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Deslices de alcurnia

Escrito por Debate Plural

Elsa Claro (Cubadebate, 16-12-19)

 

Diversos y puede que traumáticos, eventualmente, se advierten en camino distintas circunstancias a partir de las elecciones consumadas en el Reino Unido. El resultado atañe ante todo a ese país, pero también al grupo de naciones de las cuales va a desprenderse el 31 de enero. Así lo prometió Boris Johnson, el ganador de los comicios recién consumados.

El analista Andy Stowe lo enfoca así: La victoria fue, por encima de todo, el triunfo de un proyecto reaccionario de la derecha extrema que se ha estado incubando en el partido conservador durante muchos años. Se las arreglaron para persuadir a muchos votantes laboristas que la afirmación del nacionalismo inglés es más importante que hacer innecesarios los bancos de alimentos, acabar con la falta de vivienda o asegurarse de que las personas no se mueren en las listas de espera de los hospitales”.

Jeremy Corbyn, jefe del Partido Laborista, por su parte, hizo las siguientes consideraciones apenas cerradas las urnas: (…) “las elecciones giraron principalmente en torno al Brexit. (…) Un Partido Conservador preparado para explotar las divisiones capitalizó la frustración creada por su propio fracaso a la hora de materializar el resultado del referéndum…”.

El experimentado analista económico Michael Roberts, a su vez, considera, parte del voto movido por manipulaciones propagandísticas o confusiones locales pues se trata de espacios urbanos donde (…) “Han aceptado la afirmación de que sus peores condiciones de vida y servicios públicos se deben a la UE, la inmigración y la «élite» de Londres y el sur de Inglaterra”. El avezado experto trata otro ángulo de no menor relieve: “A largo plazo, el futuro de la economía británica es pésimo. Todos los estudios muestran que una vez fuera de la UE, la economía británica crecerá más lentamente en términos reales que si hubiera permanecido en ella. El grado de pérdida relativa se estima entre 4-10% del PIB en los próximos diez años, dependiendo de los términos del acuerdo comercial y laboral con la UE”.

En suma, son significativas y diversas las derivaciones hacia las cuales se desliza Londres y los múltiples acontecimientos a influir sobre la ciudadanía. Ante todo, es inevitable tener en cuenta los muy posibles problemas de índole territorial a sobrevenir en lo adelante. Está avisado.

El Partido Nacionalista Escocés, (SNP) antes incluso de comprobar con qué apoyo saldrían de urnas, anunciaron el propósito de realizar otro referéndum buscando separase del R.U. Obtuvieron 48 de los 59 curules parlamentarios en disputa, concluyendo con una cifra de votos por encima de conservadores, laboristas y liberales demócratas de esa región.

Y no se trataría únicamente de deseos independentistas, aunque así exista en algún porcentaje, sino de la todavía mayor aspiración de permanecer en el Pacto Comunitario, pues Escocia, a semejanza de Irlanda del Norte, se sintieron beneficiados con la membresía en esa colectividad.

Por tanto, nada del otro jueves que los norirlandeses también reanuden su petición de unificar el Ulster a la República de Irlanda, como aspiran hace mucho y en ese caso sí se trata de puro deseo de emancipación y retorno a la patria original. Sobre todo las fuerzas y seguidores del Sinn Fein, que alcanzaron mayoría sobre los partidos unionistas favorables a la permanencia de ese disputado territorio dentro del Reino.

Tanto así que el Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte (DUP), que mantenía un número superior de escaños y los prestó a Theresa May para que pudiera continuar gobernando y después, claro, a Johnson, perdió terreno ante las formaciones dispuestas al anhelado retorno.

El DUP, hasta ahora fuerza predomínate en Irlanda del Norte nunca estuvo de acuerdo con la fórmula para la salida de la UE, debido a las reglas excepcionales concebidas para la frontera con la República de Irlanda, como protección a los acuerdos que permitieron cierta normalidad, tras decenas de años en conflicto, con difíciles enfrentamientos, entre pro y contra la permanencia subordinada a Gran Bretaña, dicho sucintamente.

Con respecto a Escocia, Johnson dejó saber su oposición a otra consulta de masas para determinar por voto ciudadano si emprenden vida aparte o no. Como es el parlamento británico quien decide si autoriza ese trámite, se queda entre las muchas interrogantes en camino, pues Nicola Sturgeon, jefa del SNP escocés, insiste en realizar ese plebiscito.

Acabo de ganar una elección con el argumento de que Escocia tiene el derecho de elegir. Depende de los conservadores decidir cuál es su plan B cuando mi plan A acaba de recibir un respaldo rotundo, dijo la ministra principal escocesa en aparente desafío ante el ganador pro-brexit, mientras desde Bruselas deben estar mirando con gran curiosidad cómo concluye esta otra disputa pues la aspiración escocesa de quedarse dentro de la UE deberá pasar por diferentes filtros.

En el 2014, bajo el gobierno de David Cameron, se realizó una consulta de este tipo. Al parecer, el no predominante en los resultados de aquel momento, estuvo influido y bastante, por criterios emitidos por el entonces presidente de la Comisión Europea, Manuel Durao Barroso, quien estimó que acceder a la independencia implicaba salir de la UE y hacer una nueva solicitud de ingreso.

Ese punto de vista fue rebatido posteriormente, pero la contingencia de perder el enlace con la UE, figuró, así se cree, entre los motivos para el rechazo a mantener lazos establecidos desde que se asociaran los reinos de Inglaterra y el escocés, en 1707, dando vía franca a la actual asociación Glasgow-Londres, luego de intensas campañas militares entre ambos desde finales del siglo XIII y hasta el último tramo del XIV.

El tema, además, tiene una relevancia innegable por razones económicas y organizativas, pero sobre todo debido a los fuertes ajustes que deberían hacerse con respecto a varios asuntos administrativos y estratégicos. Sobresale lo referido el arsenal de 200 cabezas nucleares montadas en misiles Trident II, en las bases de submarinos atómicos, asentados en la base de Faslane, a unos 40 kilómetros de la capital de esa isla.

Es de imaginar que los ingleses se lleven esos recursos bélicos si sus hasta ahora socios adquieren total autonomía, pues hace mucho los escoceses prefieren no tenerlos dentro y decidieron desnuclearizarse, mediante voto ciudadano y parlamentario, muchísimo antes de que se pensara en una separación radical y en una indeseada y ya cercana salida de la UE.

Tal como ese lance independentista, si ocurre, es capaz de favorecer en algo al pacto europeo, o constituirse en mal menor de este sonado episodio que ya dura tres años, es creciente el número de voces críticas sobre el funcionamiento de la asociación surgida al término de la Segunda Guerra Mundial como alianza económica que derivó hacia asociación política todavía cruda, sin definir recodos blandos de sus estructuras.

Algunos movimientos progresistas internacionales siempre llamaron a la UE, la Europa del capital, por priorizar la protección y bienandanzas de las grandes finanzas y las esferas de mucho porte. Esa certeza la confirma, de forma sobresaliente, la virtual liquidación de las garantáis sociales que alguna vez fueron sello distintivo del viejo continente y su asociación élite.

Los comicios recién concluidos en el Reino Unido, tienen trocitos de muchas peripecias, sumadas a corpulentos antecedentes del antiguo imperio. Aparte del tema escocés o, eventualmente, el norirlandés, el divorcio ya provocó divisiones internas y varios estropicios. El Partido Laborista resulta tan dañado que pudiera perder su índole de balance de fuerzas interno, algo necesario, sobre todo con esa salida de las armazones que ampararon negocios, flujos de dinero y comercio durante cuatro décadas. Es adaptarse a nuevas circunstancias y el cómo se trazan los nuevos derroteros y con quién.

Aquí aparece el infaltable Donald Trump, feliz como si el triunfo fuera suyo, o porque le hace suponer similar éxito el año próximo, o debido a cuanto puede obtener en momentos bajos y confusos del Reino. En inmediatas declaraciones reiteró sus ofertas de un tratado macanudo. Ya se verá cuán preparados están los británicos para ese abrazo de oso.

¿Se debilitará Europa con estos sucesos? Dependerá de si el Pacto Integracioncita se remoza, engrasando su armazón y bisagras o toma cautelas. Otro tanto en lo inherente a las decisiones a tomar cuando el amiguísimo del otro lado del Atlántico, pone zancadillas mientras amenaza, exige acato, sin dar nada a cambio.

A las exigencias y peligros de este momento mundial, se añaden retos de esta índole que, insisto, no recaen únicamente sobre el Reino Unido.

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