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Se cierne una gran tormenta sobre EEUU: ¿El fin de la era Trump? (I)

Escrito por Debate Plural

José R. Oro (Cubadebate, 3-2-20)

 

El martes 3 de noviembre de 2020 se celebrarán elecciones presidenciales en Estados Unidos. Según la escabrosa y controversial ley electoral estadounidense, los votantes eligen a los compromisarios, quienes, a su vez, deberán escoger a los nuevos presidente y vicepresidente a través del Colegio Electoral, y no por el voto directo del pueblo.

El límite establecido por la Vigesimosegunda Enmienda constitucional permite al presidente en ejercicio, Donald Trump, ser reelecto para un segundo periodo en el Gobierno. Las elecciones a nivel de estados (tanto los caucus¹ como las primarias) se celebraran durante los primeros seis meses de 2020 y concluirán en una convención nacional de cada partido político, donde se selecciona a los candidatos presidenciales. Además, se elige a 34 senadores y la totalidad de la Cámara de Representantes (436 congresistas).

Dentro del Partido Republicano hay en realidad solo un candidato, Donald Trump. Se podrían poner varios nombre más que pudieran participar en las convenciones o primarias estatales de ese partido, pero son sólo simbólicos. En realidad, el actual presidente es quien tiene la posibilidad de ser el candidato, en este caso para una potencial reelección

En el Partido Demócrata la situación es mucho más compleja. Dos candidatos principales Joe Biden, exvicepresidente en la Administración de Barack Obama, de la centroderecha y derecha dentro de esa agrupación política, y Bernie Sanders, senador independiente (pero que va a las elecciones presidenciales con los demócratas) por el estado de Vermont, de orientación centroizquierdista. Además, hay varios candidatos de múltiples y un tanto heterogéneas orientaciones políticas y económicas.

Este es un caso que indica procesos muy profundos dentro del electorado demócrata, que ya comenzó en el 2016 con el enfrentamiento entre Hillary Clinton y Bernie Sanders por la candidatura demócrata. Ahora vemos esta elección entre dos candidatos del mismo partido, casi de la misma edad, pero con visiones sociales muy diferentes, casi opuestas. ¿Todavía hay espacio para un demócrata del establishment, o finalmente es hora de que la idea socialista de Sanders sea la locomotora de ese partido? La realidad es que debe quedar claro que cualquiera que logre la candidatura será muchísimo mejor que Trump

El proceso electoral estadounidense

A partir del tres de febrero de este año comienzan las llamadas elecciones primarias y caucus de ambos partidos, en medio de una crisis espantosa, sin precedentes para una campaña electoral, por el requerimiento de impugnación política del presidente Donald Trump en el Congreso.

El Partido Demócrata tiene el siguiente calendario: comenzando el 3 de febrero en Iowa, pasa días después a Nuevo Hampshire, Nevada y Carolina del Sur. El 3 de marzo será el que se conoce como supermartes (con votaciones en Alabama, Arkansas, California, Carolina del Norte, Colorado, Maine, Massachusetts, Minnesota, Oklahoma, Tennessee, Texas, Utah, Vermont y Virginia), y los miembros del partido en el extranjero votarán entre esa última fecha y el 10 de marzo.

Para el final de ese mes, se habrán efectuado 28 elecciones de estados y se tendrá una idea mucho más clara (aunque las primarias terminan realmente el 2 de junio) de quién podría ser el candidato, o al menos los dos principales contendientes, de cara a la decisión definitiva en la Convención Nacional, entre los días 13 y 16 de julio de 2020 en la ciudad de Milwaukee, donde se reunirán 3 979 delegados de todo el país.

El proceso del Partido Republicano es bastante parecido. Se elegirá a los 2 550 delegados a la Convención Nacional Republicana de 2020. Los delegados de la Convención Nacional votarán, por boleta, para seleccionar al candidato del partido en las elecciones presidenciales de 2020. Los delegados también aprueban la plataforma del partido y la vicepresidencia.

En febrero de 2019, el Comité Nacional Republicano votó para prestar apoyo incondicional al presidente titular, Donald Trump.​ Los comités estatales de Kansas, Carolina del Sur, Nevada, Arizona y Alaska cancelaron sus primarias, y se espera que otros estados también lo hagan. De hecho, el candidato presidencial republicano es Donald Trump.

¿Cómo está el ambiente electoral en los Estados Unidos? ¿Es cierto que Trump va a ganar “de calle”?

Los temas tratados en el juicio político no son los principales que crean rechazo al actual mandatario. Hay varias cuestiones que son más vejatorias para la personas (votantes) comunes. Una de ellas es la mendacidad de Donald Trump. El periódico canadiense Toronto Star contó hasta mayo pasado 5 276 afirmaciones falsas de Trump, aunque otros hablan de más de 15 000 falsedades.

Para muchos ciudadanos, no es la elevadísima cifra de mentiras lo que más cuenta, sino lo peligroso que es este desprecio a las leyes, a los principios del derecho internacional y a la dignidad y autoestima de la gente. Le pregunté a la investigadora científica Mary Louise P. cómo estima que podría influir el factor de credibilidad en las elecciones del 2020. Su respuesta:

“A la gente no le importa mucho si son cinco o 15 000 mentiras. Le importa no que sean inexactitudes o errores accidentales del presidente, sino falsedades premeditadas dirigidas a confundir a los ciudadanos o a obtener algún tipo de beneficio. Una gran cantidad de personas –millones, me atrevería a pensar–, están completamente irritadas con tales engañifas. Antes yo pensaba que Trump carecía de experiencia y capacidad política, ahora veo que está falto también de integridad moral. Este es un factor que, entre varios otros, le puede costar la reelección”.

Otro de los aspectos que impacta cada vez con más fuerza en los votantes es el desprecio de Trump hacia las mujeres, que ya era conocido, pero que se profundiza y se vuelve más hiriente cada día. Trump se define como “un hombre que tiene claro lo que quiere y hace lo que sea para obtenerlo sin ningún tipo de límites. Las mujeres encuentran que ese poder que tengo es tan excitante como mi dinero”.

Otras de sus frases (entre cientos a escoger) son: “La mejor parte de cualquier película es cuando hacen callar a las mujeres” y “las mujeres son, en esencia, objetos estéticamente agradables”. Más allá de sus frecuentes expresiones misóginas e irrespetuosas hacia la mujer, Trump ha sido señalado por acoso sexual por 22 mujeres (entre 1970 y 2003). La única respuesta del presidente ha sido calificarlas de “mentirosas”.

Al respecto, pregunté a Geraldine Bruno, psicóloga y consejera matrimonial, quien opina que “el rechazo al liderazgo femenino, la ‘cosificación’ de las mujeres y la presunta violencia sexual hacia ellas, califican a Donald Trump como un machista típico, redomado y probablemente criminal. En los últimos dos años, esta percepción se ha profundizado debido a las irresponsables expresiones del presidente y la adoración que despierta entre los machistas, quienes lo consideran su ídolo. El voto femenino estará contra él en noviembre del 2020”.

Lo mismo puede decirse del rampante racismo, del odio a los migrantes o de la política exterior irresponsable, siempre a favor de malas causas y de un oportunismo extremo. Cuando pregunté a varias personas qué opinan del desmedido y canallesco recrudecimiento del bloqueo a Cuba, solo las de origen cubano estaban razonablemente informadas; la mayoría muy poco, debido al criminal “silencio” mediático sobre el tema.

El actor y director teatral Robert R., muy buen conocedor de la política internacional, opina que “es lamentable que el presidente de los Estados Unidos se rebaje tanto al servicio de una minoría agresiva y vengativa contra su propio país y pueblo de origen, solo por entender que con su ayuda puede ganar Florida. Eso pasa también con el apoyo al régimen de Netanyahu, con la idolatría al dinero saudita y el odio patológico e intervencionista contra cualquier Gobierno que no siga los patrones que Trump aprueba y ordena”.

El rechazo a Donald Trump y en general al fascismo estadounidense proviene de que dentro del pueblo existen razones de la mayor importancia que están gravitando contra su reelección en noviembre de 2020, no solo materia de consignas o preferencias personales. Hasta el 28 de enero, la situación de las encuestas era como sigue:

Seis de siete encuestadoras nacionales proyectan a J. Biden y cuatro de siete a B. Sanders como ganadores frente a Trump. Pelea cerrada, pero no victoria “de calle”, otra mentira Trump. Compilado por JRO.

Los analistas predicen que en 2020 habrá una gran cantidad de votantes en las urnas.

“Creo que veremos un porcentaje récord de votantes, parecido a cuando en 1971 se redujo a 18 años la edad para votar (…) Incluso, podría ser una cantidad récord desde que las mujeres obtuvieron el derecho al voto, en 1920”, opina G. Bolger, un destacado analista. Hay coincidencia en que una asistencia a las urnas que sobrepase el 60 – 62% de los electores calificados para hacerlo, inclinaría la decisión a favor del Partido Demócrata.

Algo que permanecerá constante en las elecciones de 2020 es la importancia de los votantes de mayor edad.

Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, en las elecciones intermedias en 2018, el 53% de las personas en condiciones de votar fueron a las urnas, en comparación con el 66% de adultos mayores de 65 años y el 60% de adultos de 45 a 64 años. En las elecciones presidenciales de 2016 votaron el 71% de los adultos mayores de 65 años, mientras que solo el 46% de los menores de 30 años fueron a las urnas.

La cifra de jóvenes se incrementará muy notablemente en 2020, y la visibilidad de estos jóvenes en plataformas como Facebook dará mucha información sobre la forma en que votarán, que se espera sea bien negativa contra Trump.

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