Economia Internacionales

La macroeconomía en la era de Trump: Mitos y realidades

Cuando Trump asumió el poder en enero de 2017 la economía estadounidense estaba estable y creciendo.

El gran mérito histórico de Barack Obama estuvo en aplicar políticas públicas, sobre todo incentivos al crecimiento, que permitieron la recuperación de la economía de la debacle o recesión de 2008 y quedó expedito el camino para que la macroeconomía estadounidense recuperase al mismo tiempo la senda del crecimiento.

Baste recordar que mientras la administración Obama tomó el camino de la expansión del gasto público y del establecimiento de una serie de incentivos a la inversión privada en la perspectiva de estimular el crecimiento económico, Europa tomó el camino equivocado de la austerización del gasto público para combatir el terrible flagelo de la crisis de la deuda soberana o de la deuda pública.

La administración Obama no solo implementó o inició grandes obras de infraestructura en toda la nación sino que mantuvo las tasas de interés a niveles muy bajos, efectiva manera de abaratar el crédito bancario para incidir en el significativo y necesario aumento de la demanda agregada de bienes y servicios, base o soporte clave para la motorización del crecimiento económico.

Los bajos índices de crecimiento económico de la Unión Europea son una expresión de las consecuencias o de los dilatados efectos en el tiempo de la crisis de la deuda soberana que vivió Europa, pero, sobre todo, producto de la mala administración o el incorrecto manejo de esa crisis por parte de los gobiernos de la Eurozona.

En ese contexto macroeconómico creado y dejado por la administración Obama es que se inserta la era de Trump en la sociedad estadounidense.

Sobre ese caballo de estabilidad macroeconómica con crecimiento engendrado por la administración Obama es que hay que ver la gestión económica de Trump.

Pero cuando Trump se refiere en el discurso a su propia gestión económica sobredimensiona o exagera los aspectos positivos y oculta o anula los aspectos negativos,

Trump coloca en el centro de  lo que él considera su milagro económico la reforma tributaria que llevó a cabo.

Ocurre que si bien esa reforma tributaria, esencial y totalmente regresiva, crea incentivos a la inversión en el sector privado al bajar la tasa del impuesto sobre la renta de 39 ó 40% a 22 ó 20%, no es menos cierto que ha agravado honda y profundamente la desigualdad social en Estados Unidos y al mismo tiempo ha llevado al techo el déficit fiscal en la economía pública.

El exagerado incremento de la desigualdad social se debe a que esa reforma tributaria regresiva hace que paguen más impuestos, en términos relativos, los que menos tienen –clase media, trabajadores y campesinos- y paguen menos impuestos los que más tienen –las corporaciones, las multinacionales y las empresas en sentido general-.

Es un crimen de lesa humanidad que en un país ultradesarrollado como Estados Unidos el sistema tributario sea utilizado para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres y a la clase media, es decir, es un crimen que el sistema tributario sea utilizado para aumentar exageradamente los niveles de desigualdad social o los niveles de injusticia social.

O sea que la reforma tributaria regresiva de Trump ha tenido el efecto positivo del crecimiento económico pero al mismo tiempo ha producido dos efectos tremendamente negativos: el monstruoso aumento de la desigualdad social y el colosal aumento del déficit fiscal y del déficit comercial.

Como expresión concreta de la desigualdad social está el hecho innegable de que esa reforma tributaria regresiva ha disparado al cielo las ganancias de las corporaciones mientras los salarios de los trabajadores se mantienen congelados desde hace veinte años.

O sea que en Estados Unidos el crecimiento económico en la era de Trump coexiste con grandes y muy elevados índices de desigualdad social y aumento sideral de desequilibrios macroeconómicos como el déficit fiscal y el déficit comercial.

El exorbitante aumento del déficit fiscal en la economía pública estadounidense se explica porque la reforma tributaria regresiva de Trump ha reducido sustancialmente los ingresos tributarios del Estado federal estadounidense.

En el contexto del concepto teórico de macroeconomía moderna de John Maynard Keynes se puede argüir que el esquema de gestión económica de Trump, basado en una reforma tributaria regresiva, ha conducido a un nivel de la producción total con pleno empleo, puesto que la tasa de desempleo se mueve entre un 2 y 3%, pero esa es una gestión de la economía que ha profundizado los desequilibrios sociales y macroeconómicos.

Al agravarse los desequilibrios sociales y macroeconómicos ha empeorado el bienestar de la mayoría de la población en el gobierno de Trump.

Ningún gobierno en el mundo se vanagloria o se enorgullece de que el bienestar de la gente haya disminuido como consecuencia o efecto de su gestión económica.

No obstante las limitaciones de su gestión económica, Trump ha montado sobre ella su discurso y su campaña reeleccionista de cara a Noviembre de este año.

Por otra parte, no obstante la guerra comercial que Trump le ha declarado al mundo en procura, según él, de un “comercio más justo y equitativo”, no ha habido manera de reducir sustancialmente el déficit comercial de Estados Unidos.

Aclaro que el comercio entre individuos, empresas y naciones nunca ha sido justo ni equitativo.

Y es que la desigualdad en el comercio internacional no se combate de manera efectiva con políticas comerciales de corte proteccionista, cuando la clave está en la tecnología de punta y en la innovación para abaratar costos y disminuir los precios relativos y que esto se exprese en mayor capacidad competitiva para participar en los mercados internacionales en medio de la globalización o del libre comercio.

De lo que se trata es de lograr ventajas competitivas crecientes sobre la base del incremento de la productividad vía la aplicación de tecnologías de punta e innovación y que esto se exprese en mejor calidad y mejores precios relativos.

La renegociación de los tratados comerciales debe hacerse, pero no es esta la vía principal para la generación continua de ventajas competitivas dinámicas en el comercio internacional.

Trump se ha valido de la guerra comercial para subir aranceles y forzar la renegociación de los acuerdos de libre comercio ya existentes.

Todo lo anterior nos lleva a inferir que Estados Unidos evidencia grandes desfases en el desarrollo intensivo de la revolución de la información y del conocimiento y el desarrollo generalizado y continuo de nuevas tecnologías de punta y el desarrollo permanente de innovaciones y su aplicación en los sistemas productivos.

El esquema de gestión económica de Trump no garantiza que Estados Unidos tome la delantera en materia del desarrollo de la ciencia, de la tecnología de punta y de la innovación en el mundo. Es más, ese esquema no garantiza que Estados Unidos recupere el tiempo perdido.

China Popular sí es el buque insignia de la modernidad, de la posmodernidad y de la ultramodernidad en el mundo de hoy.

Por el camino que va Trump no es posible recuperar la grandeza de Estados Unidos.

El pueblo estadounidense tiene que reaccionar ya ante el desastre que representa Trump en Estados Unidos y en el mundo.

Acerca del autor

Victor Manuel Peña

Economista y Abogado, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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