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La OEA carece de fuerza moral para fiscalizar procesos electorales en América Latina

Luis Almagro
Escrito por Angel Moreta

Por: Angel Moreta (Autor-Editor)

 

La Organización de Estados Americanos (OEA) tiene una historia eminentemente reaccionaria desde su fundación en el año 1948 cuando el Departamento de Estado EU habló de manera petulante del “sistema interamericano”. Organismo adherido a las políticas de los gobiernos norteamericanos y de las troikas que dirigen el sistema financiero mundial en Washington, y propiciadora del servilismo al imperialismo norteamericano en América Latina.

La historia negra de este organismo internacional está relacionada con el apoyo a los golpes de Estado que se han producido en América Latina por parte de los EU durante los siglos XX y XXI. La Carta Interamericana documento fundacional del bastardo organismo “interamericano”, no fue nunca observada en su integridad como fundamento jurídico de la vida de los pueblos latinoamericanos y como directriz de los principios de la convivencia internacional entre los países del continente.

Ha sido un triste y ridículo papel el de la OEA en el continente, pues el servilismo y el arrodillamiento a los intereses de los gobiernos y de las troikas de la Casa Blanca, le quitan a lo largo de su historia autoridad moral para proceder en la defensa de la soberanía, la autodeterminación y el respeto a las normas legales internacionales.

Ya sabemos que la OEA sirve descaradamente a la desfasada Doctrina Monroe, que no es ninguna doctrina, sino una política imperialista y de expansión territorial de los Estados Unidos en América Latina.

La entidad denominada OEA en la Carta Interamericana ha sido siempre enemiga jurada de los procesos progresistas en el continente. En cualquier parte de América Latina que hubiere un gobierno progresista, que defienda la soberanía y el respeto a las reglas internacionales, el respeto a la voluntad de emancipación, aún sea conservadora, de las garras de la tutela imperialista, puede contar con la conspiración de los gobiernos EU y con la “colaboración” irrestricta del malhadado organismo.

Recordemos los casos de Cuba, Grenada, México, Ecuador, Brasil, Paraguay, Venezuela, República Dominicana  y otros, en donde la OEA ha sido un órgano de conspiración, un organismo de justificación del crimen emanado de dichos golpes de Estado.

Nunca ese organismo ha defendido al pueblo chileno cuando ocurrió el golpe de Estado criminal producido por el gorila Pinochet. Y ni hablar de la dictadura de Trujillo que vino a recibir críticas de la OEA después de 30 años de connivencia, de dictadura, de crimen, de saqueo y denegación de las libertades públicas a un extremo monstruoso. Lo mismo podemos decir de la dictadura implantada por Duvalier en la República de Haití y ni hablar de la intervención militar norteamericana y la invasión imperialista del año 1965 en Santo Domingo.

Los procesos políticos y sociales más recientes en América Latina muestran que la Organización de Estados Americanos (OEA), es un cundango, un adefesio del llamado “sistema interamericano”. La invasión a la República Dominicana las consecuencias de esa intervención militar variaron el curso de la historia dominicana, en la cual el pueblo dominicano buscaba su emancipación de la oligarquía trujillista y neo trujillista y del imperialismo norteamericano.

La OEA, en ese sentido, convivió con los generales intervencionistas, buscó pequeñas formulas insignificantes y traicionó los propósitos del movimiento insurreccional de 1964, y su golpe más bárbaro fue la famosa “acta institucional” del 1 de septiembre de 1965, en la cual la OEA maniobró para que el sector insurreccional representado por el militar antiimperialista Francisco Alberto Caamaño Deñó cayera en una emboscada política e institucional con esa acta, documento mediante el cual se buscó torcer el brazo de la insurrección constitucionalista y desnaturalizar el movimiento que algunos llamaron y llaman “revolución de abril”. El papel de la OEA en este caso fue rotundamente un fracaso, pero resultó un triunfo para los intereses norteamericanos.

En Venezuela, la OEA ha hecho un papel histórico funesto, boicoteando un proceso progresista de emancipación, de igualdad y de equidad; un proceso emancipatorio con aspiraciones de implantar un sistema socialista que le traiga mejor vida y felicidad al pueblo venezolano. Es plausible la ruptura diplomática que ha efectuado Venezuela con los Estados Unidos en defensa de sus recursos naturales, de su soberanía y autodeterminación.

El monstruo Luis Almagro ha venido a ensuciar el llamado sistema interamericano, entregado totalmente con inequidad a las políticas imperiales de los gobiernos norteamericanos llamando “dictaduras” a Cuba y Venezuela, países que buscan su liberación y que son un ejemplo de las luchas antimperialistas emancipadoras en América Latina.

El bastardo y ennegrecido Luis Almagro algún día pagará sus culpas frente a la historia del continente por haber entregado su honor, su dignidad y su libertad al Pentágono y a los gobiernos EU. Representante eminente del neocolonialismo, de la “esclavitud” de los pueblos latinoamericanos y de la negación de la soberanía de esos pueblos, es un servidor de la potencia norteamericana eminentemente traidor y renegado por su obediencia incondicional a dichos gobiernos y haberse convertido en guardián de los intereses imperialistas y de los dictados del imperio norteamericano y de las compañías transnacionales, a los cuales responde servilmente como un gusarapo sin valor moral, un desleal al sistema latinoamericano y un individuo pestilente que produce asco.

El proceso electoral dominicano

La OEA carece de fuerza moral para fiscalizar los procesos electorales en la “democracia” que tenemos los dominicanos, caracterizada por un sistema de corrupción a lo ancho y largo de toda la vida nacional, en la cual prácticamente la democracia desaparece, se metamorfosea y se convierte en “dictadura de las troikas pseudo democráticas” que dirigen dicho sistema.

Los casos de corrupción alcanzan al sistema electoral, nuestra democracia ha estado infectada históricamente por el accionar de las troikas corruptas que pululan en el Palacio Nacional. Son innombrables los casos de robo a través de la privatización de casi todos los bienes del Estado, el saqueo de los ingenios azucareros, las licitaciones públicas contaminadas, el saqueo por doquier del patrimonio público, la prevaricación y la coalición de funcionarios, la llamada “alianza público-privada”, nuevo vocabulario ideológico y tramposo para engañar al pueblo dominicano; alianza supuestamente entre los intereses estatales y los intereses empresariales, pero que no es más que un esquema para el capital privado, el empresariado, el capital financiero, las cúpulas del capital comercial, las iglesias y la embajada norteamericana con el fin de abrir un espacio al capitalismo privado y a la privatización neoliberal que se ha implantado y se sigue implantando en República Dominicana.

Valga mencionar también las obras públicas, importante filón de la cual los funcionarios corruptos y las troikas palaciegas delincuenciales sacan estructuras fundamentales del enriquecimiento ilícito ilimitado; de obras públicas que no se cumplen en calidad y cantidad y a través de las cuales se extrae un plus valor nacional.

Pero además licitaciones amañadas, donaciones encubiertas, entrega de obras multimillonarias sin licitación en favor de empresas transnacionales norteamericanas; remodelación de puertos sin licitaciones; negociaciones espúreas como la de Punta Catalina, en las cuales las troikas palaciegas delincuenciales engañaron fantasiosamente al pueblo dominicano extrayendo más de 3 mil millones de dólares, sin mencionar el presupuesto de Odebrecht para dicha obra ascendente en 2014 a 2,100 millones de dólares, fuera del valor de los llamados “imprevistos”, formula falaz no sujeta a auditoria ninguna mediante la cual distorsionan el presupuesto de la obra energética, llevándola a cientos y cientos de millones por esa vía; la corrupción arropa todos los estamentos de la vida nacional, la extracción del oro, la exportación del oro, sin auditorias y en base a una contratación totalmente cuestionable entre el Estado dominicano y la empresa norteamericana y canadiense Falconbridge.

Esa es la democracia que tenemos los dominicanos

La democracia corrupta dominicana constituye hoy día una estafa de las troikas palaciegas dirigidas por Danilo Medina.

Llegará el momento tal vez algún día que el sistema judicial de esa democracia corrupta que tenemos pueda ocuparse de perseguir la corrupción de los funcionarios de Danilo Medina y el sistema prohijado y apadrinado por este señor, que fue quien negoció directa y personalmente con Odebrecht, mediante reuniones y tratativas espúreas que envilecen y avergüenzan a la Presidencia de la República Dominicana.

¿Se producirá algún día el camino para las persecuciones judiciales vigorosas contra estas troikas y su padrino?.

Permítannos  dudarlo, pues la justicia es parte de la democracia corrupta que tenemos y que bajo un manto constitucional es protegida por la Constitución de 2010, corporativa, elitesca, formal y permisiva tácitamente con la corrupción.

Fíjense los lectores cuáles han sido los resultados de los procesos judiciales por hechos de corrupción; resultados nulos o prácticamente nulos, y a tal situación nos referiremos en otros artículos.

En esa virtud, la OEA y la embajada norteamericana, que han logrado inmiscuirse en los asuntos de la Junta Central Electoral, no tienen moral para intervenir en las elecciones que se celebrarán el 16 de febrero del corriente año 2020, porque ellos son parte del sistema de corrupción, de la manipulación institucional; parte del sistema “democrático” que tenemos como resultado histórico de la presencia total de los intereses norteamericanos en la vida dominicana y de su participación en la dictadura democrática que actualmente padecemos.

Además el señor Luis Almagro, turiferario y demiurgo del mal, hombre de conducta podrida en América Latina, hombre propiciador de golpes de Estado, no tiene moral para observar la democracia dominicana. Pero tampoco la OEA tiene moral para opinar sobre dicha democracia, ya que apadrinó el golpe de Estado contra el gobierno del profesor Juan Bosch en 1963.

Acerca del autor

Angel Moreta

Angel Moreta, jurista, sociólogo, y filósofo; Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana, Autor-Editor de Debateplural.

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