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La política norteamericana en el Caribe: contrainsurgencia vestida de ayudas

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Escrito por Debate Plural

Mu-Kien Adriana Sang (El Caribe, 28-4-17)

I

Jamás – en la larga historia de nuestro hemisferio- ha estado este sueño tan cerca de ser realidad, y jamás ha estado en mayor peligro.

(…) Por primera vez tenemos la capacidad para cortar las últimas amarras de pobreza e ignorancia para liberar a nuestro pueblo para la realización espiritual e intelectual que siempre ha sido la meta de nuestra civilización.

Sin embargo, en este momento de máxima oportunidad, enfrentamos las mismas fuerzas extrañas que una vez más intentan imponer los despotismos del Viejo Mundo a los pueblos del Nuevo. (…)

Nuestros continentes están enlazados por una historia común: la interminable exploración de nuevas fronteras. Nuestras naciones son el producto de una lucha común: la rebelión contra el dominio colonial. Y nuestros pueblos comparten un patrimonio común: la búsqueda de la dignidad y la libertad del hombre. (…)

Del buen éxito de la lucha de nuestros pueblos, de nuestra capacidad para brindarles una vida mejor depende el futuro de la libertad en las Américas y en el mundo entero. El no actuar, el no consagrar nuestras energías al progreso económico y a la justicia social, sería un insulto al espíritu de nuestra civilización y constituiría un fracaso de nuestra sociedad libre.

Pero si hemos de afrontar un problema de tan imponentes dimensiones, nuestro proceder debe ser audaz y a tono con la concepción majestuosa de la Operación Panamericana. Por eso he hecho un llamado a todos los pueblos del hemisferio para que nos unamos en una Alianza para el Progreso, en un vasto esfuerzo de cooperación, sin paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos.

Extracto del discurso del presidente

John Kennedy el 13 de marzo de 1961 en la Casa Blanca ante el cuerpo diplomático latinoamericano, altos funcionarios y miembros del Congreso de los Estados Unidos.

El largo discurso pronunciado por el presidente Kennedy ese famoso 13 de marzo, a dos años y tres meses del triunfo de la Revolución Cubana, tenía como intención lanzar el ambicioso programa “Alianza para el Progreso” que tendría una duración de diez años, es decir hasta 1971. Este ambicioso programa de cooperación, fue una respuesta a la Revolución Cubana, pero sobre todo, a la ebullición revolucionaria que hizo despertar el éxito de Fidel Castro y sus compañeros. Era importante, como hemos dicho en artículos anteriores, porque había que minimizar los efectos de la guerra fría en el corazón del mar Caribe.

El presidente John Kennedy se involucró personalmente en este esfuerzo. En el discurso de presentación de la propuesta fue enfático en sus ideas, y esbozó los elementos principales:

“Primero: Propongo que las Repúblicas Americanas inicien un vasto y nuevo plan de diez años para las Américas, un plan destinado a transformar la década del 1960 en una década de progreso democrático. Estos diez años serán los años de máximo esfuerzo, los años en que deberán superarse los más grandes obstáculos, los años en que será mayor la necesidad de apoyo y respaldo. Y si tenemos buen éxito, si nuestro esfuerzo es suficientemente audaz y decidido, el fin de la década marcará el comienzo de una nueva era en la experiencia americana. (…)

“En segundo lugar, en breve solicitaré una reunión ministerial del Consejo Interamericano Económico y Social, reunión en la que podamos dar comienzo a la urgente obra de planeamiento que habrá de ser la médula de la Alianza para el Progreso. (…) Un Consejo Latinoamericano Económico y Social fortalecido, en colaboración con la Comisión Económica para la América Latina y el Banco Interamericano de Desarrollo, puede reunir a los principales economistas y expertos de nuestro hemisferio para que ayuden a cada país a trazar su propio plan de desarrollo y mantener una revisión constante del progreso económico del hemisferio.

“Tercero: Acabo de firmar una solicitud al Congreso para que apruebe una asignación de 500 millones de dólares, como primer paso encaminado a cumplir con el Acta de Bogotá. Esta es la primera medida interamericana de largo alcance para tratar de eliminar las barreras sociales que obstruyen el progreso económico. El dinero se utilizará para combatir el analfabetismo, aumentar la producción y mejorar el uso de la tierra, extirpar la enfermedad, modificar los arcaicos sistemas tributarios y de tenencia de tierras y proporcionar oportunidades educativas (…).

“Cuarto: Debemos prestar apoyo a toda integración económica que verdaderamente logre ampliar los mercados y la oportunidad económica. La fragmentación de las economías latinoamericanas constituye un serio obstáculo para el desarrollo industrial. (…)

“Quinto: los Estados Unidos están dispuestos a cooperar en el estudio serio y detallado de los problemas relacionados con el mercado de ciertos productos. (…)

“Sexto: Debemos acelerar inmediatamente nuestro programa de emergencia de “Alimentos para la Paz”; ayudar a establecer reservas de víveres en las regiones afectadas por sequías en el desarrollo rural. Los hombres y mujeres que padecen hambre no pueden esperar el resultado de deliberaciones económicas y de reuniones diplomáticas, pues su necesidad es apremiante. (…)

“Séptimo: A todos los pueblos del hemisferio debe permitírseles participar de las crecientes maravillas de la ciencia moderna (…) brindándoles las herramientas que les permitan alcanzar un rápido progreso. (…)

“Octavo: Debemos expandir el adiestramiento de aquellos que lo necesitan para que manejen la economía de los países en rápido desarrollo. Esto significa amplios programas de adiestramiento técnico, para lo cual los Cuerpos de Paz estarán disponibles dondequiera se les necesite. Esto significa igualmente, asistencia a las universidades latinoamericanas e institutos de investigación. (…)

“Noveno: Reafirmamos nuestro compromiso de acudir en ayuda de cualquier nación americana cuya independencia se vea en peligro. (…)

“Décimo: Invitamos a nuestros amigos de América Latina a contribuir al enriquecimiento de la vida y la cultura en los Estados Unidos. Necesitamos educadores que nos enseñen vuestra literatura, vuestra historia y vuestras tradiciones. (…) Sabemos que tenemos mucho que aprender. En tal forma, ustedes podrán aportar una vida espiritual e intelectual más plena al pueblo de los Estados Unidos, contribuyendo así a la comprensión y al respeto mutuo entre todas las naciones del hemisferio.

II

Hoy, una generación que ha crecido a la sombra de la Guerra Fría asume nuevas responsabilidades en un mundo calentado por el sol de la libertad, pero amenazado aún por antiguos odios y nuevas plagas.Criados en una prosperidad sin parangón, heredamos una economía que es aún la más fuerte del mundo, aun­que hoy se halla debilitada por quiebras en sus empre­sas, por salarios estancados, por una creciente desigualdad y profundas divisiones entre nuestra población.

(…)
Para renovar América debemos responder a los desafíos que tenemos planteados tanto en el exterior como en el interior. Ya no existe división entre lo que es exterior y lo que es interior, la economía es mundial, el medio ambiente es mundial, la crisis del sida es mundial, la carrera de armamentos es mundial, y nos afec­ta a todos.

Hoy, cuando un viejo orden desaparece, el mundo nuevo que surge es más libre, pero menos estable. El desmoronamiento del comunismo ha dado nueva vida a antiguas animosidades y nuevos peligros. Sin lugar a dudas, América debe seguir liderando el mundo que tanto hizo por construir.

Mientras América se reconstruye en lo interior, no debemos abandonar ninguno de nuestros compromisos ni dejar de aprovechar las oportunidades de este nuevo mundo. Junto con nuestros amigos y aliados trabajaremos para dar forma al cambio, no sea que nos engulla.

Cuando nuestros intereses vitales sean puestos en peligro o se desafíe la voluntad y la conciencia de la comunidad internacional, actuaremos mediante la fuerza de la diplomacia siempre que sea posible y con la fuer­za, cuando sea necesario. Los valientes norteamericanos que hoy sirven a nuestra nación en el golfo Pérsico, en Somalia y en cualquier otro lugar en que se hallen, dan testimonio de nuestra determinación.

Pero nuestra mayor fuerza es el poder de nuestras ideas, que aún son nuevas en muchas tierras. En todo el mundo vemos como las abrazan y nos llena de regocijo. Nuestras esperanzas, nuestros corazones, nues­tras manos están con aquellos que en cada continente fortalecen la democracia y la libertad. Su causa es la causa de América.

…Lanzo el reto a una nueva generación de jóvenes americanos para que os impliquéis en una nueva época de servicio, para que actuéis tomando como base vuestro idealis­mo y ayudéis a los niños con problemas, deis compa­ñía a los necesitados, volváis a unir nuestras comuni­dades desgarradas. Queda tanto por hacer… hay trabajo bastante para millones, para todos aquéllos que son todavía jóvenes de corazón y quieran colaborar.

Y así, compatriotas americanos, al filo del siglo XXI, empecemos con energía y esperanza, con fe y disciplina, y trabajemos hasta que nuestra tarea quede terminada. “No nos cansemos de hacer el bien, que, si no desfallecemos, a su tiempo cosecharemos” dicen las Escrituras.

Desde esta jubilosa cima inmersa en la celebración, oímos la llamada del servicio que viene del valle. Hemos oído las trompetas. Hemos cambiado la guardia. Y ahora, cada uno de nosotros, a su modo, con la ayuda de Dios, debemos responder a esa llamada.
Gracias y que Dios os bendiga a todos. Fragmento del discurso de Bill Clinton el 20 de enero de 1993

El artículo de la semana pasada provocó algunas reacciones de mis lectores. Uno de ellos me escribió mediante un twitter que yo defendía a los presidentes norteamericanos demócratas y atacaba a los republicanos. Acepto la opinión. Soy de las que defienden la libertad de pensamiento, de opinión; más aún, abogo por la disidencia y el libre debate de las ideas.

Sin embargo, parece ser que el lector –crítico no leyó los artículos anteriores, ni ha leído otros escritos míos.

En el discurso de toma de posesión de Clinton, él explica por qué auspiciaba la democracia en todo el mundo. Las circunstancias internacionales eran otras. La Guerra Fría era cosa del pasado, las Alemanias se habían unificado; la Unión Soviética, después de la PERESTROIKA se había desintegrado, naciendo nuevas naciones que habían sido sometidas al predominio ruso. Se había desgarrado una utopía transformadora con la desaparición del socialismo real. Solo quedaba Cuba, país que vivía gracias a la ayuda soviética, pero con el fin de la URSS, se paralizaron las ayudas a esa nación caribeña. Ahí comenzó la década de crisis profunda, principalmente en materia de abastecimiento de productos. La estampida de cubanos escapando de la miseria era el signo de esos tiempos.

Estaba claro que en la década de los 90 se pensaba que occidente había triunfado. La globalización de la economía era una realidad. El mercado era el rey que dictaba las leyes. Quedaba entonces unificar el sistema político. La democracia se convirtió en la bandera de lucha en todo el mundo. En América Latina se había terminado el período de las dictaduras. El discurso democrático se asumió por todas partes. Este proceso duró unos diez años, hasta que se cambió el discurso de la democracia en contra del terrorismo, como veremos en las próximas entregas.

Lo cierto es, aunque el lector piense lo contrario, que durante los ocho años de Bill Clinton se hicieron grandes aportes en materia del fortalecimiento de la democracia en el mundo. Se invirtió dinero en la formación de jóvenes líderes para que se convirtieran en activos ciudadanos que exigieran la transformación de la democracia. La gente abrazó el discurso de la democracia, ante la ausencia de nuevas ideas que hicieran concebir nuevos sueños.

Soy de las que piensan que las ideas, democracia participativa y la demanda de un Estado de derecho se convirtieron en luchas verdaderamente revolucionarias, en sociedades en las cuales las leyes son solo referentes que no se respetan ni cumplen, donde el delito no es castigado ni existen sistemas de consecuencias.

Enarbolar el discurso de la libertad, la tolerancia y la participación democrática, el respeto a las ideas y a las leyes es un verdadero compromiso por la transformación de nuestra propia herencia.

Lamentablemente ese período terminó. El panorama mundial cambió, y por eso se definieron nuevas prioridades. La democracia pasó a un segundo plano. Sobre este aspecto hablaremos en la próxima semana.

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