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Identidad cultural: hibridación y simultaneidad conversación con el escritor Marcio Veloz Maggiolo (1 de 3)

Marcio Veloz Maggiolo
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Escrito por Debate Plural

Pedro José Ortega (Hoy, 18-5-19)

 

Marcio Veloz Maggiolo. Es escritor, antropólogo y arqueólogo. Fue reconocido con la Medalla Spinden otorgada por el Smithsonian Institute de Washington, recibió la Legión de Honor en Francia, así como el reconocimiento de la Academia de Ciencias y la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en la República Dominicana.

Pedro José Ortega. Es profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y del Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales (IGlobal).

PJO: Don Marcio, le agradezco la oportunidad de este intercambio. Me gustaría iniciar conversando sobre algunos conceptos de las ciencias sociales, como los de cultura, identidad e «hibridación» cultural. Y muy especialmente este último, que adquiere matices específicos hoy en día por el contexto histórico y por sus elementos propiciadores. Podría decirse que usted fue de los primeros en argumentar el fenómeno de la hibridez cultural, con su obra de 1977: Sobre cultura dominicana y otras culturas: ensayos.

El sociólogo Leopoldo Artiles nos recuerda la originalidad e importancia del abordaje que usted aporta a este concepto para el análisis de la heterogeneidad prevaleciente en las relaciones interculturales, en un capítulo de su autoría publicado en el Informe Nacional de Desarrollo Humano de 2005.

MVM: Sí, pienso que es lo primero que debemos abordar, el tema de las identidades ¿Por qué?, porque la identidad no es una en particular ni es nacional ni es necesariamente cultural, sino que más bien podemos hablar de «identidades fragmentarias», y como fragmentarias tienen el problema de que no siempre funcionan coherentemente, sino que lo hacen por etapas, por trozos de identidad (perdonando esta expresión tan pesada: «trozos de identidad»).

La historia dominicana, por fragmentaria, fue generando a través de los siglos identidades diferentes: identidades regionales, identidades espirituales… identidades que siguen influyendo en la cultura. La cultura dominicana es un «racimo de identidades», como pasa con muchas otras culturas latinoamericanas.

Este tema debe verse a luz de la simultaneidad de la cultura. La cultura observa fenómenos simultáneos que son diferentes, pero que se producen a la vez. Así mismo, podría decirse que la historia es un fenómeno simultáneo, en general, porque se produce aquí y en todos nosotros de manera diferente.

Entonces, esta es una forma de ver la identidad, su simultaneidad en la cultura y en la historia. Pero también podríamos decir que, de cierta forma, la identidad se impone en la sociedad. La imponen los medios de comunicación, la imponen en las escuelas, la imponen en un mundo en el cual se mezclan lo local, lo nacional y lo internacional.

Por otra parte, en ocasiones emergen elementos nuevos, diferentes y que algunas veces predominan como expresiones de una identidad, pero que luego, y de acuerdo con unas determinadas condiciones históricas, desaparecen y surgen otros… es decir, que cuando hablamos de una identidad cultural no podemos hablar de una «identidad fija». Volviendo sobre lo que decía hace un momento, la identidad cultural cambia, cambia de forma como la materia… y muere a veces.

PJO: La función de lo que llamamos identidad puede darse por diversas vías, incluso la imposición. En la historia de América hay casos de ideales aparentemente positivos que terminan siendo negativos y totalitarios. ¿Qué pasa cuando un ideal de identidad se petrifica o se convierte en propiedad de un grupo de poder?

MVM: Sí, en América hay casos de diversos tipos. Por ejemplo, en sociedades prototeocráticas elementos como el chamanismo, el caciquismo y la medicina tendían en ocasiones a fundirse en una sola entidad, mientras que en sociedades teocráticas el jefe tenía todas las prerrogativas de un dictador o de un personaje investido de todas las formas del poder social, político, espiritual y sanador o curativo. No podría decirse que en estas sociedades en transición predominara un concepto consolidado y estable de identidad.

Ya en las sociedades azteca, maya, inca (entre otras similares), encontramos registros de un alto grado de religiosidad, evidenciados en sus restos arqueológico, que obligan a pensar los rasgos de una cierta identidad en proceso de consolidación, si la vemos también a la luz de otros aspectos como los estamentos sociales (que no son iguales a las clases sociales, sino protoclases), las estructuras sociales jerarquizadas (aun cuando estas también respondían en muchos casos a valores tribales), y la organización bélica, entre otros.

Por otra parte, tenemos el caso de los españoles. Cuando estos llegan a las poblaciones de la llamada «alta cultura», se dan cuenta de que el poder que de estas emerge se parece mucho al de ellos, apoyado en la fuerza, la violencia, el ejército y las creencias religiosas. Esto es justamente lo que trato de advertir en un trabajo que estoy escribiendo sobre el poder ejercido en América en nombre de Jehová.

En otro orden, podríamos decir que el concepto de identidad es una herencia que nos llega a partir de una serie de pensadores prominentes como Hegel, Kant, Comte, Spencer y muchos otros filósofos europeos de la historia. De modo que lo que heredamos es un concepto de identidad europeo y europeizado.

Pero lo más importante es darnos cuenta de que lo que llamamos identidad, cuando no tiene función no sirve para nada, y si no tiene función es porque ya está muerta.

PJO: Don Marcio, ciertamente el pensamiento europeo y el positivismo influyeron en América. De manera directa o indirecta, por adopción o rechazo aparece en muchos de nuestros autores y pensadores desde José Martí, José Carlos Mariátegui, Eugenio María de Hostos, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, entre otros que en su tiempo ayudaron con sus reflexiones a pensar un ideal de cultura y un sentido posible de identidad cultural, social y política. Algunos de ellos como José Martí y José Enrique Rodó hablaron de un ideal de «hombre nuevo» y de «hombre universal» ¿Podría darme su reflexión sobre este acervo?

MVM: Todos estos intelectuales que mencionas estaban por encima de las masas. Fueron intelectuales que captaron de Europa lo más funcional y lo aplicaron aquí. Rodó y Vasconcelos fueron idealistas que lograron llevar a la práctica muchas de sus ideas.

Otros, en cambio, tomaron el poder e hicieron que las ideas de estos intelectuales que tú señalas fueran sólo parte de una transmisión, con relación a lo que trajo la conquista.

En cuanto a esto, y de manera fundamental, el poder reside en la lengua, la lengua del conquistador que obliga a hablarlo como forma de dominación. Las conquistas se hicieron en lenguas europeas, que son el elemento primordial de una sociedad.

El esfuerzo de los pensadores que has citado sirvió para crear nuestras propias formas de expresión, a partir de sus ideales de universalidad.

Hablando en sentido figurativo, yo creo que nosotros ahora estamos conformando una «nueva lengua latinoamericana». En la literatura, por ejemplo, encontramos una gran originalidad. García Márquez, Octavio Paz y muchos otros escritores nos han mostrado que más allá de la lengua de los españoles hay una lengua universal, que es la de la sangre de nuestros pueblos.

PJO: Al hablar de lengua nos referimos aquí aun nuevo «discurso», o a un metalenguaje que reinterpreta la influencia de un poder opresor que logró imponerse y que enfrenta este poder a las nuevas realidades de nuestra región. La crítica juega una función de vital importancia en este sentido.

MVM: Sí, claro, en este caso me refiero a la lengua del conquistador, a una gramática distinta guiada por una lógica que lleva a la fuerza, a la imposición y a la exclusión.

Pero también debemos observar que algunas veces los grupos humanos tardan en responder a la visión de un pensador. Por ejemplo, todavía nosotros estamos descubriendo a Pedro Henríquez Ureña. 60 o 70 años después vemos un redescubrimiento de la importancia de su obra y de lo que él dijo. Apoyado en la crítica, él estudió nuestra lengua, el castellano, proyectándola y otorgándole su justa dimensión hasta mostrar los signos de una nueva sensibilidad literaria, estética, e incluso regional.

Bueno, eso es lo que yo pienso sobre la cultura, y sobre el momento en el que estamos ejerciendo la crítica hoy en día. La crítica es muy necesaria en nuestro tiempo… no se trata de acumular, acumular y acumular objetos culturales y conceptos intelectuales, cosas que al fin y al cabo se pierden porque carecen de análisis.

En nuestro país, la crítica se ha vuelto una crónica: la crónica no necesariamente analiza los hechos en su profundidad. No podríamos comparar esto que observamos con la crítica de Mariátegui al Perú de su tiempo, la que expone en su libro: 7 ensayos de interpretación sobre la realidad peruana. Ni es comparable con algunos de estos destacados pensadores que citaste del siglo pasado y antes pasado.

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