unidos tendrían todas las de perder. Su Guerra de Cero Bajas y de Destrucción Masiva Asegurada fuera del territorio de los Estados Unidos, se ha convertido en imposible.

Dinámica suícida

Como los misiles no llevan en su cometa de fuego ninguna firma sobre el carácter de alto explosivo o nuclear de su carga; y tampoco impresa en sus estelas el made in USA, o la referencia de fabricación en cualquier otro lugar del mundo capitalista, que permitan distinguirlos de los que se cruzan en el cielo, procedentes de China, Rusia o Irán, entraríamos todos en una dinámica suicida.

Como, además, con los diversos componentes que permite la miniaturización nuclear y la aparición los altos explosivos; la naturaleza del misil tampoco es reconocible, ni visible en sus cabezas entramos en un peligroso juego de incertidumbre en el que los resbalones pueden conducir al abismo.

El segundo juego

El segundo juego de los EEUU es el de romper el acuerdo 5+1 acusando a Irán de «mantener sus ambiciones nucleares». Con ello Washington pretende asegurar, lo más rápidamente posible, la incapacidad de Irán para atacar a Israel y a las tropas estadounidenses en la zona. Con ese objetivo, los Estados Unidos ha vuelto a utilizar el arma de reanudar e intensificar el bloqueo, el embargo y el saqueo tan como han hecho contra Cuba, Venezuela y otros países del mundo.

Tal operación no solo supone el embargo total al país persa, para evitar el comercio de uranio y otros elementos, sino también el saqueo o el «bloqueo» de sus reservas de divisas en el extranjero, la imposibilidad de la exportación del petróleo, de insumos industriales y tecnológicos. Irán no puede comerciar, es decir: comprar ni vender, otra vez por imposición imperial de los Estados Unidos en la zona.

El bloqueo, el embargo, el saqueo de fondos bancarios y petroleros, la prohibición del comercio y otras medidas punitivas, llevarán consigo el empeoramiento de los servicios básicos a su población. Según el modelo imperial la quiebra empezará por los servicios médicos y de salud, la educación y las infraestructuras de todo tipo. Continuaría con la escasez de alimentos, viviendas y todo lo necesario para vivir dignamente. Por otra parte, Irán un país inmenso, pero pobre, quedaría sometido al poder militar de la superpotencia norteamericana y al poder nuclear más próximo de Israel.

La intención política y económica es la de empobrecer a Irán hasta el límite: y convertirlo en un vasallo de «occidente» y de su patrón estadounidense. Entre la decisión colonial y el resultado de conseguir el vasallaje podrían en marcha la guerra de «baja intensidad» provocando explosiones populares contra la República Islámica. Otra revolución coloreada. Nada más lejos de eso.

La invulnerabilidad de Irán

No obstante el sistema de defensa iraní tierra-aire parece invulnerable tal como demostró el incidente del dron abatido, un RQ-4 Global Hawk de vigilancia a mediados de junio de 2019 mientras sobrevolaba cielo iraní seguro de su impunidad al tener un techo de vuelo de 60.000 pies (18.000 metros). Lo alcanzó una versión iraní del SAM-300, según los propios medios occidentales. Irán tiene 32 baterías de esta versión propia que puede haber entregado a sus aliados en la zona. Irán tiene en situación de operatividad varias versiones propias, fundamentalmente los Bavar 373, y los SAM «Tabas» y «Raad».

La posibilidad de un ataque masivo

Un ataque masivo de EEUU y sus aliados tiene sus detractores. Aseguran que no es posible sin convertir el ataque en un desastre sin precedentes para los Estados Unidos, sea cuál sea la acumulación de fuerzas y de alianzas.

Según otros analistas tal ataque es posible siempre que no se demore mucho esa acumulación de fuerzas navales, terrestres, aéreas; salvo el tiempo necesario para anular ciertas alianzas del enemigo global y reforzar las de los EEUU. Habría que escalonar los escenarios de intervención, concentrar las fuerzas locales y diseminarlas en los distintos frentes.

EEUU carece de fuerzas militares para tal esfuerzo de concentración, diseminación y movilización inevitable. Tampoco puede preparar al mundo para una nuevo conflicto televisado y reducido según las consignas informativas de Falsimedia; con muertos invisibilizados por los medios; música de la guerra de las galaxias, caritas de angustia de los informadores y promesas jubilosas de que aquello va para poco.

Contrariamente a eso pasarán los meses de fuego en un tiempo mucho más largo y más denso que los que recordamos en las guerras más brutales, visibles y televisables -pero no televisados más que para anunciar las glorias y los triunfos demoledores de los EEUU-, de la última década del siglo XX y de las dos primeras del siglo XXI: Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Líbano, Siria y Venezuela, fundamentalmente.

No dispare usted la primera bala

Irán ha pasado a ser el escenario más duro en los últimos meses. Sus autoridades civiles y militares sostienen la invulnerabilidad de las fronteras marítimas en todas las aguas territoriales de Irán, a las que el gobierno ha prestado particular atención. Además ha sostenido que un ataque contra su territorio por parte de los EEUU, solo o en colaboración con sus aliados, tendrá unas «consecuencias devastadoras para los intereses del o de los atacantes en la Región».

«Disparar una bala contra Irán prenderá fuego a intereses estadounidenses y de sus aliados» en la región, dijo.el sábado 22 de junio de 2019 el general de brigada Abolfazl Shekarchi, portavoz jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, en una entrevista con la agencia iraní Tasnim.

El presidente Trump había anulado en el último momento las operaciones de ataque a tres puntos distintos de Irán. Tales operaciones eran una represalia contra el derribo de un dron que volaba sobre territorio iraní.

En este intercambio de galantería, más propio del mundo babilónico que del mundo en dónde maneja sus finanzas el presidente de Estados Unidos, Donald Trump afirmó el haber cancelado en el último minuto ataques contra Irán para evitar muertes de personas, pero mantuvo sus amenazas: «Estábamos en posición y listos para responder anoche en tres sitios diferentes cuando pregunté cuántos iban a morir», detalló Trump en una serie de tuits: «150 personas, señor, fue la respuesta de un general. 10 minutos antes del ataque, lo detuve, era desproporcionado en comparación con derribar un dron». Los anteriores expresidentes de EEUU se estremecieron porque tanto cinismo no sería creído por nadie y acentuaría el odio de los pueblos escarnecidos, masacrados y mutilados del Gran Oriente Medio.

Pese a las reiteradas afirmaciones de Estados Unidos e Irán según las cuales no buscan una guerra, la escalada y multiplicación de incidentes en el Golfo levantan los temores de un conflicto.

Declaraciones incendiarias

De ambos lados se multiplican las declaraciones y las lecturas incendiarias.

Trump «reafirmó» después de varias insolencias que afirmaban lo contrario que no deseaba la guerra con Irán, pero que si llegaba a ocurrir provocaría «una destrucción como nunca antes se ha visto».

El enviado especial de Estados Unidos para Irán, Brian Hook, acusó el viernes a Teherán de rechazar las propuestas diplomáticas para reducir las tensiones regionales. «Irán necesita aunar diplomacia con diplomacia, no con fuerza militar», dijo Hook a periodistas en Arabia Saudita. Lo hizo desde una base militar saudita; es decir desde una concentración del poder militar de uno de los aliados de los estados Unidos en la zona.

La contestación fue inmediata: «Los iraníes responderán a la diplomacia con diplomacia, respeto con respeto y guerra con defensa feroz», respondió en Twitter el portavoz de la diplomacia iraní, Abbas Mousavi.

El brigadier general Amirali Hajizadeh, Jefe de la rama aeroespacial de los Guardianes de la Revolución, la élite del ejército iraní, respondió a los comentarios de Trump que sugieren que el ataque al aparato no tripulado pudo deberse a un «error humano» en el lado iraní.

«Es posible que esta violación del espacio aéreo haya sido cometida por un general o algunos operadores de dron estadounidenses».

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